Documento No. 110

 

De Calzada a Aymerich

Octubre 11 de 1819.

 

                 Archivo General de Indias.

                 Santafé, legajo 549.

 

Nº 3

 

Señor Mariscal de Campo don Melchor Aymerich. Mer­caderes, once de octubre de mil ochocientos diez y nueve. Muy señor mío de toda mi consideración y aprecio. Doy a usted las gracias por la complacencia que usa conmigo en su favorecida de 28 del pasado a que contesto manifestándole las nuevas ocurrencias que han dado motivo a retirarme hacia Pasto, pues ya no era posible sostener a Popayán, punto muy abierto y expuesto al insulto de cualquier partida, como usted lo sabe, contra los rebeldes que marchan de La Plata y los insurreccionados del Valle, a quienes se ha unido otra división enemiga de quinientos hombres venidos de Santa Fé al mando de Santander. Hubiera conservado la provincia y hecho todos los esfuerzos para que no la ocupasen los enemigos si la división que mandé a apaciguar el Valle hubiera tenido un buen suceso, pues en este caso contaba con todos los recursos de aquel país y principalmente con la caballería, que es indispensable, atendida la disposición de aquel terreno llano. Pero no ha sucedido así: los del Valle se han con­movido de tal modo y tan generalmente que todos han tomado las armas contra nosotros y no ha quedado uno que no haya peleado; pues primera         —mente— han acometido a cerca de ciento cincuenta hombres nuestros que escapaban de Santa Fé por Cartago y los han destruido. Y después, en número de más de mil hombres, han atacado a la división de Rodríguez, que era el que yo había mandado al Valle, y derrotándola sin que haya podido escapar ninguno y quedando el mismo Rodríguez prisionero, cuya misma suerte será tal vez la del comandante Simón o en caso de haber escapado, habrá sido solo ayudado de su mucha baquía, pues los del Valle, como tengo dicho, ocupan todos los caminos y se presentan armados en todas partes. De tal suerte que, para mandar un pliego a Rodríguez, me propuse enviarlo con veinticinco dragones bien montados y escogidos, y ni aún así pudo pasar hasta él. Añada usted a todo esto que la tropa que han batido en el Valle los enemigos, era toda la mejor; los que venían por Cartago eran del Batallón de la Victoria, y la que llevaba Rodríguez, que montaba a quinientos hombres, era la mayor parte los mejores hombres de caballería y la infantería escogida con lo más lucido de los oficiales, quienes puedo asegurar eran los primeros de todo el ejército. Me hallo pues sin la mejor oficialidad y tropa de esta división, que se ha reducido al número de gente que verá usted en el estado adjunto que incluyo (3) para que se persuada de la necesidad que tengo de gente para emprender cualquiera operación en un país en que todos son soldados y a quienes se han unido dos divisiones del ejército de Bolívar: la que obraba por La Plata y la que ha salido al Valle por Cartago. La división de Pasto, lejos de poderme ser útil, la he hecho marchar con anticipación hacia retaguardia para que no me sirviese de embarazo. Son todos los de esa división campesinos sin instrucción ni disciplina y lo que es peor, que su desarreglo no tiene sino muy pocos fusiles útiles, según me lo manifiesta su comandante don Estanislao Bellota. Aun con todo se pudiera haber sacado partido de ellos si hubiesen llegado en tiempo a Popayán; pero ni éstos ni ningún otro auxilio he recibido mientras he estado en Popayán. He pensado pues ocupar a Juanambú y defender su paso en caso que lo intenten los enemigos. Entretanto haré componer el armamento y poner algún orden en la división de Pasto, organizando todo lo demás con los auxilios que usted me ha mandado y los demás que espero de gente y dinero, que no tengo ninguno.         Con todo este conocimiento no tengo que añadir, sino que usted disponga de su afecto y seguro servidor que besa su mano. Sebastián de la Calzada.

 

Es copia. (Firma) Olivera.

 

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(3)               No está incluido.

 

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