Documento No. 31

 

De Barreyro a Sámano

Molinos de Tópaga, julio 12 de 1819.

 

 

Excelentísimo Señor. — En la mañana de ayer me puse en marcha con cuatro compañías del 1º del Rey, seis del 2º de Numancia y tres de Dragones de Granada, cuyo total ascendía a novecientos infantes y ciento ochenta caballos, desde la posición que ocupaba de los Molinos de Tópaga a hacer un reconocimiento sobre los puntos de que tenía se hallaba el enemigo. — Al llegar al alto de puente de Gámeza que tenía ocupado desde el día anterior por dos compañías, hice alto para que la tropa hiciera un corto descanso y en seguida continué la marcha llevando al 2º batallón de Numancia de vanguardia. Este pasó el puente y se dirigió sobre el pueblo; y por el camino que viene de Tasco se dirigía una columna enemiga. Mandé hacer alto al batallón, y reconocidos que fueron, observé se dejaban ver otras columnas que se dirigían a atacarnos y cuyo número ascendería a dos mil hombres de infantería y ciento cincuenta caballos. Estos divididos en cinco columnas. — Como nuestras fuerzas eran mucho menor (sic) y estábamos dominados teniendo a nuestra retaguardia el desfiladero del puente, previne al teniente coronel don Juan Tolrá, comandante del 2º de Numancia, se retirase con su batallón a situarse de este lado del río. — El enemigo que observó este movimiento creyó sacar algún partido de él y persuadiendo a su tropa —que— era nuestra retirada, cargaron con la mayor intrepidez, dirigiéndose dos columnas a cortar al batallón antes que llegase al puente. Pero su jefe, con la serenidad y valor que tiene acreditado, pasó el desfiladero con el mejor orden, conteniendo al enemigo con solo la compañía de Cazadores. — Este cuerpo se formó en batalla sobre la falda frente al río, quedando la compañía de Cazadores sosteniendo el puente. — La posición que ocupábamos es la vertiente de la sierra que forma el río Gámeza opuesta a la en que está situado el pueblo de este nombre, que lo es sumamente dilatada y en su extremidad superior está el páramo y camino de Tasco. Esta falta está repartida en pequeñas quebradas y limosidades de un terreno barrancoso. — Los enemigos formaron sobre el pueblo y yo distribuí mis tropas en esta parte. Ambas posiciones presentaban ventajas en sus defensas, pero siendo mayor la del enemigo, me estuve en observación de sus movimientos. Este, resentido de que solo una compañía (de Cazadores) los había contenido, mandó cargar la mayor parte de sus fuerzas y por diferentes veredas se dirigieron al puente y río que pasaron en gran número. Pero el batallón de Numancia los cargó inmediatamente haciéndoles arrepentir de su atrevimiento, pues les obligó a repasarlo dejando en sus laderas porción de cadáveres; a lo que —ha - ayudado la compañía de Granaderos del 1º del Rey que, situada en una meseta sobre el barranco que dominaba el puente, les hizo un estrago horroroso. La compañía de Cazadores y la 6ª de Numancia continuaron la carga llevando arrollados a los rebeldes hasta la inmediación de su reserva que estaba situada sobre la falda del pueblo. — Viendo los enemigos que los ataques que nos habían dado habían sido infructuosos y creyendo no teníamos más fuerzas que el batallón de Numancia, pues el del Rey lo había dejado oculto detrás de un pequeño volador en disposición de cargar a la bayoneta y la caballería en el alto igualmente encubierto, redobló un ataque y empleó en ello todas sus fuerzas; de modo que en un momento nos vimos atacados por el frente y flanco derecho. Aquel fue reforzado por cuatro compañías del 2º de Numancia y éste por dos del dicho batallón y la de Cazadores del Rey que marchó por retaguardia de nuestra línea y los envolvió, haciéndolos dispersar. Este choque puede llamarse el término de la acción que por todo duró cinco horas de un fuego vivísimo, pero los enemigos en el mayor desorden no se atrevieron a continuar sus ataques y emprendieron su retirada hacia el pueblo, dejando algunos tiradores a cubierto de una quebrada que sostenían su movimiento. En este momento, si el terreno no hubiera sido tan quebrado, hubiera sido terminada la acción con la caballería que por esta causa no pudo obrar. — Los enemigos han tenido una pérdida considerable. Más de ochenta muertos se han contando en el campo sin haberlo podido hacer de otros muchos que cayeron en el río y barrancas. Se están recogiendo fusiles, llegando a ciento los ya reunidos. Han tenido además porción de prisioneros y dispersos que han aprehendido y me han presentado los indios de los pueblos inmediatos. Nuestra pérdida, si atendemos al aprecio que debemos a nuestros soldados, es de mucha consideración; pero en razón del vivísimo y largo fuego que sostuvieron, es bien corta. El adjunto estado (1) impondrá a Vuestra Excelencia del pormenor de ella. Los señores jefes, oficiales y tropa se han disputado el honor de combatir al enemigo, excediéndose de los límites del deber. Por consiguiente todos, todos son muy acreedores a ser recompensados. A pesar de ello debo hacerle a Vuestra Excelencia encarecidamente del bizarro oficial muerto don Juan Bautista Reyes y de los heridos capitán don Benito Fernández y subteniente don Ángel Flores; del teniente coronel don Juan Tolrá, que por cubrir el servicio de aquel día el batallón de su mando, se hallaba en la vanguardia y fue el que sostuvo todo lo fuerte de la acción; del teniente coronel comandante del 1º del Rey, don Nicolás López, que fue fuertemente contuso; del jefe del Estado Mayor, teniente coronel don Sebastián Díaz; de los capitanes del batallón del Rey, don Vicente Gallardo y don Joa­quín del Campo, de las compañías de Granaderos y Cazadores; del teniente de ésta, graduado de capitán don Manuel Melián; del capitán de la 6ª del 2º de Numancia, don Martín Echagaray; del teniente de Cazadores del mismo batallón, don Manuel Mayoral, y subtenientes don Vicente Ruiz y don Encarnación Trujles (?) y del teniente del batallón del Tambo, don Agustín Ordóñez, que en clase de oficial del Estado Mayor desempeñó las comisiones que se le confiaron con el mayor acierto y valor. — Varios sargentos, cabos y soldados han hecho acciones del mayor mérito y tan luego como reciba las noticias de ellos las pasaré a Vuestra Excelencia para su debido conocimiento. — El enemigo, escarmentado y desengañado que la presencia de sus jefes Bolívar, Santander, Anzoátegui, Soublet, Donato Pérez y otros que ignoro sus nombres, no son suficientes ni capaces de arrollar soldados tan valientes como son los que componen la 3ª división del ejército, se han retirado llenos de vergüenza y consternados; por el contrario, nuestra tropa ha visto cuán despreciable es el enemigo que tiene que destruir enteramente y para conseguirlo solo necesita de pequeños esfuerzos. — Dios guarde a Vuestra Excelencia muchos años. — Molinos de Tópaga, 12 de julio de 1819.— Excelentísimo Señor. — José Ma­ría Barreyro. — Excelentísimo Señor don Juan Sámano.

 

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(1)     Documento Nº 32.

 

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