Septiembre
 

Hacia 1920, el peso colombiano era una moneda fuerte. Estudiar en Chile costaba menos que en Colombia. Santiago estaba lleno de estudiantes colombianos. Llegó entonces Pablito de la Cruz a Bogotá, que había hecho en Santiago su carrera de arquitecto. Habría de hacerse famoso con obras como el Instituto Pedagógico de la Avenida de Chile, el Palacio de Justicia de la carrera 6ª con la 11 y Villa Adelaida, la residencia de don Agustín Nieto Caballero. Para nosotros lo sensacional fueron sus relatos de la fiesta del estudiante. La universidad se tomaba a Santiago y todo se volvía un carnaval, desde la capital hasta Valparaíso.

Se había reunido en Montevideo, en 1919, el Congreso Internacional que creó la fiesta del estudiante para el 21 de septiembre, primer día de la primavera en el sur. Entonces, por concurso, se adoptó el himno estudiantil, con letra del poeta peruano José Gálvez y música del chileno Soro. Feliz gesto de reconciliación entre los dos países después de la Guerra del Pacífico. No bien oímos el relato de Pablito de la Cruz, cuando empezamos a cantar el himno de Montevideo: Juventud, juventud, torbellino / soplo eterno de eterna ilusión / fulge el sol en el largo camino / que ha nacido la nueva canción /. Sobre el viejo pasado soñemos / y en sus ruinas hagamos jardín /. Y mirando al futuro cantemos / que a lo lejos resuena un clarín.

Enloquecíamos de entusiasmo. Decidimos que también en Bogotá hubiera primavera. Se acordó nombrar reina de los estudiantes. Aprendimos a cantar. Se formaron murgas para llevar serenatas a las candidatas al reinado estudiantil. Se creó la Casa del Estudiante. Se proyectó la coronación de la reina en el Teatro de Colón. Las candidatas al reinado se escogían por su posición social. Se vendían los votos en los clubes. Un voto, cinco centavos. El total para la Casa del Estudiante. Candidatas al segundo reinado eran, entre otras, Helena Ospina, hija del presidente Pedro Nel Ospina, y Elvira Zea Hernández, hija del doctor Luis Zea Uribe, hermana de Germán.

Le llevamos una serenata a Elvira con una murga de más de cien músicos. Ella vivía a media cuadra del Palacio Presidencial. Como a las 11 de la noche el golpe de estudiantes llegó a la casa de Elvira. Salió al balcón del Palacio Helena Ospina, la candidata rival. Helena era espléndida. Tenía buena provisión de serpentinas que fue tirando sobre los manifestantes y fue el triunfo compartido. Ese año salió elegida Elvira y al siguiente, Helena... Vendíamos votos por millares. Entonces, la Logia se había remozado, y los Pradilla, los MacAllister, los Obando Lombana habían llevado muy buena gente a los talleres. Se hizo un baile para Maruja Vega, la candidata al primer reinado. Tuvo su consecuencia. De ahí salió el noviazgo y posterior matrimonio con Carlos Arango Vélez. Vista hoy, aquella fiesta en sus últimas consecuencias, y viendo que de ese matrimonio resultó la esposa del Presidente Misael Pastrana, se ve en lo que paraban las fiestas del estudiante.

Septiembre, pues, vino a ser una clave en la revolución universitaria desde México hasta Chile y la Argentina. A Bogotá llegó más tarde, como ministro de Chile, Julio Barrenechea. Había sido presidente de la Federación de Estudiantes en Santiago. Cuando, años más tarde, fui a Santiago y cenamos, llenando la noche de recuerdos bogotanos, ebrios sólo de nostalgia, salimos cantando: Juventud, juventud, torbellino... en memoria de los días en que pusimos el calendario al revés para hacer primavera en Bogotá. Pero en aquellos tiempos, y en esa dichosa edad, esto era tan sencillo como darle una vuelta al reloj de arena.

 

El Tiempo, jueves 31 de agosto de 1995, p. 5A.

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