Noche en Palacio
 

El presidente Ernesto Samper reunió en Palacio a un centenar de embajadores, ministros, altos funcionarios y sobre todo amigos para hablarles de perros y gatos y entregarles un libro en que Juan Gustavo Cobo Borda, su asesor cultural, ha recogido notas mías sobre estos y otros animales, entregando la obra como tarjeta de Navidad, con su señora, en una noche para mí inolvidable.

Este gesto franciscano en un presidente resulta muy de acuerdo con la carga pedagógica del apellido Samper. Esta rara familia introdujo en Bogotá elementos de progreso como la luz eléctrica y el cemento. O los laboratorios de investigación científica. Pero tenía una vocación pedagógica que habría que recordar en tiempos de Navidad. Cuando en el breve discurso de presentación del libro de los gatos y los perros, el Presidente decía que quería dejar un mensaje a los colombianos para que miraran con cariño a la naturaleza que nos rodea, como él mira a sus perros, yo recordaba que algo de eso lo aprendí de don Chepe Samper.

Todos recuerdan como fundador del Gimnasio Moderno a don Agustín Nieto Caballero, pero se ha olvidado que quien lo empujó a hacer la fundación del gimnasio fue don Chepe Samper. Todavía recuerdo cómo, antes del Gimnasio, inició en el Chicó lo que iba a ser el Gimnasio mismo. Yo era un niño y mi padre me llevó a esta inauguración. Se me grabó semejante novedad en la educación, que luego vino a convertirse en lo que fue, ya en firme, el Gimnasio Moderno.

Lo mismo pasó con los boy scouts. Se recuerda siempre a Miguel Jiménez López y al mismo don Agustín Nieto introduciendo aquí a los exploradores de Baden Powell. Pero yo vestí el uniforme, como Daniel Samper Ortega, llamados por don Chepe Samper e hicimos nuestras primeras excursiones y montamos nuestro primer campamento en Santa Ana de Usaquén, que don Tomás Rueda Vargas tomó promovido por don Chepe Samper. De esas iniciativas quedaban semillas tan bien sembradas, que es imposible olvidarlas para quienes estrenamos estas cosas.

Cuando leo los decretos y discursos del nuevo Presidente de Colombia, y sus constantes alusiones a la vida rural, o ese canto en dos palabras, para pedirles a los colombianos amor a la naturaleza en su discurso sobre los perros y los gatos de la noche de Palacio, pensé que, si estas cosas se profundizan en los cuatro años de su gobierno, su recuerdo se hará perdurable y algo nuevo podrá ocurrir para contener esta ola de odio y violencia que vienen desatando diabólicos espíritus de Colombia y de fuera, empeñados en contener el progreso nacional.

Todos debemos celebrar cuanto venga del alto gobierno encaminado a reconciliar al hombre con la naturaleza. Colombia es copropietaria del más grande tesoro que tiene el planeta en la hoya del Amazonas, y es monstruoso que lo que salga de ahí sea el producto de la más grande fábrica de cocaína en el mundo. Este solo aspecto del desafío que la naturaleza le hace al hombre americano compromete a Colombia posiblemente más que a ningún otro país en la lucha más desigual que pueda imaginarse. La sola consideración de la desigualdad de las fuerzas sociales que están en juego en este caso explica la imposibilidad de soluciones que puedan darse con sólo los recursos de la nación.

Se necesita la solidaridad internacional, y posiblemente, un cambio radical en el mismo orden jurídico, para hacerle frente a la mafia que se mueve utilizando hoy todos los recursos de la banca, la aviación, la ciencia y la tecnología para montar la red de contrabando mejor organizada de todos los tiempos. Cuando el presidente Samper coloca al hombre colombiano frente a la naturaleza, enfoca el problema más serio no sólo para Colombia sino para sus relaciones internacionales.

Si en el mismo paisaje unos ven el infierno verde y otros aquellas verdes mansiones en donde Hudson situó poéticamente el escenario de Rima, basta cambiar el horizonte mental para buscarle un destino opuesto a los mismos elementos de la naturaleza. Al Amazonas unos van a buscar peces de colores y otros a montar laboratorios de veneno.

Del discurso del Presidente no queda un texto, sino una lección. Él vuelve sobre el más profundo significado de su mandato: ser el primer magistrado. Lo que da hablando de los perros y los gatos es una enseñanza que viene de un fondo familiar que es extiende por todo el pasado de la república en que los Samper llenan una función pedagógica que parece prolongarse en el actual Presidente.

 

El Tiempo, 26 de diciembre de 1994, p. 5A.

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