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(continuación
capítulo Historia, configuración...)
LAS
GUERRAS ALERTAN
Gran
parte de las localidades y poblaciones de la Amazonia tuvo su origen durante el
período cauchero. Antiguos empresarios fueron la base de Florencia y Mitú se
desarrolló al ritmo de las actividades de la región.
Luego
vino una política más decidida de integración de la región amazónica. En
efecto, el conflicto colombo-peruano, cuyos antecedentes se ligan con la disputa
del gran territorio localizado entre el Caquetá y Putumayo controlado por la
compañía peruana Casa Arana sacudió por primera vez la conciencia del país
en este asunto.
Se
consolidaron entonces las vías de comunicación que unían el Huila con
Florencia y Pasto con Mocoa ruta ésta abierta a principios de siglo por
iniciativa de los misioneros capuchinos asentados en el Valle del Sibundoy.
Hicieron presencia funcionarios gubernamentales y las fuerzas militares en la
zona, particularmente en Leticia, cuya ocupación por parte del ejército
peruano en 1932 había desencadenado la contienda.
La
segunda guerra mundial abrió otra oportunidad para el caucho: se establecieron
nuevos frentes de extracción particularmente en la gran región del Vaupés. Se
construyeron pistas de aterrizaje en diversas zonas y en los lustros sucesivos
se creó la empresa de navegación Navenal, hoy desaparecida. Todo ello jugó un
papel significativo en la integración del Amazonas a la economía nacional.
LLEGAN
LOS COLONOS
El
proceso de colonización por medio del trabajo de la familia campesina, de la
inversión capitalista con sus grandes proyectos agroindustriales, e incluso con
el patrocinio estatal transforma la tierra en mercancía,
la incorpora a la economía de mercado. Para consolidar ese proceso
se fundan pueblos, en una modalidad que se considera urbana caso de San José
del Guaviare si el centro genera o tiene su propia actividad.
Todo
eso significa que el principal aspecto del proceso de colonización es la
permanente valorización de la
tierra.
Desde
1950 se inició un gran movimiento de campesinos pobres sin tierra provenientes
de la zona andina especialmente del Huila, Cauca, Tolima y Boyacá o de
otros que huían de la Violencia. El panorama demográfico de la Amazonia cambió
al igual que muchos aspectos físicos de su territorio.
La
población se estimaba, para 1951, en 90 mil 364 habitantes; en 34 años el
estimativo ascendió a 428 mil 99. 8,5% anual era la tasa de crecimiento de la
población en ese período, reducida después a 6,1% y 3,8%.
Entre
1951 y 1985, el Caquetá quintuplicó su población, mientras que el Putumayo la
cuadruplicó; esos incrementos se reflejan en cálculos recientes según los
cuales 16 mil hectáreas de bosque se tumban anualmente.
La
formación de centros urbanos en la Amazonia colombiana también ha adquirido un
estímulo inusitado. Florencia tenía, en 1964, 28 mil habitantes; en 1985 se
estimó su población en 79 mii 515 personas; y en 1993 su población era de 107
mil 620 habitantes.
DOMESTICACIÓN
DE LA SELVA
Los
campesinos-colonos se instalan cerca de una carretera, una trocha, una escuela o
un centro de salud. Habitualmente utilizan el sistema de roza y quema itinerante
para sembrar sus productos.
A
diferencia de los indígenas, cuando la productividad del suelo comienza a
declinar
a los dos o tres años, los colonos transforman sus predios en pastos
y
allí sostienen una ganadería extensiva ya que los pastos son pobres en
nutrientes. Con frecuencia los colonos trabajan también como asalariados
durante el primer año, mientras que su tierra rinde la primera cosecha.
Con
estacas, troncos o alambres, delimitan sus predios, y comienzan el proceso de
corte del bosque. En muchos casos, algunos parientes que los han
antecedido o vecinos posiblemente paisanos, los ayudan en las labores de tala del bosque.
Una
familia campesina corta, quema y siembra en el primer año, 10 hectáreas de
selva. Allí planta, entremezclados, maíz y arroz y utiliza generalmente
tecnología simple. Esto puede ocurrir en enero o febrero. En septiembre recibe
su primera cosecha y nuevamente siembra maíz. En otras áreas los productos son
yuca, café, caña de azúcar y plátano.
El
colono vende una porción de su cosecha y consume el resto. Por lo general, un
colono campesino tiene entre 1 y 1/2 hectárea dedicada a cultivos de subsistencia,
y 4 para maíz y arroz. Al final del primer año, el colono cuenta por lo menos
con 5 hectáreas en pastos. El aspira a ser ganadero y ve en los pastos la mejor
alternativa de su actividad productiva.
Empero,
uno de sus principales problemas consiste en comprar el ganado puesto que con
frecuencia carece de capital. La estructura crediticia regional beneficia en la
mayoría de los casos a unos pocos grupos: el crédito es monopolizado por los
grandes propietarios o comerciantes. A veces obtienen los animales valiéndose
de alguno de los medios que existen para ello.
RETORNO
A LOS FRENTES
Que
los colonos pobres adquieren tierra con la ayuda del trabajo de su esposa e
hijos pero no tienen capital para transformar el bosque en un hato o finca
ganadera, es una conclusión generalizada.
En
un momento del proceso, el campesino se ve forzada a vender su tierra para pagar
deudas o capitalizarse; y empieza un nuevo proceso de colonización.
Concomitantemente, se conforman grandes propiedades agropecuarias,
particularmente ganaderas, sin duda una dinámica de concentración de la
tierra.
El
campesino pierde nuevamente la tierra que ha venido buscar, la estructura
agraria tradicional se reproduce, expulsando otra vez a los colonos pobres a la
frontera agrícola, salvo que ahora, condiciones ambientales, factores políticos
o de otra índole, lo induzcan a migrar a centros urbanos de la selva.
Difícilmente
la familia campesina de las áreas de colonización se consolida. El mercado
para sus productos está fuera de la región pues localmente la gente cultiva
sus propios alimentos. Pero ellos no pueden competir con otros similares en
costos y precios en razón de factores macro económicos, dificultades de acceso
a los mercados nacionales e internacionales, deficiencia en las vías de
comunicación. Más baratos resultan los producidos en áreas cercanas a los
centros de consumo.
NUEVA
BONANZA
Ese
es el contexto en el cual surgen el cultivo ilícito de coca y la conformación
de laboratorios a nivel regional. La coca es una planta perenne que produce
hojas durante y lustro. Se puede cosechar arrancar las hojas a los 4 meses
de haberse plantado, operación que se repite 4 ó 5 veces al año.
La
planta se adapta bien al bosque tropical amazónico y no requiere de mucha
inversión para su cultivo herbicidas, abonos, etc. Cortado y quemado el
bosque, sólo resta sembrar la coca, aunque en algunos casos se ha tecnificado
el procedimiento.
Se
puede vender la hoja de coca o transformarla con métodos químicos
relativamente simples suponiendo la compra de algunos insumos. El precio varía
según se trate de hoja, pasta, o cocaína.
El
precio de un kg. de pasta en el Guaviare durante 1986, se estimaba en 450 mil
pesos y su costo de producción en 250 mii. El beneficio anual por hectárea podía
ser de 800 mil pesos. En la misma época, la tasa de beneficio en el Putumayo
era relativamente similar: si la familia vendía solamente la hoja, podía
obtener 2 mil pesos por arroba y estaba en capacidad de vender diariamente 4 ó
5 arrobas.
ADITAMENTOS
AL CULTIVO
La
presencia de cultivos ilegales y de coca eleva los valores de los salarios en el
área, generando problemas a aquellos que contratan mano de obra en otras
actividades lícitas y agropecuarias. También campea la inflación ante el
crecimiento de la demanda de productos y el incremento del circulante.
Además
se acentúan las migraciones temporales en la región prostitutas,
comerciantes, y con ellas una considerable demanda de servicios.
Pero
el precio de la coca, internacionalmente, es inestable por múltiples factores:
políticas gubernamentales, caída de cargamentos, presión de la fuerza pública.
Así las inversiones resultan muy azarosas para el mediano y el pequeño
productor, quienes no controlan el mercado.
Las
políticas de sustitución de cultivos ilícitos deben pues situarse en ese
marco, buscando productos con mayor margen de ganancia. Se supone para ello,
indudablemente, una reestructuración del rol e integración de la región con
el resto de la economía nacional, papel desempeñado con éxito por el PNR y
otros programas de carácter nacional que se empeñan en una alternativa económica
para la región.
Configuración
actual
UN
ARCHIPIÉLAGO EN LA SELVA
La
función de la región es hoy orientar la consolidación de su nueva situación
administrativa.
Al
vasto territorio amazónico lo conforman actualmente los departamentos del
Putumayo, Caquetá, Amazonas, Vaupés, Guaviare y Guainía, y parte meridional
del departamento del Vichada perteneciente a Orinoquia.
La
región presentaba una abigarrada organización político-adrninistrativa a
ritmos de institucionalización diferentes, hasta antes de ser expedida la
Constitución del 91: junto a un departamento, Caquetá, creado en 1981, estaba
una intendencia nacida en 1912, la del Putumayo, y las comisarías del Amazonas,
Vaupés, Guainía y Guaviare
,
erigidas como tales en 1931,
1962, 1963 y 1977, respectivamente.
Lo
anterior refleja uno de los principales aspectos del ordenamiento región sin
duda la Amazonia tiene entre sus principales retos la real configuración
departamentos, después de haber sido durante casi toda su historia territorios
nacionales, vale decir, verdaderas colonias internas.
TAN
DIVERSOS
Los
departamentos tienen también ostensibles diferencias en relación con el
territorio, la población, las, formas de urbanización y composición étnica.
La municipalización es muy desigual y débil. Mientras el departamento del Caquetá
posee 15 municipios, el Amazonas tiene dos, el Putumayo 7, el Guainía 2,
Guaviare y Vaupés, 1 municipio cada uno.
Así
mismo existe una gran heterogeneidad en términos de composición étnica.
El
Putumayo y el Caquetá son departamentos habitados mayoritariamente por
colonos;
en ellos la población indígena alcanza un 10% y 2% respectivamente.
En
cambio, en el Amazonas, el Vaupés y el Guainía, predominan los aborígenes.
HACIA
AFUERA DESDE ADENTRO
La
Amazonia posee redes de asentamiento articuladas con diferentes regiones del país.
En el piedemonte se encuentra el subsistema conectado con Florencia y a la vez
con el Huila y Bogotá.
Se
distinguen también la subregión del Putumayo, con el eje Mocoa-Puerto Asís,
dependiente de Nariño e incluso del Valle del Cauca; las zonas de San
José
del Guaviare-Retorno-Calamar que se ligan con Villavicencio y el interior
del
país; y Leticia que se comunica directamente con Bogotá.
Entre
tanto, no existe articulación o es incipiente entre las diversas
subregiones de la Amazonia colombiana es escasa la relación entre San José
del Guaviare y Leticia. Esa situación contribuye, sin duda, a la heterogeneidad
cultural, ya que los flujos migratorios no son uniformes.
Desde
la perspectiva de la población indígena se ha mencionado que existe una
diversidad cultural relativa, proceso cada vez más complejo debido a los
procesos étnicos ligados con las actividades extractivas y los frentes de
colonización del piedemonte.
La
extracción ocasionó, en numerosos casos, un verdadero etnocidio de aborígenes
y flujos migratorios intensos. Expresión de ello son la configuración de
nuevas localidades y el agrupamiento de individuos pertenecientes a diversos
grupos étnicos en un mismo asentamiento.
Uno
de los rasgos principales de la dinámica indígena regional consiste en la
conformación de pueblos multiétnicos. Se establecen generalmente a orillas de
los grandes ríos, donde se tiene mejor acceso a los circuitos comerciales o a
la oferta de bienes para un incipiente mercado local o para los epicentros en el
interior del país. Este fenómeno se observa en el Guainía, en el Vaupés y en
el Amazonas; en el Putumayo ha surgido una interesante integración de los indígenas
con los colonos, mediante redes de parentesco y matrimonio.
Una
de las tendencias más significativas en la Amazonia colombiana en los años
recientes, es la aparición de grandes resguardos indígenas, particularmente en
la zona más oriental, que garantiza la propiedad colectiva de la tierra.
La
superficie resguardada en el departamento del Amazonas alcanza una área de 7
millones 728 mil 29 hectáreas. En el Guainía es de 6 millones 882 mii 900 y en
el Vaupés de 8 millones 354 mil 97 hectáreas.
Mientras
colonos y blancos habitan las cabeceras municipales, los indígenas ocupan la
mayoría de los resguardos. Estos son mis pequeños en la zona de piedemonte: en
su territorio se asienta un número significativo de colonos. Un estudio
reciente estimaba que en el Putumayo, un 80% de los resguardos se encontraba
ocupado por colonos.
El
sistema de parques naturales Cahuinarí, La Paya, Amacayacu, Los Picachos,
Chiribiquetes, Puinawi y Nukak cubre gran parte de la región mis oriental.
Su protección con frecuencia abarca extensas áreas de resguardos.
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ALGUNAS
DIFERENCIAS ENTRE EL
DEPARTAMENTO
DE LA AMAZONIA
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Dpto.
Casanare
Amazonas
Putumayo
Guainia
|
Ext.Km2
88.965
109.665
24.885
72.238
|
No.Hab.
211.329
56.399
264.291
28.478
|
Pobl.Urbana
93.470
20.544
76.370
4.425
|
Pobl.
Rural
117.859
35.855
187.921
24.053
|
Municipios
19
8
12
7
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|
BIBLIOGRAFÍA
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Fuente:
Dane, Censo
1993
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