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(continuación
capítulo Poblamiento)
Las
leyendas QUE TOCÓ INVENTAR
El
desgarramiento fue total: en lo humano y en lo territorial.
En
una región de clima ecuatorial compuesta de sabanas y de selvas, comprendida
entre el Cabo de las Palmas y la desembocadura del río Volta, tenían sus
territorios los akán. Una zona
costera de lagunas. Los orígenes de estos nativos se sitúan en la actual República
de Ghana. Venían dicen antropólogos y lingüistas de la región del
Chad; atravesaron el Bajo Níger y después el Benín y Togo actuales. Pues
bien: fueron ellos quienes trabajaron de sol a sol en las minas de nuestro Pacífico
entre 1680 y 1810.
En
el siglo XV cuando llegaron los portugueses, la sociedad ákán estaba
organizada en reinos. El poder centralizado se encarnaba en una reina o un rey.
Ella o él eran asistidos por un sacerdote quien dirigía las ceremonias y
cultos de los aferentes clanes. El sistema de sucesión era matrilineal y la
sociedad se componía de ocho clanes matrilineales, los cuales daban
la sangre, y doce patrilineales, legadores del carácter y el espíritu. Los
nombres de los niños se componían del correspondiente al día de su nacimiento
y de otro escogido en el clan del padre.
Las
excavaciones arqueológicas realizadas en Begho territorio de los Bron han
mostrado que antes de la llegada de los europeos en 1471, existían relaciones
comerciales intensas entre los pueblos de la sabana y los de la selva. Este
sitio debió existir hacia principios del siglo XII y era uno de los principales
mercados de nuez de kola y de oro.
Ante
la presencia del oro en territorio akán, los portugueses construyeron el fuerte
de El Mina en 1481. En su libro del siglo XVI, Esmeraldo de sim Orbis, Duarte
Pacheco Pereira habla de la resistencia que opusieron los autóctonos al
establecimiento de los portugueses en sus territorios. Hoy los akán constituyen
45% de la población de Ghana: son los ashanti, akyem, wassa, twifo, akwaxnu,
sefwi, nzema y los fante. En la Costa de Marfil representan el 33% y allí se
encuentran los abron, los agni y los baoulé.
Los
yoruba extendían sus territorios en la región que va desde la desembocadura
del Volta hacia el este, en límites con el actual Camerún. Su tradición oral
sitúa la creación de la tierra en Ifé y
su propio origen al este de Oyo.
Según
la tradición de Ifé, las primeras ciudades-estado yoruba se constituyeron en
tiempos del nieto de Oduduwa, fundador legendario del Estado. Ketu, Benín,
Popo, Sabe y Oyo, fueron los primeros territorios yorubas compuestos por una
ciudad y los pueblos vecinos. Las ciudades se hallaban dispersas o agrupadas en
federaciones. Hacia el siglo XI se practicaban la industria de perlas de vidrio
y el arte refinado de la cerámica junto con la agricultura.
Del
África central también llegó gente al puerto de Cartagena. Aquí fue
mayoritaria su presencia durante la primera mitad del siglo XVII. Resistiendo a
la esclavitud, huyeron con otros africanos de orígenes diferentes. Crearon
palenques y pueblos fortificados para defenderse de los españoles. Aún hoy sus
tambores se escuchan en las noches de lumbalú cuando acompañan a quien muere
en el tránsito al más allá. Entonces evocan su lugar de origen al hablar de
Loango y Angola. Esa es la gente del Palenque de San Basilio en el departamento
de Bolívar, descendientes de bijagos, minas y angolas.
A
finales del siglo XVIII llegan de nuevo en los navíos desde África. Es posible
que algunos de ellos hayan trabajado en las minas de Chocó en ese momento.
DURANTE
LA TRATA
Mientras
los españoles hispanizaban el espacio indígena en el Nuevo Mundo, los
portugueses fragmentaban y desestructuraban los territorios de los africanos a
través de la trata atlántica. Fueron dos tipos de contacto en América la
explotación de oro y en África el cautiverio de personas que generaron un
sometimiento y unas estrategias de resistencia distintas en cada caso.
La
trata, a diferencia de la Conquista, se establece como un sistema de intercambio
entre los europeos y los africanos. Los primeros traían mercancías de Europa y
los otros debían pagarlas con seres humanos. Este intercambio se fue convirtiendo en
un imperativo de jefes africanos y dio origen a nuevas formas de poder en el
seno de esas sociedades. El reino de Loango, por ejemplo, se convierte en productor
de esclavos durante el siglo XVII.
En
la corte del Maloango señor de Loango se discutía sobre el aumento de
las cuotas de trata. Los fumu-si eran los interlocutores de los portugueses y su
poder entonces se transforma porque ya no se fundamenta en el saber que permite
la sobrevivencia la fertilidad de la tierra sino en el sometimiento y
riqueza que dan las mercancías traídas por los europeos: armas, telas y
alcohol.
Comienzan
a aparecer también nuevos delitos cuyo castigo es la deportación. Con las
armas y la instauración de nuevas normas sociales, creadas en función de la
demanda de la trata, los europeos aliados con los gobernantes locales,
desestructuraron social y políticamente a las sociedades africanas. La gente no
sólo dudó de sus jefes sino que también vivió la omnipresencia de la muerte,
igual que los indígenas en América: en África no fue en las minas sino en los
trayectos realizados entre los mercados de
cautivos de la selva y la costa donde serían embarcados.
Mientras
los españoles sobreponían una espacialidad centralizadora y rectilínea al
espacio longitudinal de los indígenas, los portugueses crean una espacialidad
de tratantes buscadores de hombres articulada sobre un eje de relevos
entre los mercados de cautivos y los puertos de embarque. Los pombeiros
administradores de los asentistas en África se encargaban de tejer
las redes de relaciones con los jefes locales, desde la costa hasta el interior
de la selva. El mercado más importante a principios del siglo XVII en el Reino
del Kongo fue Stanley Pool hoy Kinshassa, capital del Zaire. Los mercados de
cautivos fueron en África las nuevas espacialidades del sometimiento, como lo
eran en América las reducciones de
los indígenas.
La
diferencia es que los africanos no se enfrentaron a una guerra por la defensa de
la tierra pues los europeos no estaban allí para apropiarse de las riquezas del
subsuelo sino de las personas. Su estrategia fue el comercio.
LAVIA:
DESPERSONALIZAR
Entre
el momento de la captura y durante toda su vida de esclavizados, los africanos y
sus descendientes fueron convertidos en mercancía. Los mercados de cautivos en
África son tal vez el primer eslabón de este proceso que continuaría en las
minas y haciendas de la Nueva Granada: en los puertos de embarque, costa
occidental africana, se pueden visitar hoy los depósitos donde fueron
almacenados los nativos antes de atravesar el océano. Aquellos que llegaron a
Cartagena, fueron vendidos a los comerciantes que venían del interior y
forjaban sociedades esclavistas basadas en la minería y la agricultura. La
despersonalización se consolida en el Nuevo Mundo: las Leyes de Indias definían
al esclavo con las palabras mercancía, objeto, bien mueble, en un acto jurídico que instituyó
su no-historicidad pues al no ser gente sino
objeto carecía de memoria y sin ésta no poseía un registro de su devenir en
el tiempo y en el espacio.
Además,
una vez introducido en la sociedad esclavista, el africano era convertido en
esclavo-productor: una pieza más del engranaje productivo colonial. La
continuidad del proceso de despersonalización entre la trata y la esclavitud,
podría ayudarnos a entender el alcance de esa estrategia de dominación española
en la desarticulación del ser individual de los africanos.
En
los expedientes sobre juicios criminales dejados por los españoles, el registro
escrito sólo da cuenta de los esclavizados a través de las palabras del
escribano. Con esa narración en estilo indirecto, la sociedad colonial excluía
a los esclavizados al no reflejar nada de ellos. Simplemente no existían ni
individual ni socialmente, no tenían voz ni rostro.
Los
indígenas, en cambio, fueron tratados como súbditos de su majestad, en calidad
de seres jurídicos. Por ello sus protestas originaron Ordenanzas protectoras de
su ser. Para los españoles los africanos eran incapaces de transformar lo
humano y lo social.
DEL
OTRO LADO
Conseguir
gente en África para explotar minas de oro en la Nueva Granada fue la
justificación del cautiverio y la deportación. Ese momento de instauración
del comercio triangular entre Europa, África y América es el comienzo de la
desterritorialización.
Los
africanos que partieron hacia América fueron arrancados de sus lugares de vida, de intercambios y
de historia. Los bosques sagrados donde habitaban los espíritus, los ríos
sagrados, las plantas y los animales, quedaron del otro lado del océano. La
memoria histórica consignada en el espacio físico se quedaba aferrada al Sahel
y a la sabana, permanecía en las selvas y los ríos de otro continente. En el
Nuevo Mundo fueron sometidos a la territorialidad hispánica en construcción.
Sin
embargo, continuaron resistiendo a su condición de eslavos, como lo habían
hecho contra los tratantes. En África central, habían creado quilombos en los
alrededores de Stanley Pool. En la occidental se defendieron inventando leyendas
que cuentan que eran invisibles y por lo tanto incapturables. Los sueños de
libertad atravesaron el océano y por eso esta nueva tierra fue para ellos un
mundo por nombrar, un territorio por construir.
EN
LOS PUERTOS DE EMBAROUE
Las
sociedades donantes en África
sufrieron, como consecuencia de la trata, su desestructuración territorial e
históricocultural. Se incentivaron por ello muy tempranos movimientos de
resistencia y rebeldía, incluyendo el kilombismo (cimarronaje) de gente como la ki-congo de las cercanías
de lo que hoy es Kinshassa, antiguo mercado de cautivos de Stanley Pool.
Por
otra parte, los lugares de embarque Santo Tomé, por ejemplo, principal
puerto de embarque en la primera parte del siglo XVII, cuando Cartagena era el
centro negrero hispánico por excelencia sirvieron de escenario para el
encuentro entre la cultura de los africanos esclavizados y la de los tratantes.
Eran epicentros para la ladinización, es
decir, la elaboración inicial de trazos culturales que ya no eran ni sólo
africanos, ni tampoco europeos.
Los
moldes ladinos nacen de la voluntad de
homogenización de los portugueses quienes pretendían imponer su lengua y
religión y de la resistencia ella la cual permitió la permanencia de la
africanidad de los cautivos.
Falta
aún conocer mejor aquellos tipos de resistencia y cimarronaje escenifica dos
por los propios africanos en África contra sus captores. Con ello podríamos
entender mejor su papel en la preservación de las características histórico
culturales de las etnias a las cuales pertenecieron los capturados. La ideología
de la libertad que caracterizará las luchas afrocolombianas contra el sistema
esclavista quizás tenga sus raíces en ese continente.
El
estudio de la resistencia y el análisis de la forma y función de los puertos
de embarque como plataformas de contacto cultural duración de la estancia de
los capturados, intensidad de la interacción con misioneros, tratantes y amos
europeos y afroeuropeos (Friedemann y Arochá 1986; Arocha 1992) nos ayudaría
a dilucidar el proceso de ladinización de las culturas africanas, a dar
respuestas sobre el origen de esas nuevas culturas y nos permitiría conocer los
grados de permanencia y de ruptura de la africanidad en el contexto de la trata
atlántica.
Resistencia
A
LA MUERTE
La
fuerza estaba en su cultura que se negó a extinguirse.
Desde
1580, comienzan a llegar masivamente a Cartagena africanos esclavizados. Todo
coincide en ese año: en el Nuevo Mundo se
consolida la conquista,. Cae demográficamente la población indígena y se
descubren las minas de oro de Antioquia;
en África, con el reconocimiento de sus costas y conquista,
cae demográficamente la población indígena y se
descubren
las
minas
gentes,
se prepara el terreno para producir allí la fuerza de trabajo destinada a
explotar el oro americano.
Los
asentistas se habían comprometido a transportar mil esclavizados anuales, cifra
que en realidad llega a los 3 mil si se consideran los altos índices de
contrabando. Entre 1580 y 1640, la gente llega especialmente del África
Central, en particular del antiguo Reino del Kongo. Son personas pertenecientes
a la gran familia bantú.
LOS
CABILDOS
Después
de zarpar de los puertos africanos, los esclavizados llegaban a Cartagena donde
los esperaban los funcionarios del fisco, los comerciantes de esclavos y los
misioneros. Los puertos fueron su entrada al mundo de la esclavitud.
En
este nuevo mundo, las normas no eran producto de la interacción de tratantes
europeos y jefes africanos. Aquí la legislación española había sancionado
leyes para negar la humanidad y la historicidad de los recién llegados. Los cautivos
serían ahora esclavos.
Desde
su llegada, los africanos buscaron activamente la manera de preservar su
identidad. Aparecieron entonces los cabildos, asociaciones creadas por los esclavos bozales, es
decir, los esclavizados recién llegados de África que compartían la misma
cultura. Existieron, desde principios del siglo XVII, los cabildos de arams
y minas en Cartagena. Estos espacios de intercambio les permitieron
recomponer una imagen de sí mismos y de sus culturas, fragmentada por la
cosificación a la cual fueron sometidos desde los inicios de la trata.
Los
cabildos fueron espejos culturales en los cuales los esclavizados podían reflejarse,
ver su propio rostro. Eran refugios de africanía y de reintegración étnica
activa (Nina de Friedemann), espacios de preservación de la identidad y de
resistencia a la despersonalización y a la negación de su historia.
Los
cabildos de negros basados en el
modelo del cabildo español sirvieron también a los esclavizados para
recomponer su ser social y político. Podría decirse que la apropiación que
los africanos hicieron de este modelo político hispánico, fue una estrategia
de adaptación que les permitió sobrevivir en el seno del sistema esclavista
colonial (N. Friedemann).
SEMILLEROS
DE CIMARRONES
A
través de los cabildos, los esclavizados lucharon contra esa imagen de bárbaros
y paganos sin historia que proyectaba la sociedad esclavista. Ellos fueron los
nuevos territorios desde donde pensaron e imaginaron la libertad. A los que se
atrevieron a construirla se les llamó cimarmnes,
como el ganado que huía al monte y se volvía salvaje e indómito.
Los
primeros territorios de libertad que construyeron fueron los palenques,
fortificaciones en forma de palizada. Al igual que los de la llanura Caribe,
los esclavizados del Pacífico también huyeron (Bernardo Leal). Abandonaron las
minas y haciendas de los valles interandinos y de las regiones costeras del Chocó,
Raposo y Barbacoas. Eran los iniciados del siglo XVIII. Su refugio fue El
Castigo, al norte de la Hoz de Minamá (Nariño), donde construyeron dos
poblados: Nachao y Nalgua; a lo largo del Patía y sus afluentes sembraron plátanos,
frutas y trabajaron el oro.
La
antropóloga Nina de Friedemann ha documentado ampliamente el modo de organización
social, económica y la vida religiosa de las gentes del Guelmambi, quienes quizás
descienden de estos cimarrones. También ha señalado la existencia del palenque
de Tadó creado alrededor de 1728.
Es
muy posible que, como en el caso de los cimarrones de Cartago (1785), los
rebeldes llevarán escopetas, lanzas, machetes, barras, barretones, palas, pólvora
y balas robadas a los amos. También, que las relaciones de convivencia heteroétnica
que hoy conocemos entre indios y negros (Jaime Arocha; el Baudó, 1992), hayan comenzado en ese
momento: algunos documentos consultados por Leal hablan de cómo la
india María de los Arcos guió a los cimarrones desde el pueblo de Zerritos
hasta la Boca del Monte y desde allí los condujo hasta su estancia de platanar
donde pasaron la noche.
Al
día siguiente el indio Pedro Yara los acompañó y aconsejó de que no
tuvieran miedo de los indios bravos, que él los llevaría hasta el Otún
(Archivo de la Nación, Negros y Esclavos del Cauca, tomo II, folio 222).
Solidaridad inter-étnica contra la cultura del terror impuesta por los
invasores peninsulares.
L
a
estrategia de sobrevivencia de los africanos y sus descendientes fue inversa a
la de los indígenas éstos resistieron para preservar sus territorios pero
poco a poco el trabajo forzado, los malos tratos y las enfermedades los obligaron
a migrar para preservarse; se enfrentaron y luego huyeron para sobrevivir:
primero huyeron para ser libres y luego se enfrentaron a las tropas españolas
para preservar los territorios de autonomía que habían construido (Carrera
Damas, Nina de Friedemann).
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