Estado Soberano del Cauca TRES GUERRAS  

El Cauca soportó durante el siglo XIX, una serie de trastornos civiles que afectaron su desarrollo económico.  

Si. Era el más extenso de los Estados que conformaron los Estados Unidos de Colombia. 666 mil 800 km2. Sin embargo, sólo estuvieron ocupados 63 mil por una población que no alcanzaba el medio millón de habitantes y que se encontraba concentrada en unas pocas ciudades del Valle del Cauca y de los altiplanos de Pasto y Popayán. Fue el producto de un siglo trastornado. 

Pero no hubo únicamente problemas políticos o de baja población. Lo más grave era que hasta 1860 el Cauca se encontraba incomunicado. Las rutas eran prácticamente las mismas de la época colonial. 

Un camino entrelazaba, las poblaciones del Sur (Pasto, Ipiales) con Popayán y Santander, en donde se bifurcaba, avanzando un ramal por el valle del Cauca hasta Candelaria y Palmira, continuando hacia las demás poblaciones del norte (Buga, Tuluá, Cartago) hasta unirse con el camino del Quindío que conducía a los vecinos Estados de Tolima y Cundinamarca; el otro, el de Occidente, llegaba a Cali avanzando por el piedemonte de la Cordillera Occidental, comunicando con Roldanillo, Toro, Anserma y Cartago, para continuar por el distrito minero de Supía y Marmato hasta llegar Antioquia. Desde Túquerres salía una trocha hasta Barbacoas y de allí se podía ir por río hasta Tumaco. De Popayán salía otra que comunicaba con el Tolima por Guanacas, y desde Cali el camino de Buenaventura llevaba al mar Pacífico.

POCO RESPIRO  

La crisis de la economía colonial se vio agravada por las guerras de Independencia y por la difícil vinculación del Cauca a la República. El punto más conflictivo fueron las reformas liberales, particularmente la abolición de la esclavitud, la economía se mantuvo precariamente, durante la primera mitad del siglo XIX gracias al desarrollo de pequeñas fincas dedicadas a los cultivos de cacao y tabaco. 

Años antes, entre 1854 y 1860, se vivió un ciclo de bonanza económica asociado a la paz interna, luego del sometimiento de los liberales. La gran capacidad de recuperación obedecía a la reactivación de las haciendas: se introdujeron mejoras consistentes en la siembra de dehesas artificiales, y los empresarios del agro estaban invirtiendo únicamente en renglones seguros como el tabaco de Palmira, el cacao de Roldanillo, el aguardiente, azúcares y el ganado de los valles del Cauca y del Patía, los tejidos y el anís de Pasto —cuya exportación a otras regiones del Cauca y de Antioquia producía buenas ganancias. Todo se vio transitoriamente interrumpido por la contienda de 1860. 

Después de la guerra, los caucanos se dedicaron a promocionar carreteras, ferrocarriles, vapores, ferrerías, y a la búsqueda de artículos exportables. En 1869 se creó la Sociedad de Fomento Industrial dedicada a la promoción de cultivos para exportación y con ellos se estimuló el cultivo del tabaco de Palmira y se elevó la producción agraria. 

Durante la década del 70 se vivió una época de carestía explicada por la insuficiencia de la mano de obra rural para la producción de alimentos: los campesinos se dedicaron principalmente a cultivos comerciales —tabaco, cacao— o a la producción de aguardiente. Hubo algo más. En la construcción de obras públicas se pagaban salarios altos y también competía en el mercado de fuerza laboral, cuestión que coincidió con la demanda de productos caucanos en los mercados internacionales. Hay pues un proceso de recuperación económica que marchó prácticamente en forma ininterrumpida hasta 1875 cuando cayeron los precios del tabaco y se libró una nueva guerra civil. 

Por efecto de las expropiaciones, los empréstitos forzosos y la destrucción de los cultivos por la guerra, los hacendados invirtieron sólo lo necesario para sostener un lánguido comercio; también los campesinos sembraban únicamente las plantas requeridas para cumplir con los contratos firmados con los comerciantes. 

La limitación de los cultivos provenía además, de la falta de demanda comercial: la reactivación económica de los años sesenta se debió a la actividad de comerciantes que encontraban demanda para sus productos en Antioquia y Tolima o en la República del Ecuador. Ahora la situación era diferente. Si bien en el Cauca la guerra había finalizado, en el más importante mercado caucano —el conservador Estado de Antioquia— la confrontación continuaba y existía una particular animadversión contra los caucanos liberales y ateos. Algo similar ocurría con el Ecuador donde el presidente Gabriel García Moreno ofreció asilo político a los conservadores caucanos. En tales condiciones la demanda de la producción se restringía al espacio interno, creándose dificultades adicionales dada la frugalidad de los consumos. 

Para complicar las cosas, 1877 y 78 fueron años de sequía y en el 76 y 78 se produjo una invasión de langostas que acabó con los pocos cultivos de maíz, plátano y cacao existentes en el Patía y el Valle. En 1878, con el abandono de los campos y la emigración a las ciudades, el hambre hizo estragos en la población produciendo la muerte a 51 personas. 

 

BUSCANDO CAMINOS  

La crisis hizo entender a los caucanos que sus problemas económicos no serían solucionados si no se superaba el aislamiento geográfico regional. En 1878 y a pesar de las dificultades económicas, se inició la obra más ambiciosa: el Ferrocarril del Pacífico. Además ya desde finales de la década anterior se venían construyendo los caminos Cali – Buenaventura y Cali - Palmira, y se hablaba del establecimiento de la Empresa de Vapores del Cauca; se había instalado el telégrafo, obra de comerciantes que invirtieron en empresas viales —adjudicadas por concesiones de privilegio— al ver cerrado el comercio. 

Ante la quiebra de los precios internacionales para el tabaco, los caucanos se dedicaron a buscar los productos que pudieran reemplazarlo. Iniciaron para ello una campaña de promoción y estímulos al café, al cacao, el añil y la coca, educando a los agricultores sobre las técnicas de cultivo, cosecha, posibilidades de mercadeo, etc. 

El comercio se restableció finalmente gracias a la prolongación del período de paz iniciado en 1879. También se reactivaron la cría de ganados—estimulada por la exportación de cueros—y la búsqueda de nuevos yacimientos mineros. 

Así, a partir de 1878 se exportaron principalmente productos agropecuarios hasta antes de la guerra de 1885.

 

POSTRACIÓN SIN REMEDIO  

La nueva contienda detuvo la recuperación: la destrucción produjo un período de escasez con su correspondiente alza de precios. Como en ocasiones anteriores, a la guerra se unieron la langosta, el insuficiente sistema vial, la falta de capitales y técnicas de cultivos, la acción de los acaparadores y la presencia de la epizootia. 

El invierno también hizo su parte: las inundaciones de 1887 acabaron con grandes plantaciones de cacao y de café que estaban a punto de cosecharse. Eustaquio Palacios encontró como única solución seguir el ejemplo de los colonizadores antioqueños: cultivar los piedemontes cordilleranos que rodean al Valle “Hay que volver los ojos a las montañas, decía, allá está la esperanza de la generación presente; allá el porvenir del hombre laborioso.” 

La única inversión de cierta importancia que se percibe en esta época se dio en la minería. Se introdujo maquinaria moderna en Cali y la fiebre de oro provocó el descubrimiento de las minas en Papagayeros, Dagua y Cali, para cuya explotación se esperaba la vinculación de mineros y capitalistas americanos. 

Pero la crisis no afectó a todas las municipalidades por igual. Decayeron el Valle y las subregiones que subsistían gracias a su comercio mientras en el sur se desarrollaban las industrias artesanales y la producción de alimentos. 

Una nueva guerra, la de 1895, profundizó aún más los problemas. Tratando de sacar al Cauca de su postración económica, la Asamblea Departamental intentó subsidiar algunos cultivos como el algodón, pero el deterioro del clima político y la consecuente guerra de los mil días postraron definitivamente al Cauca.

 

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