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Documento No. 45
De Barreyro a Sámano
Pantano de Vargas, julio 26 de 1819.
Excelentísimo Señor. Situado al frente de los enemigos en los potreros de Bonza, solo esperaba que dejasen sus inatacables posiciones para libertar de un todo este país de los disturbios que en él han ocasionado. En el día de ayer supe que habían pasado el valle y se dirigían sobre el Salitre. Dispuse al momento que el batallón del Rey y la caballería corriesen a impedir el que se posesionasen de aquél, lo que efectivamente se consiguió desalojando su caballería que estaba ya situada en él. La división continuó su marcha hasta alcanzar al enemigo en el Pantano de Vargas. Aquel hizo alto y tomó posesión en los cerros del este que están dominados por otros mayores. Me situé en una pequeña altura frente de su posición y, reconocida ésta, di la orden al teniente coronel don Nicolás López para que con su batallón pasase a tomar los cerros a la espalda del enemigo y cayese por su retaguardia. Este bizarro cuerpo, a pesar de lo escabroso del terreno y la multitud de enemigos que acudieron a impedirle el paso, se apoderó de todas las alturas con la misma prontitud que si no hubiese hallado obstáculo, destruyendo a la bayoneta cuantos osaron a hacerle frente y poniendo en vergozosa dispersión a los demás. En este estado, no pudiendo contener el ardor de la tropa, di la orden a la compañía de Granaderos del 2º de Numancia para atacar, lo que ejecutó desalojando al enemigo de sus posiciones con una bizarría inexplicable y sin detener su marcha. En vano empleó el enemigo sus reservas para volverla a ocupar, pues la 1ª compañía del mismo batallón, rivalizando en valor con la de Granaderos, los contuvo y precipitó nuevamente a la hondonada (dice hondana) en que se hallaban reducidos. La columna de reserva recibió la orden de flanquearlos y la caballería de cargarlos en el desfiladero por donde se hallaban precisados a retirarse. Su destrucción era inevitable y tan completa que ni uno solo hubiera podido escaparse de la muerte. La desesperación les inspiró una resolución sin ejemplo. Su infantería y su caballería, saliendo de los abismos en que se hallaban, treparon por aquellos cerros con furor. Nuestra infantería que por un ardor excesivo y por lo escarpado de la posición se hallaba desordenada, no pudo resistir sus fuerzas; sin embargo, les disputó a palmos el terreno y cedieron la posición al enemigo después de la más obstinada defensa. Reforzadas por otras dos compañías de la reserva, tres veces tomaron y perdieron a la bayoneta la misma posición. Por desgracia, otras cuatro compañías que debieron reforzar las anteriores se extraviaron y no llegaron a tiempo, por lo que me vi precisado a destacar los Granaderos, 6ª y 4ª de Dragones para que contuviesen al enemigo, lo que verificaron echando pie a tierra y unidos a la infantería lo estrecharon nuevamente en su posición. Aún no desconfiaba de su total exterminio pues el batallón del Rey debía caerles por su espalda; pero a este le faltaron las municiones y no pudieron seguir por lo escabroso del terreno. Un fuerte aguacero impidió la continuación del fuego y sobreviniendo la noche, me vi precisado a reunir las tropas y, tomando posición sobre el mismo campo, esperar las municiones de que estaba enteramente la tropa desprovista. La pérdida del enemigo fue horrorosa, la desesperación precipitó sus jefes y oficiales sobre nuestras bayonetas en las que recibieron los más una muerte que tienen tan merecida, y sin el excesivo ardor de nuestras tropas que ocasionó la desunión, los insurgentes de Costa Firme hubieran sido totalmente destruidos en el día del Patrón de las Españas. La infantería hizo prodigios de valor. No hubo un soldado, un oficial ni un jefe que no se señale con acciones heroicas. El terreno no permitió a la caballería dar muestras de su ardimiento pero sufrió un fuego horroroso de que muchos fueron víctimas, y la compañía de Granaderos y 6ª se distinguieron haciendo el servicio de infantería como tengo insinuado. Nuestra pérdida fue de poca consideración y luego que los cuerpos me pasen los estados de ella, tendré el honor de ponerlo en conocimiento de Vuestra Excelencia. Los enemigos se retiraron con la noche a media legua de su posición, teniendo el frente, la espalda y el flanco derecho cubierto de un pantano inaccesible y apoyando su izquierda en alturas casi impracticables. Tengo observado que Bolívar, poco satisfecho de la buena voluntad de sus tropas, elige siempre posiciones sin salidas para que la desesperación produzca los efectos del valor. Como la conducta heroica de la oficialidad y tropa ha sido en general, no se puede hacer mención particular de alguno. Así, solo propondré a Vuestra Excelencia los que creo más acreedores a ser premiados, no habiendo individuo que no lo sea a la consideración de Vuestra Excelencia. Estoy reconociendo el campo y recogiendo a cargas los fusiles. Dios guarde a Vuestra Excelencia muchos años. Campo del Pantano de Vargas, julio 26 de 1819. Excelentísimo Señor. José María Barreyro. Excelentísimo Señor don Juan de Sámano. P. D. Son las 11½ de la mañana y el enemigo hace movimientos retrógrados que seguiré luego que me entere de su dirección. Barreyro.
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