GRAMÁTICA DE UN SIGLO
Adolfo Atehortúa Cruz 

Paz: un vocablo que espera nuevas páginas.

Los términos conflicto, política y violencia definen el carácter de la relación política entre ciudadanos y entre éstos y el Estado a lo largo del siglo XX. Mecanismo preferido en la resolución de los conflictos, la violencia; una alternativa tras el desborde o fracaso de la violencia, la política; conflicto como búsqueda permanente de ubicación - reubicación en los procesos de reconocimiento y construcción de lo estatal - nacional. Ahora una mirada desde los años 30. 

 

1930-1948    AÑOS PROLEGOMENOS 

Dos tipos de conflicto son notorios en la región a esta altura del siglo. El primero, la disputa ardiente por la tierra hecha por ramajes de la colonización antioqueña en el norte - centro del Valle e incluso en el norte del Cauca; por los indígenas caucanos en el macizo y las cordilleras, o por paupérrimos colonos y peones en Nariño. Entre el 15 y el 31, se viven agudos enfrentamientos en Silvia y Buenos Aires (Cauca), Barbacoas e Ipiales (Nariño) y Caicedonia, Riofrío, La Cumbre y Roldanillo (Valle). La construcción del canal de Panamá —1914— y de una red ferroviaria que une a la región del Pacífico con el interior del país, el auge de la tierra y las primeras industrias en Cali, revitalizan la región. 

La política coloca el otro tipo de conflicto, tal vez no tan crudo en Cauca y Nariño como en el Valle. En este último departamento, las bases partidistas de muchos municipios se trenzaron en contienda por la apropiación de la maquinaria electoral y el poder municipal. 

Los enfrentamientos se iniciaron a piedra en Cali y Palmira y se extendieron con disparos aislados a Tuluá, Zarzal, Bugalagrande y Buga. Relator, decano de la prensa liberal en la región, dio a conocer “atropellos ejecutados contra colonos” en el Valle y publicó repetidas notas en su apoyo. 

Los conservadores presentaron desde Bolívar numerosas quejas contra empleados oficiales que impulsaban colonizaciones e invasiones con interés electoral. Parecía un desquite: el 12 de septiembre de 1930, Relator denunció “graves delitos cometidos por el cuerpo de detectives de la pasada administración” y “hogares allanados y ataques a mano armada, pérdida de armas, requisas en las cuales se perdía dinero y alhajas, correspondencia violada”... Los mismos corresponsales atribuían a Hernando Navia un discurso en el cual instaba a los conservadores a prepararse para reconquistar las posiciones perdidas. “Si es necesario derramar sangre, habría dicho Navia, la derramaremos. Por encima de todo y de todos ganaremos las elecciones venideras en todo el país”. 

La situación era cada vez más tensa. En Yotoco se recuerdan los letreros que aparecieron en la plaza una semana antes de la posesión de Olaya: Godos hijueputas: les llegó la hora! Quemaremos sus casas de paja y le meteremos dinamita a las de teja. Se sembraron así, imperceptiblemente, los estallidos de la Violencia en el 48. 

 

1948-1966 EL TERROR Y SUS SECUELAS 

El 9 de abril sorprendió a Nariño con una mayoría conservadora y cómplice del frustrado golpe militar del 44. En manos de una gobernación férrea, el orden público apenas se inquietó. A tal punto que, incluso después del nuevo acuerdo capitalino de unidad nacional, el gobernador se negó a cumplirlo objetando cualquier nombramiento liberal para sus alcaldías. 

El norte del Cauca y el Valle entero fueron, en cambio, escenario de conmoción popular. Valientes pero desorganizados caleños atacaron La voz del Valle y el Diario del Pacífico —expresiones de prensa conservadora en la capital—, se tomaron la estación del ferrocarril y saquearon almacenes, estancos y ferreterías. Antes del amanecer, sinembargo, el comandante de la Tercera Brigada, Gustavo Rojas Pinilla, logró controlar la situación desbaratando las efímeras juntas revolucionarias. Buga, Zarzal, Caicedonia, Riofrío y otros municipios, corrieron una suerte similar. 

Tuluá observó, con el calor de los hechos, el surgimiento de León María Lozano, el famoso Cóndor, célebre cabeza de los pájaros en la conservatización a bala de los campos. Puerto Tejada se levantó airado hasta que lo derrotó el Ejército. Poblaciones del norte del Cauca, como Corinto y Santo Domingo, trabaron entre ellas acciones de toma y retoma. 

En algunos sectores del macizo nariñense, a lo largo de la Cordillera Central en Cauca y Valle y en la margen montañosa occidental del río Cauca en el Valle, la Violencia se extendió con terror inusitado. La misma Casa liberal en Cali fue escenario de masacre, al igual que las poblaciones de Ceylán, Andinápolis y Betania, entre muchas otras. Tuluá vio crecer al Cóndor como Trujillo a su último gamonal

Testigo de una y otra masacre, Pedro Antonio Marín —Manuel Marulanda, Tirofijo— tomó en el Valle la decisión de alzarse en armas. A la región de Corinto (Cauca), empezaron a llegar guerrilleros que huían del Tolima. Allí se radicaron Tijeras y Aguililla, con quienes Antonio Larrota pretendería conformar luego el brazo armado de su movimiento insurreccional universitario, el Moec. A la bota caucana llegarían finalmente Mariachi, Richard y el mismo Marulanda, hasta Río Chiquito.

Llegarían también los bombardeos y los bandoleros: Asombro, Candadito, Corocito, Barrilito, Arbolito, Patemico, quienes extendieron su radio de acción por la Cordillera Central hasta Florida, Palmira e incluso Tuluá en el Valle. Por el extremo norte de este último departamento, se hicieron célebres también Zarpazo, El Vampiro y Lamparilla.

 

1980-1990      NUEVAS VIOLENCIAS Y ATISBOS DE PAZ 

Al final de los años sesenta, pero sobre todo en las dos décadas siguientes, el nuevo movimiento guerrillero busca implantarse a toda costa en la quebrada geografía del Cauca y el occidente del Valle. Fracasaron Antonio Larrota y Francisco Garnica pero no las Fuerzas Armadas Revolucionadas de Colombia, Farc, ni, posteriormente, el Movimiento 19 de abril, M-19, y el Quintín Lame.

Asoman con auge los movimientos sociales: la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos, Anuc, los trabajadores agrícolas, los estudiantes, el Consejo Regional Indígena del Cauca, Cric y los movimientos cívicos locales. Cartago y Tumaco, en cada extremo de la región, protagonizan vigorosos paros. 

Entretanto, la política del Frente Nacional es monótona, aunque en Cali y muchos municipios de la región se apoya al Movimiento Revolucionario Liberal de López y a la Alianza Nacional Popular de Rojas. La normalidad se rompe. Los paros cívicos se repiten en Nariño y columnas del M-19 intentan penetrar por su extremo sur. Cauca se encuentra sitiado por ambas cordilleras y su situación se agrava con el terremoto payanés. Los gremios del Valle sienten la problemática. 

Escenarios de guerra, el Valle y Cauca lo fueron también de paz. Corinto, en el proceso iniciado por Betancur, y Santo Domingo, en el culminado por Barco, marcan una senda. Los indígenas avanzan en su reconocimiento y obtienen espacio definitivo en la Constituyente. Los niveles de organización social participativa en Nariño se superan. Sinembargo, falta mucho camino por recorrer Otras violencias, como la mafiosa, la común y aun la guerrillera, continúan cobrando víctimas. En este terreno, restan páginas de historia por escribir. 

 

1930-92 RADIOGRAFÍA ELECTORAL
Hernando Llano
 

Reza el refrán que la democracia comienza cuando en lugar de cortar cabezas, ellas se cuentan. Aquí, un análisis circunscrito en las polémicas pero siempre factuales cifras. 

El Departamento existe como una entidad territorial con una representación propia en la conformación del poder político nacional o regional. Se quiere presentar de él un cuadro detallado del comportamiento electoral por lo cual el análisis se centrará en el municipio como pieza básica en este rompecabezas.

 

LO REGIONAL 

En el suroccidente, exceptuando el Cauca, los departamentos de Nariño, Valle, Risaralda y Quindío cuentan con una historia electoral propia a partir del este siglo. La referencia son las elecciones presidenciales competitivas —1930, 1942 y 1946—, luchas abierta y de resultados inciertos por el poder ejecutivo central; las fuerzas electorales de los Partidos Liberal y Conservador en los departamentos existentes —Cauca, Nariño y Valle—se expresaron así en 1930:

P. Liberal 

P. 

Conservador 

 Total
Dpto.  Olaya H.   Valencia   Vásquez  Conservador
Cauca  14.220   13.055  4.106  17.161
Valle  33.046   9.528 13.088  22.616
Nariño  9.907   5.330  9.849  25.179

  

En 1935 el Partido Conservador convoca a sus electores a no votar, quedando el candidato liberal, Alfonso López Pumarejo, sin adversario real: Eutiquio Timoté alcanza a nivel nacional 1.974 votos contra 938.908 de López. La votación liberal en el Cauca fue de 42.958, en el Valle de 67.750 y en Nariño de 26.791. Impresiona el aumento de la votación del Partido Liberal en un 300% en Cauca y Nariño, departamentos conservadores, y la dobla en uno liberal, el Valle.

En 1938 vuelve a abstenerse el Partido Conservador y triunfa Eduardo Santos, con los siguientes resultados: Cauca: 24.637, Nariño: 23.225 y Valle: 47.525. Es notoria la disminución del 70% de votos liberales en el Valle y del 57% en el Cauca. 

Para las Elecciones Presidenciales de 1942, el candidato liberal López, mide sus fuerzas frente al candidato Carlos Arango:

Dpto. A. López C. Arango
Cauca 22.820 27.170
Valle 59.271  60.021
Nariño 26.052  22.511

 

Sorprende su derrota por escasos 750 votos en el Valle (lib), y su victoria, por 3.541 en Nariño (cons). El Cauca continúa fiel a su estrecha mayoría conservadora de 1930, ampliándola ligeramente en 1.413 votos. Ya en 1946, cuando el Partido Liberal se presenta dividido con las candidaturas de Gabriel Turbay y Jorge Eliécer Gaitán, el Partido Conservador surge unificado con Mariano Ospina Pérez y obtiene los siguientes resultados: 

                                                         TOTAL

Dpto. G. Turbay  Gaitán  Liberal M. Ospina
Cauca 16.031 17.055  33.086   22.758
Valle   40.077  45.809 85.886 58.042
Nariño 20.613    6.811 27.424 29.683

En virtud de la división, los candidatos liberales pierden individualmente frente al conservador. Pero también gracias a ella obtienen la más alta votación liberal —en conjunto— durante el período estudiado, en los 3 departamentos, ganando incluso en el Cauca (cons) por 10.328. 

De este período, particularmente intenso, se concluyen varias cosas:
1. unas elecciones en verdad disputadas, y controvertidas en su clima de transparencia y garantías: el Partido Conservador se abstuvo en dos ocasiones —1935, 1938. Disputado, pues es a partir de sus divisiones internas que cada partido se alza con la victoria sobre el otro: el Partido Liberal en 1930 y el Partido Conservador en 1946. Pero también, por cuanto el primero desafía con éxito la mayoría conservadora en el Cauca, potenciando creadoramente su propia división interna de 1946. Con la misma fórmula le disminuye la ventaja en Nariño: de 15.272 votos en 1930 la reduce a 2.199 en 1946; 

2. el predominio del Partido Liberal en la región: sumando sus votos en los tres departamentos aventaja en 1946 a su rival en 35.973 votos. A nivel nacional entre 1931 y 1949, de los 638 municipios con tendencia tradicional en el voto, el 68% votan liberal y el 32% son de mayorías conservadoras (Patricia Pinzón). Predominio que, al no reflejarse en el Ejecutivo Nacional, agudizará notablemente la violencia política entre el 49 y el 53. Por ello precisamente se abstiene el Partido Liberal en los comicios de 1950 y 1952. 

 

FRENTE NACIONAL 

En virtud del compromiso previo, sólo entre los dos partidos, de la alternancia presidencial y la paridad en todas las corporaciones públicas hasta 1974, no hay competencia. 

Surgen con vida electoral propia Risaralda y Quindío, legalmente constituidos como departamentos en 1966. No obstante estar determinados todos los cargos, los procesos electorales mantuvieron su dinámica. Así, no afectaron la composición del Estado. 

Pero el clima aséptico de moderación y tolerancia, es desafiado por disidencias como el MRL de López que en 1962 obtuvo 624.863 votos y por Gustavo Rojas Pinilla con 54.557 para la misma fecha. La Corte Electoral no computó esos votos por considerarlos nulos frente a las disposiciones constitucionales de alternancia. 

Durante el Frente Nacional se decantan en el país las pautas electorales. La tendencia tradicional se consolida: de 973 municipios, 882 votaron mayoritariamente por el mismo partido y sólo 91 cambiaron en más de una ocasión su votación mayoritaria —considerando todas las elecciones celebradas durante el período. Lo anterior significa que el 91% de los municipios entonces existentes eran tradicionales y sólo el 9% era no tradicional. De los tradicionales, 481 eran liberales y 401 conservadores. 

Pero el Frente Nacional favoreció electoralmente al Partido Conservador: su votación pasó de un 32% a un 45% a nivel nacional, lo cual se explica en gran parte porque muchos municipios no tradicionales evolucionaron hacia el conservatismo, especialmente en Nariño: Pasto, Túquerres, Linares, Ancuyá, Sapuyes, Funes, Iles, El Tambo, Santa Cruz, Samaniego, Cuaspud, Guaitarilla y Buesaco, se conservatizaron después que eran no tradicionales durante 1931-1949. 

Igual ocurrió en mpios del Valle del Cauca —Vijes, Bolívar, Bugalagrande, Calcedonia, Ulloa—, del Quindio—Finlandia—y de Risaralda—Mistrató, Pueblo Rico, Apia, Belén de Umbría y Marsella. 

En la EP más controvertida del período—el 19 de abril 1970—, Rojas Pinilla gana en el Valle, en donde 15 de los municipios tradicionalmente conservadores respaldan la Anapo. En Nariño, Cauca, Quindio y Risaralda gana Misael Pastrana gracias a la lealtad de la mayoría de municipios conservadores. 

Concluido el Frente Nacional, la balanza se inclina a favor del Partido Liberal. En el Valle, los municipios no tradicionales —Tuluá, El Cerrito, La Cumbre y Pradera— se liberalizan. Sucede lo mismo con Argelia. Patía y Almaguer en el Cauca y en Nariño con Sandoná, Consacá y Colón. En Quindío no se producen cambios mientras que Balboa, en Risaralda, se liberaliza. 

 

1988 PRIMERA ELECCIÓN POPULAR DE ALCALDE 

Novedosos fueron en Cauca el triunfo conservador en Popayán, el giro de municipios que entre 1972 y 1982 fueron liberales y viraron hacia el conservatismo —Cajibio, la Vega y Patía—, y la victoria de movimientos cívicos en los municipios de Almaguer, Bolívar, Timbiquí y Totoró. 

Pero es en Nariño donde más avanzan los candidatos de los movimiento cívicos. Ganan en Albán, Colón, Ipiales, La Florida, La Unión, Mallama y Leiva. En el Valle, triunfan en Buenaventura, Calima (Darién), Pradera y Florida. Entretanto en Quindio el liberalismo pierde, frente a los cívicos, los mpios de Circasia y Salento, y Pijao abandona su afiliación conservadora del período 72-82 y se inclina también por el movimientos cívicos. En un estilo nuevo, una coalición del liberalismo, conservatismo y la Unión Patriótica, respaldó al alcalde de Risaralda. Sólo varía su afiliación partidista, liberal, el mpio de Marsella, y gana el candidato conservador. 

 

DE 1990 A 1992 

La Elección Popular de Alcaldes de 1990 da al Partido Liberal en toda la región, el mayor número de alcaldías, 76, y la más alta votación: 774.896. Sin embargo en el 92, otros partidos —categoría general y globalizante en las estadísticas— conquistan el mayor número de alcaldías, 69, y la más alta votación: 535.591, frente a 51 liberales y 410.861 votos. 

No es tan claro sinembargo, que sea un canto de cisne del bipartidismo: bajo la categoría otros partidos hay diversos intereses, muestra, más bien, de una especie de alquimia política que transforma con éxito el sentimiento ciudadano liberal o conservador, pero bajo banderas movimientistas de carácter suprapartidista o cívico que diluyen el desprestigio de la clase política tradicional y sus etiquetas ya anacrónicas. 

 

BIBLIOGRAFÍA  

Moncayo, Víctor Manuel, La Constitución de 1886 y la transición al régimen de descentralización territorial. En Estado y economía en la Constitución de 1886, Oscar Rodríguez (Compilador), Contraloría General de la República, Bogotá, 1986. 

Valencia, Alonso. Estada soberano del Cauca. Federalismo y Regeneración. Banco de la República, Bogotá, 1988. 

Vélez, Humberto. La regeneración y el Gran Cauca: de la autonomía relativa a la desintegración territorial. En: Estado y economía en la Constitución de 1886, Oscar Rodríguez (Compilador), Contraloría General de la República, Bogotá. 

Alape, Arturo. El 9 de abril en provincia. En: Nueva Historia de Colombia, V. II, pp. 57-80, Planeta, Bogotá, 1988. 

Legrand, Catherine. Colonización y protesta campesina en Colombia. 1850-1950, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, 1988. 

Sánchez, Gonzalo. La Violencia: de Rojas al Frente Nacional. En: Nueva Historia de Colombia, Vol. II pp. 153-178, Planeta, Bogotá, 1989. 

Pinzón de Lewin, Patricia. Pueblos, regiones y partidos, Centro Interdisciplinario de Estudios Regionales (CIDER) y Centro de Estudios de la Realidad Colombiana (CEREC) de la Universidad de los Andes, Bogotá, 1989.

 

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