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¿LA MEJOR COYUNTURA?
Pareciera que el Huila y el Tolima,
por fin, despegan.
La articulación comercial del Huila, con base
en la demanda de productos agrarios generada por los polos de la industrialización y la
urbanización (Bogotá, Medellín y Cali), fue el fenómeno más importante de su
evolución económica al comenzar la segunda mitad del siglo XX.
Los productos más importantes que en los años
50 se vinculaban a la demanda industrial eran el cacao: el 26,69% de la oferta nacional
era huilense, ocupando el segundo puesto después del Tolima; el arroz, del cual el
Huila
producía el 10,69% de la oferta nacional, ocupando el tercer puesto después del Tolima y
el Valle del Cauca; también ajonjolí, algodón, café y maíz, con destino al consumo
industrial aunque en cantidades menos destacadas.
De estos productos, el arroz, el algodón y el
ajonjolí se producían en empresas modernas de explotación, en tanto que el
cacao,
el café y el maíz seguían cultivándose en condiciones tradicionales.
Desde entonces, al lado de los sectores
agrícolas tradicionales y de la secular ganadería se ha venido desarrollando una moderna
agricultura comercial localizada principalmente en la subregión del norte y
oriente, lo cual le ha otorgado un dinamismo significativo a la economía
regional.
Entre los productos de la agricultura comercial
los más importantes hoy son el arroz de alto rendimiento, el sorgo y el
algodón. En el sector de la agricultura tradicional que tiende a predominar en la
subregión sur y occidente del departamento sobresalen el maíz, el fríjol, el plátano,
la yuca, el cacao y la caña panelera. El crecimiento de estos últimos productos ha sido
en general lento. Buena parte de los mismos se envía a los mercados de Cali y
Bogotá.
El café, que se cultiva en la ladera central de
la cordillera Oriental, ha presentado cambios importantes a partir de los años 70.
Sobretodo, ha aumentado su productividad en las áreas en donde se ha pasado al cultivo
tecnificado.
La industria, en cambio, continúa siendo
esquiva para la región huilense. Las demandas de la agricultura comercial, y en general
de bienes manufacturados sigue abasteciéndose en lo fundamental, de los productos
procedentes de Bogotá, Cali y Medellín, y algunos del extranjero. Sin embargo, a nivel
local, las empresas dedicadas a la industria de trilla y molinería ligadas a la
agricultura comercial han presentado algún dinamismo; las otras industrias
corresponden a la fabricación de licores monopolio estatal y a las firmas de
gaseosas y cervezas en su mayoría subsidiarias de firmas nacionales.
En el conjunto, el sector agropecuario es la
base de la economía departamental, de cuyo producto interno bruto representó, para 1985,
el 37,5%, mientras la industria manufacturera participó en el 8,2% y la minería en el
7,6%.
En el agro huilense vive el 48% de la
población, en condiciones de una inequitativa distribución de la tierra: el 48,7% de los
predios inferiores a 10 hectáreas cubren el 8% de la superficie, mientras el
0,5% de los predios (superiores a 500 hectáreas) ocupan 24% de la extensión
territorial.
Definida la economía huilense por su
adscripción básica a la producción de bienes agrícolas, su dinámica se encuentra
sometida a la suerte de tales productos, con sus períodos de auge y crisis, lo que
dificulta obtener un desarrollo sostenido.
Asímismo, la especialización
agraria orientada a los mercados extrarregionales no ha permitido una articulación
interna de los mercados locales de la región. A lo anterior se agregan las distorsiones
del cultivo ilegal de la amapola, el
cual constituye también un rasgo del
panorama agrícola del sur del Tolima.
Recientemente han surgido esperanzas acerca de
algunos factores que podrían contribuir a modificar el modelo de desarrollo huilense, los
cuales se refieren al sector de hidrocarburos, a la explotación de algunos minerales y a
la política de gastos del gobierno departamental con base en las regalías del
petróleo.
ENTRE LA AGROINDUSTRIA Y LA ENERGÉTICA
El escasísimo desarrollo industrial, la gran
producción agropecuaria del Tolima y las deprimentes condiciones sociales resultantes de
la violencia influyeron en la decisión de un grupo heterogéneo de veinte tolimenses
empresarios y profesionales de constituir la Asociación para el Desarrollo
del Tolima (ADT) el 23 de abril de 1964 como una entidad apolítica cuyo objetivo sería
promover e impulsar el desarrollo económico y social del departamento enfatizando en su
industrialización. Luego de 25 años de actividades había participado decisivamente en
la creación de cerca de 20 importantes industrias y empresas de servicios entre las
cuales se destacan Texpinal, Catsa, Aires, Coruniversitaria, entre otras. Por entonces
estaba promoviendo otras 20 empresas al amparo de la ley 44 de 1987.
El potencial de la ADT como intérprete y motor
del desarrollo integral de la región se hizo evidente con motivo de la catástrofe del
volcán del Ruiz que ocasionó la destrucción de Armero. Esta tragedia maduró la pasmosa
crisis de identidad, el lento crecimiento y la concentración del ingreso que había en el
Tolima.
Las evaluaciones de los efectos económicos
causados por la catástrofe de Armero estiman que los activos perdidos superaron la cifra
de los 20 mil 300 millones de pesos (construcciones, sector agropecuario y servicios) y
causar pérdidas anuales, por disminución de la capacidad productiva, del orden de los 12
mil millones de pesos, partiendo del nivel del producto existente en junio de 1986. Estas
pérdidas se han compensado con los efectos de un ciclo de acelerada industrialización,
iniciado al amparo de la citada ley.
En efecto, en julio de 1990 líderes del Comité
Intergremial afirmaban que el impulso a la industrialización en la región estaba
representado en la constitución de 130 nuevas empresas que llegarían a hacer inversiones
por cerca de 100 mil millones de pesos, generando en los próximos dos años 5 mil empleos
directos.
Al finalizar el año de 1992 la inversión
acumulada de los dos últimos años era del orden de 5 mil 523 millones, equivalentes a
una variación porcentual de 77,5% en relación a los 3 mil 111 millones del año
anterior. En 1990 la inversión había sido de 6 mil millones.
Por sectores, la mayor variación positiva
ocurrió en el transporte 1.168%, seguida de lejos por el sector servicios, el agrícola y
la construcción.
En 1992 fue inaugurada la fábrica textil
Fibratolima con una inversión, hecha desde 1988, de 30 mil millones de pesos, destacando
a Ibagué como la tercera ciudad textil de Colombia y colocándola en situación de contar
en el futuro próximo con una gran industria de confecciones.
Esa transformación de la región y el creciente
pragmatismo e integración de los sectores privado, público y político para continuar el
desarrollo económico y social del Tolima, en el marco de la apertura económica, tiende a
consolidarse mediante la integración regional con los departamentos de Caldas, Quindio,
Risaralda y Huila.
Esta integración está impulsando proyectos
eléctricos, de vías de comunicación, en televisión y muy especialmente, la irrigación
de otras 67 mil hectáreas de tierra para proyectar la expansión y consolidación de la
agricultura comercial mecanizada. La inminente realización de estos proyectos tendrán,
entre otros efectos, mejorar la distribución del ingreso y la calidad de vida del
tolimense, aprovechando las ventajas comparativas que tienen sus opciones agroindustrial y
ganadera.
A diferencia del Tolima, el Huila no ha tenido
una asociación de empresarios con interés en el desarrollo regional. Empero, dos
vigorosos signos de progreso han contribuido recientemente a modernizar la región: las
exitosas exploraciones petrolíferas que condujeron al establecimiento de un complejo
petrolero de gran importancia para el interior del país, y la Hidroeléctrica de
Betania.
Estos hechos revelan el papel estratégico de la
política y de la inversión estatal en el reciente desarrollo huilense. Sin embargo, esos
signos de progreso no han generado un avance empresarial apreciable ni en la agroindustria
ni en los servicios.
Existe en el Huila preocupación por el destino
de las regalías del petróleo. Si a comienzos de los años 70 tales regalías resultaban
insignificantes para el presupuesto departamental, ya para 1981 representaban el 30% y
para 1985 se habían constituido en el principal ingreso departamental el 61,4% del
total; en 1991 su participación ascendió al 68,4%.
Grandes esperanzas se han abierto, pues tales ingresos
posibilitan la inversión en obras públicas, electrificación rural, servicios públicos,
educación, construcción y apoyo a empresas de economía mixta. Sin embargo, no han
resultado claros los conceptos de inversión que en algunos casos parece confundirse con
gastos de funcionamiento y con otras destinaciones de gastos corrientes; preocupa, en este
sentido, la frondosa burocracia de la esfera gubernamental.
El cuarto de hora que se le ha presentado al
Huila con el recurso no renovable del petróleo cuyo impacto ambiental también
preocupa exige, por encima de la improvisación, la incuria y el
parroquialismo,
la puesta en práctica de una moderna política de desarrollo económico, social y
cultural que permita el despegue de la región, lo cual continúa siendo un reto para los
conductores huilenses.
PRODUCIÓN DE PETRÓLEO CRUDO Y
REGALÍAS PAGADAS AL DEPTO DEL HUILA 1980-1995
|
Año
|
Producción
(Miles
de barriles)
|
Regalías (Millones de $)
|
|
1980
1981
1982
1983
1984
1985
1986
1987
1988
1969
1990
1991
1992
1993
1994
1995
|
6.236.7
9.797.3
12.359.6
13.414.7
13.853.3
14.307.9
17.211.7
18.606.3
21.238.7
20.560.4
20.017.8
20.498.2
20.374.1
20.126.3
22.567.7
22.164.9
|
43.5
464.2
774.8
1.282.2
1.493.2
2.132.0
3.006.9
2.838.3
4.576.8
6.334.7
10.169.2
9.562.5
11.101.4
12.829.6
14.476.8
18.893.8
|
Fuente: Anuario Estadístico del Huila.
BIBLIOGRAFÍA
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