EL CANAL DE PANAMÁ
Vistazo general al istmo colombiano
La angosta y desigual barrera que se extiende desde Méjicohasta la Nueva Granada con 2300 kilómetros de longitud, ofrece múltiples accesos, allí donde los mares del sur y del norte acercan lo suficiente sus aguas para que los espíritus emprendedores hayan sido tentados, a pesar de todas las dificultades provenientes del clima, de las tribus indígenas y de la naturaleza tropical, a llevar a cabo investigaciones especiales para encontrar entre ellos una via de comunicación fácil y rápida .
El istmo mejicano de Tehuantepec, cuya entrada tiene 230 metros, ha llamado especialmente la atención a causa de su proximidad relativa a los grandes centros de producción de los Estados Unidos de América del Norte.
La república de Guatemala es bastante más ancha y la atraviesa además, así como a El Salvador, una cadena de volcanes que sobrepasan algunas veces los 3000 metros de altura.
Honduras tiene buenos puertos sobre cada océano, y su línea
divisoria es lo suficientemente baja para permitir la
construcción de un ferrocarril, mas no para la construcción de un
canal marítimo. En cuanto a Nicaragua 1 , con 300 kilómetros de ancho, ha pretendido
durante mucho tiempo, a causa de su gran lago, su reducida anchura
y la poca altitud del istmo de Rivas que la separa del Pacífico y
que, pese a la ausencia de puertos convenientes y a sus volcanes no
completamente apagados, ofrecer un mejor paso de uno a otro
mar.
Costa Rica está formada por una meseta central de 1.400 a 1.500 metros de altura. Este rico país, donde el cultivo del café está prodigiosamente desarrollado, limita con el lago de Nicaragua y con el río que le sirve de vertedero; además, tiene derecho a una parte de los beneficios soñados por esta última república si se fuera a utilizar para la construcción de un canal interoceánico esta bella capa de agua dulce y el valle de su afluente, el río San Juan.
La parte colombiana de esta inmensa lengua de tierra, más estrecha y en general más baja que las precedentes, se extiende a lo largo de 700 kilómetros desde las fronteras de Costa Rica, el Estado más meridional de América Central, hasta las bocas del Atrato en el Atlántico y a la Bahía de Cupica2 sobre el Gran Océano. Aproximadamente la mitad occidental de este vasto espacio casi todo cubierto de selvas impenetrables se llama de manera especial Chiriquí. A pesar de que sólo quedan pocos indios no sumisos, la cadena de altas montañas que forma su esqueleto también impide toda investigación que tenga una meta práctica desde el punto de Vista de la comunicación de los dos océanos.
El istmo colombiano está así comprendido entre los 6° 30' y 9° 40' de latitud norte, 79° 10' y 82° 50' de longitud oeste; hace parte del Estado de Panamá y en una pequeña porción del de Cauca, dos de los nueve Estados soberanos3 que forman la confederación granadina llamada hoy Estados Unidos de Colombia.
Los departamentos de Panamá y de Colón están separados del departamento de Chiriquí por los de Santiago de Veragua y de Penonomé, donde la cordillera comienza a bajar sensiblemente y parece terminarse bruscamente en el cerro Trinidad (1.500 metros) cerca del Pacífico; únicamente las colinas de altura desigual en las inmediaciones de Panamá la unen oblicuamente con las montañas de Portobelo y de Santa Clara, muy cercanas al mar de las Antillas.
Entre los ramales provenientes de este último nudo y aquellos que se desprenden del cerro Trinidad serpentea el profundo valle del Chagres y, cosa singular mas no sin precedentes, los picos más elevados están todos fuera de la línea divisoria de las aguas. Parecería que las elevaciones plutonianas, en este punto del istmo, dieran nacimiento a una serie de nervaduras paralelas entre ellas y la gran línea divisoria que rodea los diversos valles, recortados por la falla diametral del Chagres. Ésta comarca es extensa y comprende todo el territorio aún virgen del Darién hasta las planicies del Chocó en el Estado del Cauca, más allá del gran macizo del Pirri, última abertura septentrional de la cordillera terciaria del Baudó. Ésta se encuentra atravesada por una cadena principal de montañas que llevan por nombre sierras de Veragua y de Ahogayegua, altos de María Enrique, cordillera de Pácora, sierras de Llorana, Santa Clara, Loma Grande, San Blas, La Mesa, Cañaza, Putrigandi o del Espíritu Santo; cordilleras de Tolo, Nique y Mali.
Desde el punto de vista geográfico se trata de la misma cadena que va desde las Montañas Rocosas y la Sierra Madre de Méjico hasta la gran cordillera de los Andes y el cabo Froward en las extremidades de la Patagonia. Pero es bien diferente desde el punto de vista geológico; no existe unidad alguna en la larga espina dorsal de las dos Américas. Hay casi tantas elevaciones como nombres y algunos de ellos presentan una regularidad sorprendente. Las montañas que lindan con el pico de Gandi, por ejemplo, se parecen infinitamente a lo que uno puede llamar la cadena teórica, es decir, una línea divisoria horizontal y rectilínea, de la cual se desprenden perpendicularmente sobre las dos vertientes las estribaciones que se subdividen al infinito como los folíolos de una hoja compuesta y descienden conforme se alejan de la nervadura central 4 .
Esta cadena, cuya dirección general va del nororiente al oriente y al suroriente, al acercarse al Darién, las estribaciones que de ella se derivan tienen una elevación que varía entre los 200 y los 1.500 metros; se encuentran en primer lugar más cercanas al Pacífico que al Atlántico; pero a partir de Portobelo y de la sierra de Santa Clara (900 metros), cuya base está bañada por las mareas del mar del Norte, ocurre lo contrario, y es precisamente allí, donde la línea divisoria atraviesa el istmo oblicuamente, donde se encuentran las depresiones más notables: Paso de Paja, 120 metros; Paso de la Culebra, 87 metros. Esta configuración explica también por qué hay más ríos importantes sobre la vertiente meridional.
Independientemente del poderoso Atrato que limita al istmo por el oriente, cuatro grandes arterias recogen la mayor parte de las aguas que bañan abundantemente esta región. Una sola, el Chagres, desemboca no lejos de su nacimiento en el mar de las Antillas, luego de haber descrito un largo y singular recorrido. Las otras tres van al Pacífico. El Bayano desemboca en el sitio donde el istmo es más estrecho; el Chucunaque y el Tuira, luego de juntarse formando un gran estuario que constituye un soberbio abra interior, desemboca en el maravilloso golfo de San Miguel.
Alrededor de los 81° 30' de longitud existe un punto divisorio de las aguas bastante singular. Un mismo macizo montañoso da nacimiento a cuatro ríos de importancia desigual: el Chagres y el Mandinga al norte y el Pácora y el Mamoní al sur.
Según mi excelente amigo y colaborador, el señor Sosa, ingeniero de Estado y5 delegado del gobierno colombiano para las comisiones de exploración que yo he dirigido, y nuestra propia experiencia, el comportamiento de todos los ríos que bañan la región del istmo puede dividirse en tres zonas características. Cuando se remontan estos ríos se observa generalmente:
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Un lecho sinuoso, recorrido por aguas tranquilas, en las cuales la corriente es apenas perceptible, mientras que el valle conserve una pendiente suave. El terreno está cubierto por una vegetación exuberante de árboles, arbustos y lianas que crean planos sucesivos de verdor y ofrecen a la vista uno de los más ricos cuadros de la naturaleza tropical.
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En la segunda zona aparecen los rápidos; aunque las aguas conservan un curso uniforme, aumentan de un momento a otro de velocidad; es la zona de transición que contrasta con las otras dos zonas. Aquí todo cambia: el rio, que seguía perezosamente su curso y con grandes esfuerzos se abría paso a través de las arenas y la arcilla de los aluviones, corre ahora rápido, arrastrando las piedras y la grava que vienen de las pendientes superiores.
Cuando esos residuos llegan a la primera zona, la corriente, por fuerza decreciente, ya no puede impulsarlos, se acumulan y forman los sedimentos que se convierten en núcleos de islas pudiendo adquirir una gran extensión. Se crean brazos que, posteriormente, se subdividen para delimitar nuevas islas, cambiando así completamente las condiciones primitivas del río.
Esta segunda zona comienza generalmente allí donde los guijarros y las rocas se ven en el lecho del río y su formación rocosa es predominante.
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En la tercera zona los rápidos aumentan y el río se convierte en torrente; su curso se compone de una sucesión de cuencas y saltos que se acentúan cada vez más hasta que las aguas se subdividen y se pierden en los pliegues y las fisuras del terreno, o lanzándose de golpe de una gran altura se dirigen al remontarse, de catarata en catarata, hasta su punto de origen.
Tomando esta descripción como una constante en estos ríos se puede tener una idea bastante racional de las pendientes relativas de los valles y de su formación geológica, según la extensión proporcional que ocupa cada una de las tres zonas en los diversos afluentes y en el río que los recibe.
En las arterias principales que conforman de manera natural las vaguadas más bajas suele suceder que la primera zona tiene una mayor extensión que la de los afluentes.
Asimismo, de dos tributarios, aquel que desemboca en la parte más baja de la arteria principal es, dadas iguales condiciones, el que en la primera zona tiene mayor extensión. Sin embargo, en los sitios donde existe una depresión de la cresta principal, se observa como regla general que el afluente que desciende de su cercanía reproduce proporcionalmente mejor las fases de la arteria principal, ocupando una mayor extensión antes de llegar a la parte torrencial de su curso. Se encuentra un ejemplo palpable en el río Batatilla, alto afluente del Cué (Darién meridional), que conduce a una depresión notable de la cordillera.
De esto se puede deducir que cuando un tributario desemboca en la parte alta o torrentosa de un río principal, con una extensión relativamente más considerable de régimen tranquilo, sigue una orientación poco inclinada sobre la dirección general de la cordillera, y hay, digo yo, motivos para iniferir que éste lleva a una depresión y que el valle en el cual corre es más bajo que el de sus afluentes que no presentan las mismas condiciones.
Es lo que se puede observar de manera notable en el Tiati (Darién meridional); el río desemboca en el Tupisa donde comienza a mostrarse el régimen torrentoso todavía en la primera zona tranquila, cuando el Tupisa ya es un torrente. Como resultado, en los valles respectivos aparece una gran diferencia de nivel que se podría atribuir, con razón, a una depresión verdaderamente extraordinaria del valle que baña, haciendo suponer también una excepción a la regla que rige las proporciones de las masas montañosas.
Sin embargo, mientras el curso de este río tiene una extensión bastante limitada porque, como lo hemos dicho, su lugar de origen se encuentra antes de llegar a la parte más alta de la cordillera, la rapidez adquirida por la inclinación de la primera parte de su curso contribuye mucho a hacerlo penetrar más profundamente en los terrenos poco consistentes que se encuentran más bajos, dando así índices extremadamente favorables para la configuración del valle superior, índices que sólo han sido justificados a medias 6 .
La formación geológica del istmo esta lejos de ser idéntica. La cresta andina, llamada muy justamente la espina dorsal del globo, desciende de una manera notable comunicando los pórfidos piroxenos y plutonianos de Costa Rica con las sienitas y las serpentinas del Chocó y de Antioquia. La existencia de lava, cenizas volcánicas, piedra pómez, resinas u obsidiana no ha sido comprobada sino al pie del volcán inactivo de Chiriquí (3.485 metros) en el departamento de Veragua o mucho más al sur en la cordillera del Baudó.
Entre Boca del Toro y Colón la vertiente norte es principalmente metamórfica; cerca del distrito aurífero de Mineral se ha encontrado especialmente arcilla feldespática, pizarra, gneis, granito y sienita. Casi todas estas rocas están dispuestas en capas próximas a la vertical, constituyendo así un testimonio de los violentos estremecimientos que han dado al país la fisonomía abrupta y accidentada que tiene hoy día.
En el istmo de Panamá propiamente dicho, entre el cerro Trinidad al occidente y los altos de María Enrique al oriente, se encuentra una caótica multitud de cúspides poco elevadas, muchas veces cubiertas de gruesos bloques blanquecinos, contrastando con el tinte rojo del sol y que se toma por morenas, pero que no son en realidad sino las partes más duras de las rocas aún no transformadas en arcilla por la acción de los meteoros. Estas elevaciones parecen agrupa das en forma de círculo como si hubieran sido producidas por elevaciones anulares.
Las líneas de cresta que coronan en círculo el centro del valle, dándole a éste aspecto de embudo, parten de estos picos uniéndolos con las otras colinas y permiten suponer que estas cimas así dispuestas son los restos de cráteres de montañas volcánicas apagadas desde hace muchos siglos. Estos valles en forma de embudo no aparecen seriados en línea recta como generalmente ocurre con los volcanes, y no se encuentran en ninguna parte del istmo colombiano productos eruptivos de los volcanes terrestres sino gran cantidad de tobas de palagonitas, brechas y conglomerados análogos a los productos de los volcanes submarinos. No existen los granitos, las sienitas y las pizarras cristalinas, mientras que las traquitas, los basaltos, las doleritas y los diferentes conglomerados que se derivan constituyen, con las rocas sedimentarias, las formaciones dominantes. En los valles del alto Chagres, del Obispo y del Río Grande existe un depósito de sedimentos formados en su parte superior por arcillas endurecidas, pizarras abigarradas, seguidas por variedades de arenisca bastante tierna y de pizarra negra que pertenecen a la parte inferior estéril del terreno carbonífero.
Sólo se ve un poco de caliza en el valle que va del Chagres a Ahorcalagarto y a Vamos-Vamos, especialmente en la Campana, cuyos bancos resplandecientes están llenos de fósiles marinos. Las orbitolitas abundan y pueden ser clasificadas en los comienzos de la época terciaria.
Sobre la costa de Panamá, alrededor de la ciudad y en las islas de la bahía, se encuentran conglomerados o brechas rojizas que contienen residuos de pórfido y de granito exceptuando basaltos y doleritas. Estas rocas, medianamente duras, están coloreadas por el peróxido de hierro y mezcladas con la arcilla. Cerca del Gran Océano se encuentra, también en lechos poderosos, una roca que Garella llamaba arenisca roja, pero que ha sido reconocida como toba traquítica.
En la costa norte, a partir del valle del Chagres, se extienden tobas submarinas muy ricas en conchas que contienen numerosos residuos traquíticos. Casi todas las playas al occidente de Colón están cubiertas de una arena negruzca, ferruginosa, con gran cantidad de partículas metálicas, peso específico considerable y un aspecto muy distinto al de las arenas comunes; también se observa en la isla Sheppard, al fondo de la espléndida bahía del Almirante, la aparición de lechos profundos de calizas carboníferas pertenecientes a la serie del terreno pérmico.
De acuerdo con su dureza las rocas son fáciles de clasificar y se hacen cada vez más resistentes a medida que se acerca el centro.
La formación geológica es principalmente porfídica y entrampada en la región del suroriente, desde Panamá hasta las últimas estribaciones de la cadena central, a pesar de algunas apariciones de arenisca y de grawaca. La formación de arenisca y de caliza conchífera terciaria abarca todo el terreno restante entre el río Trinidad, el Chagres y la bahía de Limón, y la ladera de todas las colinas está recubierta superficialmente por terrenos de sedimentos modernos. En una palabra, todos estos espacios, cualquiera que sea la naturaleza del subsuelo, están generalmente cubiertos por una capa de tierra vegetal y de arcilla de aproximadamente diez metros.
Los fósiles de estas capas sedimentarias representan moluscos que viven todavía en uno u otro de los dos mares. Algunas especies son tan nuevas que aún no han tenido tiempo de fosilizarse, en el sentido riguroso de la palabra. Entre ellas se destacan: las haliotides, divididas y nacaradas, las fólades, aún sepultadas en los conglomerados arenosos que han cavado, las ciprides y hasta los pectenes en las tobas volcánicas del Emperador. La devastación de las erupciones ha hecho desaparecer completamente toda traza de organismos cerca de San Pablo y la Gorgona; sin embargo, cerca de la cantera de Bohío Soldado se observa un lecho basáltico que cubre una delgada corteza de arcilla arenosa que oculta a poca profundidad conchas semifósiles idénticas a las que acabo de mencionar.
Desde el punto de vista petrográfico, hay que distinguir en
primer lugar las rocas cristalinas, todas de origen ígneo, cuya
transformación y descomposición ha formado la casi totalidad de los
otros terrenos; en segundo lugar, las brechas, tobas, areniscas,
etc., que de ellas se derivan7. Esas rocas cristalinas provienen de los
volcanes submarinos correspondientes a las series doleríticas y
traquíticas. La primera es más
reciente que la segunda y se le superpone, lo que concuerda con los
fenómenos observados en los países donde se encuentran formaciones
ígneas, especialmente en Auvernia y en Hungría, cuyas rocas son muy
similares a las de Panamá. Los otros terrenos formados a expensas
de las dos categorías precedentes son aún más modernos, pudiéndose
encontrar allí huesos humanos fosilizados. Se debe así admitir que
en el sitio donde se encuentra el istmo de Panamá existía
antiguamente un estrecho más o menos ancho que unía las aguas del
Atlántico con las del Pacífico. Este estrecho, que quizá pudo haber
visto el Atiante de los tiempos primitivos, estaba colmado, al
menos en parte, por corrientes submarinas inicialmente traquíticas
y luego doleríticas. Entre las dos épocas o períodos de estas
corrientes ha pasado un gran lapso, durante el cual tuvo lugar la
formación de la mayor parte de las tobas traquíticas transformadas
de la región y probablemente también de las calizas que se observan
en el valle del Chagres. Es más que presumible que el conjunto haya
sido elevado hacia el comienzo de la época terciaria y casi al
mismo tiempo que el sistema posnumilítico de los Pirineos,
adquiriendo en ese momento casi el mismo relieve que tiene hoy
día.
Sesenta kilómetros al oriente de Panamá, en el istmo de San Blas, las variaciones son ya considerables: predominan los gneis y las pizarras metamórficas.
Las doleritas y los gruesos cristales de hornablenda engastados en una masa feldespática abundan en los cantos rodados que forman los arenales. Las calizas y las areniscas duras son frecuentes en el valle del Bayano. En general, las rocas del valle del Mamoní superior son más duras que las del Darién meridional y un poco menos compactas que las del istmo de Panamá propiamente dicho. Es probable que la cordillera de San Blas sea la más antigua de toda la región que nos ocupa; es el punto central alrededor del cual las otras elevaciones se produjeron gradualmente. Los agentes atmosféricos, cuya acción es tan significativa en los climas cálidos y húmedos, desagregan y descomponen las rocas en mayor medida que en los alrededores de Panamá, donde son geológicamente más modernas. Esta acción es tal que la vertiente del Atlántico, generalmente más lluviosa que la del Pacífico, está recubierta de una capa de humus y de tierra blanda aún más espesa y más fértil; también la flora del primero es superior en riqueza a la del segundo.
En el Darién meridional, la formación geológica del istmo no presenta trazas volcánicas recientes. Los sondeos ejecuta dos con la perforadora jamás han revelado la presencia de rocas cristalinas, de las que se encuentran sin embargo especímenes en los cantos rodados que arrastran los ríos en la parte torrencial de su curso.
Entre estos cantos rodados no se encuentra sino muy poca arenisca o pizarra pues las rocas más duras, anfibolitas de toda clase, desde la diorita de gruesos cristales hasta la dolerita, las han reducido a limo que ha sido arrastrado luego por las aguas. Cabe anotar que los gruesos guijarros que forman el arenal de las islas del golfo de San Miguel y en particular de la isla del Cedro son de la misma naturaleza; la roca in situ es una arenisca fácilmente desmenuzable en estratos casi horizontales. Entre el canto rodado del Tuira superior se encuentra aún pórfido rojo cuarcífero en muy pequeñas cantidades y rocas feldespáticas y silíceas de distintas clases, en tanto que en los bordes del vasto estuario del Sabana, hacia abajo del límite de las mareas, donde este río de aguas malsanas se estrecha de tal manera que se transforma en un arroyo sin importancia, se encuentran bancos de caliza muy fosilíferos anteriores a los últimos cataclismos geológicos.
En estos parajes existió probablemente una comunicación entre los dos océanos en una época relativamente moderna; sin embargo, es difícil precisar en qué momento tuvo lugar la última elevación como consecuencia de la escasez de los fósiles. La parte del istmo colombiano que particularmente nos ocupa formaba así, muy posiblemente, una isla que separaba a Panamá del resto de América Central y la aislaba de las dioritas y granitos primitivos de la cordillera occidental de América Meridional por otro estrecho que unía los golfos de San Miguel y de Urabá. Cuando la cadena terciaria del Baudó emergió de las aguas y se unió a los últimos derrumbes basálticos de Tado Morros, desprendidos éstos de lo que se llama cordillera occidental, colmó el espacio intermediario o estrecho del sur formando dos valles bastante bajos por donde corren ahora el Atrato y el San Juan, valles que se desarrollaron considerablemente en el período posterciario por los enormes aluviones depositados por estos ríos de prodigioso caudal8 . En esta misma época la inmensa vaguada del Cauca formaba un vasto lago que no había encontrado aún su principal salida hacia el norte a través de la compacta meseta del Estado de Antioquia. Se trata sin duda de la misma elevación que unía el extremo sur de la arista occidental con la cadena central, rechazando y haciendo desbordar una parte de las aguas de este inmenso lago andino hacia el mar del Sur por el valle del Patía, única brecha que penetra profundamente en el interior de la tierra que hay entre el cabo de Hornos y el Darién.
Las costas, especialmente las del Atlántico, están muchas veces protegidas por los arrecifes de coral, las planicies estan formadas por aluviones arcillo arenosos; a medida que se sube y se penetra en el interior aparece la pizarra, luego la arenisca y los conglomerados calizos. Un banco de hulla atraviesa pro fundamente todo el istmo desde Chiriquí, donde es muy abundante, hasta el Tuquesa y el golfo de Urabá, aflorando no lejos de Penonomé y de los ríos de Indios, Juan Díaz, etcétera.
El hierro, el cobre, el mercurio, la plata, el oro y el platino abundan especialmente en la región más meridional.
Todos los afluentes del Atrato que nacen en la cordillera de Antioquia, y son muy numerosos, acarrean oro en abundancia. El valle del río San Juan es quizá el sitio del mundo más rico en platino y las ramificaciones del monte Pirri contienen cuarzos auríferos y calizas arcillosas muy ricas; la arena de numerosos ríos que se desprenden de él contienen casi siempre metales preciosos.
Una vegetación exuberante, de follaje la mayoría de las veces perenne, cubre todo el suelo; por eso las vías de unión son más difìciles y las exploraciones fatigantes, minuciosas y poco fecundas en resultados inmediatos.
En las costas hay una gran profusión de manglares9 de mil raíces, manzanillos10 de emanaciones nocivas, hicacos o cirue los tropicales11,pandanáceas, ciclánteas, especialmente la carludovica palmata, especie de palmera enana de la que se produce la paja de los sombreros llamados Panamá, guacajas de hojas multicolores, membrllos12 con grandes flores carmíneas, gutíferas13 tan diversas, avicenias y bombáceas con ramajes frondosos14 que abren paso a una rica vegetación: mimosas, urticáceas, lauráceas y euforbiáceas, entre las que se distinguen especialmente los quipos15 , los espavés, las caobas, los caracolís, los cedros16 , los bongoes y los curutús. Estos gigantes de la selva, que se encuentran hasta la cordillera, y de los cuales los dos últimos se utilizan para hacer las piraguas y también las enormes embarcaciones de una sola pieza que pueden cargar hasta treinta toneladas, alcanzan sus dimensiones más imponentes en la desembocadura de los ríos.
En sus riberas se aprecian las innumerables hileras de musáceas, leguminosas arborescentes, anonáceas, mirtáceas, scitaminées, artocárpeos17 , colas de caballo gigantescas, guarumos18 de hojas plateadas y elegantes cannáceas que parecen servir de empalizada a la selva, mientras que las puntas abandonadas por los ríos, que forman hoy la ribera interior de sus curvas, desaparecen bajo una espesa pradera de cañacoro, bijaos19 con flores resplandecientes, ciperáceas y cañabrava20 que sólo dominan las araliáceas de aspecto extraño y de follaje curiosamente recortado. El cocotero, que algunos botánicos creen originario de esta costa, se encuentra casi que exclusivamente alrededor de las viviendas, lo mismo que el cacao21, que se da bien en las plantaciones de los indígenas y constituye, junto con la yuca, el maíz, los fríjoles22 , la caña de azúcar23 , y sobre todo las numerosas matas de plátano24 , la base de la alimentación. La cañafístula, la zarzaparrilla25 , la jalapa, la ratania, la ipecacuana26, la vainilla27, el árbol de la cera de Tolú28, diversas esencias resinosas, el cedrón29, sucedáneo de la quinina, que produce además un antídoto contra las mordeduras de serpiente, el tabaco30, el índigo, el arroz, las labiadas y cucurbitáceas más variadas, el ñame, la batata y el camote31, el otoe que rivaliza con la papa, los tomates, el algodonero32 , las ciruelas33 , las diversas granadillas34 , el zapotillo35 , los taparos, el caimito36 , el guayabo, la piña37 , la anona y el mamey38 , la guanábana y la chirimoya39 , la malanga, la manzana de caoba o marañón40 , la arracacha41 , las gomas de todas las especies, las diferentes plantas balsámicas o medicinales que produce el hayo42 o coca de las planicies, el matico y otras piperáceas43 , el croton tiglium de follaje abigarrado, el tamarindo, los bálsamos de Tolú44 y la copaiba45 , toda clase de pimientos, la mikania guaco o serpentaria46 , el jengibre, la angostura47 , el palosanto o estoraque48 , la gutapercha49 , la resma de drago50 , y casi todos los árboles de especias o los arbustos aromáticos crecen sin cultivar en esta tierra privilegiada.
El naranjo, el limonero, el cafeto, el mango, el granado, el árbol de pan51 , el aguacate52 , el papayo53 , la pomarrosa54 , y el nopal de cochinilla55 fueron importados y prosperan admirablemente. Algunos cocoteros y palmas se han convertido poco a poco en los principales representantes de la importante familia de las palmeras, cuyo débil desarrollo, contrariamente a lo que tiene lugar en los trópicos y especialmente sobre la vertiente del Pacífico, constituye uno de los rasgos más característicos de la vegetación en los bajos de los ríos; pero las hojas dentadas de las cycadées y de las cyclanthées, las delicadas salientes de los helechos arborescentes, principalmente de los géneros ciathea y alsophila, y los graciosos penachos de las palmeras, son mucho más numerosos al pie de la montaña.
1 |
Para los detalles con respecto a Nicaragua, véase más adelante el compendio de las diferentes exploraciones y el relato sucinto del reconocimiento personal que hice de esta parte de América Central. |
2 |
Inicialmente, los proyectos para un canal se realizaron 250 kilómetros más al sur de la bahía de Cupica, hasta la desembocadura del San Juan colombiano, cuyo valle superior no está, por así decirlo, separado del de ciertos afluentes del Atrato; pero siendo el istmo tan sumamente ancho no podría geográficamente prolongarse más lejos. |
3 |
Antioquia, capital Medellín; Bolívar, capital Cartagena; Boyacá, capital Tunja; Cauca, capital Popayán; Cundinamarca, capital Bogotá, que es al mismo tiempo capital de la república; Magdalena, capital Santa Marta; Panamá, capital Panamá; Santander, capital Socorro, y Tolima, capital Neiva. También hay otros diez territorios: Bolívar, Casanare, Guajira, Nevada y Motilones, San Martín, San Andrés y Providencia, Caquetá y Mosquitos. Los ocho primeros son federales, el noveno pertenece al Cauca y el último está en litigio. |
4 |
Véase el diario del teniente de navío Reclus, durante nuestra segunda misión en búsqueda de un canal interoceánico, Rapports sur les études de la Commission internationale d'exploration de l'isthme américain (Informe sobre los estudios de la comisión internacional de exploración del istmo americano), por Lucien N. B. Wyse, jefe de la expedición. Vol. 4o., editorial Lahure, París, 1879. |
5 |
Véase, en mi obra antes citada, Rapports sur les études de la Commission internationale d'exploration de l'isthme américain, (Informe sobre los estudios de la comisión internacional de exploración del istmo americano), el compendio de las operaciones efectuadas en 1877-1878, por el señor Sosa, ingeniero de Estado del gobierno colombiano. |
6 |
Fueron estas condiciones tan excepcionales las que nos dieron tantas esperanzas, al final de la campaña de 1877, de llegar a una buena solución del problema de la comunicación de los dos océanos por el valle del Tiati. |
7 |
Note sur la constitution géologique de l'isthme de Panama, (Nota sobre la constitución geológica del istmo de Panamá), por M. E. Boutan, ingeniero del cuerpo de minas. Cuadernillo 8o., editorial Dunod, París, 1880. |
8 |
Según los aforos por mí realizados en enero de 1877, el Atrato, río arriba del lugar donde éste se divide en varios brazos, produce alrededor de 4.000 metros cúbicos de agua por segundo, es decir cerca de 350 millones de metros cúbicos al día. ¡Más que el Nilo! |
9 |
Rizófora mangle. |
10 |
Manzanilla hedionda o Hippomane mancenilla. |
11 |
Chrysobolanus icaco. |
12 |
Cydonia vulgaris? |
13 |
Clusia rosea, etc. Esta familia produce también árboles frutales tales como el níspero (Achras zapotilla) y el cacao silvestre (Herrania) |
14 |
Avicenia nítida y Cecropia peltata. |
15 |
Girocarpos americanos. |
16 |
Swietenia Mahogony, Anacardos caracolís, Cedrela odorata. |
17 |
Ficus utilis, etc. La savia lechosa y resinosa de algunos bellos árboles de esta familia y de aquella de las euforbiáceas coagulada con el jugo de frutas de una bella liana, la ipomaea da un carburo de hidrógeno conocido con el nombre de caucho, que fue dado a conoce por la primera vez en Europa en 1750 por La Condamine. |
18 |
Acropia levvani o ingá. |
19 |
Heliconia hirsuta y bihai. |
20 |
Gynerium sacaroides. |
21 |
Teobroma cacao. |
22 |
Jatropha manibot, maíz Zea, fasoles diversos. |
23 |
Saccharum officinarum. Esta planta vino de Bengala pasando por las Canarias y Santo Domingo; la mejor variedad es originaria de Tahití. |
24 |
Musáceas. A pesar de lo que dice Pierre Martyr, ciertas variedades parecen indígenas. |
25 |
Casia moscata, Smilax papyracca. |
26 |
Krameria ixina, ipecacuana cephaelis. |
27 |
Es una orquídea epífita llamada Epidendrum aromaticum. |
28 |
Myroxylon toluiferum. |
29 |
Simaba cedron, de la familia de las simarubadas así como la quasi amara. |
30 |
Nicotiana tabacum, añil indigófero, Oriza sativa. |
30 |
Discorea alata, convólvulos batatas. |
32 |
Solanáceas Lycopersicum y Ulloa, Gossypium arboreum. |
33 |
Sporadia ciruela y otras terebintáceas. |
34 |
Pasiflora macrocarpa, etc. |
35 |
Achras sapota. |
36 |
Crescentia cujete y acuminata, esponja tuberosa. |
37 |
Psidum pomiferum, bromelia ananas. |
38 |
Mamey americano. |
39 |
Anona muricata y anona chirimoya. |
40 |
Anacardios occidentales. |
41 |
Arracacha esculenta. |
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Coca eritroxilácea. En las laderas de las montañas elevadas de Chiriquí y de Veragua existen representantes de algunas especies de quininas (rubiáceas), desde la cascarilla oblongifolia hasta la cinchona lancifolia, que crece todavía a 3.000 metros de altura. Se encuentran también las eritroxiláceas análogas a la coca del Perú y al hayo, cuyas propiedades tónicas y excitantes son tan notables. Masticando las hojas de este arbusto se puede permanecer muchos días comiendo poco o mucho y casi sin beber, soportando grandes fatigas. Su acción se disipa bastante rápido y causa insomnio cuando no se está habituado. Los indios guajiros mascan las hojas del hayo, como los bolivianos la coca, y la espolvorean con cal de conchas marinas; esta clase de betel americano mancha los dientes y hace sangrar la boca, casi tanto como aquel empleado por los pueblos de origen malasio. |
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Piper angustifolium |
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Tamarindo índigo, estoraque punctatum. |
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Capaifera officinalis. |
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Sinantérea herbácea trepadora que proporciona el mejor alexifármico conocido. |
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Bomplandia trifoliata. |
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Es la planta que produce el bálsamo Marie. |
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Sapota bascia o Hevea, casi análoga a la isonandra gutta de Malaca o al butyrospernum Parkii del África ecuatorial. |
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Pterocarpus draco. |
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Artocarpus incisa. |
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Persea gratissima. |
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Carica papaya. |
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Jambosa vulgaris. Una fruta igual es producida por el Dipsacus pilosus. |
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Cactus opuntia u opuntia vulgaris. Otras cácteas, tales como la pitahaya y el higo mejicano, son indígenas. |
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Según ciertos autores, el marfil vegetal sería también producido por una pandanácea |
