5. CULTURA

 

Recodos de aventura

Se despliega el sentido universal de la cultura a partir de una región. Son explicitadas las relaciones de la provincia con el mundo del arte, en sus diversas formas y épocas; es presentado un camino, el liter a rio, para acceder a los tiempos actuales, y un espíritu inquieto e innovador enseñado por la historia de la fotografía, para mirar con actualidad.

Fotografía archivo El Colombiano

Lucila González Aranda: Historiadora del arte, investigadora asociada, miembro correspondiente de la Academia de Historia de Santander, directora del Museo de Arte Moderno de Bucaramanga. Beatriz González: pintora y maestra en Bellas Artes de la Universidad de los Andes de Bogotá. Marina González de Cala: Historiadora del arte, miembro de número de la academia de historia de Santander. Museo de Arte Moderno de Bucaramanga.

Arte anterior al siglo XX SANTOS Y HEROES

 

La trayectoria del arte durante el perrada colonial requiere un seguimiento atento a todas sus manifestaciones. Por modestas que parezcan, en cada una de ellas existe un mundo por explorar.

El nuevo culto a imágenes sagradas con atributos específicos, fue impuesto durante el proceso de conquista del País de Guane o de los territorios de Chitareros y Yariguíes por los frailes doctrineros portadores del Cristianismo: el mundo mágico-religioso de los aborígenes se pobló de imágenes de bulto que representaban a Cristo, la Virgen y los Santos y lentamente fueron desplazando los hieráticos idolillos de arcilla; los vasos sagrados de plata, ornamentados con la simbología cristiana, ocuparon el lugar de las copas ceremoniales de cerámica decoradas con diseños abstractos y los lienzos frontales y de cielos pintados para las iglesias de los pueblos de indios, reemplazaron las untas tejidas utilizadas como ofrenda a los dioses.

A pesar de la ruptura con las más depuradas expresiones de la cultura aborigen, el sentido estético y el ingenio artesanal perduraron durante siglos, quedando plasmados en los retablos de las iglesias de Pamplona, Barichara, Matanza, San Gil, Carcasí, Guane y Confines.

FIGURAS PATRONALES

Las primeras noticias sobre imaginería religiosa —a cuya devoción se entregaban los nacientes pueblos de doctrina— se encuentran desde mediados del siglo XVI y durante el XVII, rastreando las huellas de las doctrinas en los territorios de los indios encomendados.

Muy tempranamente llegaron a Pamplona las imágenes sagradas procedentes de los talleres sevillanos, santafereños y quiteños con destino a los conventos de las Clarisas, los Dominicos y los Franciscanos. De allí partieron los frailes evangelizadores hacia los más remotos lugares llevando los santos como protectores de los Pueblos de Indios.

A lo largo del siglo XVIII floreció la devoción a Santa Rosa de Lima. De su testimonio quedaron siete óleos ejecutados por artistas anónimos en los cuales se la representa rodeada de una aureola de milagro, mística y poesía. Hasta las más lejanas doctrinas (Guaca, Vetas, Tequia, Servitá, Suratá y Montuosa) llegaron también las imágenes de Nuestra Señora de los Remedios, de las Mercedes, de San Juan de Sahagún, de San Jerónimo, de San Antonio, señalando los derroteros de la fe aborigen.

A raíz de la demolición de las primeras capillas doctrineras, los fieles, necesitados de ayuda espiritual, suplicaron la erección de parroquias. Se comprometieron a construir y adornar las iglesias, sustentar al párroco, mantener la lámpara del Santísimo y asegurar la existencia de l a s tres cofradías de base las del Santísimo Sacramento, de la Virgen y de las Animas del Purgatorio, fundamentales tanto para la vida de las parroquias como en la adquisición de imágenes para el culto dentro de los templos. Fuera de los altares las cofradías eran objeto de la devoción popular.

SIGLO XIX AL PASO DE LOS HEROES

Un panorama ciertamente destartalado (..) dentro de ésta cárcel de montañas ariscas estaba encerrado nuestro pueblo que se sabía extraño al ritmo republicano. Así describió un cronista de la época las luchas internas y el desequilibrio político característicos de buena parte del siglo XIX y que condujeron al estancamiento del arte. Los alzamientos, levantamientos y rebeliones del movimiento independentista y las contiendas políticas internas influyeron en el cambio de la temática artística. Las representaciones hagiográficas se reemplazaron por las efigies y retratos de los héroes forjadores de la naciente república.

Hubo artistas ligados a la contienda —aun cuando no se conocen pinturas testimoniales de los sucesos bélicos: el patriota Custodio García Rovira (1780-1816) —nacido en Bucaramanga y fusilado en Santa Fe de Bogotá a los 36 años—, reconocido como civilista, músico y pintor, y el también pintor Francisco Evangelista González —nacido en Pamplona en el seno de una familia vinculada a la Independencia—, fiel compañero del General Santander en las prisiones y en el destierro. En su única exposición realizada en París, pintó al natural una prodigiosa miniatura del prócer quien agradecido la envió como recuerdo a su familia.

Activista destacado en las luchas políticas que sacudieron la República durante la segunda mitad del siglo pasado, fue Alfredo Greñas Mutis —nacido en Bucaramanga en 1857—, dibujante, retratista, grabador, colaborador del Papel Periódico Ilustrado y de Colombia ilustrada. Empleó la caricatura para satirizar la lucha política y denunciar la persecución a la libertad de prensa, posición que lo llevó a morir desterrado en Costa Rica en 1949. Los restauradores de la Libertad es el nombre de la serie para la cual ejecutó retratos Froilán Gómez (San Gil), el mejor representante del grabado a mediados de los años 50 y quien ensayó técnicas desconocidas como lo litografía en seda.

Más tarde, en 1888, se abrió por primera vez la cultura a los artesanos, los industriales, los literatos e intelectuales: se fundó la Escuela de Artes y Oficios en Bucaramanga que reglamentó la instrucción de las ciencias aplicadas a las artes. En sus talleres de litografía se realizaron primorosas viñetas para el periódico El Instructor y en sus Manuales se orientaba hacia el manejo artístico de los diversos oficios. Y con el fin de siglo llegó el Academismo a territorio de Santander en los lienzos de San Jerónimo y Ruth, y Noemí que desde  México enviara a la municipalidad de Cúcuta el pintor Salvador Moreno, cucuteño por sangre, crianza y educación.

 

Plástica UN SIGLO DE HORIZONTES

 

Decenios de permanente cambio en manos de artistas que nunca se han detenido. La universalidad ha sido el principal motor.

1900-1950  GENERACIÓN DE MAESTROS

E l siglo se abrió paso bajo los prometedores augurios de la gran Exposición Industrial de 1907. Su lema Paz, Concordia y Libertad, traducía el sentir de un pueblo, dejar atrás su pasado bélico. La Exposición Patriotera y Civilizadora, fue el primer gran impulso que le dio el gobernador Alejandro Peña Solano a las artes.

En el Pabellón de Bellas Artes se expusieron 108 obras de artistas provinciales. “Las obras expuestas son la promesa más halagadora de que a través del tiempo hemos de contar con buenos maestros —escribía el intelectual Manuel Enrique Puyana—. Tengo la persuasión de que este cultísimo evento va a ser el germen robusto de una Escuela de Bellas Artes en la capital de Santander”. Se destacaron las pinturas religiosas del boyacense Marcos L. Mariño, los óleos alusivos a la guerra civil del ocañero Juan U. Roca y las obras de Carlos E. Valenzuela, Antonio Martínez, Nicanor Rivera e Isabel Harker.

El gobierno departamental acogió la iniciativa de Puyana y el primero de junio de 1907 inició labores la Escuela de Bellas Artes bajo la dirección del autor del proyecto, Domingo Moreno Otero (Concepción, 1882-1948), pintor de reconocida trayectoria, espíritu innovador y maestro por vocación. A pesar de la efímera existencia de esta primera Escuela, Moreno Otero no desistió de su propósito y en 1913 regresó a Bucaramanga para fundar junto con su esposa un segundo Centro de Bellas Artes, esta vez de carácter privado.

Durante las cuatro primeras décadas del siglo surgió una talentosa generación de jóvenes artistas: los pintores Segundo Agelvis, Oscar Rodríguez Naranjo, Rafael Prada Ardila, Humberto Delgado, Humberto Ballesteros; los dibujantes Luis Maria Rincón y Luis Antonio Céspedes, el escultor Carlos Gómez Castro y el tallador Misael Zárate Granados. Todos ellos asumieron el compromiso de formar a las futuras generaciones y en respuesta a sus inquietudes el Gobierno Departamental creó en 1929 el Centro de Bellas Artes, dependiente de la Secretaría de Educación Pública. Designó como director A Luis Alberto Acuña ( 1904-1993), natural de Suaíta, quien después de estudiar en París regresó con el propósito de encabezar el movimiento cultural al que la ciudad había de despertar .

Acuña —cofundador del Grupo Bachué—, poseedor de una inteligencia despierta, una habilidad manual innegable y una laboriosidad fervorosa, es reconocido como un innovador del arte en Colombia. Propuso superar, a través de un lenguaje propio enraizado en las expresiones de la cultura aborigen, el academismo ante el cual, sin embargo, permanecieron fieles el pintor Oscar Rodríguez Naranjo y el escultor Carlos Gómez Castro. A ellos les confió el Gobierno Departamental la apertura (en 1941) y consolidación de una nueva Academia de Bellas Artes, después de otorgarles becas para especializarse en el exterior.

A medida que avanza el siglo se advierte una inclinación hacia el género del paisaje y del costumbrismo. Segundo Agelvis (1899-1988), pintor autodidacta de origen cucuteño, se inició como letrerista, decorador de casas y ornamentador de iglesias. Durante más de medio siglo se embebió de paisaje y por eso es el paisajista total y vernáculo de Santander.

A esta generación de artistas nacidos a principios de siglo se les reconoce como  Los Maestros, por su fructífera labor docente pero sobre todo, por haber cautivado el gusto y la sensibilidad del público durante muchos años.

RUPTURAS VIBRANTES

Pesada tarea era la de salir de un asfixiante provincianismo regional y nacional en materia de artes plásticas. Con ese reto se inició la década del 60. Esa lucha se mantuvo durante un buen tiempo y en ella participaron activa e independientemente un número considerable de artistas: Eduardo Ramírez Villamizar (Pamplona, 1923), Beatriz Daza (Pamplona 1927-1968), Jorge Riveros (Ocaña, 1934), Julio Castillo (Pamplona 1928-1985), Sonia Gutiérrez (Cúcuta, 1947), Luis Paz (Cúcuta, 1937), Beatriz González (Bucaramanga, 1938), David Consuegra (Bucaramanga, 1939), Antonio Grass (Oiba, 1937), Mario Hernández (Piedecuesta, 1923) y Mario Alvarez (Bucaramanga, 1935).

La visión aguda y premonitoria de Martha Traba se posó sobre ellos. Desde la observación rigurosa de la obra de Julio Castillo —a quien calificó de tan ineficaz pintor como excelente dibujante— hasta la división categórica del cartel en Colombia en dos estilos, el de antes y el de después de llegar Consuegra a Bogotá, pasando por la catalogación de los suicidas del Sisga de Beatriz González como la obra que determinaría un nuevo modo de ver en el arte colombiano.

Todos vivieron los candentes cambios de la década. Continuaba la introducción de las vanguardias del arte internacional, iniciada en la década anterior, y era creciente el propósito experimental en la creación artística impulsado por los eventos y salones de arte.

Desde la vinculación a un arte de denuncia —a través del grabado de Luis Paz—, hasta el desarrollo de una tendencia pop de auténtica visión nacional —representada por Beatriz González y Sonia Gutiérrez—, los artistas santandereanos se vincularon activamente al cambio del arte nacional de los años sesenta Ramírez Villamizar se expresó en la escultura con el mismo éxito y calidad estética de sus pinturas de la década anterior, creando obras del máximo purismo neoclásico y alcanzando con ellas un destacado reconocimiento internacional. Beatriz Daza rescató el valor del material en la cerámica a través de la exploración sistemática de la textura, dentro del movimiento informalista nacional, llevando a la cerámica al justo nivel escultórico. Jorge Riveros inició la década dentro de la abstracción expresionista pasando luego al lirismo en una evolución lógica hacia la geometría en el final de la década. Mario Hernández Prada y Mario Álvarez Camargo desempeñaron un papel preponderante en el desarrollo del arte regional, mientras que Antonio Grass jugó un papel protagónico en el informalismo de la época a través de su exploración pictórica y la investigación del diseño prehispánico.

Noé León (1907-1978), pintor ocañero, gozó de un amplio prestigio en Colombia y en el exterior a finales de los años 60. Pasó su vida en Barranquilla ilustrando el quehacer de los pueblos del río Magdalena y ha sido considerado como el pionero y más auténtico primitivista colombiano.

La Academia de Bellas Artes de Bucaramanga continuó hasta el año de 1971 y dos escuelas se abrieron durante la década: la Escuela de Bellas Artes de Cúcuta en 1961 y la de Ocaña en 1970. Ellas fueron la respuesta al clamor de los artistas por la disponibilidad de centros de capacitación a nivel regional.

1 970-1980 LA MIRADA LÍDER

Los artistas regionales fueron explorando diversos medios de expresión con el propósito de incursionar en el amplio campo de la plástica nacional. Así, en el año de 1977 se creó el Grupo Bucaramanga integrado por ocho artistas unidos por el hecho de pertenecer a una misma generación, ser oriundos de la provincia y haber cursado estudios en el Instituto de Cultura el cual reemplazó a partir de 1971 a la antigua Academia de Bellas Artes. El grupo se caracterizó por una valiente posición autocrítica que le permitió experimentar diferentes lenguajes plásticos, buscando siempre aproximarse a la verdadera problemática estética. Ejerció un importante liderazgo cultural en la región y participó en exposiciones y Salones en los cuales exhibió un arte de múltiples facetas y una integridad conceptual que garantizaban la personalidad y el valor de su trabajo.

Otros artistas desarrollaron una fecunda labor sin abandonar las provincias natales: Guillermo Espinosa, Elkin Restrepo, Rubén Carreño, Augusto Vidal, Ana Durán y Manuel Cantor.

Fuera del contexto local se destacaron por su originalidad en temas y tratamiento Saturnino Ramírez (Socorro, 1946), cuya obra figurativa ha evolucionado en el tratamiento de la realidad social y urbana; Edgar Silva (Ocaña, 1944), quien realiza paisajes geométricos enriquecidos por amplias zonas cromáticas de colores primarios; Gustavo Sorzano (Bucaramanga, 1944) con una obra de tipo conceptual que involucra la reinterpretación de la historia del arte y María Victoria Porras (Barrancabermeja, 1948), quien a través de sus dibujos y esculturas hace una clara referencia al espacio tridimensional urbano. Finalmente hay que registrar la obra del miniaturista Luis Ernesto Parra (Bucaramanga, 1926) y del primitivista Luis Roncando (Onzaga, 1946-1987) como exponentes del más fino sentido artesanal.

1980-1993 JÓVENES PROMESAS

Un grupo cada vez más numerosos de jóvenes artistas trabaja incansablemente para darle a su propio lenguaje el nivel profesional que requiere el complejo mundo del arte contemporáneo.

Un primer núcleo se empeña en explorar las posibilidades de una estética afianzada en los valores locales. En esa búsqueda participan los escultores Ricardo Gómez Vanegas, Augusto Ardua, Ricardo Alipio Vargas, Pedro Gómez Navas, Ezequiel Alarcón y los pintores Carlos Eduardo Serrano, Jorge Iván Mango y Camilo Umaña. Un segundo grupo de nuevos artistas —algunos más establecidos que otros— ha dado muestras de potencial visionario y en su proceso creativo se cifra una esperanza. Son entre otros, la ceramista Cecilia Ordóñez París, el escultor Jorge Torres, los pintores Emel Meneses, Amparo Carvajal, Marco Tulio Espinosa, Eduardo Santos, Jorge Orlando Saavedra, Nelson Flórez y Mauricio Quintero.

LA HORA DEL BALANCE

En tres centros se gesta y desarrolla el arte de la región: Pamplona, Ocaña y Bucaramanga. De ellos proviene el más notable número de intérpretes de la plástica regional. Muchos de ellos han optado por el autodidactismo o por buscar mejores posibilidades en universidades nacionales o extranjeras ante la proyección localista de las Escuelas de Bellas Artes, no obstante que desde 1912 se realizan ingentes esfuerzos por crearlas y mantenerlas.

Los salones nacionales ofrecen la posibilidad de romper con el aislamiento ancestral de la provincia e ingresar al mundo de la plástica nacional, Varias generaciones de creadores plásticos participan a partir del III salón de Artistas Colombianos (1942), y se hacen merecedores de 20 distinciones (12 premios, menciones) a lo largo de 34 versiones.

Así mismo, las convocatorias a nivel municipal, los Salones Regionales de Colcultura y los Salones Fusader han fomentado el encuentro, la confrontación el debate en torno a la problemática del arte regional.

Las múltiples expresiones plásticas exigen su lugar, cuestión evidente desde hace dos decenios. En Bucaramanga se realizan numerosas exposiciones individuales y colectivas en la Biblioteca Pública Gabriel Turbay, en la Corporación Luis Perú de la Croix, en el Área Cultural del Banco de la República y en las universidades Industrial, Autónoma y Santo Tomás. Las casas de la cultura de Ocaña, Cúcuta, San Gil, Málaga y Bucaramanga y el Museo del Petróleo en Barrancabermeja se han convertido en centros de promoción de jóvenes talentos.

Especial significado tiene para la región la creación de los Museos de Arte Moderno de Bucaramanga y Eduardo Ramírez Villamizar en Pamplona, entidades que están desarrollando un dinámico proyecto de acopio, documentación, investigación y divulgación del arte regional, lo cual permite vislumbrar un panorama promisorio para el final del siglo.


CONTINUAR

REGRESAR AL ÍNDICE

 

 
Comentarios () | Comente | Comparta c