Nariño recobra su libertad y regresa á su patria 1820

 

Cuatro años hacía ya que Nariño gemía en la prisión de las cuatro torres de Cádiz cuando tuvo lugar en España un acontecimiento trascendental é importantísimo.

El Rey Fernando VII había regresado á su reino después de largos años de cautividad; amado entrañablemente por sus súbditos, éstos, sinembargo, pretendían obtener de él un Gobierno en que la autoridad real no fuera despótica como lo había sido hasta entonces, y quisieron exigirle que promulgase de nuevo la Constitución elaborada por las Cortes en 1812. El ídolo de los españoles se manejó entonces tan despóticamente que no solamente rehusó firmar la Constitución sino que persiguió, encareció y desterró á cuantos hombres importantes había en la Nación; olvidando la gratitud que les debía se dejó llevar por las malas pasiones propias y las de los que le rodeaban.

Fatigados al fin muchos peninsulares con el gobierno desordenado y despótico del llamado Rey neto resolvieron apelar á las armas, no para derrocar á Fernando VII sino para obligarle á aceptar las reformas preconizadas en la Constitución del año de 1812. Se sublevaron en casi toda la Península los Cuerpos militares y con mayor ahínco rehusó obedecer al Gobierno el Ejército que se preparaba para ir á atacar á las nuevas Repúblicas de Sur América, circunstancia providencial, por cierto, puesto que salvó á éstas de ser nuevamente reconquistadas por España con el poderoso Ejército que preparaba el Conde de Abisbal en el puerto de Santa María.

Sin duda don Antonio Nariño gozó de alguna libertad muy al principio de la sublevación, puesto que las cartas que hizo publicar con la firma de Enrique Somayor tienen la fecha de los primeros días del mes de Marzo de aquel año de 1820, días antes de que Fernando VII jurara la Constitución. Sinembargo Nariño no consiguió su libertad absoluta sino hasta el 23 de Marzo, según documento publicado por los señores Ibáñez y Posada en El Precursor (página 476).

No bien nuestro patriota se vió libre cuando fué nombrado miembro y Presidente de la Sociedad Patriótica de San Fernando, en la cual pronunció elocuentísimos discursos. Estos fueron escuchados con aplausos por los revolucionarios españoles cuando trataba de la libertad que ellos ambicionaban para sí; pero muy fríamente cuando preconizaba la Independencia de las colonias hispano-americanas.

En España estaban en calidad de desterrados multitud de americanos, unos en las cárceles de la Carraca de Cádiz y en Ceuta y otros libres aparentemente, pero con prohibición de salir de la Península y con éstos Nariño se comunicaba diariamente. Las cartas de Somayor, encaminadas principalmente para atacar á Morillo y exhibirlo como hombre inhumano y militar cruelísimo, produjeron grande sensación entre los amigos y parientes de Morillo, los cuales ejercieron su influencia para que los mismos que habían puesto en libertad á Nariño lo volvieran á apresar. El lo supo y resolvió escaparse de sus enemigos y asilarse en la más cercana frontera, Gibraltar, en donde sería protegido por los ingleses.

No bien llegó á aquel lugar cuando escribió la siguiente interesante cuanto característica carta á su amigo el patriota sacerdote y futuro Arzobispo de Bogotá, doctor don Fernando Caicedo y Flórez:

"Gibraltar, 29 de Mayo de 1820.

Mi querido compadre:

Qué sabroso es comenzar por esta fecha, que en ella sola está yá que no dependo de los caprichos de cuatro gobernantes antiamericanos. Sepa usted, si ya no lo sabe, que mi salida de ésa fué á las nueve de la noche que en el primer ventorrillo ó llámese venta nueva, cerca de Chiclana (1) tomé un trago con pan y queso á la salud de los que directa ó indirectamente me iban á poner en salvo. Seguí á paso campañero con noche clara que me dejaba distinguir los objetos. ¡Qué multitud de observaciones y de ideas agradables! A los 26 años de padecer iba todavía prófugo, huyendo de la España libre; pero iba á salvarme protegido y auxiliado por los mismos españoles.

Dí punto á estas ideas y me entregué al placer de los objetos que me rodeaban, comparándolos con los nuestros: ya hacía una arboleda que, como era de noche, la hacía de ceibas ó de alisos y me transportaba á Chocontá ó á Guaduas; ya una manada de ovejas ó el mugido de las vacas me hacían pensar que caminaba por Sesquilé ó por Tunja; ya una llanura de matorrales me bacía creer que iba á cacería á Tibabuyes. Así continué hasta las tres de la mañana (vaya usted haciendo atención al campo y á las distancias para que algún día le pueda servir) en que llegué á la venta de Vergel ó Verger, es decir á l seis horas de no interrumpido camino. (2) Dando pienso á los caballos en más de una hora de tiempo, seguí mi camino con la luz del día, y lo primero que se me presentó fueron unas chozas de paja en un terreno tan parecido á Bogotá, que si el Padre Padilla hubiera venido conmigo habría creído que los indios salían en sus jichones á decirle el bendito. ¡Qué bellos paisajes! Una gran casería toda de teja con una gran novillada de Saldaña me hizo pensar que estaba en Tibatá, y quise ir á preguntar si había alguno de los Latorres. Así encantado y en un día sereno y fresco llegué á otra venta, de cuyo nombre no me acuerdo, porque nada había que contar, la que dista de la otra tres horas mortales. '¿Ni un par de huevos hay?' - pregunté al ventero. No, y por la bella razón de que otros se los habían comido. Después de esta venta y todo por camino llano, entré á las hermosas campiñas de Tarifa. El terreno era desigual y no podía, fijando en él mi vista, figurármelo como las deliciosas llanuras de nuestro Bogotá; pero apesar de ésto su extensión y su verdura me enajenaron y lo pasé en éxtasis, sin acordarme que iba fugitivo por la España, libre, sin haber matado, robado, ni inquietado en lo más mínimo á ningún ciudadano. Su extensión por el lugar del tránsito ocupa cuatro horas hasta su término, anclando sin parar y á paso más que regular.

De aquí para adelante la escena se me cambió; comienza la serranía de Ojea, y ¿creerá usted que lo áspero del camino, sus envejecidos árboles y todo el aspecto del monte, que á otros debe incomodar, fue para mí un nuevo manantial de nuevas sensaciones? Ya subía por Mave y ya bajaba á Tena, ya estaba en el Sargento. Pero entre todas las cosas que me causaron más agradables sensaciones fueron los trigales de Verger y los arroyos de agua cristalina de esta serranía, los primeros que veía después de tantos años; así fue que en casi todos me apié, me prosterné ante la Ninfa que los regía y les dí el ósculo, bebiendo á tragos largos el agua y el placer. Hasta aquí lo bueno: su tránsito es de más de seis horas hasta Algeciras. La bajada insoportable, y como ya coge el cuerpo y los caballos cansados, lo es mucho más. Desde el alto primero se descubre este asilo de los perseguidos, esta tabla á que el hombre de bien, como el criminal, procuran acogerse. (3) Todavía faltan cuatro horas y media para terminar el viaje, pero lo que es más insufrible es el descubrimiento de Algeciras; ya lo toca usted con la mano y, después de haber andado una legua, Algeciras se le presenta más lejos. Llegué finalmente á las tres media de la tarde, y este lugar que parecía tan retirado de la América, toca en varios puntos con élla, y lo mismo los americanos pueden salir por éllos con mucha facilidad; hoy me veo libre y salvo (en Gibraltar) de las garras del señor Pozul ó Queipo ó el diablo que fuese. Amén.

A nuestro Cónsul digo lo demás. Saludo á la chusma de desvalidos, haciendo mención de nuestro respetable amigo Fray Diego (Padilla), doctor Pérez, (4) etc., etc. Aquí cuesta la mantención cómoda duro y medio diario, y el transporte á tierra de promisión, 150, poco más ó menos. Hay varios esta semana, la que viene y la otra.

Parece que debe usted quedar por hoy satisfecho de su afectísimo compadre

ANTONIO."

 

Hé aquí algunos párrafos de una carta que escribió cuatro días después á su amigo don Francisco A. Zea, la cual no trascribimos íntegra por ser demasiado larga.

"Gibraltar, 1º de Junio de 1820.

Con cuánto placer he visto mi antiquísimo amigo, tu manifiesto del 3 de Enero de este año: (5) ¿con que Zea existe y existe para nosotros?..... fue mi primera exclamación. Figúrate, si puedes, la impresión que me causaría su lectura, acabado de salir de una cárcel en que llevaba cuatro años encerrado sin comunicación, y sin saber, por consiguiente, la suerte de una Patria adorada, por quien sufría no sólo con entereza, sino con placer..... Sufría mi prisión con una esperanza invencible, porque ninguna noticia funesta, ningún acontecimiento, ninguna providencia contra mí me podría arrancar la íntima persuación en que estaba de que había de volver á mi Patria, libre; así era que no pasaba un día, quizá una hora, en que no meditase sobre lo que habíamos hecho y sobre lo que debíamos hacer. Vi formarse y desvanecerse las revoluciones que me debían salvar, y á cada una que se frustraba, me renacían nuevas esperanzas, hasta que llegó el día para siempre memorable en que se realizaron. (6) El día 23 de Marzo se presentó á visita de cárcel mi ángel libertador. Jauregui había padecido conmigo. (7) Jauregui fue nombrado interinamente Gobernador de la plaza; Jauregui decretó espontáneamente y sin ninguna solicitud mi libertad y se complació en la obra de sus manos. ¡No olvides jamás su nombre si todavía me estimas, yo te lo ruego! Pero ¡ah, Gobierno infame! La providencia justa, política y humana de Jauregui se ha improbado, y yo he tenido que salir todavía fugitivo de la España, á los 26 años de haber conseguido el único decreto de mi libertad. ¡Gloria inmortal á mi libertador y execración eterna á los satélites del despotismo que á la sombra de su libertad aún quieren alimentarse con nuestras lágrimas y nuestra sangre! Yo permanecí dos meses en la isla, al lado de los ilustres defensores de la libertad: Quiroga, Riego, López Baños, Arce Agüero, O'Lali, Infante, Ballesa, Alcalá, Galiano, deben tener un lugar entre nosotros todos ellos, que son los primeros héroes de la transformación española; desean nuestra libertad y nuestra independencia con la misma sinceridad que la suya, aunque no se puedan pronunciar del mismo modo. Tú verás por los adjuntos papeles cómo se expresó Galiano en la primera sesión que tuvimos en la Sociedad Patriótica de San Fernando, de que fui miembro y Presidente; y la mayor parte de ellos han contribuído activamente á salvarme de las garras del Gobierno constitucional de España. También verás una de las representaciones que aquí han hecho los americanos y el modo con que hemos hablado en otros papeles para ver si se podía á lo menos suavizar algo la acrimonia de este Gobierno contra nosotros, y la pluma hiciera más bien lo que tiene que hacer la espada.......... Yo nada tengo resuelto sobre mi persona, porque aguardo tener noticias más positivas de ahí y ver en qué paran las misas de por acá. No duermas entre tanto, emplea tu influjo y tu pluma en hacerles conocer (á los colombianos) que nuestros verdaderos y más temibles enemigos somos nosotros mismos; que de nada habría servido la rabia feroz de la España si en nosotros hubiera habido unión, concordia y juicio sobre todo, mi amigo, que es lo que más nos ha faltado. De nada sirven las luces, el patriotismo ni los sacrificios, sin juicio; todo se desperdicia, se pierde cuando el aturdimiento y las mezquinas pasiones se interponen. Tengo en medio de mi pobreza un acopio de lo más exquisito que ha salido en Economía Política, en Guerra y sobre Constitución: ya que yo no pueda servir de nada, servirá lo que me acompaña. ¡Cuánto diera porque á la sombra de un ceibo ó de un aliso garláramos quince días seguidos!..........

.....Me acaban de interrumpir con la noticia de que he salido Diputado en Cortes por la Nueva Granada. ¿Qué te parece esta monserga? Por un lado andan las requisitorias para reducirme á mi antiguo domicilio de la cárcel, y por otro soy fracción de la Soberanía española."..........

Por supuesto que Nariño no podía aceptar un puesto entre los Diputados á las Cortes españolas, puesto que se consideraba miembro de una nación independiente como era Colombia.

Sinembargo no todos sus compatriotas deseaban su regreso á la Patria. Don Fernando de Peñalver (venezolano), escribía al Libertador, desde Angostura, las siguientes palabras, hablando de la libertad de Nariño:

..... "Mucho temo que pronto veamos á este emprendedor por acá; si fuera posible entretenerlo por Europa con un motivo honesto mientras se forma la unión y las cosas se establecen, de manera que no sea fácil trastornarlas, sería muy conveniente "...................

No pensaba de la misma manera Bolívar, quien con todo hombre grande y de nobles sentimientos no tenía envidia á nadie y sólo tenía inquina á los enemigos de la Patria.

De Gibraltar Nariño pasó á Londres, en donde dice Vergara y Vergara, "se ocupó en tomar noticias de las miras de Inglaterra respecto de América y en preparar la opinión para el reconocimiento de las nuevas Repúblicas."

Como su único pensamiento era recopilar libros, datos y documentos fehacientes para dar luz sobre la organización de la República colombiana que estaba en estado de formación, estuvo también en Francia, en donde consultó con sus antiguos amigos; entre otros pidió su opinión al Barón de Humboldt acerca de la división geográfica de los Estados; con Destutt de Tracy consultó la Constitución que laboriosamente preparaba, el cual por cierto no debió de darle muy buenos consejos. Le nombraron miembro de la Sociedad de Geografía de París en donde fue presentado por Humboldt. Años después este sabio alemán refería cómo Nariño había sido acogido con interés por la Sociedad Científica de París. (8) Estudió táctica militar con interés sumo, y como hubiera conseguido máquinas de agricultura desconocidas entonces en Colombia, compró libros sobre toda especie de ciencias que se pudieran practicar en su Patria, y particularmente trató de aprender los nuevos procedimientos que entonces se habían descubierto con respecto á trabajar los metales de plata, oro platino.

El 19 de Octubre don Francisco Antonio Zea anuncia desde Londres que Nariño se embarcaba en esos días desde las costas de Francia con dirección á la Martinica, y de allí pasaría á Angostura.

Efectivamente así lo efectuó. No se detuvo en Angostura sino que siguió hasta Achaguas. Allí se encontró con Bolívar por primera vez y con Páez. Estos se ocupaban de los Tratados de paz con Morillo, arreglos que habían siclo interrumpidos, turbando así todos los planes del Libertador.

Cuatro días antes de llegar á Achaguas, Bolívar había escrito la siguiente carta al que pudo haber sido su rival y el Libertador de la Nueva Granada, sin la maladada traición en los Ejidos de Pasto.

"Cuartel general de Achaguas, á 24 de Marzo de 1821.

SIMÓN BOLÍVAR

Libertador, Presidente de la República, General en Jefe de los Ejércitos, etc. Al General de División Antonio Nariño.

Con transportes de satisfacción he visto la nota que en 23 de Febrero me dirigió Vuestra Señoría avisándome su arribo á Colombia y rectificando sus antiguos sentimientos y devoción á la República. Entre los muchos favores que la fortuna ha concedido últimamente á Colombia cuento como el más importante el haber restituído los talentos y virtudes de uno de sus más célebres é ilustres hijos. Vuestra Señoría merece por muchos títulos la estimación de sus conciudadanos y muy particularmente la mía.

Celebraría infinito que acelerase Vuestra Señoría su marcha y me anticipase lo posible el placer de saludarlo y estrecharle por la primera vez entre mis brazos. No es la amistad sola la que me instiga estos deseos: el bien á la Patria se mezcla también en éllos. Ocupado en estos momentos de negociar la paz con los comisionados españoles y de instalar el primer Congreso general de Colombia, las noticias y luces que Vuestra Señoría puede suministrarme facilitarían el término de estas transacciones.

San Fernando de Apure es el punto que he señalado al enemigo para las conferencias. Allí me encontrará Vuestra Señoría, ó en esta villa.

Dios guarde á Vuestra Señoría muchos años.

BOLÍVAR."

Como hemos visto no había sido necesaria la invitación del Libertador para que Nariño se apresurara á irse á ver con él. En aquellas conferencias que tuvieron lugar en Achaguas entre los dos abnegados patriotas, el uno que tocaba ya á la cumbre de la gloria y el otro que apesar de tantos sacrificios siempre vio frustradas sus esperanzas personales, en esas conferencias entre Bolívar y Nariño debieron de tener lugar discusiones importantísimas y muy satisfactorias para Bolívar, puesto que después de éllas el Libertador nombró al gran santafereño vicepresidente de la República, para que le reemplazara á él en la apertura é instalación del primer Congreso de la naciente República.

 

(1)
Villa de más de veinte mil habitantes en el camino de Cádiz á Algeciras. Lugar de recreo de los gaditanos por su bello clima y hermosura de los paisajes de los contornos.
(2)
Desde un cerro vecino se ve el Cabo á cuyas inmediaciones tuvo lugar la famosa batalla naval de Trafalgar.
(3)
Gibraltar desde 1704 que fué arrancada á España por los ingleses ha sido el asilo de todo el que se ha sido el asilo de todo el que se ha rebelado contra España.
(4)
Ya de Fray Diego Padilla hemos hablado en el Capítulo I de esta Biografía. Como sabemos acompañó á Nariño en su campaña del Sur y después en la Carraca de Cádiz á donde fue enviado por Morillo. El doctor Pérez que menciona Nariño debió ser el Ilustrísimo señor José Antonio Pérez de Velasco, después nombrado Arzobispo de Caracas, el cual también había sido desterrado á España por su amor á la Independencia.
(5)
Sin duda el que dirigió al Cuerpo Diplomático como Ministro de Colombia.
(6)
Si Nariño tenía noticia de las conspiraciones que sin cesar se tramaban e España contra el Rey absoluto, tenía, pues, comunicaciones con el mundo exterior.
(7)
Jauregui (Gaspar) había salido de las capas más ínfimas del pueblo. Había combatido contra los franceses como guerrillero y se mezcló en la política, tomó parte en la revolución de 1820 y vencida ésta tuvo que expatriarse.
(8)
Durante una comida que Humboldt dio á algunos colombianos que estudiaban en París en 1827 refirió cómo la vida romanesca de Nariño y sus aventuras extraordinarias lo habían hecho interesante y había llamado la atención en París.......... "Yo siempre correspondía con él, añadió, y lo último que me envió fue su defensa ante el Congreso"..........
(Véase Biografía del General Joaquín Acosta, por Soledad Acosta de Samper, página 210).
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