Documento No. 134

De Zea a Vergara

Angostura, septiembre 24 de 1810 (8).

Mi querido Vergara. ¡Qué ajeno estarás tú de pensar que Santa Fe es libre, que bien pronto lo será todo el país, y que el ejército español ha sido completamente destruido! Te incluyo los boletines con la adjunta carta para mi mujer, a quien te ruego se los remitas para que los muestre a quien convenga (9). La gente de Santa Fe parecía loca de contento cuando entró el general Bolívar y apenas creían lo que estaban viendo. El virrey salió disfrazado con una ruana y sombrero de orejón. La mayor parte de los oidores salieron en borricos. Todo era consternación y espanto entre los españoles y empleados que emigraron. El oficial que dio en Santa Fe la noticia de la derrota, no se apeo del caballo diciendo a todos sus amigos que salieran volando, porque si no, eran cogidos. Así es que infinitos marcharon a pie, aun de los empleados superiores como —son los— oidores. La guarnición de Santa Fe era solo un batallón de reclutas llamados Voluntarios de Aragón. Huyó hacia Popayán y el virrey y los empleados hacia Honda. Se les persigue con empeño y no se duda que todos serán cogidos. Córdoba ha marchado a Antioquia en donde solo hay cincuenta hombres de guarnición. En Popayán hay muy poca tropa y bastará la columna que ha marchado a ocupar toda la provincia. Las de Tunja, Pamplona, el Socorro y pueblos colindantes están libres y las demás, excepto Cartagena, en insurrección. La de Santa Marta se ha hecho patriota y últimamente se descubrió una conspiración para sorprender los Castillos. En suma, la libertad de la Nueva Granada será la obra de muy pocos meses. Como el correo salió poco después de ocupada Santa Fe, ha habido muy poca correspondencia y más, estando todo el mundo fuera de si de alegría. Después de tantas noticias plausibles voy a darte dos bien tristes, la muerte en Santa Fe de tu tío Felipe y la que estamos aquí llorando de mi sobrino Uribe. Precisamente sucedió esta la víspera de llegar las noticias de Santa Fe. Todo el mundo ha manifestado el más vivo sentimiento por la muerte de un joven de tanto mérito y de tan extraordinarios talentos. Me he visto precisado a renunciar la vice-presidencia tantas veces, que al fin se me admitió y ha entrado en mi lugar el general Arismendi. Te aseguro que estaba ya loco con la tal dignidad suprema, que solo admití por complacer al general Bolívar. Estos destinos son malísimos en tiempo de revolución. Así me hallo ya libre para marchar a mi país y lo haría al instante, si no tuviera que mandar a toda prisa armas y municiones, a cuyo efecto aguardo dentro de doce o quince días cien mil pesos fuertes que en onzas de oro me ha remitido el gobierno.   — Hagan vuestras mercedes todo esfuerzo para mandar armamento, municiones y vestuario para veinte mil hombre que va a levantar Santander y que será el ejército permanente de la Nueva Granada. Todo el mundo sabe que nos sobra con qué pagar. Si acaso no has recibido los mil pesos que mandé por Trinidad a mi mujer, los recibirás bien pronto. Se detuvieron por enfermedad del conductor en Barrancas. Las calenturas que reinan este año en el río, son terribles. Poner pie en tierra y caer con ellas es una misma cosa. Díle al señor Peñalver que yendo hoy mismo Desmarquet para Santa Fe, no tengo tiempo de escribirle, que tenga esta por suya y cuente siempre con mi amistad. En pasando estos momentos de apuro te escribiré largamente sobre todo. El buque parte y no me queda tiempo para escribir a mi mujer. Remítele esta misma carta y tu que conoces las cosas y el país, puedes hacerla ver que nuestra suerte se ha mudado favorablemente y podemos contar con una fortuna considerable. Santander me dice que puedo estar seguro de que aunque vengan nuevas expediciones de España, jamás el país se volverá a perder. Tu sabes que Santander tiene talento y juicio. Soy tu apasionado. Zea.

Es copia.

(Firma:) Morillo.

 

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(8)              Anexo al documento Nº 123.

(9)              Anexo al documento Nº 123.

 

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