CONCLUSION.

 

Nuestra tarea está concluida. Hemos trazado audazmente el cuadro jeneral de los acontecimientos que se han cumplido en la Nueva Granada, casi desde su aparicion en el mundo civilizado, pero especialmente desde 1810, hasta el momento en que escribimos, dominados por el amor de la verdad i el entusiasmo mas profundo por las portentosas aspiraciones de la civilizacion actual.

Comprendemos mui bien la pequeñez de nuestra obra: ella no es, ni podia ser, sinó el ensayo de un demócrata, sediento de conquistar la gloria lejítima del patriotismo, i lleno de admiracion ácia la libertad i la filosofía. Nuestro libro debe adolecer sin duda de muchos defectos; pero no hemos vacilado en lanzarlo al juicio de la opinion porque él, mas bien que un bosquejo histórico, es un himno levantado por nuestro ardiente corazon para cantar los grandes heroismos i las grandes virtudes que constituyen la epopeya de la libertad granadina.

Hemos dado apénas algunas pinceladas en el cuadro, en blanco hasta ahora, de la historia de la democracia colombiana. Comprendiamos desde el principio la superioridad del trabajo que emprendiamos; pero si Restrepo, Acosta i Plaza habian levantado monumentos para su gloria, escribiendo la historia de la conquista, de la vida colonial i de la independencia, faltaba completar ese inmenso cuadro con la relacion de los episodios cumplidos en una época mas adelantada. Para llenar ese vacío, era necesario contar con tres elementos morales, --probidad política, valor para decir la verdad i decision por la causa de la revolucion. Este es el único mérito que creemos tener. Si en nuestras relaciones hai errores, ellos son estraños a nuestra voluntad, i nuestra conciencia nos da el testimonio de haber llenado nuestro deber con honradez.

Quiera la fortuna que este trabajo, laborioso i delicado, merezca el aprecio de nuestros ciudadanos, i especialmente de la juventud, i que al ménos estimule a escritores de mayores recursos a escribir la historia completa de nuestras revoluciones. Esta será nuestra mejor recompensa!

Por lo demas, nosotros abrigamos la mas ciega confianza en el porvenir de la República. La reforma no puede sucumbir, porque ella es una necesidad de la época, una exijencia lójica de las condiciones progresivas de la humanidad. El Jeneral López, ese eminente patriota a quien la democracia debe inmensos servicios, prestados con singular abnegacion, dejará la majistratura cubierto de gloria i bendiciones; i si él ha conquistado la inmortalidad, su obra no perecerá.

No! La revolucion,-ese soplo fecundo que Dios ha enviado a la jeneracion actual, seguirá triunfante en su carrera, a despecho de todas las reacciones i de todos los contratiempos! El ojo de la Providencia vela por los destinos de la Revolucion!

Ambalema, noviembre 23 de 1852.

José M. Samper.

NOTA-Hablando de la muerte del Jeneral Sardá, aparece equivocadamente en la pájina 228, que ella fué ejecutada por el oficial Pedro Ortíz. -El nombre de este ciudadano no es Pedro sinó José.

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