7. ECONOMÍA

Protagonismo capital

Se estudia la pervivencia de redes comerciales que si bien tienen origen prehispánico, sufren modificaciones con los procesos de conquista, colonización y expansión exportadora. La historia económica reciente de la región, también estará marcada por el gran peso de Bogotá, sin que eso significa que la desaparición de actividades mineras y agropecuarias .

Acuarela de J. Brown, dibujo de J. M. Groot, (s.f.), Royal Geographical Society, Londres. FCC, 1989

Carmen Astrid Romero Raquero: Economista, magister en economía, Universidad Nacional de Colombia.

EL PAÍS DEL MUISCA

Trueque, tecnología, importantes redes de intercambio: eso distinguía los aborigenes de la región.

A la llegada de los españoles en el siglo XVI, los muiscas habitaban la altiplanicie cundiboyacense. Contaban con una economía vigorosa en el intercambio con comunidades vecinas y activa en canje de productos entre ellos mismos. Eje de un activo intercambio económico en la región central de los Andes, el país de los muiscas se dedicó básicamente a la producción agrícola, el hilado y el tejido de mantas y la elaboración de cerámicas. Pero estas practicas indígenas desaparecieron lentamente durante la conquista, cuando los encomenderos rompieron los lazos comerciales de los muiscas con otros grupos; se introdujeron bienes de origen europeo que generaron otra serie de demandas y se utilizó el trabajo del indígena en beneficio del español.

El cambio en los centros de mercadeo fue otro golpe de gracia para el trueque. Los españoles lograron, en 1558, que el mercado indígena de Tunja se realizara en la plaza de Santo Domingo en Santafé y que el mercado de Sorocotá fuese trasladado primero a una colina entre Moniquirá, Suta y Saquencipá y a Villa de Leyva.

DESTREZAS EN LA TIERRA

La tecnología incorporada en los procesos de producción aborigen fue muy simple, y gracias al alto nivel de organización social, aprovechada y distribuida por toda la región. Los muiscas utilizaron el bastón de cavar y las hachas de piedras cultivaron el maíz en camellones y construyeron zanjas de desagüe y terrazas para los cultivos.

De las últimas hubo dos clases: las construidas en los bordes de los valles fríos, sobre lomas que recibían buena cantidad de humedad, y las ubicadas en las laderas de los cañones de los ríos que descendían a los Llanos y el valle del Magdalena, en clima templado y en áreas secas o húmedas. Era pues evidente que los muiscas tenían un control vertical de los pisos térmicos del altiplano cundiboyacense.

Parece que las mejores áreas agrícolas fueron las partes planas no inundables de los valles fríos. No se tienen noticias del uso frecuente del riego porque, en primer lugar, el altiplano tenía buenas condiciones de humedad y precipitación y, además, estas técnicas ofrecían mayor servicio en zonas secas que eran minoría en la región. Sin embargo, hay rastros de su uso en sitios secos como el Cañon del Chicamocha. Se presume, además, que los muiscas rotaban los cultivos en vista de que las frecuentes heladas de la Sabana quemaban el maíz y las turmas —papas o patatas—, los mayores cultivos de la región.

El maíz se producía tanto en el clima frío como en el cálido y era la base de la alimentación. Su variedad de formas de consumo —no sólo molido, como sucede aún con platos como el mute y el cuchuco— incentivó su producción. La turma— producto propio de tierra fría— resultó ideal para la altura del altiplano. Los sembrados más importantes de la región a la llegada de los españoles eran, junto con los dos mencionados, la yuca, batata, ahuyama, fríjol, hibias, cubios, chuguas, piña, guayaba y ají.

Las actividades se extendían a la caza de venados grandes y pequeños, conejos,  borugos, zorros, curies y comadrejas. La pesca se hacía en ríos y lagunas de tierra fría como Fúquene y Tota, en el pie de monte llanero o en la Sierra Nevada del Cocuy y en lugares de la Sabana: Fontibón, Zamora, Bosa, Serrezuela —actual Madrid— y Tibabuyes —sitio cercano a Suba.

Siglo XVI ARISTAS DEL TRUEQUE

El  intercambio y la circulación de productos eran actividades fundamentales entre los aborígenes de la región cundiboyacense. El primero se realizaba con el excedente de alimentos y algunos artículos terminados. En 1571, según indicación del cacique de Soatá, ellos cambiaban turmas, maíz fríjoles por oro. Se sabe además que los caciques centralizaban los productos agricolas que les entregaban los aborígenes —los de Sisativa daban papas y fríjoles al cacique de Bogotá, los de Soatá y Onzaga entregaban batatas y yucas de Duitama, y los de Teusacá, maíz y papas a su cacique local— y luego los distribuían; de esa manera también circulaban los bienes.


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