Noticias confusas, publicadas acerca de la riqueza de los pueblos que habitan el Meta y otros desaguaderos sobra el reverso oriental de los cordilleros de la Nueva Granada, empeñaron sucesivamente en 1535 y 1536. á Geronimo de Ortal, Nicolas Federnann, y Jorge de Espira á emprender expediciones por tierra hacia el sud y el sudoeste. Pasado el promontorio de Paria hasta Coba de la Vela, se han encontrado desde los años 1498 y 1500, entre las manos de los indígenas, figuritas de oro fundido. Los mercados principales de estos amuletos que servían de adorno á las  mujeres, eran las poblaciones de Curiana (Coro) y Cauchieto (cerca del rio la Hacha). El metal empleado por los fundideros de Cauchieto procedía de un país montuoso mas meridional, y se concibe que las expediciones de Ordaz y Herrera, habían aumentado el deseo de acercare á estos países auríferos. Jorge de Espira salió de Coro en 1555, penetró por las montañas de Mérida á las orillas del Apure y Mata, y pasó estos dos rios cerca de sus nacimientos adonde son aun poco anchos. Los índios le contaron que mas adelante, andaban errantes en los llanos hombres blancos. Espira que se creía bastante cerca de las orillas del Amazona, no dudaba que estos españoles errantes pertenecían al desgraciado naufragio de la expedición de Ordaz. Cruzó los prados de San Juan de los llanos que, se decía, eran abundantes en oro, é hizo una grande detención en una población india llamada el pueblo de Nuestra Señora, y después la Fragua, al sudeste del Páramo de la Suma Paz. He estado sobre el reverso occidental de este grupo de montañas, en Fusagasuga, y he visto que los llanos que cercan las montañas hacia el este conservan aun alguna celebridad de riqueza entre los indígenas. 

En la población numerosa de la Fragua, Espira encontró una casa del sol y un convento de vírgenes semejante á los del Perú y Nueva Granada. ¿Será esto el efecto de una emigración de los cultos hacia el este, ó será que tienen su origen en las llanuras de San Juan? La tradición decía en efecto que Bochica, legislador de la Nueva Granada y gran sacerdote de iraca, había subido de las llanuras del este sobre la meseta de Bogota; pero como Bochica es al mismo tiempo hijo y símbolo del sol, su historia puede encerrar alegorías puramente astrológicas. Siguiendo su marcha hacia el sud y cruzando los dos ramos del Guaviare, que son el Ariare y Guayavero (Guayare ó Canicamare), Espira llegó sobre las orillas del gran rio Papamene o Caqueta. La residencia que encontró por espacio de un año en las provincias de Choques, puso fin en 1437, á esta memorable expedición. Nicolás de Federmann y Jerónimo de Orta, que en 1536, habían salido de Macarapena y de la embocadura del rio Neveri, siguieron en 1535 las huellas de Jorge de Espira. El primero buscó oro en el rio grande de la Magdalena; y el segundo quiso descubrir un templo del sol, sobre las orillas del Meta; y cómo se ignoraba el idioma de los naturales se creyó ver por todas partes al pie de las cordilleras, el resplandor de la grandeza de los templos de Iraca (Sagamozo), á donde se hallaba entonces el centro de la civilización de Cundinamarca. La tradición del Dorado, como lo hemos indicado mas arriba, tuvo su origen en el reino de Quito, donde Luis Daza encontró en 1535, un indio de la Nueva Granada que había sido enviado por su príncipe ( sin duda el Zippa de Bogota ó Zaque de Tunja) para pedir socorros á Atahualpa, Inca del Perú. 

Este embajador, alabó como es costumbre, las riquezas de su patria; pero lo que fijó sobre todo la atención de los españoles reunidos con Daza en la ciudad de Tacunga fue la historia de un señor, que cubierto el cuerpo de polvos de oro entraba en un lago situado en medio de las montañas: supongo yo que este era el lago sagrado de Guatavita al este de las minas de sal gema de Zipaquirá. He visto sobre las orillas de esta hoya los restos de una escalera labrada en la roca misma y que servía a las ceremonias de la ablución. Los indios cuentan que se arrojaba allí el oro en polvos y vajilla del mismo metal, para sacrificar a los ídolos del adoratorio de Guatavita.  Aun se encuentran  los vestigios de una brecha profundizada por los Españoles con el designio de desaguar el lago. Hallándose al templo del sol de Sogamozo bastante inmediato a las costas septentrionales  de Tierra Firme, las nociones hombre dorado fueron inmediatamente aplicadas á un gran sacerdote de la secta de Bochica ó Idacanzas que, para celebrar el sacrificio, se hacía también encolar todas las mañanas con el polvo de oro untándose la cara y las manos con una  materia muy pegajosa. Otras relaciones conservadas en una carta de Oviedo dirigida al celebre  cardenal Bembo, dicen que cuando Gonzalo Pizarro descubrió la provincia de las canelas, buscó al mismo tiempo un gran príncipe de quien se hacia mucho ruido en aquellos países, y que iba siempre cubierto de polvos de oro; de manera que desde los pies á la cabeza se parecía de una figura de oro lavorata di mano d’un buonissimo orifice. El polvo de oro se mantiene fijo sobre el cuerpo por medio de una resma odorífera, pero como este género de vestido le incomodaría para, dormir, el príncipe se lava todas las noches y se hace adorar de nuevo por la mañana, lo que prueba que el imperio del Dorado es infinitamente rico en minas. Nada se opone á creer que, en las ceremonias del culto introducido por Bochica, haya alguna cosa dado lugar á semejante tradición tan generalmente extendida, pues se han encontrado en el Nuevo Mundo los usos mas raros. En Méjico se pintaban el cuerpo los sacrificadores y llevaban también especies de castillas de mangas pendientes que eran pieles humanas curtidas; he publicado ya sus diseños hechos por los antiguos habitantes de Amahuac y conservados en sus libros rituales.

Sobre las orillas del Caura y en otros puntos salvajes de la Guayana, en que la pintura del cuerpo suple al tatuage, los indígenas se untan con grasa de tortuga; se encolan la piel con pepitas de mica resplandecientes como el metálico blanco de plata y el encarnado de cobre; y cuando se les mira de lejos se cree que llevan vestidos con galones. El mitho del hombre dorado está acaso fundado sobre un uso análogo; y como la Nueva Granada tenia dos príncipes soberanos, el Lama de Iraca y el gefe secular ó Zaque de Tunja, no debe sorprender que la misma ceremonia fuese atribuida ya al rey, ya al gran sacerdote. Es mas extraordinario que desde el año 1535 se haya buscado el país del Dorado al este de los Andes. Robertson admite en su historia del Nuevo Continente que Orellana en 1540, tuvo los primeros conocimientos acerca de él, sobre las orillas del Amazona; pero la obra de Fray Pedro Simon, fundada sobre las memorias de Quesada, el conquistador de Cundinamarca, prueba directamente  lo contrario; y desde el año de 1536 Gonzalo Diaz de Pineda buscó el hombre dorado, mas allá de las llanuras de la provincia de Quijos.

La celebridad que las expediciones de Ordaz, Herrera y Espira habían dado  ya al Orinoco, Meta y a la provincia Papamine, situada entre tos nacimientos del Guaviare y Caqueta contribuyeron á fijar el mitho del Dorado cerca del reverso oriental de las Cordilleras.

La reunión de tres cuerpos de ejército sobre la llanura de la Nueva Granada, extendía en toda la parte de América, ocupada por los Españoles la noticia de un país rico y muy poblado que faltaba que conquistar. Sebastián de Velalcazar marchó de Quito por Popayán en 1536 á Bogota, y Nicolás Federmann viniendo de Venezuela, llegó de la parte del este por las llanuras del Meta. Estos dos capitanes encontraron establecido ya sobre la llanura de Cundinamarca al famoso Adelantado Gonzalo Ximenez de Quesada, de quien he visto cerca de Zipaquira un descendiente guardando ganado á pie desnudo. El encuentro casual de tres conquistadores, acontecimiento el más extraordinario y mas dramático de la historia de la conquista, tuvo lugar en 1538. Belalcazar inflamó con sus relaciones la imaginación de guerreros ambiciosos á empresas arriesgadas y se juntaron los conocimientos comunicados á Luis Daza, por el indio de Tacunga, con las ideas confusas que Ordez había recogido en Meta, acerca de los tesoros de un gran príncipe indio tuerto y sobre un pueblo vestido al que servían de montura los Llamas. Pedro de Limpias, antiguo soldado que había acompañado á Federmann al llano de Bogota, llevó las, primeras noticias del Dorado á Coro, adonde el recuerdo de la expedición de Espira en 1535 y 1537 al rio Papamene, estaba todavía muy reciente. De esta misma ciudad de Coro, Felipe de Huten (Urre, Utre) emprendió su famoso viage á la provincia de Omaguas, mientras que Pizarro, Orellana, y Hernán Pérez de Quesada, hermano del Adelantado buscaron el país del oro en rio Napo á le largo del rio de las Amazonas y en la  cadena oriental de los Andes de la Nueva Granada. Los pueblos indígenas para deshacerse de sus huéspedes incómodos pintaban sin cesar el Dorado como fácil de encontrarse y situado á una distancia poco considerable. Era como una fantasma que parecía huir de los españoles y que los llamaba a todas hora Está en la naturaleza del hombre errante sobre la tierra, figurarse la dicha más de lo que está a su alcance y el Dorado semejante al Atlas y á las islas Hisperides, salió poco á poco del dominio de la geografía y entró en la ficciones mitológicas.   

Hernán Pérez de Quesada, después de la marcha de su hermano el Adelantado para Europa, buscó de nuevo en 1559, en el terreno montuoso, al nordeste de Bogota, el templo del sol de que Geronimo de Ortal en 1536, había oído hablar en las orillas del Meta. El culto del sol introducido por Bochica y la celebridad del santuario de Iraca ó Sagamozo daban lugar á estos ruidos confusos de los templos é ídolos de oro macizo; sin embargo así en las montañas, como en los llanos se creían muy lejos de ellos, porque jamás respondía la realidad á los sueños de la imaginación. Francisco de Orellana  después de haber buscado en vano el Dorado en compañía de Pizarro la provincia de los Canelos y sobre las orillas auríferas del Napo, descendió en 1540, el gran rio de las Amazonas y encontró entre los bocas del Javarari y rio de la Trinidad (Yupura) una provincia rica en oro llamada Machiparo (Muchifaro) y próxima á la de Aomaguas ú Omaguas. Estos conocimientos contribuyeron á llevar el Dorado hacia el sudeste, porque los nombres Omaguas Dit-aguas y Papemene designaban un mismo país, y el que Jorge de Espira había descubierto en su expedición á Caqueta. Estos dos conquistadores igualmente celebres en la historia de América llegaron por diferentes caminos á los llanos de San Juan, llamados entonces Valle de Nuestra Señora. Hernán Pérez de Quesada pasó en 1541, las cordilleras de Cundinamarca, probablemente por entre los Páramos de Chingasa y de Suma Paz; mientras que Felipe de Huten, acompañado de Pedro de Limpias, se dirigió del norte al sud por el camino que había seguido Espira, en el reverso oriental de las montañas. Huten dejó á Coro, sitio principal de la factoría alemana ó compañía de los Wesler, cuando Heinrich Remboldt era su director. Después de haber cruzado, en 1541, los llanos de Casanare, Meta y Caguan, llegó á las orillas del Alto-Guaviare (Guayare) que, por mucho tiempo se ha creído ser el origen del Orinoco y cuya embocadura he visto yo, yendo por San Fernando de Atabapo al rio Negro. Cerca de la orilla derecha del Guaviare, entró Huten en Macatoa villa de los Guaypes. El pueblo esta allí vestido; campos parecían  bien cultivados; y todo anuncia una cultura  desconocida en esta región cálida de América que se extiende al este de las Cordilleras. Es probable que Espira cuando su expedición al rió Caqueta, y á la provincia de Papamene, cruzase el Guaviare mucho mas arriba de Macatoa antes de la unión de los dos brazos de este rio, el Ariari y el Guayavero.

Berrio preparar en Europa por su maestre de campo Domingo de Vera una expedición  de 2000 hombres destinada á subir, el Orinoco y conquistar el Dorado  que, desde entonces se empezaba á llamar el país de La Manoa, y también la laguna de la gran Manoa. Ricos propietarios vendieron sus tierras para tomar parte una cruzada, á la que se agregaron 12 religiosos observantes y 10 eclesiásticos seculares. Los cuentos forjados por un tal Martínez (Juan Martín de Albujar), que suponía haber sido abandonado en la expedición de Diego de Ordaz, y que conducido de ciudad en ciudad á la capital del Dorado, inflamaron la imaginación de Berrio. Es difícil distinguir lo que este conquistador había observado por si mismo descendiendo el Orinoco, de lo que decía haber, leído en un su puesto diario de Martínez depositado en Puerto Rico. Se ve que en esta época se tenían en general sobre el Nuevo Continente las mismas ideas que hemos tenido largo tiempo sobre el África, se cree hallar mas civilización hacia el centro que en las costas. Juan González que Diego de Ordaz había enviado, en 1531 para explorar las orillas del Orinoco, anunciaba que cuanto mas se subía este rio mas aumentada se veía la población.  

Berrio habla de la provincia de Amapaja, muchas veces inundada entre el confluente del Meta y Cuchivero, en la que encontró muchos idolitos de oro fundido semejantes á los que se fabrican en Cauchieto al este de Coro y creyó que este oro procedía del suelo granítico que cubre el país montuoso entre Carichana, Uruana y Cuchivero. Al este de la provincia de Amapaja cita Berrio el rio Carony (Caroly) y que se creía proceder de un gran lago, porque los desaguaderos del Carony, rio Paragua (rio de la grande agua) se creyó por ignorancia de las lenguas indianas, un mar interior. Muchos historiadores españoles han creído que este lago, nacimiento dcl Carony, era el grande Manoa de Berrio; pero se ve por los conocimientos, que este ha dado á Ralegh, que se suponía la Laguna de Manoa del Dorado ó del Parima colocada al sur del rio Paragua disfrazado en laguna Casipa. Una y otra de estas hoyas tenian arenas auriféras; pero en las orillas del Casipa, se hallaba situado Macureguara (Margureguaira) capital del Cacique de Aromaja, y primera ciudad del imperio imaginario de la Guayana.

Como estas regiones, muchas veces inundadas, han sido en todo tiempo habitados por pueblos de raza Caribe, que hacían en el interior de las tierras un comercio extremadamente activo con las mas retiradas, no debe sorprender que se haya encontrado en las manos de los indios mas oro que en otra cualquiera parte. Los indígenas del litoral no empleaban solamente este metal bajo la forma de adornos ó remedios, sino que también usaban de él en ciertos casos como medio para el cambio, y parece muy natural que el oro haya desaparecido sobre las costas de Paria y en los pueblos del Orinoco desde que las comunicaciones interiores han sido interrumpidas por los Europeos. Los indígenas independientes, son en nuestros días de una manera indudable, mas miserables, indolentes é ignorantes, que lo eran antes de la conquista. El mismo rey de Morequito, cuyo hijo había conducido Ralegh á Inglaterra, había visitado á Cumaná en 1594 para cambiar una gran cantidad de figuras en oro macizo por herramientas de hierro y mercancías de Europa. Esta aparición inesperada de un gefe indio, aumentó la celebridad de las riquezas del Orinoco. Se suponía que el Dorado debía estar cerca del país de donde venia el rey de Morequito; y como este país se inundaba muchas veces y que los nos se llamaban allí indeterminadamente grandes mares y grandes hoyas de agua, el Dorado debía estar situado en las orillas de un lago. Se olvidaban que el oro traído por los Caribes y otros pueblos comerciantes no era el producto de su suelo, del mismo modo que no lo es  en las regiones de Europa el de los diamantes del Brasil y la India. Habiendose hecho numerosísima la expedición de Berrio durante la detención de los navíos en Cumaná, la Margarita é isla de la Trinidad, se dirigió por Morequito (cerca de la Vieja Guayana) hacia el rio Paragua, desaguadero del Carony; pero las enfermedades, la ferocidad de los indígenas y la falta de viveres pusieron obstáculos invencibles á la marcha de los españoles. Perecieron todos á excepción de 30 que volvieron en un estado deplorable al puesto de Santo Tomé.        

Estas desgracias no calmaron el ardor que habían desplegado hasta la primera mitad del siglo XVII en la investigación del Dorado. Dio fe á las fábulas urdidas por Juan Martín de Albujar y no deja en duda la existencia de los dos lagos Casipa y Ropunuwini, ni la del grande imperio del Inca, que algunos príncipes fugitivos debían haber fundado (después de la muerte Atahualpa) cerca del nacimiento del rio Esquibo. No tenemos la carta que Ralegh había hecho, y que recomienda al lord Carlos Howard conservar en secreto. El geógrafo Hondius ha delineado ésta laguna, y ha añadido también á su carta un cuadró de longitudes y latitudes entre las que figuran la Laguna del Dorado y la Ciudad imperial de Manoa. Mientras que Ralegh se hallaba cerca dé Punía del Gallo (en la isla de la Trinidad) hizo explorar por sus tenientes las bocas del Orinoco, principalmente las de Capuri, Grande Amana (Manamo Grande) y Macureo (Macareo). Como sus navíos hacían mucha agua, tuvo bastantes dificultades para entrar por las bocas chicas, y se vio obligado á construir embarcaciones chatas. Observó los fuegos de los Tivitivas (Tibitihies) y la raza de los indios Guaraones en la parte alta de los cocos Mauritía cuyos frutos recogió él el primero en Europa, frutum squamosum simulem Palma Pini. 

Estoy sorprendido de que no se haya hablado del establecimiento, que Berrio había hecho bajo el nombre de Santo Tomás (la Vieja Guayana). Este establecimiento tuvo sin embargo lugar en 1591, y aunque, según Fray Pedro Simon, “la religión y la política prohíben toda relación mercantil entre cristianos Españoles y herejes Holandeses é Ingleses” se hacia entonces á fines del siglo XVI, como se hace en nuestros días un comercio activo de contrabando por las bocas del Orinoco. Ralegh pasó mas allá del rio Europa (Guarapo) y los llanos de los Saymas (Chaymas) que  se extienden conservando un mismo nivel hasta Cumaná y Caracas; y se detuvo en Morequito (acaso un poco al norte del punto de la villa de Upata en las misiones del Carony) en donde un viejo Cacique le confirmó todos los desvarios de Berrio sobre la irrupción de pueblos extranjeros (Orejones y Epuremei) en la Guayana. Los Raudales ó Cataratas del Caroli (Carony), rio que se miraba en esta época como camino mas corto para llegar á las dos ciudades de Macureguaray y de Manoa, situadas sobre las orillas de la Laguna Casipa y el Rupunuwini, ó Dorado, pusieron fin á esta expedición.

Apenas ha recorrido Ralegh la distancia de 60 leguas sobre el Orinoco; pero conforme á las nociones vagas que él ha recogido llame á los desaguaderos superiores, Cari, Pao, Apure, (Caputi) Guaneo, (Voari) Meta y en la provincia de Baraguan la grande catarata de Atulo (Atures) que impide toda navegación ulterior. No trataré de discutir aquí la creencia verdadera ó fingida de Ralegh en todo lo que cuenta acerca de los mares interiores semejantes al mar Caspio, la ciudad imperial de Manoa (and golden City),  los magníficos palacios construidos por el emperador Inga de la Guayana. á imitación de los de aquellos antepasados del Perú. Se ve que Ralegh acomodaba todo á hipótesis forjadas de antemano; y aunque es cierto que él mismo era engañado, cuando se trataba de inflamar el espíritu de la reina Isabel y ejecutar los proyectos de su política ambiciosa no descuidaba medio ni artificio alguno de lisonja. Pintaba á la reina los transportes de aquellos pueblos bárbaros á la vista de su retrato y quena que el nombre de la virgen augusta que sabe conquistar imperios llegase hasta el país de las mujeres guerreras del Orinoco y el Amazona; asegura que en la época en que los Españoles han destruido el trono dcl Cuzco se ha encontrado una antigua profecía según la que la dinastía de los Inca; deberá algún día su restauración á la Gran Bretaña; aconseja colocar, bajo pretexto de defender el territorio contra los enemigos exteriores  guarniciones de tres á cuatro mil Ingleses en las ciudades del Inca obligando á este príncipe á pagar anualmente a la reina Isabel una contribución de 300.000 libras esterlinas, y en fin añade, como hombre venidero, que todos estos vastos países de la América meridional pertenecerán algún día a la nación inglesa.

Los cuatro  viages da Ralegh al Bajo Orinoco se sucedieron desde 1595 hasta 1617;  y después de éstas inutiles tentativas el arder por la investigación del Dorado ha disminuido poco a poco. No ha habido ya expediciones formadas por un concurso numeroso de colonos; pero empresas aisladas y muchas veces animadas por los gobernadores de las provincias. Las nociones que extendieron los, viages de los padres Acuña en 1688 y Fritz en 1637  sobre el tuno aurífero de los indios Manoas del Jurubesh y sobre la Laguna de oro han contribuido á renovar las Ideas del Dorado en las colonias portuguesas y españolas al norte y sur del Ecuador. En Cuenca, reino de Quito, encontré hombres que el obispo Marfil había empleado para buscar, al este de las Cordilleras, en los llanos de Macas, las ruinas de la ciudad de Logroño que se creía situado en un país rico de oro. Por el diario de Hortsmann que he citado muchas veces, sabemos que en 1740, se creía poder llegar de la Guayana holandesa al Dorado subiendo el Esquibo. En Santo Tomé de la Angostura el gobernador don Manuel Centurión manifestó un excesivo ardor para llegar al lago imaginario de Manoa. Arimuicaipi, Indio de la nación de los Ipurucotos, bajó el rio Caroni é inflamó con falsas relaciones la imaginación de los colonos españoles y les enseñó en el cielo austral las nubes de Magallanes, cuya blanquecina luz era, según él, el reflejo de las rocas argentíferas situadas en medio de la laguna Parima. Era describir de una manera bien poética el resplandor de los esquitas micáceos y talqueos de su país!

Otro gefe indio, conocido entre los Caribes del Esquibo bajo el nombre del capitán Jurado, trató en vano desengañar al gobernador Centunon. Hiciéronse varias tentativas inútiles por el Caura, y Rio Paragua, y muchos centenares de hombres perecieron miserablemente en estas locas empresas: pero sin embargo la geografía ha sacado algún partido de ellas. Nicolás Rodríguez y Antonio Santos fueron empleados en ; 1775 y 1780, por el gobernador. El último llegó siguiendo el Caroni, Paragua, Paraguamusi, Anocapra, y las montañas de Pacaraymo y Quimiropaca, á la Uranictiera y rio Branco, y yo he hallado excelentes noticias en los diarios de ruta de estas expediciones arriesgadas.

El monumento mas antiguo que tenemos de la geografía del Nuevo Continente es el mapa mundi de Juan Ruysch unido á una edición romana de Tolomeo de 1508, en donde se ven el Yucatan y Honduras (la parte mas meridional de Méjico) figuradas como una isla bajo el nombre de Culicar. No hay istmo de Panamá, pero sí un paso que permite una navegación directa desde Europa á las Indias. La grande isla meridional (la América del sur) presenta el nombre de Terra de Careas, limitada por los dos rios Lareno y Formoso. Estas careas son, á no poderlo dudar, los habitantes de Caria, nombre que Cristóbal Colon habla oído ya en 1498, y que durante largo tiempo fue aplicado á una gran parte de América.

Ningún vestigio del Orinoco encuentro todavía en el mapa mundi de 1508. Este rio se presenta por la primera vez con el nombre de rio Dulce sobre la célebre carta que Diego Ribero, cosmógrafo del emperador Carlos V, construyó en 1529, y que ha sido publicada con un sabio comentario del señor Sprengel en 1795. Ni Colon en 1498, ni Alonso de Ojeda acompañado de Ámerigo Vespucci en 1499 habían visto la verdadera embocadura del Orinoco. La confundieron con la abertura septentrional del golfo de Paria, á quien se atribuía por una exageración tan común á los navegantes de aquel tiempo, un enorme volumen de aguas dulces. Vicente Yañez Puizon fue quien, después de haber descubierto la embocadura del Rio Marañon (8) vio también el primero en 1500, la del Orinoco. Llamó á este rio Rio Dulce, nombre que desde Ribero se ha conservado largo tiempo en los mapas y que se ha dado alguna vez por error al Maroni y al Esquibo. El grande lago Parima no se descubre en las cartas hasta después del primer viage de Ralegh, y ha sido Jodocus Hondius quien desde el año de 1599, ha fijado las ideas de los geógrafos y figurado como un país enteramente conocido, el Interior de la Guayana española. El mar interior (Laguna Parima) fue colocado desde luego de manera que su extremidad occidental coincidiese con el meridiano del confluente del Apure y el Orinoco, y poco á poco le adelantaron hacia el este, hallándose la extremidad occidental al sur de las bocas del Orinoco. Además del Parima y el Casipa figuraban en las cartas un tercer lago donde se hacia salir el Aprouague (Apurwaca).

Antes de volver á tomar el hilo de mi narración me falta añadir algunas reflexiones generales sobre los terrenos auríferos situados entre el Amazona y el Orinoco, Acabamos de establecer que el mitho del Dorado, como los mithos mas célebres de los pueblos del antiguo mundo, ha sido aplicado progresivamente á diferentes localidades.

Aunque la celebridad de las riquezas de la Guayana española se deba en gran parte á la posición geográfica del país y á los errores de las Cartas antiguas, no puede negarse la existencia de un terreno aurífero en la extensión de 82,000 leguas cuadradas que se prolonga entre el Orinoco y el Amazona, al este de los Andes de Quito y Nueva Granada. Lo que yo he visto de este país, entre 2 y 8 grados de latitud y 66 y 71 de longitud, se compone enteramente de granito y un gneiss que pasa por micaesquita y esquita talcosas. Estas rocas se presentan á la vista en las altas montañas de Parima como en los llanos del Atabapo y del Casiquiare. El granito domina allí sobre las demás rocas; y aunque en los dos continentes el granito de antigua formación se halle en general desprovisto de minerales de oro, no podrá inferirse por eso que el de Parima no contenga ninguna veta ni ninguna cama de cuarzo aurífero; además de que nosotros hemos visto, al este del Casiquiare, hacia el nacimiento del Orinoco, aumentarse el número de estas vetas y camas. El granito de aquellos países, por su estructura, su mezcla de anfibolia y otros caracteres geológicos igualmente importantes me parece pertenecer á una formación mas moderna y quizá posterior al gneiss y análoga á los granitos stanníferos, á los hyalomictes y á los pegmatites. Luego los granitos menos antiguos son también menos desprovistos de metales; y muchos nos y torrentes auríferos en los Andes, en Salzbourg, el Fichtelgebirge y la llanura de las dos Castillas hacen creer que estos granitos contienen algunas veces oro nativo y algunas partículas de pirites  y galena auríferas diseminadas en toda la roca, corno sucede con el estaño, hierro magnético y hierro micáceo.

El grupo de montañas de la Parima, cuyas cimas llegan á  1300 toesas de altura ha sido casi enteramente desconocido antes de nuestro viage al Orinoco, sin embargo de tener cerca de 100 leguas de largo sobre ochenta de ancho; y aunque su estructura, por las partes, en que M. Bonpland y yo le hemos atravesado, nos haya parecido uniforme, no habrá razón para afirmar que en medio de este vasto grupo de montañas no puedan existir esquitas micáceas y rocas de transición metaliferisimas sobrepuestas al granito.

He hecho ver mas arriba que el lustre argénteo y la frecuencia del mica han contribuido á dar á la Guayana la celebridad de riquezas metálicas. El pico Calitamini que brilla siempre al ponerse el sol con un fuego rojizo, llama todavía la atención de los habitantes de Maipures; y son, según las mentirosas relaciones de los indígenas, islotes de micaesquita, situados en el lago Amucu, que por su reflejo aumentan el resplandor de las nieblas del cielo austral. “Cada montaña, dice Ralegh, y cada piedra de los bosques del Orinoco brillan como metales preciosos y si no es oro es al menos madre del oro.”

Este mismo navegante asegura haber traído soroques de cuarzo blanco aurífero (barde withe sparr), y para probar la riqueza de estas minas cita los ensayos hechos por oficiales de la moneda de Londres”. Ninguna razón tengo para creer que los químicos de aquel tiempo quisiesen engañar á la reina Isabel, ni tampoco haré este ultrage á la memoria de Ralegh suponiendo, como lo hicieron sus contemporáneos, que el cuarzo aurífero que trajo no fue procedente de América. Difícil es juzgar de las cosas de que uno está separado por un largo espacio de tiempo. El gneiss de la cadena del litoral conserva aun vestigios de preciosos metales, y se han encontrado algunos granos de oro en las montañas de Parima cerca de la misión de la Encaramada. ¿Como inferir la esterilidad absoluta de las rocas primitivas de la Guayana de mi testimonio puramente negativo, de esta circunstancia que durante un viage de tres meses no hayamos visto veta alguna que se demuestre aurífera en su igualdad?

Para reunir aquí todo cuanto pueda ilustrar al gobierno de aquel país sobre un objeto tanto tiempo disputado, haré algunas observaciones geológicas mas generales. Las montañas del Brasil, á pesar de los numerosos lugares de minerales que ofrecen entre San Paulo y Villarica, no dan hasta aquí sino oro de lavado. 78,000 marcos de este metal que ha derramado anualmente la América, al principio del siglo XIX en el comercio de Europa, mas de los seis séptimos se deben, no á la alta cordillera de los Andes sino á los terrenos de aluvión situados al este y oeste de las Cordilleras, que apenas pasan del nivel del mar, como son los de la Sonora en Méjico, choco y Barbacoas en la Nueva Granada, ó bien que se extienden en llanuras como en el interior del Brasil. No es de creer que otros depósitos de terrenos auríferos se prolonguen hacia el hemisferio boreal hasta las orillas del Alto Orinoco y rio Negro, dos rios que no forman sino una misma hoya con el de la Amazona. 

Desde Loja á Popayán están estas Cordilleras compuestas alternativamente de traquites y rocas primitivas. Los llanos de Zamora, Logroño y Macas (Sevilla de Oro), el gran rio Napo con sus desaguaderos (el Ansupi y Coca en la provincia de Quijos), la Caqueta de Mocoa hasta la embocadura del Fragua y en fin todo el país comprendido entre Jaen de Bracamoros y Guaviare, conservan su antiguo nombre de riqueza metálica. Mas al este, entre el nacimiento del Guainia, Iquiari y el Jurusbesh, encontramos otro terreno evidentemente aurífero, que es en donde Acuña y el, padre Fritz colocaron su Laguna del oro; y otras muchas noticias que he obtenido en San Carlos de boca de los Portugueses americanos explican perfectamente lo que La Condamine ha publicado sobre las planchas de oro batido que se hallaron en manos de los indígenas. Si de Iquiari pasamos á la orilla izquierda del rio Negro entramos en un país enteramente desconocido entre el rio Branco, el nacimiento del Esquibo y las montañas de la Guayana portuguesa. Acuña habla del oro que acarrean los desaguaderos septentrionales del Bajo Marañon, tales como el rio Trombeta (Oriximina), el Curupatuba y Guinipape (rio de Parú).

Nada se opone á conceder que haya terrenos con cerros auríferos lejos de la Cordillera de los Andes, al norte de la Amazona, como los hay al sur en las montañas del Brasil. Los Caribes del Caroni, Cuyuni y Esquibo han practicado, aunque en pequeño, el lavado de las tierras de aluvión desde los mas remotos tiempos. Cuando se examina la estructura de las montañas y se abraza bajo un mismo punto de vista una grande superficie del globo, las distancias desaparecen y los sitios mas lejanos se acercan insensiblemente.

He hecho la descripción de las vastas provincias de Venezuela y la Guayana española; y examinando sus limites naturales, climas y producciones, he discutido la influencia que ejerce la configuración del suelo sobre la agricultura, el comercio y los progresos mas ó menos lentos de la sociedad. He recorrido sucesivamente las tres zonas que se siguen del norte al sur, desde el Mediterráneo de las Antillas hasta los bosques del Alto Orinoco y Amazona. A la parte fértil del litoral, centro de la riqueza agrícola, siguen los prados habitados por los pueblos que se componen de pastores; y estos mismos llanos, á su turno, están rodeadas por la región de los bosques, cuyos habitantes gozan, no diré de libertad (que es siempre el producto de la civilización), sino de una salvaje independencia. El limite de las dos últimas zonas es hoy el teatro de esta guerra que va á decidir de la independencia y prosperidad de la América. Las mudanzas que se preparan, no podrán borrar el carácter individual de cada región; pero sin embargo las costumbres y el estado van á tomar un aspecto mas uniforme. Es agradable ver pintados en un mismo cuadro los pueblos civilizados del litoral, y este débil resto de indígenas del Orinoco, que no conocen otro culto que las fuerzas de la naturaleza y que semejantes á los Germanos de Tácito deorurn nominibus appellant secretum illud, quod sola reverentia vident.

 

8
El nombre Marañon era conocido cincuenta y nueve años antes de la expedición de Lopez de Aguirre; es pues por error que se le atribuye la denominación del rio al mote ó sobrenombre de marranos que este aventurero daba á sus compañeros al bajar el rio de las Amazonas. ¿ Esta grosera burla no haría ella alusión mas bien al nombre indio del rio? (regresar 8)

 

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