El Discurso de Samper
 

El presidente Ernesto Samper inaugura su gobierno cuando Colombia se ha colocado en un punto en que lo que aquí se haga tienen consecuencias que exceden los límites nacionales. El discurso del presidente Samper no es sólo un programa para Colombia, sino que está lleno de compromisos que servirán a los jefes de estado que lo escucharon para sus relaciones con el gobierno inaugurado el 7 de agosto. De cómo se va a comportar la nueva administración frente a una guerrilla que tiene raíces internacionales, a la industria y comercio de la droga que no tiene patria, y al mundo que la consume, son temas que imponen políticas de solidaridad común, que Samper pide resolver de común acuerdo en campañas internacionales. Reclamar el derecho exclusivo para resolver estas cosas en forma de soberano aislamiento es una vanidad nacionalista que parece haber muerto en las páginas sobrias, claras, precisas del discurso presidencial. En ese sentido lo que escucharon los presidentes fue un programa colombiano, un llamado a la lucha solidaria que reclama hoy como nunca, el mundo americano. No se trata de que Colombia sea débil. Ha sido fuerte. Pero se ha sentido solitaria. En parte solitaria por su culpa, porque no se trata de imponer el derecho exclusivo de la soberanía para resolver sin poder, hacer un desafío al cual no puede responder ni la más grande potencia del mundo, sino de crear una formidable defensa internacional para reducir la fuerza del mal organizada por unos demonios que no tienen patria, ni corazón, ni ciudadanía.

Fueron cortantes y precisos los apartes del discurso del nuevo presidente, notificando a los guerrilleros para decirles que el nuevo gobierno no se sentará a la mesa de las negociaciones para reanudar diálogos de bla, bla, bla, que sólo tienen por objeto llevar a otros diálogos, como se multiplica una imagen en juego de espejos paralelos.

No debieron hacerle mucha gracia estos anuncios al más nuevo de los miembros de la asociación siendo su decano por llevar 35 años de ejercer el poder. Fidel Castro ha sido el padrino de los grupos guerrilleros que vienen desangrando a Colombia, ofreciendo a La Habana como la banca central para el manejo de millones que recogen asaltando bancos, secuestrando hacendados y cometiendo toda suerte de crímenes. Cuba, como centro de enlace de lo que forma hoy la coordinadora guerrillera, tiene una responsabilidad, de hace años la más grande.

En cuanto el país viene padeciendo por las guerrillas y el comandante Castro oiría esta parte del discurso como una advertencia para sus nuevas relaciones. Porque el discurso todo del presidente Samper es como un texto de cómo se gobierna un país democrático y libre, que es la piedra sillar sobre la cual está concebida la Organización de Estados Americanos, la oposición entre la despocracia y la democracia. Está el principio que se buscó para planear la comunidad en acciones americanas, obra a la cual Colombia entregó su espíritu en la creación de Alberto Lleras, de quien tomó el presidente Samper, como un recuerdo sagrado, la banda presidencial. O nosotros somos fieles a ese espíritu o Colombia no puede aparecer como creadora de la organización americana.

En este sentido el anuncio del presidente Samper fue recibido con caluroso aplauso por todos los presidentes latinoamericanos que estaban presentes, menos uno. Lo mismo entiendo yo la parte del discurso alusiva a la droga. Aquí hay el reconocimiento de la importancia nacional de resolver este problema no sólo por Colombia, sino por cualquier país, por grande que sea. Ni Francia, ni España, ni Alemania, ni Italia, ni los mismos Estados Unidos, solos pueden hacerles frente a las organizaciones que disponen de la banca internacional, del aire que no tiene dueño, de las industrias sin límites que lavan los dólares, los almacenan, los movilizan, distribuyen la materia prima para fabricar la cocaína, los aviones que se mueven por todas partes sin que haya control nacional que reduzca las posibilidades de los narcotraficantes. Ni hay país que pueda solo controlar las siembras de coca o de amapola, en América o en Asia, ni hay aduana que detenga los cargamentos de sustancias químicas necesarias para la fabricación de cocaína embarcadas en un puerto de Estados Unidos que llegan al corazón del Amazonas. Sólo una legislación internacional puede controlar estas cosas. Y en el discurso de Samper están precisadas las posibilidades de llegar a estas soluciones internacionales.

Si los medios de comunicación entendieran el discurso, ¿le darán el alcance a estos llamados internacionales? Me temo que no. Lo que he visto en los telegramas, en que la única noticia es referente a la llegada de los delegados, es el vestido de uno de los mandatarios, el de Fidel Castro. En todos los diarios de Europa, Asia y América salió la noticia que había venido en traje verde oliva.

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