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Destrezas PARA EL CAMBIO
El afán o la pasividad frente a la economía
y la colonización, signaron el destino del espacio en el siglo XIX.
En los levantamientos independentistas,
iniciados con el de Quito, se enfrentaron en la Gobernación de Popayán dos regiones bien
delimitadas: las Ciudades Confederadas del Valle del Cauca y las ciudades al sur del río
Ovejas. La confrontación, aparentemente política e ideológica entre realistas y
republicanos, traducía una contienda tradicional entre Popayán y Cali: los rebeldes
deseaban luchar contra la opresión económica y política a que habían sido sometidos
por la capital de la Gobernación.
La fuerza y el
éxito inicial de las
Ciudades Confederadas hicieron que el Gobernador Tacón buscara el apoyo de sus vecinos
del sur, quienes veían en las Ciudades Confederadas el núcleo más fuerte de los
señores esclavistas, propietarios de las minas de la costa pacífica y de las haciendas
del Valle del Cauca. A esos lugares había huido la mayor parte de los pobladores del
Valle del Patía. Pues bien. Durante todo el siglo XIX, las posiciones de una y otra
subregión estuvieron determinadas por su secular contienda y cada una, en consecuencia,
asumió actitudes diferentes.
El sur, con Popayán a la cabeza, estaba
influenciado por el ethos político y por lo tanto acogía la personería de un Estado
Soberano fuerte y unido para ejercer un liderazgo nacional; el Valle del Cauca,
entretanto, se preocupaba por su propia consolidación interior y centraba sus esfuerzos
en el desarrollo económico, sustentado en dos elementos: la búsqueda de un producto de
exportación y la salida al mar, todo ello en medio de la inestabilidad social heredada
del debilitamiento de la esclavitud y fortalecida por las nuevas instituciones
republicanas.
LA
SUERTE DEL NORTE
Los años veinte del siglo XIX, enfrentaban al
Valle a las secuelas de la independencia. Las haciendas quedaron arruinadas por efecto de
su rol como despensa agrícola para la guerra y los esclavos de las minas del Pacífico se
habían levantado o eran renuentes a reconocer su condición, y explotaban las minas para
su propio beneficio.
Había más. La profusión de fuerza de trabajo
libre obligó a los hacendados a incrementar las formas de colonato ante la falta de
metálico; la ausencia de mercado para los productos tradicionales creaba una abundancia
tal que, en términos económicos, expresaba una situación ruinosa para las haciendas:
las instituciones de la nueva república habían reconocido a los sectores populares una
ciudadanía de la que se habían hecho conscientes buscaban participar en la
definición de políticas locales y la abolición de los mayorazgos permitió a los
segundones de las familias y a sus allegados, reclamar sus derechos y solicitar la
extinción de los indivisos originados en la sucesión de derechos de herencias sin
solución de repartimiento jurídico.
Todo conspiraba contra la gran propiedad
agraria. Se fragmentaban las antiguas haciendas y surgía la pequeña propiedad y
posesiones de derechos de tierras en indivisos. Hubo un corto período de cierta
democratización de la propiedad con una nueva dinámica social.
Los nuevos pueblos y municipalidades entre
ellos Palmira y Tuluá habitados por pardos y mulatos, abrigaban el sentimiento
republicano y esparcían los principios de igualdad, libertad y derecho a la tierra por
todo el campo del Valle. Con ello se generó una ocupación del espacio en pequeñas
fincas, un poblamiento disperso. Por otra parte, los antiguos propietarios
aristócratas de las ciudades colonialesdebieron buscar además de nuevas
formas de vinculación de fuerza de trabajo, otra concepción de la economía con la cual
reconstituir sus viejas posesiones.
Animados con la idea de
la exportación y la presencia de algunos inversionistas extranjeros, los aristócratas
construyeron compañías y empresas familiares. Ensayaron varios productos quina,
tabaco, café como bienes exportables pero con todos fracasaron por sus
características perecederas, la difícil colocación en el mercado mundial y la falta de
vías de comunicación y de salida expedita al mar.
El tabaco, empero, permitió una relativa aunque
corta estabilidad. Se explotó, debido a la situación regional, a través de pequeños
cosecheros articulados al hacendado y no en grandes plantaciones. Procesado en los
pueblos, abrió además una fuente de trabajo importante para las familias pobres,
especialmente las encabezadas por mujeres. Todos los niveles sociales sintieron los
efectos del éxito o fracaso del producto, con lo cual las expectativas de la región se
dirigieron a la apertura de vías que permitieran el acceso al mercado internacional. Las
esperanzas se cifraron inicialmente en el camino a Buenaventura, y a fines del siglo en la
construcción del ferrocarril.
OTRA
ÓPTICA
En su afán por la figuración que se había
granjeado en la política nacional en la primera mitad del siglo XIX, la aristocracia de
Popayán poco se preocupó por el desarrollo económico de la ciudad y de la subregión.
Se contentó con mantener las relaciones económicas y sociales preexistentes.
Al finalizar el siglo XIX, cuando su liderazgo
nacional es sustituido por Antioquia y Cundinamarca, Popayán y la subregión se percatan
de que sus estructuras económicas y sociales se han inmovilizado de tal manera que no
pueden enfrentar el proyecto que ya sugiere el Valle del Cauca, centrado en las ciudades
de Buga, Tuluá, Palmira, Santander y Cali.
Una de las respuestas del sur a los proyectos
del norte, fue la vinculación de sus gentes como trabajadores del ferrocarril. Los
obreros se establecieron provisionalmente y finalmente se dedicaron a la producción
agrícola sobre la Cordillera Occidental. Así, la misma empresa del ferrocarril fundó,
con trabajadores nariñenses en 1913, La Cumbre.
COLONIZACIÓN
EN ESPACIOS TÍMIDAMENTE OCUPADOS
A pesar de la escasa preocupación del Estado
del Cauca por ejercer territorialidad en sus propias fronteras, en el norte del Valle,
hacia la Cordillera Central, desde el siglo XVIII y con centro en Cartago, se habían
realizado esfuerzos tendientes a colonizar la ladera.
Sin proponérselo, las autoridades coloniales de
fines del siglo XVIII, en su afán por implementar el comercio, pusieron uno de los
elementos germinales de la colonización de la Cordillera Central en los términos de
Cartago. Recordemos que para la apertura del camino del Quindio se dieron incentivos a los
sectores populares de Anserma, Toro y Cartago, para que contribuyeran a su
restablecimiento. Además, se fomentó el establecimiento de tambos, posadas y fondas, a
lo largo de la ruta.
De igual manera, aunque
sin tanta promoción, se actuó frente a la ruta que, atravesando el páramo del Ruiz,
llegaba hasta Mariquita. Se pensaba entonces en facilitar la ruta al viajero y no en un
proceso de poblamiento. Sin embargo, estas fondas y posadas serian el origen de los
primeros intentos de colonización de la región, los que curiosamente no se originaron en
Antioquia, sino en el propio Cartago.
En 1791 Don Sebastián
de Marisancena obtuvo territorios en la vía del Quindio, en el sitio de Furatena, donde
fundó un pueblo que denominó La Balsa. Hoy, este pueblo es el municipio de Alcalá. En
1789 el Señor Pereira litigaba por los impuestos de peaje en el camino, que pasando por
Ansermanuevo y el pueblo de Cerritos se dirigía al Ruiz. En ambos casos se estaban
estableciendo pequeños nuevos poblados, que sólo empezarían un desarrollo efectivo en
el siglo XIX.
La presión económica
y demográfica que se crea en Antioquia desde el siglo XVII encuentra ahora su solución
en la ampliación de la frontera agrícola hacia el sur.
La ruta de colonización hacia el sur, seguida
por los colonos pobres, parte en 1766 con la iniciación de la apertura del camino por la
montaña de Sonsón para salir a Mariquita y seguir a Santafé; detrás de esta huella,
campesinos pobres de Arma, Rionegro y Marinilla, penetraron las montañas abriendo la
trocha, primero hacia la región cálida bañada por el río Arma y el camino de Supía, y
más tarde a las tierras frías que les eran conocidas; dos años después optaron por
fundar una colonia pidiendo tierras al gobernador y aunque conocían los títulos de
Villegas, alegaban que no estaban explotadas conforme a la nueva política de
tierras.
Las autoridades de Cartago dando curso a una
ordenanza de la Cámara Provincial del Cauca en 1848, contribuyeron a la fundación,
organización y consolidación de la aldea de María, hoy Villamaria, entre los ríos
Chinchiná y Campoalegre, a pesar de la fuerte oposición de ciudades del interior como
Buga y Palmira.
Efectivamente, la colonización antioqueña
venia cubriendo territorios legalmente baldíos, pero que en alguna forma se encontraban
escasamente poblados, sin título alguno, por caucanos.
Este proceso iría tomando cada vez mayor fuerza
y transformándose en sucesivas oleadas de colonos que se dirigían al sur de Antioquia, y
por tanto al norte del Cauca cuyo primer municipio era Cartago que hasta entonces había
sido conocido como la montaña del Quindio.
Esta dinámica colonizadora así planteada,
llevó la corriente migratoria hasta Manizales, al mismo tiempo que avanzaba hasta la
región minera de Marmato, Supía, Riosucio y Anserma; luego envolvió el Valle del
Risaralda y se dirigió al Quindio, para cobijar más tarde la zona del nordeste.
Es dentro de este proceso que en el siglo XIX
surgen múltiples ciudades dentro de los límites de la ciudad de Cartago de entonces.
Manizales, Pereira, Armenia y todos los municipios comprendidos hoy por los departamentos
del Quindio, Risaralda y Caldas desde el páramo del Ruiz hacia el occidente, se fundaron
por entonces al calor de la municipalidad de Cartago; esto para no mencionar los
municipios que hoy comprenden el norte del Valle.
Desplazamientos DE UN SIGLO
De Cartago a
Palmira, del ferrocarril a las carreteras, de las laderas al valle. A la agroindustria. A
Cali. Esos y otras cambios ha vivido la región en el siglo veinte.
Las grandes transformaciones regionales de la
centuria que transcurre, guardan significados distintos en cada subregión. Nuevas
poblaciones se crearon en el sur a lo largo de la construcción de la carretera
panamericana: Mondomo, El Bordo, El Estrecho, y hacia ellas empezó a concurrir la
producción de las zonas vecinas, generando una especie de cinta de comercialización y
movilización de las gentes. Mientras, en el norte del Valle del Cauca, la multiplicidad
de vías de comunicación (navegación fluvial, ferrocarril y carretera), las mutaciones
de la unidad agrícola fundamental y los procesos de industrialización, produjeron
masivos e intercalados movimientos de la población interior, y se convirtieron en un
atractivo para las migraciones provenientes de varias regiones.
La navegación a vapor
por el río Cauca es un intento de vincular el centro del Valle, específicamente Cali,
con el centro del país a través de Cartago. Con ello se logró también conectar y
fortalecer una serie de poblaciones que adolecían de vías adecuadas para comunicarse
entre sí, dada la existencia de ciénagas y meandros a lo largo del valle geográfico.
Ellas atrajeron la producción de las cordilleras que ahora encontraban la posibilidad de
circulación por los pueblos y ciudades del Valle. En este aspecto las ciudades más
favorecidas fueron Buga, Bolívar, Roldanillo y Cartago. La colonización antioqueña
tardía aprovechó esta vía para localizarse en estos puertos, y desde allí dirigirse a
las laderas, especialmente las de la Cordillera Occidental.
Esa vía sirvió de paliativo regional en el
tránsito del siglo XIX al XX; sin embargo, la esperanza seguía fincada en la
vinculación al mercado mundial y en la vía férrea.
La construcción del ferrocarril fue lenta en el
tramo de Buenaventura a Cali, como que se inició su construcción en 1871 y llegó a Cali
en 1915. En cambio demoró sólo cinco años en el trayecto Cali - Cartago: la finalidad
del ferrocarril en aquella época era sacar el café de Caldas y el Quindio hacia
Buenaventura con lo cual Cartago quedaba en óptimas condiciones como lugar de necesaria
confluencia de la mayor parte de producción cafetera del país. Así fue durante los
primeros años.
EL
POLO TAMBALEA
Pero esa bonanza tuvo una corta duración. En
1927 se produjo el gran despegue de Pereira, ciudad que emprendió una fuerte competencia
por el monopolio del transporte y la penetración vial a los lugares de origen de la
producción.
La expansión económica de Pereira reside en la
facilidad de penetrar en otras regiones y de monopolizar sus mercados y sus productos
agrícolas. Siendo cruce forzado de siete vías, vive en contacto con los abastecedores y
los compradores. Es esta la red vial que asegura sus comunicaciones con el norte, el sur y
el occidente de Caldas, con otros departamentos y con el exterior.
Con esta filosofía, Pereira incrementó el
transporte de carga directo a Buenaventura por la carretera, y el tránsito de carga por
ferrocarril a través de la vía Nacederos - Armenia - Buenaventura, lo que disminuyó en
mucho las posibilidades de Cartago.
Como si esto fuera poco, en 1944 se inició una
campaña tendiente a favorecer la construcción de una variante carreteable Buga -
Buenaventura que pretendía canalizar por allí todo el tráfico de carga señalando las
mejores condiciones de precio y rapidez que ofrecería esta vía. Ella favorecería a
Buenaventura en desmedro de la vía carreteable por Cali y la vía férrea desde Cartago.
Se argumentaba con cifras como la siguiente: El flete férreo de Manizales a Cartago más
los costos de carga y descarga en puertos internos y terminales por tonelada de café era
de $27.84; mientras que con los mismos ítems pero utilizando la variante carreteable Buga
- Buenaventura seria de $24.41 con una diferencia favorable a la variante de $3.43.
Las carreteras, y los caminos de herradura, eran
los complementos indispensables del ferrocarril cuando buscaban confluir a este último,
pero cuando se construyeron paralelas a él fueron sus más graves competidoras. Cartago
entendió que sus esfuerzos debían dirigirse a la construcción de carreteras que
vincularan las poblaciones de su entorno con la estación ferroviaria, y en este empeño
ha puesto algunos esfuerzos en lo que va corrido del siglo.
VIENEN
BAJANDO
El proceso hizo de las estaciones del
ferrocarril, un polo de atracción para la población de las laderas, la cual las ubicó
como el lugar de comercialización de sus productos: construyó zonas mercantiles a su
alrededor ya la vez provocó con ello el desplazamiento del crecimiento urbano hacia las
estaciones.
Algo similar se ha dado primero con la
construcción de la carretera panamericana y, luego, de manera más notoria, con la de las
variantes que pretendían bordear los pueblos, pero cuyo efecto ha sido llevar el
perímetro urbano hasta ella e incluso, sobrepasarla. Ejemplos típicos para el caso del
ferrocarril son Cerritos, Bugalagrande, Zarzal y Cartago; y para las variantes, Palmira,
Buga, Tuluá y Cartago. Claro que al tiempo otras poblaciones han perdido toda la
dinámica comercial que les daba la carretera. Ha sucedido con La Victoria, San Pedro y,
últimamente, con Guacarí.
SE VUELCA LA MIRADA
El desplazamiento urbano no fue el único efecto
de las vías de comunicación. El ferrocarril cuyo objetivo de vincular la
producción del Valle con el mercado exterior impulsó la transformación de las
haciendas fue dando claridad en la búsqueda y hallazgo de un producto punta para la
exportación.
Los nexos con el capital extranjero para la
explotación de tabaco, quina y café, corrieron paralelos a un cambio en las haciendas.
Ellas, aunque mantuvieron su condición esencialmente ganadera y un área para la
producción de pan coger, ensayaron productos que pudieran tener aceptación en el mercado
mundial. El contacto con los extranjeros, el conocimiento de las condiciones comerciales
de los productos agrícolas y de producir para el mercado exterior, hicieron aglutinar
miembros de una familia, parientes y, en algunos casos, amigos para constituir compañías
para la producción y comercialización.
Con la dinámica interna de las compañías se
fue ampliando el área de las haciendas en detrimento de las pequeñas propiedades y de
posesiones campesinas, y se aprovechó entonces la fuerza de trabajo disponible para
desecar las ciénagas a través del cultivo del arroz. Posteriormente con la ganadería
quedó la tierra lista para la producción potencial de cultivos altamente comerciables y
exportables. Las relaciones de trabajo fueron cada vez más salariales. Las compañías
entraban al tránsito de empresas agrocomerciales a empresas agroindustriales.
MODERNIZACIÓN
Y DESARROLLO DEL CENTRO A LA PERIFERIA
Hacia los años treinta, esas compañías y su
experiencia exportadora iban perfilando al azúcar como el producto de punta definitivo
para la economía del Valle del Cauca. Las antiguas hacienda empezaron entonces a
transformarse en ingenios.
El azúcar no permite mantener el régimen de
aparceros ni agregados. Antes, cuando los productos eran el café, el tabaco, incluso el
arroz, existía una cierta distribución de pequeños espacios dentro de la hacienda, en
los que existía una casa donde vivía un agregado que, con su familia, cuidaba un
determinado territorio. El cultivo de la caña de azúcar impone la siembra de grandes
extensiones distribuidas por fuertes, y éstas no permiten que en medio de ellas exista
una casita con unas matas de plátano, unas cuantas de yuca y unas gallinas. La progresiva
mecanización de la nivelación de tierras, la siembra y la recolección de la caña,
obligaron a que los ingenios desplazaran la fuerza de trabajo que habitaba dentro de los
cultivos, buscando mantener a sus trabajadores dependientes de la empresa.
Hacia los años cincuenta se inició un proceso
en el que varios ingenios, Manuelita primero
y luego Riopaila, escogieron un terreno generalmente a la orilla de la carretera, y lo
urbanizaron en pequeños lotes que los entregaron a crédito a los trabajadores para la
construcción de sus viviendas. Surgieron entonces pequeños poblados como Amaime y La
Paila; allí el trabajador empezó a ser completamente extraño a la explotación
agrícola, como unidad social, al tiempo que se convierte en un ser plenamente
asalariado.
La vinculación de los trabajadores de campo a
los nuevos poblados, de sus obreros de industria y empleados a las ciudades vecinas, y la
estrecha relación entre éstas y el ingenio, hicieron florecer un sector de servicios
para el ingenio y las actividades concomitantes, generando nuevas fuentes de trabajo,
especialmente en la mecánica, los transportes y el comercio.
El desarrollo urbano, el aglutinamiento de la
población y la apertura de otros productos industrializables para el mercado nacional y
externo, fundamentalmente las oleaginosas, obligaron a una industrialización más fuerte
en el centro económico de la región de Cali, y a una cierta especialización de las
ciudades.
Mientras el eje Cali - Yumbo dedicó todos sus
esfuerzos a la implantación de la gran industria, Tuluá desarrolló un comercio que
absorbe prácticamente toda la circulación de mercancía en el norte del Valle; Buga se
transformó en el centro de la producción algodonera, arrocera y oleaginosa, con sus
respectivas industrias y Palmira llegó a ser el centro de la producción azucarera y de
metalmecánica.
Al tiempo que esto sucedía en la parte plana,
en las faldas de la Cordillera, grupos de migrantes, en su mayoría antioqueños y
caldenses, habían logrado consolidar la ocupación de territorios y su explotación,
inicialmente variada y, finalmente, ligada al cultivo del café. En esa dinámica se
erigieron como municipios Alcalá, Ansermanuevo, Argelia. Calcedonia, Calima - Darién, El
Aguila, El Cairo, El Dovio, Restrepo, Trujillo. Sevilla, Ulloa y Versalles.
Esos municipios florecieron hasta el período de
la Violencia, entre 1948-1965, cuando los enfrentamientos partidistas provocaron la
migración de una buena porción de la población nuevamente de antioqueños,
caldenses y tolimenses hacia las grandes ciudades: Cartago, Tuluá, Buga, Palmira y,
especialmente Cali; atraída además por el proceso industrializador y las nuevas
relaciones de trabajo asalariado. Este fenómeno transforma la región de
predominantemente rural en predominantemente urbana.
MIGRACIONES
Y MARGINALIDAD
En el caso específico de Cali, su desarrollo y
distribución urbana puede plantearse en tres momentos:
En la década de los cincuenta, se produjo el
establecimiento de las primeras industrias en los barrios periféricos de entonces, como
es el caso de San Nicolás con la industria Croydon; al mismo tiempo se produjo un amplio
desarrollo comercial en el centro. Todo ello provocó el desplazamiento de las antiguas
familias hacia nuevos espacios, de tal manera que las familias de La Merced y Santa Rosa,
tendieron a ubicarse al norte en los nuevos barrios de Granada y Versalles, mientras las
de Santa Rosa y San Nicolás, se desplazaron hacia San Fernando en el sur, dejando al
centro para actividades comerciales y administrativas.
El segundo momento corresponde a los años
sesenta. Es entonces cuando se fortalecen el eje Cali - Yumbo y la gran industria en este
sector; la población inmigrante proveniente en su mayor parte de la costa pacífica,
Nariño, Cauca y las cordilleras del Valle, empieza pues a ubicarse en el sector oriental
en barrios de invasión.
Finalmente, hacia los años setenta y ochenta se
fortalece el proceso de inmigración. Las gentes son atraídas por la actividad industrial
y comercial. Aparece un cordón delimitador constituido por una cadena de multifamiliares
para estratos medios a lo largo de la avenida Pasoancho, que sirve de frontera entre dos
formas de ocupación u espacio urbano, producto social de una economía que se sustenta en
procesos de marginalización.
En correspondencia con esa
situación, el suroccidente colombiano presenta en Cali y en el centro del Valle un
núcleo de alto desarrollo capitalista que se va diluyendo hacia la periferia, de la cual
se nutre y a cuyas zonas más apartadas aún mantienen en completa marginalidad.
DISTRIBUCIÓN DE LA POBLACIÓN
1985-1993
|
NOMBRE
|
POBL URBANA
|
POBL RURAL
|
POBL TOTAL
|
|
|
1985
|
1993
|
1985
|
1993
|
1985
|
1993
|
|
Valle
|
2474.884
|
3133.470
|
552.363
|
602.620
|
3027.247
|
3736.090
|
|
Cauca
|
297.140
|
391.934
|
560.611
|
735.744
|
857.751
|
1127.678
|
|
Nariño
|
428.686
|
564.578
|
656.487
|
849.093
|
1085.173
|
1443.671
|
BIBLIOGRAFÍA
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poblamientos y conflictos sociales en las provincias del Cauca 1780-1830. En: La
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Valle, Cali, 1990.
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costa centrosur del Pacífico colombiano, siglo XVIII, Universidad del Valle, Cali,
1990.
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indígena de la antigua jurisdicción de Cali a mediados del Siglo XVI. En: Revista
Colombiana de Antropología. Vol. XVI, Bogotá, 1974.
Valencia Llano, Alonso y Zuluaga, Francisco.
Historia regional del Valle del Cauca, Universidad del Valle, Ed. Facultad de Humanidades,
1993.
Zuluaga, Francisco. Guerrilla y sociedad en el
Valle del Patía. Una relación entre clientelismo político y la insurgencia social,
Universidad del Valle, Colciencias, Cali, 1987.
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