Acciones de Palacé, Calibío, Juanambú, Cebollas y Ejido de Pasto-1814"
 

A fines de Diciembre de 1813 las fuerzas de Nariño estaban en el páramo de Guanacas, en donde hace un frío atroz (tiene 3.518 metros de altura sobre el mar) y el camino era en extremo escabroso. Con grandísima dificultad lograban acarrear por aquellos despoblados la artillería que llevaban consigo.

Iban las tropas espiadas por destacamentos de Sámano que se ocultaban entre los barrancos y maleza, pero no las atacó el enemigo hasta que bajando ya de las alturas llegaron á las orillas del río Palacé. Bastó sinembargo la vanguardia del Ejército patriota al mando del Coronel José María Cabal, con 300 hombres, para derrotar á los 700 realistas comandados por el mismo Jefe español.

Después de un fuerte tiroteo sobre el puente, el enemigo se declaró en derrota perseguido por el Coronel Cabal hasta el puente real del Cauca en donde quiso pero no se pudo sostener.

Sámano se replegó sobre la ciudad de Popayán, pero forzado por el pánico que se había declarado entre sus soldados la abandonó esa tarde misma (25 de Diciembre) aunque no sin haber puesto fuego al parque, cura explosión dañó algunos edificios de la población.

El 31 de Diciembre, Nariño entró de paso á Popayán, la cual halló desierta porque casi todos sus habitantes la habían abandonado: los patriotas por huir de los soldados de Sámano y los realistas aterrados con la noticia del triunfo, de Nariño en las orillas del Palacé.

El Jefe patriota había hecho todo esfuerzo para que las tropas de Sámano no se reuniesen con las veteranas que comandaba Asín, cerca de la posesión llamada Calibío, en donde tenía seguridad de que se le uniría Sámano, quien se acercaba con su tropa á marchas forzadas.

Nariño no pudo atacarle antes que esto sucediera, puesto que aguardaba con ansia los refuerzos (que jamás llegaron) que había pedido á Antioquia y los que debería llevarle por la vía del Quindío el Coronel José Ignacio Rodríguez; resolvió entonces dejar descansar su tropa en el campamento de Palacé mientras que se disciplinaba convenientemente para atacar la superiores fuerzas de los realistas reunidos.

Creemos que aquí es conveniente dejar la palabra á un testigo presencial de aquel combate:

....."La situación era apurada, dice Espinosa, pues el feroz Asín, hombre aguerrido, contaba con 1,500 fusileros y siete piezas de artillería bien dotadas y además numerosa caballería. Nariño le intimó que se rindiese porque de otro modo no podía evitar su destrucción, y eligió como parlamentario para ese efecto al Capitán de granaderos, Francisco Urdaneta). joven de valor, de arrogante presencia y buen jinete, y le dio su propio caballo enjaezado. Partió Urdaneta, acompañado de un clarín pero lejos de ser recibido con la cortesía que en tales casos usa cualquier jefe culto, Asín le miró con desdén y le dijo:

-'Vaya usted dígale á Nariño que llevo ganadas catorce acciones de guerra, y que con ésta serán quince, y que pronto estará en mi poder. Y si á usted lo dejo volver es para tener el gusto de cogerlo luégo.'

"Con esto lo despidió brutalmente, y cuando Urdaneta regresaba le hicieron varios tiros por la espalda.

"Asín movió su ejército durante la noche á situarse en Calibío, donde se reunió con la gente de Sámano, ocupando muy buenas posiciones, y lo hizo con tal sigilo que nadie lo advirtió en nuestro campo. El General estaba con esto enojado y reprendía nuestra poca vigilancia, pero al mismo tiempo decía: esa gente está trasnochada y es preciso aprovechar la ocasión y atacarlos inmediatamente.' En efecto, se dieron las disposiciones necesarias. El Brigadier don José de Leiva dispuso que nuestros soldados entrasen al monte, cortasen muchas varas delgadas y formasen con ellas haces ó tercios de una brazada de grueso y dos varas de alto (los soldados los llamaban salchichones) y que cada soldado cargase uno y lo votase entre las zanjas de los potreros. Esta industria era indispensable para que pudiese pasar la artillería y la caballería, y así se hizo.

A las seis de la mañana emprendió marcha nuestro Ejército, á poco rato vimos al enemigo formado en batalla en el llano de Calibío. A esta sazón se nos reunieron los Cuerpos que venían picando la retaguardia de Asín, desde el Valle del Cauca, y después de unos momentos de descanso, dispuso la acción don José de Leiva é inmediatamente nos formamos frente del enemigo. Rompió éste el fuego de artillería, que fué contestado por el fuego de la nuéstra, y á pocas descargas de el General Nariño la orden de avanzar, y así comenzó á batirse la fusilería de una y otra parte, lo que duró tres horas largas, y al fin, después de reñido combate, se decidió la victoria en nuestro favor, sufriendo los españoles la más completa derrota, y quedando el campo cubierto de cadáveres, entre ellos el de Asín y ocho Oficiales más. Contamos como 400 entre muertos y heridos, y se tomaron más de 300 prisioneros, entre ellos el Coronel Solís y seis Oficiales. Todo el armamento, con ocho piezas de artillería, cayó en nuestras manos. Nariño intentó salvar la vida de Asín, pero éste no quiso rendirse, y murió como un héroe, peleando valerosamente espada en mano.

En lo rucio de la batalla era un estímulo para nosotros ver el arrojo é intrepidez de Nariño, que desafiaba audazmente los mayores peligros y se hallaba en todas partes dando ejemplo de valor y serenidad." (1)

El Comandante del Cuerpo que llegó á tiempo para entrar en pelea por el Valle del Cauca era un Oficial llamado José Ignacio Rodríguez (alias el mosca), natural de Santafé, quien se había manifestado gran patriota, pero de instintos crueles, según parece, pues al ver muerto á Asín sobre el campo de batalla, se precipita sobre el cadáver, con su machete le corta la cabeza y así chorreando sangre se la presenta á Nariño con palabras de júbilo; pero el Presidente aparta la vista con horror y le afea su conducta delante de todo el Ejercito, con lo cual Rodríguez, al sentirse humillado, parece que juró odio y venganza al generoso General, y según se dijo, llevó á cabo sus malos instintos, más tarde, queriéndose vengar de su Jefe y con ello arruinando su causa y la de su patria, como lo veremos después.

Nariño entró victorioso á Popayán al día siguiente (16 de Enero) llevando el botín de guerra tomado sobre el campo de batalla y sin haber tenido que lamentar la muerte sino de cincuenta hombres de tropa pero de ningún oficial distinguido.

Grandemente criticáronle sus émulos y enemigos que hubiese permanecido después de la acción de Calibío más de un mes en Popayán antes de emprender la persecución de Sámano que se había retirado sobre Pasto, para recibir recursos amplísimos de Quito, en donde imperaban los españoles.

Pero la verdad es que Nariño no podía absolutamente continuar marcha por el terreno escabrosísimo de aquellos cerros poblados de enemigos acérrimos y numerosos, faltándole dinero, pertrechos, armas y la suficiente tropa para afrontar tantos peligros. Por lo mismo que sabía que en sus manos estaba la suerte de su naciente patria, comprendía que más que nunca debería hacer uso de prudencia y de la mayor vigilancia. Popayán estaba repleto de enemigos de espías que tenían al corriente casi diariamente á Sámano de lo que allí sucedía, era preciso, pues, obrar con las mayores precauciones y no aventurar un paso sin tener seguridad de lo que tenía adelante.

Dos días después de su entrada á Popayán y embriagado aún con los humos de las recientes victorias, Nariño escribió á Quito á la esposa de Tacón la siguiente carta ¡tan seguro estaba de sus probables triunfos sobre los españoles!

"Señora doña Ana María Polonia García de Tacón-Quito.

Señora: posesionado de Popayán después de haber derrotado á Sámano y á Asín, y de haber destrozado sus tropas, he sabido la conducta generosa que Vuestra Señoría ha observado en ésa con los desgraciados prisioneros que la suerte de la guerra hizo caer en manos de los enemigos. Faltaría á mis principios y á lo que se debe al sexo amable y compasivo, si resuelto como estoy á seguir mis marchas á esa ciudad, no me anticipara á ofrecer á Vuestra Señoría mis respetos y un asilo honroso para Vuestra Señoría y su marido, apesar de las desavenencias anteriores. Cundinamarca se complacerá en contar á Vuestra Señoría en el número de las damas virtuosas que la adornan, y yo tendré la dulce satisfacción de haber dado un asilo á la virtud desgraciada.

"Dígnese Vuestra Señoría contestarme y decirme todos los auxilios que necesite para su traslación, creyéndome de todos modos con el más alto aprecio, su más atento, seguro servidor, q. b. s. p.

ANTONIO NARIÑO."

Cerca de un mes después Nariño recibió la contestación que le enviaba aquella dama, digna, por cierto, de un marido más adecuado á la nobleza de su carácter.

Hela aquí:

"Quito, 15 de Febrero de 1814.

"Muy señor mío y de todo mi aprecio:

Si Vuestra Señoría distinguiese la generosidad del deber, no me haría la injusticia de creerme capaz de variar en la opinión. Soy sensible, pero esta cualidad, muy propia de todo corazón con principios, no me dispensa de unas obligaciones tan justas como debidas á la nación que me dió el ser.

"Tengo un marido que, como Vuestra Señoría verá por el adjunto impreso, se ha hecho lugar entre los valientes; él proporcionará, como deseo, el auxilio que Vuestra Señoría me ofrece y al que en todo caso preferiría siempre la muerte. A su lado lo tendré y con todo el decoro correspondiente á mis circunstancias. Siento que nuestra opinión no sea una para que mi gratitud pueda extenderse, según los deseos de su afectísima q. s. m. b.

ANA POLONIA GARCÍA."

Nariño emprendió marcha hacia Pasta el 22 de Marzo, con menos de dos mil hombres de infantería y caballería, dejando como Gobernador de todo el país conquistado en el Cauca á don José María Mosquera, asistiéndole como Jefe militar de las pocas fuerzas que fué preciso dejar atrás el General José de Leiva, hombre de experiencia en cuestiones militares y que sin duda hizo gran falta en aquella ardua y arriesgada campaña.

Azotados por furiosas lluvias y crecientes de los ríos al fin llegaron al malsano Valle de Patía, en donde apesar de mil precauciones fueron atacados por las fiebres que aguardan al transeúnte sin que nadie que allí llegue á pernoctar se libre de esa epidemia. A esto se añadía que los patianos eran tan feroces que atacaban y asesinaban á todo soldado que se extraviase dentro del monte un momento. Los perseguían como tigres rabiosos y los mataban repentinamente y en silencio, cuando menos se pensaba. Además les robaban los equipajes y las bestias, de manera que ni dormir podían porque tenían que estar alerta sin cesar. Sin embargo hasta allí el enemigo no se había presentado á cara descubierta y sólo la naturaleza les presentaba peligros.

Al cabo de días y semanas de penosísima marcha, el Ejército llegó á las orillas escarpadísimas del río Juanambú. El 12 de Abril pernoctaron las tropas en las orillas de aquel río que baja por en medio de espantosos riscos, peñas rodadas, sombreado por altísimas rocas, sin margen en una y otra ribera, correntoso, arremolineándose con insólita furia que causaba pavor y ensordecía con un ruido tempestuoso y continuo.

Apesar de los trabajos que habían pasado en un camino tan penoso como el que atraviesa la montaña de Berruecos (siniestros lugares en donde años después debían de perecer asesinados dos grandes hombres de nación colombiana) (2) admiraba dice Espinosa, el buen ánimo y alegría del Ejército, la resignación con que sufrían los soldados y Jefes tantas privaciones en esa montaña desierta y mortífera. Esto llenaba de entusiasmo á nuestro General y le infundía aliento y esperanzas de triunfar por todas partes. Sobre aquellas dos eminencias (el Buesaco y el Boquerón) estaban situados (al otro lado del río) las tropas realistas, en número como de 1,500 hombres, restos de los derrotados de Calibío, y pastusos y patianos, al mando del Mariscal de Campo don Melchor Aymerich, que había sucedido á Sámano, pues á éste lo llamó Montes á Quito, por creerlo incapaz de dirigir las operaciones de la guerra. Aymerich fortificó la orilla del río y las eminencias con una serie de trincheras y fosos formidables que iban escalonados, cortó la tarabita (3) en el paso del río y estableció su barraca en la cima del cerro, rodeada de cuatro culebrinas de mucho alcance.

"Un ingeniero español, dice Restrepo, trabajó tres meses con los indios de la jurisdicción de Pasto fortificando aquellas posiciones."

Empero, aquellos formidables obstáculos no desanimaron al Jefe de la expedición ni á sus soldados. Entonces fué cuando Nariño dió á conocer sus instintos militares, y no hay duda de que si la Providencia se lo permitiera fuera él no solamente el rival de Bolívar en cuestiones de guerra, sino que éste no hubiera tenido que venir á libertarnos cinco años después, porque ya Nariño lo tendría hecho con las solas armas de Nueva Granada.

Más de quince días permanecieron los patriotas combatiendo en aquel punto sin desanimarse, y resueltos á atravesar el río apesar del nutrido fuego que sobre ellos hacían los realistas, los cuales gritaban burlándose ¡aquí no es Calibio!

Pero dejamos la palabra al mismo Nariño; quien el 29 de Abril dirigió el siguiente oficio á Santafé:

Se ha fijado hoy la bandera tricolor al otro lado del Juanambú, sobre las alturas del Boquerón y de Buesaco, después de haber sido rechazadas nuestras tropas en estos dos puntos, con pérdida de más de 100 hombres y dos valientes Oficiales (4) cundinamarqueses. El 19, después que el Comandante del segundo Batallón, don Pedro Monsalve, con 100 hombres escogidos del Socorro, sorprendiese al enemigo pasando el río á tres horas de distancia, mientras el Ejército intentaba el paso al frente; marchó por la noche y á las dos de la mañana hice bajar 800 hombres al paso del río, que va en aquellas circunstancias había crecido. Se rompió el fuego de mis baterías al aclarar el día, y á las dos de la tarde en que cesó éste apenas había podido pasar Monsalve cuarenta y cinco hombres, que fueron descubiertos y atacados con solo el Subteniente don Francisco Vanegas á su frente. No sólo se sostuvieron con el mayor valor sino que arrollaron, por un cuarto de legua, á más de 500 enemigos que guardaban el alto del Boquerón, sin poder ser auxiliados por los nuestros, que apesar de los mayores esfuerzos, sólo pudieron pasar quince hombres á nado y con cuerdas, los que protegieron la bajada del valeroso Vanegas por encima del campamento enemigo con 12 hombres que le habían quedado. Se perdieron en esta atrevida empresa 37 hombres, muchos de ellos despeñados y ahogados; después de haber dado un grado bien merecido al Comandante Monsalve (5) y al Subteniente Vanegas (6) decreté un premio de valor para éste y los soldados que salieron sin los cuarenta cartuchos que llevaban.

"Frustrado el plan de este día y manteniéndose crecido el río, determiné el 26, que el Comandante de Cazadores, don Enrique Virgo (7) con 600 hombres marchase al Tablón de los Gómez para coger al enemigo entre dos fuegos y vencer de algún modo unos puntos que á su elevación perpendicular de  quinientas varas y de un río rápido y caudaloso á su frente le habían aumentado zanjas, cortaduras, montoneras de piedra y cosa de seiscientas trincheras dirigidas con la mayor inteligencia por el ingeniero Atero que ha trabajado tres meses consecutivos con todos los indios de la jurisdicción de Pasto. Marchó Virgo el 26 por la noche, y no habiendo podido llegar el 28, por las dificultades del camino que por todas partes se le han quitado los puentes, hice atravesar el río á 400 hombres al mando del Mayor General Cabal. ¡Qué espectáculo para los amantes de la libertad americana! El Comandante, el Oficial, el pequeño Cadete, sobre los hombros del intrépido soldado, todos en medio de un vivo fuego, viendo caer á sus camaradas, con el agua á los pechos, el fusil elevado en una mano y la otra sosteniéndose de una cuerda que se atravesó, pasaron al otro lado.

"No es para este momento la descripción de este día memorable. Después de haber subido denodadamente nuestras tropas por una pendiente de cosa de seiscientas varas y desalojado el enemigo de veintisiete trincheras, fueron rechazados de una gran trinchera que atraviesa el cerro á donde se acogieron los enemigos y desde donde, en medio de un vivísimo fuego, arrojaban enormes piedras. (8) Al pie de esta trinchera, entre muchos cadáveres de valientes soldados, están los del Capitán don Isaac Calvo y del Subteniente don Pedro Girardot. Los ojos se humedecen al contemplar los semblantes de estos dos republicanos que parece están todavía sonriéndose de la misma muerte!.....

"Tengo, además, heridos al Capitán don Miguel Malo, de cuya Compañía era Girardot, y de la que falta más gente; al Subteniente de Defensores de la Patria, don Ignacio Caballero y al del Neiva, don Rafael Cuervo (9) con cosa de 45 soldados, y entre ellos los tres distinguidos voluntarios don Gabino Díaz, don Tiburcio Andrade y don Juan José Serrano. En la acción se distinguieron particularmente los Ayudantes don Joaquín París (10) y don Silvestre Ortiz, el Subteniente don Isidoro Ricaurte, el Cadete don Diego Pinzón y el Abanderado don Mariano Posse, que tuvo firme la bandera á treinta pasos de la trinchera todo el tiempo que duró el fuego y atravesada por tres balas. Entre los prisioneros que puede haber hecho el enemigo se cuenta al Ayudante Alejandro Bobin.

"Retirada nuestra tropa al lado de acá del río, protegida por la artillería que fué muy bien dirigida por el Capitán Pero Murgueitio (11) y el Teniente don Manuel Antonio Pizarro, los hice formar haciendo fuego y mantenerse á la orilla del río hasta entrada la noche. Esta firmeza y la noticia que tuvo el enemigo, por los prisioneros, de la fuerza que venía por El Tablón, lo obligó á levantar el campo, auxiliado por una noche lluviosa. Al amanecer el 29, se nos presentó el campo enemigo sin un toldo y sin un viviente, como si hubieran tenido cinco ó seis días para levantarlo, y á las diez de la mañana se dejaron ver por tres puntos las tropas de la División de Virgo, que llegaron á ocupar los puntos pocas horas después de haberlos abandonado el enemigo, con su General, el Mariscal de Campo don Melchor Aymerich, que pocos día antes nos hacía gritar que aquí no era Calibío.

"Hoy mismo se están ya poniendo tarabitas para pasar y continuar al instante nuestras marchas á Pasto, en donde pienso que estaremos el 2 de Mayo.

"Pueden las Provincias interiores de la Nueva Granada contar con que va tienen un pie de Ejército que con sólo agregarle fragmentos podrá merecer el nombre de tál y defender su libertad en medio de las infinitas penalidades de una larga marcha por climas mortíferos, siempre en país enemigo, en medio del tránsito de la montaña de Berruecos, con los cañones en que se me murieron más de ochenta mulas, y de las privaciones á que estamos reducidos, cocinando con sebo y sin tener un tabaco qué fumar; no ha llegado el caso de una sola desavenencia ni entre los últimos soldados. ¡Así, quiera Dios, que tan visiblemente protege nuestra causa, mantener la misma buena armonía en el interior de los gobiernos!

''Sírvase Vuestra Excelencia comunicar esta plausible noticia al Soberano Congreso, incluyendo copia de este oficio.

"Dios guarde á Vuestra Excelencia muchos años.

"Campo del Ejército republicano sobre Juanamhú, 29 de Abril de 1814.

ANTONIO NARIÑO."

¡Cómo se equivocaba el gran patriota cuando creía que llegaba ya á la cumbre de sus glorias, puesto que, al contrario, la suerte adversa iba á alcanzarle muy en breve, como veremos más adelante!

Dos días gastó el disminuído Ejército de Nariño en pasar el río Juanambú por tarabitas, aprovechando el que el enemigo había huído, que de otra manera hubiera sido imposible hacerlo, expuesto como estaba aquel paso á los fuegos que podían hacérsele desde las vecinas cumbres. Sin descansar en aquel punto, la primera noche pernoctaron en la hacienda de Pajajoy á pocas horas de Pasto y continuaron al siguiente día hacia Tacines.

Hasta allí el Ejército marchaba lleno de ánimo y resuelto á continuar avanzando hasta alcanzar á Aymerich que se retiraba precipitadamente sobre Pasto.

Pero los laureles que Nariño iba á cosechar en aquella campaña y que parecían ya ceñir su frente, no dejaban dormir en paz á sus émulos y á los que le odiaban desde la época en que combatían al lado de Baraya contra el Presidente de Cundinamarca. Entre otros que le envidiaban estaba un Capitán de Caballería el cual, dice Espinosa, en aquella jornada empezó á recorrer las filas emitiendo la idea (que hasta entonces nadie tenía), de que aquella empresa contra los realistas era peligrosísima y aventurada y que sería muy conveniente retirarse otra vez hacia Popayán pasa no ser sacrificados.

Cuando Nariño tuvo noticia de lo que sucedía, hizo hacer alto al Ejército y convocando á los Oficiales á un sitio apartado de la tropa, les dijo que conocedor de las palabras que les había dirigido un Jefe deseaba que los Oficiales le hicieran presente cuál era su opinión sobre las operaciones que se iban á emprender contra el enemigo y si había quién pretendiese abandonar las ventajas obtenidas con tan indecibles trabajos para retrogradar de nuevo hacia Popayán y perder cuanto se había ganado.

Entre los que han escrito sobre el asunto y fueron testigos presenciales (Espinosa y J. H. López) hay divergencia acerca de lo que sucedió entonces.

Espinosa dice: "todos, con excepción del dicho Capitán, (12) ansiábamos por la continuación de la campaña. El General echó en cara su cobardía á los que hablaran de retirada y los amenazó en términos fuertes, hasta con mandar fusilar al primero que intentase introducir la desconfianza y el desaliento en nuestras tropas."

El después General J. H. López dice que Nariño no permitió que algunos de los Oficiales dieran su opinión y reprendió con suma aspereza á los que pretendían entrar en discusión con él. "Terminó la Junta de guerra, añade, sin que se hubiera sabido era la opinión de la mayoría y de la parte más ilustrada de los que la componían. Talvez el General previó que los Jefes no eran de su acuerdo y quiso poner de este modo un término á la discusión." (13) Pero hay que advertir que López se manifiesta siempre, con rarísimas excepciones, adverso á Nariño.

Creemos que aquí viene de molde trascribir íntegro el PARTE que del fin de aquella campaña envió al Colegio Constituyente de Popayán, el Mayor General del Ejército del Sur, Coronel José María Cabal, con fecha 25 de Mayo de 1814.

Dice así:

"Hallándose instruído Su Alteza Soberana por el parte que ha recibido del General desde Juanambú de todos los sucesos ocurridos en el paso de aquel río y toma de su importante punto, sólo me limitaré á referir los posteriores.

"Luégo que nos apoderarnos de los atrincheramientos del enemigo, después de haber vencido los obstáculos que la naturaleza y el arte nos podían oponer, yque trasladamos nuestro campo al mismo punto en donde se habían hecho fuertes, nos pusimos en marcha hacia la ciudad de Pasto el día 2 de Mayo. En todo aquel día no vimos al enemigo, sinembargo de estar ya muy cerca de él. Al día siguiente descubrimos una avanzada en un alto por donde debíamos pasar, y siendo necesario ocuparlo para abrirnos el paso y observar si se hallaba el enemigo situado hacia la espalda, mandó el General al Batallón de Cazadores, que fué rechazado, por haberse presentado de repente el enemigo al tomar la cima de su altura; pero habiendo ocurrido á tiempo el primero y segundo batallón, se le sostuvo, y á su vez fué rechazado el enemigos nos apoderamos del punto que deseábamos. Desde allí se descubrió otra eminencia que coronaba el enemigo y en donde se había atrincherado no menos fuertemente que en Juanambú. Establecimos nuestro campo allí, para reconocer el terreno y observar el punto por donde se debía atacar. Hecho esto, y no siendo posible verificarlo sino por el frente, determinó el General que se hiciese en el orden siguiente: el Coronel Rodríguez con la vanguardia, yo con el centro y el General con el Cuerpo de reserva. Las tres Divisiones se colocaron al pie del cerro, por no permitir el terreno otra disposición, llevando las dos primeras Divisiones dos piezas de artillería y otras dos de mayor calibre la tercera. Como el enemigo se hallaba atrincherado y con emboscadas por los flancos, no nos hizo fuego hasta que nosotros comenzamos á subir aquel escarpado cerro. El fuego de nuestra artillería contestó, y la fusilería comenzó á obrar con vigor, y siempre avanzando, por no tener objeto fijo á quien dirigir sus tiros, no obstante de que el cerro parecía incendiado. Pué preciso que nuestros Oficiales y soldados presentasen el cuerpo á ese luego destructor para buscar los cobardes que lo animaban desde sus emboscadas y parapetos. Allí fué donde mordieron el polvo los valientes Oficiales Teniente Coronel Bonilla, Teniente Vanegas, Teniente Molina, Alférez Rojas, con algunos de nuestros buenos soldados; allí fueron heridos los Capitanes Rodríguez, Ribero, Salazar, Concha, Matute y Teniente Silva, con muchos soldados que no pudiendo obrar por sí mismos, animaban á sus compañeros que continuasen. La acción estuvo dudosa más de media hora, hasta que el General entró con el cuerpo de reserva sosteniendo las dos primeras Divisiones, las que tomando nuevo aliento marcharon hacia el enemigo, que de trinchera en trinchera iba ganando la cima hasta que los nuestros la tomaron poniéndolo en una fuga vergonzosa y persiguiéndolo más de una legua, siempre desalojándolo de las alturas que iba ocupando, hasta que vino á envolvemos una granizada horrible que nos obligó á suspender la persecución; pero felizmente sucedió esto cuando ya éramos dueños de todas las eminencias en que podían hacerse fuertes de nuevo. Esta circunstancia, el ser ya de noche y el estar muy lejos del campo, nos obligó á pernoctar allí, no obstante de ser un país extremadamente frío. Viendo el General que nuestro campo no podría levantarse con la prontitud que convenía, en las circunstancias que no teníamos víveres para la tropa, y que si se esperaba más tiempo en perseguir al enemigo, se perdían los momentos del terror, determinó marchar al día siguiente al Ejido de Pasto, que sólo estaba distante cuatro horas del lugar en que nos hallábamos, para esperar allí el resto de nuestra fuerza y la artillería. En efecto seguirnos al amanecer, sin hallar el menor obstáculo hasta el mismo Ejido, en donde se nos presentó el enemigo, sin que pudiésemos evitar el no entrar en acción, como se lo había propuesto el General. Esta se comenzó á la una de la tarde, y duró hasta las siete, sin que hubiese habido momento de reposo. Cuatro veces vino sobre nosotros el enemigo y cuatro veces fué rechazado, sacándole de sus atrincheramientos y persiguiéndole hasta las mismas calles de Pasto. La última en que hizo todos sus esfuerzos cargó sobre nosotros con toda su fuerza y alguna caballería, intentando rodearnos por todas partes; con este motivo mandó el General que la tropa se dividiese en tres trozos para atender al frente y á los costados. Este fué el momento en que yo ví á nuestro General más grande y más heroico. A todas partes atendía sin reparar en los peligros, recorría todas las Divisiones, animaba con su ejemplo á aquellos á quienes la fatiga hacía flaquear y puesto al frente de la División del centro ataca la fuerza principal del enemigo, entrando muchas veces en sus filas en donde le mataron el caballo. Pero siempre impretérrito y valiente, no afloja un solo instante, continúa con la misma impetuosidad con que había comenzado y consigue rechazarlo completamente.

(Descollaba entre todos, dice Espinosa, y adelante de todos la arrogante figura de Nariño, con su traje acostumbrado uniforme de general y sobre él un saco ó sobretodo de color leonado, sombrero al tres, calzón blanco, bota alta de campaña, banda carmesí, pistolas y espada).

"Las Divisiones de la derecha y de la izquierda obraban con la misma firmeza y energía; pero siendo ya de noche y estando bastante distante las unas de las otras, ésta última creyó que habían sido envueltas los otras dos y trató de retirarse hacia nuestro campo. (14) Habiéndose adelantado algunos soldados llevaron la funesta noticia de que todos habíamos perecido á ésta se agregó la llegada de algunos Oficiales que aseguraban lo mismo, y la consternación se extendió por todo el campo. Los soldados que lo guardaban se aterraron, los Oficiales encargados de la defensa no saben qué hacer, "como sucede en los momentos de espanto y de confusión en que la reflexión tiene poco lugar, se toma el partido que conviene menos. En efecto adoptaron por desgracia, el de la desesperación, y determinaron retirarse con la tropa salvando el fondo del Ejército, y clavar la artillería abandonando las tiendas, municiones y caballería. (15)

"Mientras que todo esto pasaba en nuestro campo, nosotros nos reposábamos tranquilos en el que habíamos tomado en el Ejido de Pasto, seguros de que el enemigo no nos inquietaría, porque se había dejado bastante escarmentado. Pero reflexionando aquella misma noche que nuestra artillería no podía llegar al día siguiente, que talvez el enemigo que se hallaba con todos los recursos que nosotros no teníamos, pudiera presentarnos nueva acción luégo que amaneciese y que ya estábamos escasos de municiones para poder sostenerlo por mucho tiempo, determinó el General el que fuéramos á buscarlas á nuestro campo, retirándonos por el camino del Páramo para volver con toda nuestra fuerza y la artillería á tomar posesión de la ciudad. A las once y media, no temía sufrir los hielos del páramo que debíamos atravesar, seguro de que bien pronto ocuparía aquella ciudad rebelde, que tantas lágrimas ha hecho derramar á los buenos ciudadanos que se han sacrificado por la felicidad de esos estúpidos habitantes. Al amanecer descubrimos nuestro campo y gustosos nos precipitamos á él para referir á nuestros compañeros de armas nuestros sucesos, y hacerles participantes de la gloria que se nos esperaba en el mismo lugar en que ya habíamos batido al bárbaro pastuso, obstinado defensor de su esclavitud..... ¡Pero cuál sería nuestro dolor y confusión cuando al llegar al campo no hallamos en él más que tiendas solitarias, algunos de los heridos que lloraban su suerte y abandono, la artillería clavada y las municiones regadas los soldados que venían con gusto en busca de sus compañeros, se afligen á la vista de semejantes estragos, no saben ya qué es lo que han de hacer, se intimidan, y va no piensan en otra cosa sino es en la fuga. Por desgracia en este momento de consternación el enemigo se nos presenta en la altura inmediata, y conociendo la debilidad á que habíamos quedado reducidos, se anima y nos ataca. El General, que siempre conservaba aquella presencia de espíritu que caracteriza á las almas grandes, no se desconcierta por esto. Trata de sostener el honor de las armas que tantas veces habían triunfado, y se decide á hacerse fuerte. Pero nuestros soldados intimidados va nos abandonan y se alejan de nosotros á buscar su seguridad. Viendo esto los llamo, corro delante de ellos para detenerlos, y les hago sentir la vergüenza de abandonar á su General, que va con algunos pocos que se habían quedado, estaba conteniendo al enemigo; pero ya no siéndome posible el hacerlos volver, conseguí á lo menos, á fuerza de súplicas y de amenazas, el mantenerlos unidos para facilitarles la retirada. A poco rato después ví que los nuestros habían entrado ya en desorden y habiéndolos reunido también esperé hasta el último que había logrado escapar, y después de estar bien cerciorado de que el General no podía ya venir, por tener al enemigo encima, comencé á retirarme, en el mejor orden que me fué posible, volviéndole el frente, cuando picaba de cerca mi retaguardia. De este modo marchamos por el espacio de dos días sin que nos permitiesen tomar reposo ni alimento hasta el Tablón de los Gómez, en que alcanzamos la demás tropa que se había retirado antes con la noticia de que habíamos perecido en Pasto. Reunida ya nuestra fuerza, resolvimos salvarla á todo trance. Así es que hemos vencido todos los obstáculos que se nos han presentado en quince días de camino por un país enemigo en que por todas partes hemos sido atacados unas veces por la vanguardia y otras por la retaguardia. Por tanto tengo el honor de anunciar á Su Alteza Soberana que la mayor Parte del Ejército del Sur se ha salvado, lo que espero Comunicar también al gobierno de Cundinamarca y al Soberano Congreso con este parte para su inteligencia y satisfacción.

Dios guarde á Su Alteza Soberana muchos años.

JOSÉ MARÍA CABAL."

Hé aquí lo que dice Espinosa acerca de la retirada del grueso del Ejército que había quedado en el campamento de Tacines, mientras que Nariño avanzaba con la vanguardia hasta las puertas de Pasto.

..... "Poco después de amanecer llegamos á Tacines y lo primero que encontramos fué un soldado que había sido herido, hijo de un español Butio que servía con nosotros, y aquél dijo al General: 'Aquí no encuentra Su Excelencia sino muertos y heridos. Un Coronel vino de Pasto y dijo que mi General estaba prisionero, que todo se había perdido, que se clavase la artillería y se emprendiese la retirada y así lo hizo mi Comandante Cancino.' En efecto, esta noticia se había recibido en el campo de Tacines, traída por la gente derrotada en Pasto, y entonces el Coronel Rodríguez, el mismo que no supo cumplir la orden de llevar el resto del Ejército á Pasto, en auxilio nuéstro, sin aguardar más informes, se retiró con la tropa no obstante la oposición y aún resistencia de algunos Oficiales más previsores ó menos pusilánimes sólo quedábamos en el campo de nuestra anterior victoria, el General Nariño y su hijo, los Oficiales Francisco Pardo, (16) Bautista Díaz, (17) Martín Correa, (18) el español Butio y yo. El Mayor Cabal continuó su marcha con el objeto de recoger los dispersos y detener al resto con el resto de los que iban en retirada, lo que no logró hasta el Tablón de los Gómez.

"No es posible pintar el enojo de Nariño cuando vió lo que pasaba, él, que incansable y tenaz, pensaba reunir de nuevo su Ejército y después de algún descanso, volver sobre Pasto con su artillería para entrar triunfante á la ciudad. Pero viendo que va no había remedio en lo humano, dió orden á su hijo para que siguiese á Cabal, no obstante las instancias que hacía á su padre para que tomase el caballo en que iba y se salvase. El Coronel Nariño partió con los demás Oficiales, y yo, que no quería abandonar al General, permanecí con él."

 

Cabal refiere de otra manera la separación del hijo del lado de su padre. Dice en la postdata del oficio que ya vimos, lo siguiente:

....."No puedo prescindir de recomendar desde ahora el mérito de don Antonio Nariño Ortega, por ser uno de los que más se ha distinguido cumpliendo exactamente con el desempeño de sus obligaciones, con el honor que caracteriza á un buen Oficial. El se mantuvo siempre al lado del General, y si no ha corrido la misma suerte que él, como buen Oficial y buen hijo, se debe á una corta separación que hizo, con el objeto de comunicarme una orden, en cuyo intermedio fué cuando se apoderó el enemigo de nuestro campamento (de Tacines) y que yo le obligué á que se salvase con la tropa que había reunido."

Se comprende, pues, que Nariño envió á su hijo con algún pretexto á que se uniera con Cabal, mientras que él despedía también de su lado á Espinosa, á quien dijo, dirigiéndose á la vecina montaña: "sálvese usted, yo lo aguardo en esta montaña!" Y diciendo esto se ocultó en el fondo del vecino bosque. Los demás habían huído por el camino del Patía y Espinosa logró salvarse, aunque los que le habían precedido cayeron prisioneros de los realistas que en breve cubrieron todo el camino que se dirigía á Buesaco siguiendo las huellas de los patriotas que se retiraban en desorden.

¿Fué cierto acaso que los Oficiales que no querían á Nariño le traicionaron deliberadamente y que en la desobediencia de Rodríguez debemos ver el deseo de dejar á Nariño deslucido en su campaña aunque sufriera la Patria un golpe mortal? No lo creemos. Entre nosotros, de entonces acá, en todas las guerras siempre el vulgo ha querido ver traición en toda derrota ó retirada.

 

(1)
Memorias de un Abanderado, página 44.
(2)
El Mariscal Sucre, el 4 de Junio de 1830, y el General Julio Arboleda el 13 de Noviembre de 1861.
(3)
Espinosa, página......
(4)
Isaac Calvo y Pedro Girardot. Este último, hermano de Atanasio Girardot, que murió como un héroe en la acción de Bárvula (Venezuela) el 30 de Septiembre de 1813, lamentado particularmente por Bolívar. Eran hijos de don Luis de Girardot, que dos años después moría asesinado en los Llanos de Guadualito, cuando huía de las persecuciones de Morillo y de sus agentes y secuaces.
(5)
Valiente socorrano que había tomado parte entre los nariñistas desde Venta-quemada, y había acompañado al Presidente en la campaña del Sur. Murío fusilado por Morillo con un hermano suyo, el 30 de Septiembre de 1816.
(6)
Veleño peleó después contra los realistas en la mayor parte de las campañas de la Independencia. Murió fusilado por sus propios compatriotas, por haber tomado parte en la revolución del año 1840.
(7)
Coronel inglés de gran pericia. Los historiadores le llaman Birgo, Vigo, Vega.
(8)
"Entre los proyectiles que se nos arrojaban, el más temible consistía en una cantidad inmensa de piedras mecánicamente colocadas sobre las alturas para hacerlas rodar fácilmente, y por primera vez ensayaron sobre mi columna este terrible arbitrio. Era un espectáculo verdaderamente imponente ver rodar esas piedras, y algunas de ellas que hacían estremecer la tierra, levantando en cada uno de sus rebotes una cantidad inmensa de guijarros á manera de metralla."
(Memorias del General José Hilario López, página 24).
(9)
Santafereño, poeta de chispa. Hizo todas las campañas del Sur con Bolívar después, y murió en Chuquisaca en 1825.
(10)
Entonces apenas había cumplido diez y nueve años; después fué gloria del Ejército colombiano. Murió honrado por todos sus compatriotas en 1868.
(11)
Combatía en las filas patriotas desde 1810. Prisionero después de los realistas, huyó del presidio en 1819; siguió combatiendo por la independencia y después defendiendo á los gobiernos legítimos, hasta que murió á manos de sus compatriotas quienes lo mataron de una manera alevosa en 1860. Había cumplido ochenta años.
(12)
Da á entender que este fué el Coronel J. I. Rodríguez, el que cortó la cabeza á Asín después de muerto en el campo de Calibío y á quien reprendió Nariño.
(13)
Memorias del General José Hilario López, página 30.
(14)
Hé aquí lo que dice López acerca de esta funesta equivocación:
"En el segundo conato que hizo el enemigo sobre nosotros quedó envuelto el Comandante Monsalve con parte de su Batallón, y como en esta ocasión tuvimos que luchar cuerpo á cuerpo y vencer con la arma blanca, habiendo aquél tenido la suerte de desembarazarse, se vió en la necesidad de hacer una retirada por la misma dirección en que habíamos hecho la marcha sobre Pasto, y viéndonos empeñados y confundidos con los enemigos á la vez que él (Monsalve) era acosado de cerca por fuerzas muy superiores, sin que le fuera posible volver al campo de batalla, se alejó sin haber sabido el resultado del empeño pero todo le hacía presumir que habíamos sido vencidos con cuya noticia se presentó á la reserva, que no se había movido del campo de Tacines, y dió las nuevas más desfavorables, que confirmaba con su presencia, pues se le veía retirar con muy pocos de sus soldados, siendo uno de los Jefes más denodados del Ejército." (Página 33).
(15)
Hé aquí lo que dice el historiador Restrepo acerca de este suceso:
''Los soldados y Oficiales fugitivos llegaron por la noche al campamento de Tacines, dijeron que Nariño estaba prisionero y que todo se había perdido. El Coronel J. Ignacio Rodríguez que allí mandaba, tomó inconsideradamente la resolución de clavar la artillería y retirarse; hubo Oficiales que se opusieron, mas se llevó á efecto, porque el desaliento y la desconfianza se había apoderado de las tropas." (Tomo 1º, página 258).
(16)
Este cayó prisionero y fué llevado á Quito. Apenas contaba entonces 17 años. Allí se casó y permaneció en aquella ciudad hasta después de la batalla de Pichincha. Se enroló de nuevo en los ejércitos patriotas; regresó á Bogotá y sostuvo siempre los gobiernos legítimos hasta su muerte en 1834.
(17)
Este valeroso Oficial, santafereño, fué, sinembargo, capturado en el camino dé Juanamhú por los realistas y fusilado después por ellos en Riobamba.
(18)
Este era antioqueño. Había recibido una herida en la cara en el Ejido de Pasto, pero logró alcanzar á los prófugos y seguir con ellos hasta Popayán. Siguió en los Ejércitos patriotas hasta que cayó prisionero y tuvo que ingresar en las filas realistas hasta 1819 cuando recuperó su libertad.
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