LATIFUNDIOS Y PUEBLOS DE INDIOS Y MESTIZOS  

Una jerarquizada red de ciudades, villas y pueblos dio forma al poblamiento durante la Colonia.  

Como resultado de las guerras de conquista las autoridades españolas establecieron una jerarquía territorial. Al surgir las gobernaciones se creó la ciudad capital como sede del gobierno regional, que para el Alto Magdalena correspondió a Neiva, a partir de 1610. Su estructura social y política fue vertical, a manera de un feudo que perteneció a la familia de los Ospina durante el siglo XVII; la Compañía de Jesús fue otra entidad latifundista. 

Después de Neiva siguieron en orden de importancia las villas o poblaciones cabeceras de provincias, como Timaná y Mariquita (1551), que tuvieron sus respectivas autoridades municipales y sedes de una parroquia con curato permanente; de estas villas dependieron las poblaciones menores o viceparroquias con capillas, que prestaron servicios a los resguardos indígenas y a la gente de servicio y arrendatarios de los hatos y haciendas. 

En la ciudad de Neiva y en las demás villas residieron las familias de hacendados, encomenderos, comerciantes, mineros y artesanos. A diferencia de Santafé de Bogotá, Popayán y Honda, Neiva no fue la sede de conventos y colegios, los miembros de las familias de la clase gobernante apenas sabían la doctrina y rudimentos de lectura y escritura; muchas familias de terratenientes fueron analfabetas. En Neiva sólo se fundó la primera escuela pública en el año 1808. 

El territorio del norte del Tolima, a partir de la hoya del río Saldaña, dependió del corregimiento o provincia de la ciudad de Mariquita, fundada en 1551; región rica en yacimientos de oro y plata, cuya explotación la hizo próspera durante la Colonia. En 1571 tuvo sesenta españoles, de los cuales veinticinco eran encomenderos, treintiséis pueblos de indios y doscientos tributarios. 

Otra villa importante fue Honda, llamada el Puerto de Mariquita sobre el río Magdalena, fundada en 1560. Por su localización se convirtió en el principal puerto del interior, a donde llegaban por el río Magdalena las mercancías de España, para luego distribuirse por los caminos reales a Santafé de Antioquia, Santafé de Bogotá, las gobernaciones de Neiva, Popayán y hasta Quito. También fue el puerto de embarque de las riquezas americanas hacia la metrópoli.

 

PUEBLOS PARA LA DOCTRINA 

En último lugar de la jerarquía social y con una jurisdicción especial otorgada por la Real Corona, se encontraron los pueblos de doctrina fundados en tierras de resguardos indígenas, por parte de misioneros franciscanos y jesuitas. 

Las regiones en las que la población indígena no fue arrasada fueron objeto de una política de adoctrinamiento. Se trata de las tierras de Coyaimas y a el Natagaimas en los llanos del Tolima y de yalcones al sur del actual departamento del Huila. Lo mismo que el territorio comprendido entre la desembocadura del río Páez al Magdalena y Tierradentro, ocupado por los paeces, que se otorgó inicialmente a los jesuitas, hasta el año de 1640 y posteriormente, a los misioneros franciscanos. 

En esta región los indígenas lograron tierras de resguardo con su cabildo indígena: Hobo, el Paso, Nátaga, Iquira, El Retiro; en la región de Tierradentro o territorio Páez propiamente dicho, hubo un curato en Tálaga con anexos: Mesa de San Vicente de Huyla, San Fernando de Vitoncó, Santa Bárbara de Lame, Santa Rosa de Suin y San Antonio de las Chinas, de la Real Corona; también hubo curatos en Calderas, Toboymas, Pueblo Nuevo, San Andrés de La Plata, El Pital de Timaná y Toribío; Jambaló, Caldono, Paniquitá, Yaquivá e Inzá de Guanacas. 

Aunque las familias indígenas continuaron viviendo dispersas, dedicadas a sus labores agrícolas, para la subsistencia y el pago de un tributo a la Real Corona, encomenderos y el diezmo al cura doctrinero, se vieron obligadas a participar del adoctrinamiento en la capilla, que pasó a ser el centro del caserío, con una población no mayor de 100 habitantes, En estos pueblos de indios no se permitió el asentamiento de blancos. 

Estas doctrinas se mantuvieron sin mayores cambios a lo largo de los siglos XVII y XVIII. Hacia esta última centuria, algunas de ellas, terminaron pobladas por blancos, como es el caso de Hobo, seguramente por su cercanía a Neiva. A diferencia de otras, como Iquira que en 1791 contó con 30 indios, de los cuales 20 tributaron en oro, a la Real Corona. 

Nátaga, que en 1783 tuvo 50 indios, se transformó en 1777, cuando se creó el santuario y la cofradía de la Virgen de las Mercedes, con una iglesia de bahareque (largo de 27 ½ varas, ancho 9 varas), con dos campanas pequeñas, tres altares de barro, una puerta de madera con su chapa, sacristía —caedizo sin puerta— e imagen de bulto de la Virgen con el niño, con sus respectivas coronas de plata. Desde entonces se convirtió en un centro de peregrinación popular. Los indígenas estuvieron obligados a participar del bautismo, óleo (confirmación), entierros, matrimonios, misa dominical, rezo del rosario y fiestas organizadas por las cofradías, en las que se mezclaron lo católico y lo aborigen, fandangos y chirimías, lo sagrado y lo profano.

 

PUEBLOS DE FRONTERA 

El sector de la Cordillera Oriental, correspondiente a los departamentos de Tolima y Huila, por su localización geográfica, separa el valle alto del río Magdalena del inmenso territorio amazónico del Caquetá que, a su vez, limita por el norte, con la Orinoquía. 

Los conquistadores desde un comienzo comprendieron las dificultades naturales de las tierras orientales de Colombia, por lo cual establecieron una frontera de colonización en la Cordillera Oriental, donde hicieron fundaciones con indígenas de la región y con tamas y andakíes traídos de las selvas del Caquetá, por parte de misioneros franciscanos, a quienes la Corona les otorgó para su adoctrinamiento, desde mediados del siglo XVII. 

En la parte norte y dependiente de Neiva, se fundó el Espíritu Santo del Caguán en 1590, con indígenas dujos y tamas, con el fin de establecer un punto de avanzada hacia Santafé de Bogotá y los Llanos, objetivo que no se logró porque declinó hacia 1690, por su aislamiento, el clima y una epidemia de viruela. 

Hacia el sur, dependiendo de Timaná, los padres agustinos fundaron el pueblo de Naranjal por el año de 1690. Luego en 1716 se donaron tierras a indios tamas y dependió del curato de Timaná y La Jagua a donde también se trajeron tamas. Otra población importante para la expansión de la frontera misional franciscana fue la Ceja de los Andakíes o Acevedo, fundada hacia mediados del siglo XVII, en el valle del río Suaza.

 

PUEBLOS DE PASO 

Con el inicio de las guerras de conquista hubo fundaciones o sitios que adquirieron gran importancia, por quedar localizados en puntos intermedios de los caminos reales que comunicaron la Gobernación de Popayán con el Nuevo Reino de Granada. Entre los principales están: La Plata (1550), Ibagué (1550), Coyaima (1540), Mariquita (1551) y Honda (1560). 

Tanto La Plata como Ibagué se ubicaron en sitios estratégicos de las rutas comerciales entre el occidente y el oriente. Ambas rodeadas de sierras de las vertientes orientales de la Cordillera Central que descienden al valle alto del río Magdalena; la primera, en la ruta del camino real de Guanacas y la segunda, en la ruta del camino del Quindio. En ellas se hospedaban los comerciantes y cargueros antes de atreverse a subir la abrupta cordillera, con sus recuas de mulas cargadas de mercancías. Los que llegaban de Popayán y Cartago descansaban para luego continuar su viaje por las ardientes tierras de los llanos de Neiva y el Tolima hasta Honda o el sitio de Guataquí, por donde el camino ascendía a Tocaima, La Mesa y Santafé de Bogotá. 

Desde un comienzo hasta tiempos modernos, La Plata e Ibagué han sido puntos de encuentro, frontera cultural, entre el occidente (Valle del Cauca) y el oriente (Valle del Magdalena), y el oriente antioqueño para el caso de Ibagué. Las poblaciones de Natagaima y Coyaima sobre la margen izquierda del río Magdalena, con habitantes indígenas y mestizos, tuvieron importancia por estar en la ruta del camino que las comunicó con Honda, hacia el norte, y con Neiva o La Plata hacia el sur. Además de servir como punto de descanso a los viajeros, fueron productoras de tabaco, algodón, maíz, cerdos, gallinas y dulces, que abastecieron el mercado regional hasta Honda. Situación similar fue la del puerto de Purificación. A él llegaba el camino de Neiva, a partir de allí se podía navegar hasta los rápidos de Honda o seguir la ruta terrestre a Santafé de Bogotá. Honda, como principal puerto del interior del país, adquirió gran importancia, lo que le permitió separarse de Mariquita en 1643. Allí residió un oficial real y juez de puerto que tuvo grandes atribuciones sobre el comercio colonial. Su importancia se mantuvo hasta el siglo XIX, cuando se fortaleció con la navegación a vapor por el río Magdalena. Su decaimiento empezó con la construcción de los ferrocarriles, hacia finales de esta centuria, sobre todo con la prolongación de la línea férrea La Dorada - Ambalema.

 

PUEBLOS DE MESTIZOS 

Estas poblaciones surgieron tardíamente desde finales del siglo XVII y hacia el siglo XVIII, en regiones donde desapareció la población aborigen y surgió como resultado colonial, el mestizaje. Algunas tuvieron su inicio en la capilla de una hacienda que adquirió el rango de curato. Además de la capilla y la casa cural tuvieron una plaza rodeada de solares, que se asignaron a quienes quisieron poblarlos, como es el caso de Villavieja, Yaguará (1734), Carnicerías (1774) y Palermo (1774). Gigante, primero surgió como sitio o viceparroquia de La Honda hacia mediados del siglo XVIII y en 1771 ya tuvo cura propio. Hubo poblaciones como Garzón, que finalizando el siglo XVIII, tuvieron incremento demográfico, lo que les permitió transformarse en parroquias, a diferencia de otras como Timaná, que a pesar de haber sido importantes durante siglos anteriores, terminaron marginales, perdiendo su estatus económico, político y social. 

En tierras del Tolima también se vivió situación similar hacia la segunda mitad del siglo XVIII, cuando se fundaron nuevas poblaciones, como consecuencia de un aumento de población y un auge agropecuario: Espinal (1760), Chaparral (1769), Alpujarra (1771), Guamo (1772), Ambalema (1776), Ataco (1778), Cunday (1794). 

Este auge también ocurrió en la provincia de Neiva que en 1789 tuvo 15 poblaciones, 4 mil blancos, 1247 indios, 5 mil 703 mestizos y 450 esclavos negros, según Francisco Silvestre. 

Los pueblos del Huila y el Tolima se vieron afectados por el terremoto de 1827 que destruyó varias iglesias y edificaciones, contribuyendo a su estado de postración económica en muchos de ellos y cambiando su fisonomía arquitectónica colonial.

 

El Tolima Grande en el siglo XIX
EFÍMERAS BONANZAS QUE SÓLO DEJARON RECUERDOS

Jorge Ruiz 

Los fugaces auges de la quina y el caucho no lograron integrar el territorio del Gran Tolima. 

En 1824 la organización colonial de poblaciones se reemplazó con el reordenamiento territorial de la República en departamentos, provincias y cantones (ley 25 de 1824). El departamento de Cundinamarca se conformó con las provincias de Bogotá, Antioquia, Neiva y Mariquita. Dependiendo de Neiva se integraron los cantones de Purificación, La Plata y Timaná, y bajo Mariquita: Honda, Ibagué y La Palma. 

El territorio se encontraba distribuido en baldíos, propiedades privadas, resguardos indígenas, tierras de la Iglesia y ejidos. En la nueva estructura de la población, las categorías de libres y esclavos, suplantaron a las castas. 

La dinámica poblacional, para el territorio nacional, se aceleró a tasas superiores al 1%, característica de los censos anteriores a 1825. La población de la provincia de Mariquita, censo de 1848, fue de 89.640 habitantes (4.6% de la nacional), de los cuales 398 eran esclavos; la de Neiva, 93 mil 178 (4.8% de la nacional) libres, y 510 esclavos. 

Los poblados, caracterizados por su aislamiento, continuaron prestando servicios a las grandes haciendas ganaderas. Las casas, de bahareque, techo de paja y apariencia frágil se disponían a lado y lado y alrededor de la capilla, encerrando los cuatro costados de la plaza, desde la cual se trazan las calles. Las habitaciones a lo largo de las calles, a medida que se alejaban de la plaza, iban señalando una combinación de casas separadas y juntas.

 

OCUPACIÓN VS. ADMINISTRACIÓN

la pauta de poblamiento en 1821, definía claramente la ocupación de la zona plana, de tierra caliente, desde Honda hasta Neiva, involucrando directamente algunas poblaciones fundadas en la Colonia. Desde San Agustín hasta Honda, siguiendo las márgenes del río Magdalena, se localizaban las haciendas ganaderas, los resguardos indígenas y las propiedades de la Iglesia. 

Hacia las cordilleras la ocupación era parcial y se confundían las tierras baldías con las privadas. 

El principal medio de transporte continuó siendo el río Magdalena, en champanes de Neiva a Honda, y de ésta a la costa atlántica en buques a vapor. Estos puertos siguen facilitando la comunicación intra y extrarregional apoyados por los caminos coloniales. 

El camino Tocaima – Ibagué - Páramo del Quindio y la influencia de la colonización antioqueña sobre la vertiente oriental de la Cordillera Central, jalonan una lenta y desarticulada delimitación regional, en tres zonas: la margen derecha del río Magdalena de Neiva a Honda; el sur del Alto Magdalena, San Agustín, Timaná y La Plata y la franja cordillerana entre Ibagué y el río la Miel. 

Estas zonas se convirtieron en escenario de enfrentamientos entre latifundistas, colonos e indígenas por la legalización de la propiedad de la tierra, el derecho de las concesiones, la delimitación político - territorial y el contacto cultural. 

 

EL FUGAZ TRÁFICO DE LA QUINA

La explotación y comercialización de la quina, entre 1850 y 1875, aceleró nuevos procesos de colonización, posibilitó la fundación de nuevos poblados y fortaleció algunos de los existentes desde la Conquista y la Colonia. Originó cinco  frentes de colonización: sobre la franja occidental de la Cordillera Oriental, de Icononzo a Alpujarra; de Colombia a Algeciras; de Gigante a Suaza; y el del Macizo colombiano, por la vertiente oriental de la Cordillera Central, de San Agustín a Santa María y de El Alto de la Churuca hasta el río Guarinó. 

La migración antioqueña que durante la primera mitad de este siglo había colonizado las zonas de ladera, desde el río La Miel hasta Ibagué, restó importancia a la comercialización de la quina en ese sector Entre 1845 y 1895 logra imponer sus relaciones sociales, basadas en la minería, el monocultivo, la cría de ganado y la extracción de maderas, en el área rural y en poblados como Santo Domingo (hoy Casabianca), Fresno, Soledad (hoy Herveo), Líbano, Villahermosa, Anaime, Santa Isabel y Briceño (hoy Anzoátegui). Inicialmente sostuvieron un intercambio comercial, poblacional y cultural con Sonsón y Abejorral y después con Manizales. 

La crisis de la quina desarticulará estas subregiones.

 

LOS CAMINOS DEL CAUCHO

Entre 1875 y 1905 a consecuencia de la explotación y comercialización cauchera y de los reductos de la producción quinera, el territorio se reconfiguró, demarcando las siguientes zonas: 

Sobre la Cordillera Oriental. De las vegas de Cunday hasta Alpujarra y sin mayor importancia para la comercialización del caucho. Recibe una continua corriente migratoria de Cundinamarca y Boyacá y queda dependiendo del intercambio comercial y cultural del Guamo, Neiva y Cundinamarca. 

El área comprendida entre Colombia y Algeciras, importante para la comercialización del caucho y dependiente de Neiva. La Compañía de Colombia fundada en 1863 por Jorge Child, Carlos Michelsen, Nazario Lorenzana y otros, con el fin de comercializar la quina, dejó una infraestructura que facilitó el transporte del caucho y una colonización dirigida y espontánea, a los Llanos de San Martín. 

La zona comprendida entre Gigante y Acevedo recoge, entre otras, la experiencia de la compañía quinera Vargas - Cano, convertida en compañía cauchera Puerto Rico que sacó el producto de ese puerto y de San Vicente del Caguán por Gigante y Campoalegre. Por Guadalupe, Suaza y Acevedo se transportó el caucho del sur del Caquetá. Las compañías de los hermanos Calderón que se unieron a los peruanos Arana, y la de los hermanos Gutiérrez, de Acevedo, comercializaron el caucho de Florencia y el de las riberas de los ríos Orteguaza y Caquetá. 

 

MIGRACIONES Y AISLAMIENTO

Marcada por diferencias aún observables en el desarrollo económico y poblacional, la zona de ladera, margen izquierda del río Magdalena fue marginada de los intercambios generados por los procesos caucheros. El intercambio generado por el caucho se dio fundamentalmente, entre las poblaciones ubicadas en la Cordillera Oriental y Neiva, y de ésta al comercio internacional por Honda, siguiendo en algunos casos, las viejas rutas de la ganadería. 

El sur del alto Magdalena, principalmente San Agustín, Pitalito, Isnos, y La Plata, estrecha sus vínculos culturales y económicos con el Cauca y Nariño. 

Caucanos y nariñenses sostienen flujos migratorios e implantan sus formas de trabajo y manifestaciones culturales, en este sector. Este hecho agudizó las contradicciones entre la gran propiedad de la hacienda ganadera y la producción agrícola de pancoger. 

Es el caso de la hacienda Laboyos, cuando los herederos del General José Hilario López, se involucraron en el negocio de la quina por intermedio de la compañía Lorenzana o Durán, Angel López y Cia. Por las condiciones de movilidad de la frontera de extracción de la quina y la necesidad de transportarla hasta las agencias para su exportación, la hacienda Laboyos fue ocupada por peones, cargueros, destajeros y colonos. Al entrar en crisis la bonanza quinera y cauchera surgieron los coloniales litigios por la propiedad de los resguardos. Estos litigios alcanzaron formas de enfrentamiento “a fuego y machete” originando una migración, principalmente de indígenas, hacia la Bota caucana. Esta disposición de litigios y enfrentamientos, por la propiedad de la tierra, se resolvió en el siglo XX. La zona de La Plata logró mantener una decadente comunicación entre Santafé y Popayán. Se mantuvo el flujo y reflujo poblacional con la región de Tierradentro, dando acceso a los colonos campesinos e indígenas Guambianos y paeces, del Cauca. 

El camino Girardot – Ibagué - Calarcá, deslinda dos zonas, al sur y al norte de Ibagué. La del norte, aglutinada por la colonización antioqueña, llegó hasta el río Guarinó; fortaleció el flujo comercial con el occidente, el norte y el oriente del país, a través de Mariquita y Honda utilizando los caminos, la navegación por el río Magdalena y los incipientes tramos del ferrocarril, como el de La Dorada hasta Ambalema. Un pequeño núcleo de la población indígena, el resguardo de Bocaneme, pudo mantenerse en una franja de tierra entre los ríos Medina y Sucio, afluentes del Gualí, en territorio de Mariquita y Fresno. 

Chaparral se convirtió en el centro aglutinador del sector urbano y rural, de las zonas planas y de ladera, del sur de Ibagué. Su población se conformó básicamente con los descendientes de los grupos indígenas de Natagaima, Coyaima, Ortega y Purificación. Estrechó sus relaciones con Neiva. La zona plana, entre Honda y Neiva, siguió consagrada a la gran hacienda ganadera. 

La comercialización de la quina, el caucho, y en menor proporción el anís, la influencia de los diferentes grupos de colonos, antioqueños, boyacenses, cundinamarqueses, caucanos y nariñenses, la apertura de nuevos caminos de colonización y sus vínculos interregionales, los intentos de implantar el ferrocarril como medio de transporte y las diferentes guerras civiles, propiciaron una intrincada red de intercambios poblacionales sobre las Cordilleras Oriental y Central y en algunas zonas planas entre Espinal y Honda.  

La gran hacienda ganadera siguió dinamizando los procesos poblacionales del sur de Neiva, y de la parte plana del norte, hasta Honda. Los poblados integrados por la explotación de la quina y del caucho, con la decadencia de su comercio, volvieron a su inercial aislamiento, la zona de la colonización antioqueña, e Ibagué por su posición estratégica territorial, generaron una integración intra y extrarregional con base en los ejes viales urbanos entre Manizales – Líbano – Mariquita y Bogotá y Bogotá - Girardot - Ibagué - Quindío.

 

EL EJE IBAGUÉ-NEIVA FOCO POBLACIONAL .  

Entre 1857 y 1886 el territorio sufrió una serie de transformaciones administrativas que no correspondían con las pautas de poblamiento y con sus sistemas de integración subregional. Por ley, la región se dividió en los departamentos de Mariquita, Guamo, Neiva y Garzón. En 1861 el general Mosquera integró las viejas provincias de Mariquita y Neiva en el Estado Soberano del Tolima, convertido en departamento del Tolima, por la Constitución de 1886 que le conservó los límites territoriales. 

Al finalizar el siglo se habían fundado 23 poblados, 13 en el actual departamento del Tolima y 10 en el Huila, con una relativa densidad demográfica e idénticas condiciones urbanísticas.  

En Ibagué y Neiva se observaron cambios en la apariencia de las casas, por los materiales utilizados en las construcciones y por el uso de mercancías importadas, lujos ya observados en las haciendas ganaderas. 

La tasa de crecimiento demográfico, entre 1843 y 1880, pasó de 0,9% a 1,5%, mientras que la nacional se mantuvo en 1,5%. La concentración de población en Neiva e Ibagué ayuda a explicar este fenómeno. La población de Ibagué pasó de 7.162 en 1851, a 10.346 en 1870 y se consideró una de las siete ciudades colombianas con mayor densidad; la de Neiva de 7.719 a 8.332.

 

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