Campaña del Sur de 1813 a 1814

 

Los patriotas habían desocupado á Popayán y se iban retirando paulatinamente sobre Cartago, en donde se detuvieron aguardando auxilios que esperaban de Cundinamarca. Viendo que éstos no llegaban abandonaron aquella ciudad en vísperas de que la ocuparan las tropas realistas con quienes tuvieron algunas escaramuzas antes de atravesar el Quindío. Allí se desbandó casi toda la tropa de los patriotas que comandaba el General francés Manuel R. Serviez, de manera que éste no llegó á Ibagué (enjulio de 1813) sino con veinte Oficiales subalternos y otros tantos individuos de tropa. En Ibagué se unieron al Coronel José María Cabal, el cual tenía alguna gente de la que había sacado del Valle del Cauca. (1) Allí se detuvo aquella tropa disciplinándola sus Jefes, hasta que éstos tuvieron noticia del arribo del General Nariño á la ciudad de La Plata, mientras que Sámano regresaba á Popayán, con el objeto de rehacerse y recibir recursos de Quito.

En La Mesa de Juan Díaz, Nariño recibió el 6 de Septiembre una comunicación del Comandante General de las tropas reales (don Juan Sámano), con la cual le acompañaba la nueva Constitución española y trataba de persuadirle que entrase en capitulaciones, ofreciéndole garantías si firmaba la paz y volvía á aceptar la autoridad de España.

El General republicano se negó rotundamente, pero con cultura, á admitir los ofrecimientos de Sámano, haciéndole presente, entre otras cosas, que en la metrópoli todavía figuraban como insurgentes, puesto que gobernaban el país juntas poco respetables, en ausencia de los Reyes proscritos, por una parte, ó los agentes de Bonaparte, á quienes los americanos jamás reconocerían. Añadía que España era impotente para auxiliar á sus antiguas colonias y que estaban resueltas á defender su independencia y separarse para siempre de los que los habían esclavizado durante tres centurias. Acababa ofreciéndole hospitalidad en Santafé si las vicisitudes de la guerra le obligaban á buscar asilo en América.

El General Nariño envió hasta Popayán un Ayudante suyo con la contestación. (2) El Ayudante de Nariño era nada menos que un hermano de su antiguo contendor y Presidente del Congreso de Tunja, el doctor don Camilo Torres. Era éste un patriota caucano de singular mérito, que ya había combatido con Ricaurte y contra los realistas, triunfando con él en el Bajo Palacé; pero había tenido después que regresar á Santafé, á donde llegó á tiempo para poder unirse á las fuerzas de Nariño. Según parece el después General Ignacio Torres no aprobaba las disputas que su hermano había creído por conveniente suscitar á los cundinamarqueses, pues en una carta á Camilo Torres le decía las siguientes palabras, con las cuales prueba su juicio y su acendrado patriotismo: "creo que todos debemos persuadirnos de que durante la actual contienda, que apenas principia, más que inútil es perjudicial malgastar el tiempo precioso en disenciones estériles sobre formas de Gobierno, porque además de que el calor de las pasiones enardecerá los ánimos, los distraerá del fin primordial, que es la salud pública, única y suprema ley. Esta época es sólo de lucha, de guerra sin tregua ni descanso, hasta despedazar las cadenas con que nos oprimen sacudir el infamante yugo de la metrópoli; lo demás es enteramente secundario y se hará después.........." (3)

El 25 de Noviembre llegó el enviado de Nariño á los afueras de Popayán, en donde le detuvo un destacamento realista, en tanto que avisaban á Sámano y le llevaban el oficio del jefe patriota. Después de algunas horas le entregaron la contestación, la cual recibió Nariño cuando aún no había salido de La Plata.

Hela aquí:

"Señor Presidente de Cundinamarca don Antonio Nariño:

Se le ha propuesto á Vuestra Señoría la paz ó la guerra. Ha practicado Vuestra Señoría lo mismo bajo contrarias condiciones. Escojo, pues dar á Vuestra Señoría la guerra.

Dios guarde á Vuestra Señoría muchos años.

JUAN SÁMANO."

La marcha de Nariño con su tropa fué difícil y penosa, sobre todo en el paso del río Magdalena, Pues las embarcaciones no bastaban para atravesarlo con brevedad, así es que tuvo que detenerse en la villa de Purificación mientras que llegaba lentamente la tropa y seguir con ella hasta La Plata. Allí se le deberían reunir los restos de la División patriota que venía retirada desde Popayán al mando del Coronel francés Manuel Serviez y el patriota y después mártir de la causa de la independencia, don José María Cabal.

De La Plata arranca el camino que, atravesando el páramo de Guanacas, se dirige directamente á Popayán, después de pasar por la parte sur del Valle del Cauca.

En tanto que llegaban los pertrechos pedidos á Cartagena y á Antioquia y los indígenas ofrecidos por su Cacique Astudillo desde que estuvo en la capital, Nariño y los demás Jefes se ocupaban activamente en disciplinar las tropas, y sin duda disciplinarse ellos mismos, con los militares extranjeros que llevaban consigo, como el General Leiva, el español Campomanes, los ingleses Birgo y Waverley, un holandés Carlos Ludovico, los franceses Chemball y Serviez (el cual había servido en los ejércitos europeos). Campomanes persuadió á Nariño que cambiase todos los toques de cornetas y tambores á estilo español que acostumbraban y los practicasen como los franceses, con lo cual desorientaría al enemigo y al mismo tiempo serviría de señales á los patriotas que pudieran dispersarse por aquellos cerros sin sendas.

Serviez era valiente hasta la locura, arrojado é imprudente, y, según dice el General López en sus Memorias, criticaba y se burlaba de los ejércitos patriotas, mirando con cierto desprecio los preparativos que se hacían para la defensa de ellos. Nariño, como acertado Jefe, obligaba á que no se cometiera ninguna imprudencia, pero al mismo tiempo por, falta de práctica militar no obligaba á sus soldados á que guardasen la disciplina estrictamente, pues era para su tropa un padre más bien que un General, por cuyo motivo todos le adoraban, y miraban con desconfianza á los Oficiales extranjeros que pretendian obligarlos á obedecer á la ordenanza militar con férrea mano y ningunas consideraciones.

La suerte se encarnizaba siempre contra Nariño. Nunca podía tener satisfacción en todo lo que emprendía. En el fondo de toda copa que apuraba siempre había sabor á amargura. En La Plata tenía reunido todo su ejército; le llegaron á tiempo los recursos pedidos: el entusiasmo era grande entre sus Oficiales y soldados; éstos lo adoraban y consideraban imposible que se equivocase jamás; pero los extranjeros que se le habían unido no pensaban de la misma manera y no tenían empacho en criticar sus órdenes hasta burlarse de ellas. Semejante cosa causó la mayor indignación entre los Oficiales que le rodeaban de cerca; además muchos envidiaban la ciencia militar y conocimientos de los que habían aprendido la milicia en países civilizados, y naturalmente no ocultaban el desprecio que su propia ignorancia despertaba entre ellos, Por lo mismo que los americanos reconocían sus faltas se sentían ofendidos y herido su amor propio por los extranjeros, sobre todo Serviez con su ligereza francesa, y Cortés Campomanes veterano en los ejércitos españoles que acompañaron á Napoleón al través de Europa, miraban desdeñosamente á los ignorantes americanos.

Estos extranjeros que sin duda hablarían entre sí en francés, cosa que no perdonan nunca las gentes ignorantes cuando delante de ellas se habla en una lengua que no entienden, exasperaron á los Oficiales americanos, y con el objeto de salir de los que odiaban tramaron una conspiración contra Serviez, Campomanes y dos ó tres más para ponerlos en mal predicamento con Nariño, asegurando que los extranjeros se habían confabulado para amarrarle ó matarle y quitarle el mando del Ejército y apoderarse de la autoridad. Convencióse Nariño de que si no ponía pronto remedio á aquella situación delicadísima, la expedición fracasaría indudablemente y perecería la Patria en manos de los enemigos. Ya sabemos que su carácter era pronto y susceptible; tuvo la debilidad de creer que era verdad aquella supuesta conspiración. Mandó prender á los sindicados y averiguar la verdad de los denuncios, El odio de los americanos no desmayó y encontró mil motivos para persuadirle de que cuanto le denunciaban era cierto (4)

Hé aquí una carta de Nariño al entonces Presidente de Cundinamarca don Manuel B. Alvarez, su tío, en la cual se ocupa de este asunto:

Plata, 18 de Diciembre de 1813.

Tío Manuel: salud y amistad. Están concluídas mis ocupaciones y andadas en ésta; mañana llegan los últimos cañones; mañana siguen para ésa las causas de Campomanes, Serviez, Siharburg, éstos para Cartagena y yo para Popayán; Quiera Dios que todos lleguemos con buen éxito á nuestros destinos!

"Las causas van sin concluírse, en estado de sentencia, en los términos que usted verá.

"No le puedo pintar á usted cómo me he visto en estos últimos días: causas, Congreso, cañones, mulas, espías del enemigo y mías, con una porción de otras menudencias capaces cada una de volver loco á un hombre, en términos que lo que me parece menos duro es el ataque.

"Posse con los de Cartagena y don Pepe Arce con un clérigo y otros van para esa, llevando también enfermos.

"En las causas verán una carta de Pombo y lo de Azuero; con ambos es menester que se tome una providencia definitiva. A Honda se dan órdenes para el embarco de los que siguen á Cartagena, quién sabe cómo se portarán allí, cuando dejaron pasar sin pasaporte á Castelli. (5)

"Van apertorios los pliegos para el Congreso, para que los vean y saquen lo que quieran; también será bueno den allá parte de lo resuelto con los presos, si le pareciere, y como por encargo mío, por no haber tiempo para hacerlo.

"El Capitán Acevedo (6) después de calentar aquí las cosas de sus denuncios, cogió el dinero de la tropa, jugó y se mandó mudar; esto favoreció, la causa de Roldán que no obstante sigue preso con su compañero, á las órdenes de Arce; ¡y el resultado es que nos mandaron muy buenos Oficiales!

"Saludo al Poder Ejecutivo y Secretaría, á todos los de casa y amigos, y hasta Popayán, que Dios lleve con bien á su

ANTONIO."

 

Remitidos los presos á Cartagena el campamento se levantó de la ciudad de La Plata para emprender el camino de Guanacas. Pero muchos de los Oficiales que iban allí (la flor y nata de las tropas granadinas, es cierto, pero, con pocas excepciones, hombres sin experiencia en la guerra, aunque llenos de patriotismo), sintieron que con la partida de Serviez, va conocedor del Cauca y de Campomanes, veterano de juicio, su causa había perdido mucho y su fuerza se había debilitado notablemente.

"A su falta, dice Restrepo, atribuyeron algunos en gran parte las desgracias que sobrevinieron después á este Ejército."

 

(1)
Memoria del General J. Hilario López.
(2)
Hela aquí:
OFICIO
dirigido al Brigadier Sámano con el Ayudante General J. Torres.
En la Mesa de Juan Díaz recibí el oficio de Vuestra Señoría, de 6 de Septiembre, que no me ha sido posible contestar antes. En él veo que Vuestra Señoría, de acuerdo con el Capitán General de Quito, se presta á que tenga unos una conferencia, recordándome el buen tratamiento que Vuestra Señoría, recibió en su larga morada en Santafé, aún en los momentos de mayor efervescencia, y haciéndome observar que la variedad de opiniones no deben impedir este paso. No solamente con vengo con Vuestra Señoría absolutamente en estos tres puntos, sino que una conferencia de esta naturaleza, creo que sólo puede tener lugar cuando hay variedad de opiniones ó de intereses entre las partes contendoras; mas como Vuestra Señoría me pone por base de esta conferencia el que nos reunamos bajo el Gobierno de nuestra España," Vuestra Señoría me permitirá que le haga observar que este Gobierno en que murieron nuestros abuelos, ya no existe; porque una parte de la España está reconocida en la Europa como patrimonio de Bonaparte, y la otra, bajo un gobierno tumultuoso y efímero, semejante á muchas de las Juntas de América que desgraciadamente lo han imitado: y que de cualquiera de los dos que Vuestra Señoría me hable sería yo un loco en quererme reunir á ellos; no al primero porque jamás ha estado en los principios de ningún americano racional el salir de la dominación española para entregarse después á una dominación extranjera; y no al segundo por dos razones: la primera por la injusticia y barbaridad con que hemos sido tratados, no sólo en los tiempos de la extinguida monarquía, sino hasta el día en que la necesidad y la política exigían que nos trataran de diverso modo; y lo otro, porque nuestra reunión en el día á la España, sería tan necia, como la reunión de un cuerpo sano á otro moribundo y gangrenado. Si á usted en su juventud le hubieran propuesto la alternativa de que se manejara con sus pocas fuerzas y talento ó se reuniera á un hombre lleno de pleitos y de vicios, decrépito y moribundo ¿cuál de los dos partidos habría escogido?...... Parece que no habría dudado un momento por débil é inexperto que se hubiera creído, pero mucho menos hubiera dudado, si no se le prohibía reunirse á otro hombre de juicio, acomodado y robusto. Haga Vuestra Señoría ahora la aplicación á nuestro caso. Prescinda por un momento de la indignación que debe causar á todo americano que tenga honor el verse tratado como insurgente por los insurgentes de España, que no contentos con haber dejado sumergir la Nación en el caos en que se ve en el día, han proclamado una Constitución que, desconociendo las leyes fundamentales de la monarquía, sólo quieren que subsistan en el nombre de sus Reyes para esclavizar de nuevo á la América. ¿Qué sería lo que nosotros íbamos á ganar con volvernos á reunir con nuestros antiguos amos? Está la España en estado de protegernos, de auxiliamos contra cualquiera otra nación que nos venga á invadir? No conoce Vuestra Señoría que la parte libre de España sólo se mantiene porque Bonaparte no quiere tragársela sino reunida á toda la América? Y será Vuestra Señoría, cuya moral no ignoro, un ciego instrumento de semejantes planes? No, señor General; de ponga Vuestra Señoría ese estúpido error de sus compatriotas de creer que el mundo ha de ser siempre como lo conocieron sus abuelos; y más ilustrado, más justo y más humano, abrace la santa causa de la humanidad, de la justicia y de la razón. No crea Vuestra Señoría que abuso de estos nombres sagrados, como lo hicieron los franceses al lado de su sangrienta guillotina, ni como lo hacen los españoles para querer esclavizar á doce millones de hombres; no soy tan energúmeno demócrata, ni un ambicioso frenético; y todo mí ahinco, todos mis deseos y todos mis sacrificios son por ver mejorada la suerte de mis compatriotas, asegurándoles en la Parte que nos toque, un gobierno moderado y justo, que les enjugue las lágrimas de tres siglos de esclavitud. Vuestra Señoría debe conocer que así como la América abrió un vasto campo en su descubrimiento á la codicia europea, así lo abre hoy su regeneración á la virtud americana para echar los cimientos de la felicidad de las generaciones venideras y que si los primeros momentos de la efervescencia y del delirio de la libertad no nos hubieran hecho perder un tiempo tan precioso en disputas domésticas y mal combinadas, estaríamos muy lejos de hallarnos en estas contestaciones á que nosotros mismos hemos dado lugar.
En vista, pues, de todo esto si Vuestra Señoría, dejándose de tomar por base de nuestra conferencia la quimérica pretensión de unirnos á un gobierno que no existe, quisiere que conferenciemos sobre el modo y forma con que se debe restituir esa Provincia á su libertad, créame Vuestra Señoría que no sólo la admitiré gustoso, evitando los males de una sangrienta guerra á que estoy preparado, sino que Vuestra Señoría salvando á Popayán de los males se le acercan, redoblará la estimación que me dice mereció antes á los moradores de Santafé y si algún día por las vicisitudes de las cosas quisiere Vuestra Señoría buscar un asilo en la antigua capital del Reino, encontrará en ella un lugar correspondiente, consideraciones y sociego.
Con el mismo Oficial espero la contestación, determinando Vuestra Señoría en caso de querer la conferencia en los términos propuestos, el día, lagar y circunstancias con que debemos tenerla.
Dios guarde, etc.
Cuartel general de La Plata, 17 de Noviembre de 1513.
ANTONIO NARIÑO.
(3)
Creemos que podrán interesar las siguientes líneas publicadas por el señor Cecilio Cárdenas hace algunos años en el Repertorio colombiano, acerca de su tío abuelo el General Ignacio Torres, cuyos Inméritos han sido poco conocidos:
"En 1813 se incorporó en las fuerzas de Nariño sobre Popayán y combatió en el Alto Palacé el 30 de Diciembre. En 1814, el 15 de Enero, en Calibío; en Juanambú, el 30 de Abril; en Chacapamba, el 4 de Mayo; Altura de Tacines el 9 de Mayo y Egido de Pasto, en 10 de Mayo. Después de esta acción desgraciada voló á Bogotá con el objeto de pedir auxilio de tropas. Con la pérdida de la Cuchilla del Tambo, en 20 de Junio de 1816. fué hecho prisionero de Sámano y Warleta; juzgado por Morillo, fué condenado al presidio de Puerto Cabello, en donde permaneció hasta 1821 en que quedó libre. Bolívar lo colocó en el Estado Mayor y con él hizo la campaña del Cauca. Se estableció en el Ecuador; rehusó la candidatura para Presidente en 1831 y murió en Cuenca en 1841, de 65 años de edad."
Véase Repertorio, volumen XV, númuero 6. Mayo de 1897).
(4)
Véase: Restrepo, volumen I, página 234. Memorias de un Abanderado página 37. Memorias General J. H. López página 16, etc., etc.
(5)
Carlos Castelli, francés, que estaba con Nariño en la Plata y le acompañó en toda la campaña del Sur. Después hizo todas las campañas de la Independencia hasta 1530.
(6)
No se sabe quien era ese Acevedo, pues de los conocidos con ese apellido ninguno estaba con Nariño en aquélla campaña.
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