Santafé de Bogotá en 1811

 

Don Antonio Nariño llegó de su destierro en Cartagena el 8 Diciembre de 1810. Su familia y sus amigos le recibieron ciudad natal con júbilo y aplausos.

Había estado ausente trece meses y como es natural ansiaba verse en el seno de su familia y entregado á sus estudios favoritos. Con ese objeto se retiró á su quinta en las orillas del río Fucha.

Sin embargo sus conciudadanos no quisieron dejarle tranquilo, así fué que no se habían pasado quince días después de su llegada, cuando se reunió el primer Congreso Neo-granadino, y el 22 de Diciembre le nombraron, junto con don Crisanto Valenzuela, Secretario de aquella Corporación. (1)

La situación de los ánimos en la Colonia que había dado su primer paso en la vía de su emancipación era anormal y agitadísima, de manera que gran número de sus habitantes no sabía qué opinar y qué decidir. Ese mismo 22 de Diciembre hubo en Santamarta una contrarevolución. En el Sur de la República la mayoría de su población optaba por el Rey; con ese motivo el Gobernador español pudo facilísimamente declarar rebeldes á los que se habían sublevado y castigarlos severamente.

Entretanto el Congreso de Bogotá, que sólo tenía representantes de unas pocas poblaciones del país, sólo se atrevió á  desconocer al Consejo de la Regencia, pero de ninguna manera se declaró independiente y soberano como lo deseaban los más exaltados patriotas. En realidad aquellos bizoños legisladores no sabían qué hacer y cada cual tenía una opinión diferente acerca de la forma de Gobierno que debían escoger.

Desde el principio hubo una divergencia de opiniones entre don Camilo Torres, que opinaba por el federalismo, y don Antonio Nariño que ahogaba por el centralismo. Ya desde Cartagena así lo había declarado en un escrito que comunicó la Suprema Junta de aquella ciudad. (2)

La anarquía empezaba á sentirse dentro de los mismos Poderes legislativos. Las Juntas provinciales ejercían su autoridad en todas las ciudades en donde se habían reunido y la de Bogotá desconoció los Decretos y Leyes que daba el Congreso reunido allí mismo, y la agitación era extrema en la capital del nuevo Estado. Varios Diputados que deseaban fundar una Federación dejaron sus puestos vacantes en el Congreso. Continuamente corría la voz de que se tramaban conspiraciones de los realistas y partidarios de José Bonaparte. La llegada á Santafé del enviado de Venezuela, el Presbítero doctor Cortés Madariaga, distrajo un tanto los ánimos de los santafereños que se sentían apoyados por sus hermanos de Venezuela, que antes que ellos habían sacudido el yugo español, lo cual aún había muchos granadinos que consideraban como acto inaudito y pecaminoso. El ejemplo de los caraqueños fué entonces utilísimo para dar valor á los que se sentían flaquear ante las gravísimas responsabilidades que habían asumido.

El 27 de Marzo la Junta Provincial eligió Presidente al hidalgo don Jorge Lozano, Presidente de lo que se llamó, Estado de Cundinamarca. Este caballero que se había educado en España y era instruido y muy patriota redactó un proyecto de Constitución, basado, como era natural en aquellos tiempos, en la tan renombrada de los Estados Unidos, pero que no era por cierto adecuada á un país tan atrasado como lo era éste en 1811. (3)

¡Desde entonces se han promulgado infinidad de Constituciones tanto en los Congresos reunidos en la capital de la República como, en la época de la federación; en cada Estado Soberano y sin embargo ninguna ha dejado contentos á los pueblos! ¿Quién tiene la culpa? No ha sido de los que se han desvelado construyéndolas, pues por cierto no es patriotismo, buenas intenciones y talento lo que ha faltado. La culpa de nuestros males está en la raza indómita, heterogénea, compuesta de naturalezas diferentes y antagonistas que puebla esta infeliz República!

La noticia del triunfo de don Antonio Baraya, enviado por el Gobierno de Cundinamarca á atacará Tacón en el Cauca, primer hecho de armas de los patriotas, produjo muy buena impresión en Santafé.

Pocos días después, en el mes de Mayo, se promulgó solemnemente la nueva Constitución y después la abolición de los estancos, cosa que regocijó muchísimo al pueblo, el que poco ó nada entendía de Constituciones, pero sí particularmente de lo que concernía á su bolsillo, el cual se libraba de ciertas contribuciones con la abolición de aquellos impuestos.

Nariño entretanto ganaba estupenda popularidad con la publicación de un periódico redactado por él en forma exigua, pero con un estilo incisivo, irónico y chistoso que llamó muchísimo la atención. (4)

El Presidente Lozano había nombrarlo á Nariño simplemente Corregidor de Santafé. Empleo subalterno que no contentaba á su natural ambición, ni satisfacía á sus numerosos amigos, que deseaban verle en un puesto en donde pudiera lucir sus talentos y poner en práctica los proyectos que durante diez y seis años había elaborado, con los cuales tanto él como sus partidarios pensaban que se haría la felicidad de su patria y le darían libertad, progreso y nunca oídas prosperidades.

Nariño seguía su labor en la Bagatela, criticando la Constitución que había promulgado Lozano y pintando él por su parte la clase de gobierno que pensaba convenía á su patria. (5) Todos escuchaban su voz con respeto y confianza en su dictamen á ojo cerrado. Retrasa sin embargo á muchos las manifiestas ideas hasta cierto punto imbuídas en las enseñanzas antirreligiosas de los Enciclopedistas franceses en que había educado su espíritu y que tenían grandísima influencia en el de todos los patriotas de aquellos primeros tiempos de nuestra Independencia.

El Arzobispo nombrado en España como sucesor del señor Fernando de Portillo, era el Ilustrísimo Juan Bautista Sacristán. Desgraciadamente el señor Sacristán tardó tanto en ponerse en marcha hacia América, que cuando al fin llegó á Mompós recibió una orden del nuevo Gobierno instituído en Santafé para que no continuase viaje á Cundinamarca sino que se devolviese á Cartagena. Obedeció el señor Sacristán, retrocediendo; pero en lugar de permanecer en Cartagena se estuvo en el pueblo de Turbaco haciendo las veces del Párroco de aquel lugar, por estar gravemente enfermo el Cura, Naturalísimo tenía que ser que el nuevo Arzobispo venido de España no viese con buenos ojos la situación del virreinato que, apesar de que había proclamado que obedecería Fernando VII, se comprendía que aquello tenía que ser una farsa para ganar tiempo, y probablemente debió de expresarse contra la revolución del 20 de Julio y naturalísmo también sería que los patriotas no vieran bien á un Prelado que traería á su grey ideas monarquistas y contrarias á las que ellos habían preconizado. ¿Qué tiene, pues, de extraño que el nuevo Gobierno se empeñase en querer obligar al señor Sacristán á que reconociese esplcitamente el nuevo orden de cosas, ni qué más natural que el buen Sacerdote se negase á ello? Aquello levantó grandísima polvareda en que se metieron griegos y troyanos y produjo grandísimas críticas por unos y desavenencias por todos. Nariño en la Bagatela tomó parte en la discusión y se manifestó acerbo impugnador del Arzobispo y de cuantos le defendían é inspirado por sus antiguas lecturas salió á relucir Alejandro VI para declarar que este Papa no pudo ni tenía derecho de señalar cual debería ser el imperio de los españoles en el Nuevo Mundo y por consiguiente tampoco se debería aceptar al Prelado que de la Metrópoli española nos mandaban. En son de defender la moral y las buenas costumbres, ataca por parejo al Clero hasta asegura que todos los Sacerdotes han sido enemigos de la revolución del 20 de Julio. En esto se equivocaba grandemente, porque si es cierto que había muchos miembros del Clero que rechazaban la revolución, la gran mayoría de ellos eran patriotas decididos y habían tomado señalada parte en los trabajos políticos que tuvieron por consecuencia la Independencia de España.

¿Quién se equivocó? Se va á concluír el primer Centenario después del famoso 20 de Julio de 1810 y aún nos encontramos con este dilema ¿sería necesaria la Independencia para la dicha de este país? Quién lo podrá decir al contemplar las desdichas de la desgraciada Colombia, hoy día en que se ha perdido hasta la esperanza de conquistar algún bienestar y progreso!

 

(1)
El señor Groot en su Historia eclesiástica dice que las reuniones del Congreso tuvieron lugar en una casa que tenían las Monjas de la Enseñanza frente á la Catedral y que nunca les pagaron el alquiler. Sin embargo en el Acuerdo del Congreso publicado en el Precursor, se dice que las sesiones tenían lugar en el Palacio Consistorial.
(2)
Véase: Vida y escritos de don Antonio Nariño, publicados por J. M. Vergara y V. Este documento no fué publicado en la Biblioteca de Historia nacional.
(3)
Véase un estudio sobre ella en el Derecho público interno (página 46) primer tomo por J. M. Samper.
(4)
Vamos á dar algunas muestras del estilo de la tan elogiada Bagatela, para que se juzgue de lo que entonces se considera grandísimo brillo en el decir. En el primer número finge una carta de UN FILOSOFO SENSIBLE Á UNA DAMA SU AMIGA.
"Tú eres un tesoro escondido mi querida amiga: pues si hubieras nacido en Atenas hubieras frecuentado, como Aspasia y Lais, la escuela de Sócrates; vives ignorada entre nosotros; pero ¿para qué necesitas que te conozcan los que no pueden dignamente admirarte?............... La razón de no haberte escrito antes ha sido porque, aunque las cosas se mudaron, no por esto hemos estado más seguros de poder decir la verdad impunemente, ni aun en las correspondencias privadas. (*) Bien sabes lo que son los hábitos de corrupción en un gobierno; el corazón humano no se desprende de sus preocupaciones con mudar á los gobernantes; todos los vicios del antiguo gobierno continuaron y hemos visto después de nuestra trasformación abrirse las correspondencias con un descaro increíble y formarse cargos y prisiones de los secretos de un amigo para con otro............... Nuestra revolución fué justa, justísima; Pero la justicia de la causa no prueba que las cosas vayan justamente.
"El desorden en que vivimos hace ocho ó nueve meses y algunas cosillas de que aún no nos vemos libres, han hecho pensar á algunos que nuestra trasformación fué prematura. Prescindo de que nuestros mismos tiranos nos forzaron con sus impolíticos é inicuos tratamientos, multiplicados al propio tiempo que ya era de su propio interés el aflojar. ¿Qué habríamos adelantado con vivir otros cien ó doscientos años más en la esclavitud? Embrutecernos más, acabarnos de persuadir que el americano y el africano han nacido para servir á un puñado de europeos porque aprendieron á matar y á engañar antes que nosotros............... Depender un mundo entero de un puñado de hombres con el Océano de por medio y ser un gobierno suave, es una paradoja que no cabrá en la cabeza de un negro de Africa, silo dejan pensar..............."
Más lejos explica elogiando en qué consiste el Gobierno que considera "el más perfecto que se ha conocido en el mundo, trazado por una mano americana. Su concisión, su estilo y el crédito del autor testigo de vista, lo hacen doblemente recomendable."
Era entonces la República de los Estados Unidos considerada con la norma y el ejemplo que deberían seguir las nacientes Repúblicas hispano americanas.
Más lejos añade:
"............... Yo no pretendo hacer la censura de mis compatriotas, cuando me quejo de que nuestro gobierno no tenga el grado de perfección que yo deseo y que espero tendrá algún día, según nos promete el modo de pensar libre y sano de nuestra juventud. Cualquiera que conozca los autores y que se ha hallado en estado de oír sus discusiones, no puede dudar de sus disposiciones á hacer lo mejor posible; pero desgraciadamente la pluralidad de los hombres, por la mayor parte entrados en edad, no pueden persuadirse que ciertas máximas, que ellos están acostumbrados desde su niñez á mirar como excelentes, puedan ser perjudiciales; visto que su propia tranquilidad les había impedido creerlas tales en el antiguo gobierno."
Hé aquí el dictamen que emite Nariño acerca del gobierno que convenía en aquel tiempo en la Nueva Granada.
"Yo me figuro, dice, para decretar á mí gusto, que soy un soberano con los plenos poderes de todo el Reino y que tengo mi trono, como el gran Lamar, en la punta de un cerro. Como mi idea no es la de gobernar á mi gusto, sino de que se gobiernen al suyo mis amados granadinos, doy orden para que vengan Diputados de las Provincias y me expongan su voluntad en un Congreso que yo presidiré.
"Llegan los Diputados á las faldas de mi trono: se señala el día y la hora del Conclave (porque por ahora hacemos poco caso de los términos) y tomando la voz el más sabio, ó el más atrevido, me expone á nombre de todo el Colegio: 'Que la voluntad general quiere que todas las Provincias por sus límites viejos se erijan en Estados Soberanos independientes, no sólo de España y demás potencias europeas, sino hasta de su antigua capital; que se unan por medio de un Congreso federativo, que sólo conozca de paz y guerra; y que á los pueblos que no quieran seguir su ejemplo (esta es la fábula de los cangrejos) se les obligue por la fuerza á vivir sujetos y dependientes de sus antiguas matrices.'
"Oída la expresión de la voluntad general y en virtud de la soberanía que me he supuesto y de los plenos poderes que con igual título tengo de todo el Reino, mando: que todas las Provincias sean de hoy en adelante Estados Soberanos independientes, que no sólo se reconozcan tales unos entre otros, porque así les tiene cuenta, sino que los reconozcan también todas las potencias de Europa, el Emperador de China y el gran Kan de los tártaros; que se unan por un Congreso federativo que conozca sólo de paz y guerra; y que al pueblo que quiera seguir su ejemplo, se le castigue por querer seguir un disparate.
"Con este mi soberano decreto se retiraron los Diputados de todas las Provincias muy contentos; y yo creyendo haber vaciado en él toda la sabiduría humana, determiné entregarme al sueño de Epimérides y no despertar, como este sabido, hasta pasados 57 años, para ver ya floreciendo mis Provincias. Pero no sé cuántos años, meses ó días había dormido, cuando me vinieron á despertar, avisándome que ahí estaban otra vez los Diputados de las provincias y que pedían audiencia.
"Hasta el domingo inmediato respondí..............."
Continúa en el número 4.
"Llegó el domingo señalado para el segundo Congreso y después de las ceremonias de estilo en casos semejantes tomó la palabra uno de los Diputados y dijo:
'Muy alto, muy elevado y por nuestra voluntad muy poderoso señor, yo nombre de toda esta ilustre Asamblea vengo á haceros presente que de nada nos sirvió vuestro soberano decreto; pues aunque de derecho quedamos todos erigidos en Soberanos Estados, en el hecho nos hemos hallado tan embarazados que no ha sido posible atar ni desatar. ¡Cuántas veces, señor, hemos suspirado por vuestro soberano poder: Si como nos hicísteis la gracia de hacernos con un solo Decreto, nos hubiérais con otro dado rentas, creado tribunales, organizado una milicia, levantado Escuelas, Colegios y Universidades para formar los hombres de que carecemos, creed, señor, que nuestro agradecimiento y nuestra soberanía habrían sido completos. Mas habiéndonos encontrado, como muchos doctores, con el título y sin la ciencia, no nos queda otro recurso que el de venir á echarnos á vuestros pies, é implorar con lágrimas en los ojos ese poder creador, para que con un nuevo decreto supláis nuestras faltas. ¿No podrá, elevado señor, crear jueces, magistrados, legisladores, militares, filósofos, el que ha podido convertir unas pobres Provincias en Estados Soberanos?
'Esperamos, pues, muy alto, muy elevado y muy poderoso señor, que con la misma facilidad con que nos otorgásteis la gracia mayor, nos otorguéis esta menor, que humildemente os pedimos.'
Calló el vehemente orador, y según el fuego con que hablaba lo creí íntimamente persuadido de que esto de hacer soberanías, magistrados, legisladores, militares y filósofos, era soplar y hacer botellas; y yo por la primera vez de mi vida me hallé embarazado con mi soberanía. Pero tomando un poco de resuello, con aire que dan los altos puestos:
'Señores, les dije, mi corazón está dispuesto á serviros en cuanto me pidáis: deseo daros gusto y si fuera tan fácil hacer vuestra felicidad, como lo es complaceros, creedme, desde hoy seríais felices. Ya voy á daros el nuevo decreto que me pedís: voy á mandar que de hoy en adelante no sólo haya en vuestras Provincias, convertidas ya en Estados Soberanos, jueces, magistrados, legisladores, militares y filósofos, sino que las de temperamento frío produzcan plátanos, caña de azúcar, y las tierras calientes trigo, papas y también alcachofas, para que nada os falte...............'
-'Pero, señor, dijo otro de los Diputados interrumpiéndome, y la tierra producirá estos frutos con vuestro decreto?'
-'Lo mismo, le contesté, producirá esos frutos la tierra, que el que vosotros, de la noche á la mañana os encontréis con hombres y recursos para sostener la soberanía de unas Provincias que carecen de todo, menos de voluntad para ser soberanos; pero como mi deseo es daros gusto ¿qué importa que en el hecho no nazca el trigo, ni los plátanos, ni tengáis legisladores, ni rentas, si lleváis los títulos para tenerlo todo, aunque sea de aquí á cincuenta años?'
-'Y si entretanto un enemigo nos ataca?'
-'Cómo os ha de atacar, poseyendo vuestra soberanía con unos títulos auténticos y reconocidos por todos hasta del Preste Juan de las Indias?'
-'Pero supongamos que sin repararen nuestros derechos, ni en estos títulos auténticos, de hecho nos ataquen. En este caso, no hay duda............... nos vencerán; pero nos venerán con injusticia y con la misma nos podrán también poner á trabajar las minas de los vencedores.'
Aquí se quedó todo en silencio y mis Diputados no hacían más que mirarse los unos á los otros. Ya creía yo caer en mí sueño anticipadamente, cuando el mismo preguntón se paró y mirando antes á sus compañeros, como para captarse su beneplácito:
-'Soberano señor, me dijo, supuesto que nosotros con toda la bambolla de nuestros títulos y derechos podemos ser oprimidos por el primero á quien se le antoje atacarnos, y que este antojo es muy probable que pronto se verifique, nos reducimos á renunciar nuestros legítimos y vanos derechos y á que se forme un gobierno en la capital, único y soberano, con tal que no haga leyes con efecto retroactivo, ni nos vaya á pedir cuentas de lo pasado; sino que todo deba comenzar de nuevo, pues con esto quedaremos gustosos.'
'Ya os he dicho, les contesté, que mis únicos deseos son el complaceros y así, supuesta esta firme resolución, ordeno y mando: que se admita la renuncia de los legítimos y varios derechos que querían ejercer las Provincias de la Nueva Granada, sin tener todavía fuerzas para ello; que todas las cosas vuelvan y se pongan in statu quo (este terminillo latino-diplomático tiene su busilis); que no se hagan leyes con efecto retroactivo, ni se pidan cuentas de lo pasado, sino que todo comience de nuevo como si hoy fuera el primer día de la creación del mundo...............'
11 de Agosto de 1811.
¡Quién lo creyera! No me parece que habría dormido medio lustro, cuando se vuelve á interrumpir mi sueño con la llegada de nuevos Diputados. ¿Qué es lo que quieren esos señores, dije montado en cólera á mis criados? ¿Qué es lo que quieren otra vez?............... ¿No les he concedido últimamente el gobierno á que están acostumbrados y el más propio para mantenerlos en su amada servidumbre? ¿No les he decretado á su gusto cuánto me pidieron?...............
Pero sosegándome luego y reflexionando, como buen soberano, que más hacían ellos con venir á pedirme dictamen, que yo en dárselo, mandé que entrasen.
'Perdonad, elevado señor, me dijo un anciano Diputado, perdonad el que tan frecuentemente te estemos interrumpiendo el sueño con nuestras demandas: esta es la suerte de los que se hallan en la altura en que vos os halláis por nuestra voluntad, y pues vos mismo os habéis impuesto esta carga, llevadla con paciencia.
'Nuestras desgracias, nuestras aflicciones y temores se aumentan todos los días............... Apenas amaneció la aurora de nuestra libertad, cuando se oyó por todo el Reino la voz Federación; voz vaga, aunque general, porque no se le asignó el verdadero significado, que conforme á nuestra situación le convenía. Todas las Provincias, mayores y menores, quisieron ser Estados Soberanos independientes, llevadas del entusiasmo que justamente tenían por el gobierno de la América inglesa; pero sin advertir ni reflexionar si estábamos en el mismo caso y circunstancias. Ocurrieron á vos, poderoso señor, para ponerlo en ejecución, y aunque les concedisteis, por vuestra bondad, aún de lo que os pedían, la experiencia les hizo ver que no era lo mismo decretarse la soberanía que ejercerla, y llevar con acierto todos los importantes puestos que pide la formación de un nuevo gobierno; que formar una sabia y adecuada Constitución, con hombres capaces de llenar todos los ramos de la administración, no era esa obra del momento, ni podría verificarse todavía en unas Provincias que, por el régimen del antiguo sistema de opresión y de ignorancia, carecían no sólo de Escuelas y Colegios para la instrucción, sino hasta de los libros aparentes por haber quemado la Santa Inquisición cuantos llegaban á nuestras costas. Así fué que desengañados por una parte de poder abrazar el sistema anglo-americano y temerosos por otra parte de verse envueltos en una guerra civil ó de caer en manos de algunos extranjeros, vinieron á vos y renunciando sus incontestables, aunque infructuosos derechos, os pidieron que el gobierno se centralizase erigiendo una Soberanía en la capital á que todas las Provincias quedarían sujetas. Vos les admitisteis la renuncia y decretásteis que las cosas quedasen in statu quo, con sólo ciertas pequeñas condiciones.
'Esto fué pasar de un extremo á otro: nada hemos adelantado, hemos mudado de amos, pero no de condición. Las mismas leyes; el mismo Gobierno con algunas apariencias de libertad, pero con los mismos vicios, los mismos obstáculos y arbitrariedades en la administración de justicia; las mismas trabas en el comercio; las mismas dificultades en los recursos; los mismos títulos, dignidades preeminencias y quijotismo) en los que mandan: en una palabra, conquistamos nuestra libertad para volver á ser lo que antes eramos.''
(*) Efectivamente algunas semanas antes había tenido noticia el Gobierno que algunos caballeros (don José María Gutiérrez y José María Salazar) habían escrito cartas sediciosas contra el Gobierno y por ese motivo fueron avistados. (Véase Patria Boba, página 135).
(5)
En otro número de la Bagatela decía:
A mi me parece que se puede conciliar muy bien la voluntad general con una forma de gobierno enérgico y capaz de salvarnos de los peligros que por todas partes nos amenazan. El deseo que se ha manifestado generalmente por la federación de las Provincias, no sólo es un entusiasmo por el gobierno adoptado en la América inglesa, sino que es un grito de la naturaleza los grandes Estados no pueden ser libres sino bajo de este sistema y mucho menos donde la pobreza, la ignorancia y una población diseminada en un inmenso terreno disponen á la servidumbre. Pero el sistema de convertir nuestras Provincias en Estados Soberanos para hacer la federación, es una locura hija de la precipitación de nuestros juicios y de una ambición mal entendida. Vosotros lo habéis visto, lo habéis palpado en el dilatado año que llevamos bregando con esta quimera; yo apelo á vuestro mismo testimonio. ¿Qué Constituciones tienen las Provincias? ¿Qué legislaturas tienen, ni pueden todavía tener? ¡Querer establecer una forma libre de Gobierno con las leyes del despotismo, es querer formar un centauro político! Y querer formar otros tantos Códigos como tenemos Provincias, sin tener hombres para formarlos, es querer coger las estrellas con las manos. No es la extensión del terreno, no es la población, no son las riquezas ni las luces las que forman la fuerza de un Imperio por sí solas; la suma total de todas estas cosas forman su fuerza; y si nosotros, en lugar de acumular nuestras luces, nuestras riquezas y nuestras fuerzas las dividimos en otras tantas partes como tenemos de Provincias ¿cuál será el resultado? Que sí con la suma total de nuestros medios apellas nos podremos salvar, dividiéndonos nuestra pérdida será tanto más probable cuanto mayor sea el número de partes en que nos dividimos.
Me parece que si las Provincias nombraran Representantes por un número dado de sus poblaciones; que estos Representanes escogidos entre los más ilustrados de cada Provincia viniesen á la capital, no á formar un Congreso sino un Cuerpo legislativo, el Supremo Poder Ejecutivo y el alto Poder Judicial; y que las Provincias se reservaran el nombramiento de los empleados para la ejecución de estas mismas leyes en su Distrito, la recaudación de sus rentas y la organización de su milicia, todo con arreglo á ellas, se llenarían todas las indicaciones. Las Provincias nada perderían tic sus incontestables derechos, porque el alto Gobierno se compondría indistintamente de sus Representantes, las leyes serían hechas por ellos con conocimiento, de todas las localidades y su ejecución particular quedaba reservada á cada Provincia............... Ví entre sueños...............  que se ratificaba una Constitución republicana, aristocrática, electiva (de entre los mismos Diputados) que se nombraban los sujetos que debían ocupar puestos del Cuerpo legislativo, del Poder Ejecutivo y de la alta Corte de Justicia. El Congreso se disolvía, la gran Legislatura comenzando sus funciones se divide en tantas secciones cuantos son los ramos más urgentes de su Despacho, sus deliberaciones son públicas y sus primeras leyes hablan de una milicia bien organizada, del arreglo del Tesoro y de las costumbres públicas y privadas. El espíritu público se animaba, crujían las imprentas sociedades de distintos ramos se levantaban por todas partes y la Administración de Justicia, simplificada por el método de los jurados aseguraba á los ciudadanos contra la arbitrariedad de los jueces.
Vuelvo lo ojos á las Provincias y las veo ocupadas en nombrar sus Magistrados para la ejecución de las leyes comunes, en crear Escuelas de primeras letras, de dibujo, de agricultura y las que pueden, sus Colegios y Universidades; las veo pedir imprentas, formar también sociedades patrióticas, tratar de la apertura y composición de caminos y organizar una milicia por compañías para no distraer al labrador ni al artesano de sus útiles tareas.
Tiendo finalmente la vista por todo el Reino y veo la concordia, la abundancia, la libertad y la alegría dándose el ósculo de Paz. Todas las virtudes sociales y domésticas las veo brotar como las hojas de los árboles después de un crudo invierno. Cada ciudadano es un monarca, y soy libre, dice, tengo asegurada mi subsistencia en mi trabajo; mis hijos crecen á la sombra de un Gobierno justo; sus sabias leves los ponen á cubierto de la corrupción de las Costumbres y muero Contento.
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