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(continuación capítulo
Política)
EL CUENTO, ¿DE NUNCA ACABAR?
Por muchas alias se prolongó
la crisis social de la Violencia. Las décadas posteriores trajeron nuevos actores y una
crisis en la que la región cundiboyacense tuvo un protagonismo indeseable.
El país había tenido 300
mil muertos, innumerables heridos, huérfanos y millones de migrantes hacia las regiones
de colonización del Magdalena medio, la región de Rionegro, el Garre-Opón y los Llanos
orientales. Una de las manifestaciones del desorden resultante era igual que sucede
después de todas las guerras civiles el bandolerismo endémico. Numerosos bandidos
que actuaban desde la década anterior continuaron ofreciendo resistencia en el occidente
de Boyacá, en la Provincia de Rionegro en el norte de Cundinamarca, en Santander, el
viejo Caldas y el Tolima. Hasta bien avanzado el Frente Nacional.
El de Efraín González fue
el caso más notorio. Nacido en Jesús María, Santander, en límites con Boyacá, fue
llevado a Quindío por los terratenientes de esa zona y formó parte de la banda de Jairo
Giraldo. Lo querían para protegerse de la acciones del liberal Carlos Bernal
oriundo de Puente Nacional declarado partidario del Movimiento Revolucionario
Liberal, MRL, grupo recién fundado por Alfonso López Michelsen.
Rápidamente, González
impone su ley. Es llamado por los esmeralderos que mantenían una actividad clandestina en
las minas del occidente de Boyacá administradas por el Banco de la República
y allí se hace fuerte con su banda. Reivindicando su condición de guerrillero conservador construyó un imperio
regional con el apoyo de sectores que habían acumulado capitales en forma vertiginosa y
que tenían numerosos hombres conformando ejércitos privados. A su muerte, en el más
grande operativo militar urbano de esos años, asumió el poder su lugarteniente Humberto El Ganso Ariza. Con Ariza se desarrolló una guerra
regional de cerca de 10 años por el control de las minas, y comenzaron sucesivas guaras de las esmeraldas.
La última guerra
desatada en 1983 ve su fin en los pactos de paz firmados en 1990, que hoy se
mantienen de manera tenue.
ARMADOS IDEALES
Sobre las ruinas de las
regiones que vivieron las formas más agudas de violencia, surgieron, a comienzos de los
años sesenta, varias organizaciones armadas reivindicando un cambio revolucionario.
El primer frente guerrillero
que dio origen posteriormente a las FARC nació a partir del bombardeo a Villa
Rica en el Sumapaz: se conoció como la Columna de
Marcha que operó en la zona de Marquetalia y era fundamentalmente un movimiento de
autodefensas campesinas. Otra guerrilla liberal, que los pobladores recuerdan como las guerrillas de la Rivera, sobrevivió por
algunos años en la zona del Magdalena medio Puerto Boyacá y a comienzos de
los sesenta aparece por la zona el Movimiento Obrero Estudiantil Campesino, MOEC, de
origen estudiantil, que no logró implantarse.
A partir de 1962 las FARC
adoptan la estrategia de guerra de guerrillas en frentes regionales. En el Carare y el
occidente de Boyacá y Puerto Boyacá estaba el Frente XXII, y el XI en Yacopí, la
Provincia de Rionegro y el área esmeraldífera. Eran las mismas zonas y la mismas bases
sociales de Rangel y Saúl Fajardo en los cincuenta. En el Sumapaz se instaló el núcleo
más fuerte, sobre las bases de apoyo de Juan de la Cruz Varela, y se convierte en 4
frentes en la zona de protección del Secretariado y el Estado Mayor del grupo guerrillero
que, con los pactos de paz de la administración Betancur, se trasladan desde 1984 a la
Uribe, Meta.
La agrupación tuvo, hasta
1980, una existencia relativamente marginal, débil apoyo en las principales ciudades y
escaso contacto con el movimiento obrero. Su fuerza urbana eran principalmente sectores
radicalizados del movimiento estudiantil. La destrucción de un polo popular democrático
que ganara espacios de representación política en el estrecho marco del régimen del
Frente Nacional el gran efecto político de la Violencia explica, de alguna
forma, la debilidad. Con ello se frenó la posibilidad de salidas democráticas a los
conflictos y se creó un círculo vicioso: no hay ni resolución ni instancias legítimas
de mediación en el Estado y rápidamente se transforman en trauma y expresión de
violencia.
NUEVOS ACTORES PARA LA
NUEVA GUERRA
Irrumpieron en el escenario
caras y fenómenos desconocidos. Corrían los años 80. Capitales acumulados provenientes
de la economía ilegal de la zona esmeraldífera, se invirtieron fuera de la región a
través de alianzas y negocios con el narcotráfico. Gonzalo Rodríguez Gacha, el Mexicano, nacido en el municipio de Pacho, era
esmeraldero y compadre del máximo zar de las esmeraldas, Gilberto Molina. A finales de
los setenta se generalizaron los cultivos ilegales en la región de Pacho, Paime, Yacopí,
en el oriente de Boyacá y en el piedemonte llanero, en Casanare, Cundinamarca y Meta.
Muchos pequeños guaqueros se vincularon al negocio. Pero en 1987 se desarrolla una aguda
confrontación entre el Mexicano uno de los principales miembros de lo que se ha
llamado el cartel de Medellín y Molina,
el líder de los esmeralderos, quien para ese entonces estaba en guerra con el sector de
las minas de Coscuez. La confrontación divide a los municipios de la zona en dos bandos y
ambos líderes mueren en ella: se posibilitó entonces el actual proceso de paz.
En todo ese proceso, los
grandes ganaderos de Puerto Boyacá diseñaron a comienzos de los ochenta una
estrategia antiguerrillera, ocasionada por los abusos y las extorsiones de las FARC.
Conformaron un plan anticomunista, respaldado por sectores de las Fuerzas Armadas y que
cobijaba numerosos municipios desde La Dorada hasta Barrancabermeja.
El fracaso de los sucesivos
procesos nacionales de paz y las estrategias continentales de contrainsurgencia
ideadas por la administración Reagan contra el gobierno sandinista de
Nicaragua facilitan que la experiencia de Puerto Boyacá se extienda a todas las
regiones de conflicto guerrillero con el apoyo de sectores vinculados al narcotráfico,
dejando en manos de intereses privados locales el control del orden público, situación
que afectó muchas regiones del país.
Para 1987 y los años
posteriores, se vivía en casi todo el país un ambiente de nuevos conflictos agrarios y
sindicales. Muchos dirigentes fueron asesinados selectivamente, con el silencio
complaciente de los gobiernos que, coyunturalmente, declaraban guerras al narcotráfico.
En esa guerra informal fueron
aniquiladas numerosas organizaciones populares y sindicales y debilitada aún mas la
posibilidad de construcción de una sociedad democrática con un sólido polo popular que
equilibrara las relaciones entre empresarios, hacendados y capitalistas, y sectores
trabajadores, marginados urbanos, indígenas y campesinos.
165 mil colombianos murieron
violentamente entre 1980 y 1990. Ministros, exministros, jueces, magistrados, periodistas
y candidatos presidenciales son tan sólo una pequeñísima parte de esa cifra. Una crisis
en la que la región cundiboyacense tuvo un protagonismo indeseable.
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BIBLIOGRAFÍA
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Uribe, María Victoria. Limpiar la tierra: guerra
y poder entre esmeralderos. Cinep, Bogotá, 1992.
Merece
especial mención la Nueva historia de Colombia, Bogotá,
Planeta, 1989, realizada bajo la dirección científica de Alvaro Tirado Mejía, Jaime
Jaramillo Uribe, Jorge Orlando Melo, y Jesús Antonio Bejarano.
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