La Vicepresidencia de don Antonio Nariño 1821

 

Habiendo llegado el último día de Marzo á Achaguas, Nariño permaneció en aquel lugar, al lado de Bolívar, hasta el 7 de Abril, en que siguió camino hacia Cúcuta llevando el siguiente nombramiento y Decreto expedido por el Libertador.

"Al señor General de División Antonio Nariño.

Considerando que, verificada desgraciadamente la muerte del Excelentísimo señor Vicepresidente interino de la República, don Juan Germán Roscio (1) antes de la instalación del Congreso general, y no habiéndose encargado aún el doctor Pedro Gual del Ministerio de Estado, Relaciones Exteriores y Hacienda, para el cual ha sido nombrado interinamente, ha llegado el caso de que estén reunirlas en el General de Brigada Luis Eduardo Azuola (2) las funciones de Vicepresidente y de Ministro de Estado, conforme á los Decretos de 9 de Marzo último; Deseando separar estos destinos, cuyo ejercicio es incompatible en una misma persona, vengo en decretar decreto, en clase de provisional, mientras el Congreso general resuelve lo conveniente:

Artículo 1º El señor General de División Antonio Nariño está nombrado Vicepresidente interino de la República, hasta que el Congreso general elija el propietario ó el que deba suceder al doctor Juan Germán Roscio.

Artículo 2º El señor General de Brigada Luis Eduardo Azuola continuará ejerciendo el Ministerio de Estado, Relaciones Exteriores y Hacienda, interinamente, basta que se presente á servirlo el doctor Pedro Gual.

Artículo 3º El Ministro de Guerra se encarga de la ejecución de ese Decreto, que se publicará y comunicará á quienes corresponda.

Dado, firmado de mi mano, sellado con el sello provisional del Estado, y refrendado por el Ministro de la Guerra, en el

Cuartel General de Achaguas, á cuatro de Abril de mil ochocientos veintiuno.

SIMÓN BOLÍVAR."

El 21 de Abril, estando ya en Barinas el Libertador y desengañado ya acerca de arreglos de paz con los españoles, resolvió dedicarse completamente á la guerra, y creyendo incompatibles estos trabajos con los de Presidente civil de la República, hizo dimisión de aquella dignidad ante el Congreso, la cual envió á Nariño junto con una larga carta, dándole cuenta detallada de sus opiniones é intenciones.

Nariño se presentó en Cúcuta el 27 de Abril, llenando de júbilo á sus amigos con su inesperado arribo á la Patria Neogranadina, pero sin duda disgustando á aquellos que creían que sus grandes méritos podrían obscurecer los suyos y poner dique á sus ambiciones. Allí encontró efectivamente á muchos de los antiguos federalistas del año de 1812, que habían sobrevivido á las persecuciones de Morillo y Sámano; pero que la vista de los banquillos en que habían perecido tantos de sus amigos no habían apaciguado sus pasiones y sus pasadas rencillas.

No bien llegó Nariño, á quien tuvieron que acatar como Vicepresidente interino, encargado del Poder Ejecutivo, en ausencia de Bolívar, cuando se resolvió reunir el Congreso, apesar de que aún no había el quorum reglamentario.

"Reunidos los Representantes de la Nación en la Iglesia parroquial, donde oyeron la misa del Espíritu Santo con las preces del ritual, dice el señor J. M. Groot (3), pasaron al local designado para la instalación, donde se dio principio al acto por un excelente discurso inaugural pronunciado por el Vicepresidente Nariño."

Hé aquí unos pocos párrafos del citarlo discurso:

"Encargado, señores, del Poder Ejecutivo, por hallarse el Presidente de la República al frente de los Ejércitos, debería comenzar mi discurso por daros cuenta del progreso de mientras armas desde la instalación del Congreso de Angostura hasta el día; del ingreso de nuestras rentas y su inversión; del capital nacional y sus productos; de nuestras relaciones exteriores y de la deuda nacional. Pero acabado de llegar de Europa, aparecido de repente en medio de vosotros como por una especie de prodigio, y nombrado en mi tránsito para el empleo que me proporciona el honor de yerme al frente de este respetable Congreso, para su instalación, nada puedo deciros sobre estos puntos que vosotros no sepáis mejor que yo.".........

Después de hacer elocuentes y juiciosas observaciones sobre las circunstancias de la transformación política del país, convertido en República después de romper las cadenas de bronce que le llgaban á España, explica con lucidez cuáles son los elementos fundamentales de los gobiernos, y de las varias funciones que tienen que asumir los diferentes poderes de que se componen. Dice que el Gobierno representativo bien organizado es propio de todos los países y todos los climas. Explica cómo las elecciones que hace el pueblo se sus gobernantes pueden ser manantial de abusos y desórdenes, pero que ésto puede corregirse decretando procedimientos justos, é indica la manera de hacerlo conveniente y ordenadamente. Aunque, dice, todos los hombres están obligados á tomar las armas en los peligros de la Patria, en tiempos normales el ciudadano debe dejar la seguridad del país en manos de una fuerza armada levantada con ese objeto y que se haya instruído teóricamente para esa carrera. Esto sin perjuicio de que todo hombre válido debe tener conocimientos prácticos en el arte militar para el caso en que peligre la paz pública. Discurre después largamente sobre la manera como se deben formar las rentas públicas, y de los justos sacrificios que se impone al ciudadano para sostener el Gobierno.

Al concluir su discurso, añade:

"Resumamos en pocas palabras las ideas esparcidas en este discurso. Rotos los vínculos sociales, todos los hombres que no tengan impedimento físico ó moral deben concurrir en pequeñas Asambleas que estén al alcance de sus conocimientos, á manifestar su voluntad y á nombrar un cierto número de personas que, según ella, formen las leyes que las deben gobernar en lo sucesivo. Las elecciones deben ser graduales, tomando por primer término las más pequeñas poblaciones y subiendo hasta la totalidad de la República. Nombrados los Representantes de la voluntad general, éstos no vienen á gobernar sino á formar el Gobierno que se compone de la Constitución y de las personas que la deben poner en ejecución. Regenerada la Nación con las nuevas instituciones, los Representantes cesan en sus funciones, hasta que según lo que hayan estatuído deban volver á reunirse ó ser nuevamente elegidos. El Gobierno, lejos de ser soberano, es, al contrario, dependiente de la soberanía; sus funcionarios son los mandatarios del pueblo. QUERER, EJECUTAR y JUZGAR, son los tres elementos de que se compone el Gobierno, y cada una de estas funciones debe depositarse en diferentes personas ó corporaciones, por tiempo limitado, sin cuyos requisitos ni hay soberanía nacional, ni hay libertad individual. La voluntad expresada por la Representación nacional es sólo en lo concerniente á las leyes políticas, mientras que la del Cuerpo Legislativo que compone el Gobierno, es sólo en lo tocante á las leyes gobernativas civiles ó criminales. La fuerza moral que dan á la sociedad las instituciones sociales necesita de una fuerza física que la sostenga, y ésta se compone de la milicia y el Tesoro público. Todo hombre en estado de tomarlas armas es defensor nato de la Patria; pero no todos pueden ni deben ser soldados; una parte sola de la sociedad debe destinarse á este ramo en razón de los objetos para que se le destina. El Tesoro público debe igualmente componerse de una parte de las rentas del capital nacional, repartidas con proporción entre todos y en razón de las necesidades del Gobierno.

"No puedo, señores, explayarme más sobre unos puntos de que tenemos tanta necesidad, porque la premura del tiempo no me lo permite. No hace más que nueve días que estoy entre vosotros y no ignoráis que he tenido que emplearlos en otras atenciones. Yo ruego á los beneméritos y respetables miembros del Congreso me dispensen la libertad que me he tomado en estas ligeras y rápidas observaciones y que las vean sólo como un desahogo de mis ardientes deseos por la prosperidad de mi Patria. La Europa, señores, el mundo entero os contempla en este momento y aguarda de vosotros un documento que les haga ver que somos dignos de figurar entre las naciones. Llenad su expectación y nuestras esperanzas; y que la República de los Estados Equinocciales de Colombia deba al Ejército la paz y su gloria, y á vosotros, su libertad y esplendor. ¡Quiera el cielo, que con tan clara protección se ha mostrado por nuestra causa, llenar de bendiciones vuestras tareas; y los que hemos escapado del naufragio establezcamos unas instituciones que nos prometan la felicidad de nuestros hijos!"

 

Tenía razón Nariño: los ojos de la Europa entera se fijaban con singular interés en las nacientes Repúblicas hispanoamericanas; unos las miraban con simpatía, otros con rencor, pero todos con atención, y esperaban de éllas grandes cosas. Se creía que seguirían las huellas de las antiguas colonias norteamericanas, las cuales trabajaban con buen éxito en su progreso, y la independencia que habían alcanzado poco más de cuarenta años antes había producido maravillosos frutos en la vía de la civilización y el adelanto en todos los ramos de la ciencia humana. Pero desgraciadamente las guerras civiles tan odiosas, y sobre todo el sentimiento de mala voluntad que estos pueblos de entusiasmos pasajeros manifestaron á sus grandes hombres las hicieron caer en el desprecio de las naciones civilizadas. La tentativa de asesinato cometida contra el Libertador, el sacrificio sangriento del inmaculado. Sucre, las disputas que antes habían suscitado á Nariño, el primer patriota colombiano, su frecuente mala fe en cuestiones de dinero, la inseguridad en que se hallaron siempre los capitales de los extranjeros que vinieron al país en un principio confiados en las promesas de protección especial que les habían hecho los Gobiernos, el desorden creciente de la administración de las rentas públicas, la difícil situación de la deuda extranjera, todo ésto y mucho más que sería largo mencionar aquí, hizo perder para siempre el prestigio, la reputación y el buen nombre de estas desgraciadísimas Repúblicas y más que ninguna otra de la desafortunada Colombia que ha perdido todo ésto y además la mejor parte del territorio que le legaron los fundadores de la nación.

Pero apartemos la vista del obscurísimo y tempestuoso presente y volvámosla al primer Congreso colombiano que acababa de instalar Nariño.

El mismo ó de Mayo en que se instaló el Congreso nombraron Presidente, Vicepresidente y Secretarios. El primero fue el doctor Félix Restrepo, colombiano distinguidísimo; el segundo era venezolano, el doctor Fernando Peñalver; los Secretarios resultaron ambos colombianos, los señores Miguel Santamaría y don Francisco Soto, quien se declaró desde un principio enemigo acérrimo de Nariño.

Después del acto de la instalación solemne del Cuerpo Legislativo se pasó á confirmar el nombramiento de Nariño como Vicepresidente interino; se recibieron y se negaron las renuncias que hicieron Bolívar y Santander de la Presidencia de Colombia el primero, y de Vicepresidente de Cundinamarca el segundo.

En las siguientes sesiones se trató de la ley fundamental de Colombia según se acordó en el Congreso de Angostura y después se dio la que reunía Venezuela y la Nueva Granada en una sola nación, previendo que después entraría en la República colombiana el antiguo reino de Quito.

El 29 de Mayo Nariño presentó al Congreso un proyecto de Constitución, (4) el cual fue aceptado por éste; pero en lugar de discutirlo, como era natural, mandó que lo entregasen á la Comisión que había encargado que elaborase el provecto de Constitución, la cual, dijo, adquiriría luces para trabajar el suyo en vista del de Nariño. Acto injustísimo por cierto y que probaba ya la sorda enemistad que empezaba á presentarse en el seno del Congreso contra el gran mártir de la Patria.

No es, pues, extraño que Nariño se manifestase herido y descontento con aquella conducta del Cuerpo Legislativo que se empeñaba en desairarle hasta el punto de que nadie se volvió á ocupar de su proyecto de Constitución. Debieron, sinembargo, consolarle las numerosísimas manifestaciones de aprecio, comunicaciones y cartas de bienvenida que le enviaron de Bogotá y de diferentes partes de la República, felicitándolo por su libertad y regreso al país.

Entre otras, transcribimos aquí la nota que le envió el Cabildo de Bogotá y la contestación que le dio Nariño:

Excelentísimo señor:

El Cabildo de Bogotá ha visto con satisfacción y placer cambiadas en la segunda Magistratura de Colombia las cadenas que oprimían á Vuestra Excelencia por haber proclamado los derechos de la Patria y defendídolos. Testigo este Cuerpo y admirador de las virtudes de Vuestra Excelencia y de sus esfuerzos por fijar el imperio de la libertad, se congratula ahora, considerando que el influjo y los talentos de Vuestra Excelencia contribuirán en gran parte á la felicidad de la República. Viva, pues, Vuestra Excelencia y viva para cooperar á obra tan grande que le colocará en los anales de la inmortalidad.

Dios guarde á Vuestra Excelencia muchos años.

Sala capitular de la ciudad de Bogotá, á 17 de Mayo de 1821. 11.

Excelentísimo señor:

Mariano Tobar-Luis Sarmiento-Bernardo Pardo-Francisco Gregorio de Vergara-Sebastián Herrera-José María Calvo-Sebastián Esguerra-Juan de Dios Londoño-José Ignacio Umaña-Dionisio Antonio de la Torre."

 

CONTESTACIÓN

"El Presidente de la República al Cabildo de Bogotá:

Cambiadas mis cadenas en la segunda Magistratura de Colombia, quisiera que mis obras correspondieran á los nobles sentimientos de ese ilustre Cabildo y que, como he tenido constancia y resignación para sufrir las unas, tuviera acierto para desempeñar la otra. Pero el ilustre Cabildo debe estar persuadido de que, acostumbrado á padecer por una Patria que adoro, ningún género de sacrificio me podrá arredrar para ayudar á conducir la obra de nuestra libertad á su fin.

He tenido la mayor complacencia en leer de uno en uno los nombres de los individuos que componen ese Cuerpo, y me congratulo felicitándolos por su existencia, después de la horrible tormenta que los ha rodeado; ofreciéndome con los sentimientos del más vivo reconocimiento.

Su más atento, seguro servidor,

ANTONIO NARIÑO."

Como santafereño raizal y particularmente popular, Nariño recordaba y conocía personalmente á cuantos hombres de alguna representación vivían en su ciudad natal. Como él no sabía todavía cuáles habían sido las víctimas de la época del terror y de la restauración del Poder de los peninsulares en su Patria, cada persona que había sobrevivido á ese tiempo aciago era para él como una resurrección. Durante su ausencia en las cárceles europeas habían perecido la mayor parte de sus amigos y muchos de los que le habían hecho la guerra cuando estuvo de Presidente de Cundinamarca. Los que tenían en 1821 el Poder habían sido casi todos jóvenes insignificantes que en su tiempo no figuraban, y ni siquiera eran conocidos de él, y otros hasta 1813, cuando él cayó en manos de los españoles, eran partidarios del realismo, enemigos de la emancipación, y no se habían manifestado republicanos sino después de la batalla de Boyacá, cuando se consideró que la Independencia era un hecho en Colombia y que jamás volverían los peninsulares á imperar en el país. Estos fueron, en su mayor parte, gratuitos enemigos del gran patriota, pues envidiaban su fama, sus talentos, y sobre todo, los servicios que había hecho á la Independencia, de la cual ellos se habían aprovechado cuando la hallaron ya establecida.

Algunos de los que, desde que llegó á Cúcuta Nariño, habían comprendido que podría ser su rival en todos los más altos puestos públicos resolvieron desde un principio hacerle una guerra cruel y antipatriótica, disputando con él sin cesar y buscando en su vida pasada toda suerte de pretextos para calumniarle. Como el Vicepresidente tenía conciencia de sus méritos y sabía que merecía toda especie de consideraciones no soportaba fácilmente las agresiones que le hacían en el seno del Congreso y el irrespeto con que frecuentemente le trataban aquellos que no le querían bien.

Entre los que naturalmente no podían comprender sus merecimientos estaban algunos de aquellos extranjeros que habían combatido en las legiones que ayudaron á Bolívar en su campaña maravillosa que concluyó con la batalla de Boyacá, Algunos de éstos, ingleses en su mayor parte, eran hombres de nobles sentimientos, de educación y de relevantes virtudes; otros eran aventureros que habían venido al país en busca de una posición que no tenían en su patria y que, más que todo, buscaban su medro personal, pero que, con pocas excepciones, todos miraban con cierto desdén hasta á los hombres más importantes de la República y pretendían se les recompensara con gran largueza y se les hiciese los mayores honores, aunque no lo mereciesen.

Se presentó un día al General Nariño la viuda de un Coronel inglés Jaime English, no se sabe con qué objeto, y como probablemente ella no comprendía bien el castellano y el Vicepresidente estaba particularmente ocupado y enfermo, ella no entendió á las claras las palabras que le dirigió, y salió muy disgustada de la conferencia á quejarse á uno de sus paisanos, el irlandés D'Evereux. Era éste uno de los militares que más habían servido á Bolívar en sus campañas y tenía merecimientos que nadie negaba; pero era de genio volado y orgulloso. Habia llegado á Cúcuta en esos días, después de haber tenido que entregar los hombres que había traído de Inglaterra á la costa, porque rehusaba someterse al Coronel Montilla por parecerle que era de graduación inferior á la suya. (5)

D'Evereux había ido á Cúcuta con el objeto de reclamar del Gobierno colombiano crecidas sumas de su fortuna personal gastadas en comprar barcos que habían sido confiscados en las costas de Inglaterra con los reclutas que había conseguido para llevar á Sur América. Sin duda sus reclamaciones no fueron recibidas con la atención que esperaba y estaba disgustado con Nariño; así fue que se aprovechó del supuesto desaire hecho á la señora viuda de English para enviar al Vicepresidente una insolente carta de desafío. Este consideró aquella acción como un desacato con la suprema autoridad que desempeñaba y mandó arrestar al Oficial inglés, sumirle en un calabozo y ordenó que le siguiesen causa por irrespetos á la autoridad. D'Evereux apeló al Congreso. Aquéllo causó gran júbilo á los enemigos de Nariño y, no por defender al extranjero, que poco ó nada les importaba, resolvieron amparar á D'Evereux á todas manos. Entre tanto que se disputaba en el Congreso con grande acaloramiento, unos llamando tirano al Vicepresidente y otros probando que tenía razón Nariño, se propuso obrar como él pensaba era justo, y el irlandés continuó preso. Al fin resolvieron en el Congreso dar un decreto ordenando que D'Evereux se presentase ante el Cuerpo Legislativo á dar cuenta de su conducta y á apelar contra los procedimientos del Vicepresidente.

Semejante orden irritó sobremanera á Nariño, quien contestó que el Congreso no tenía atribuciones de Tribunal de Justicia y por consiguiente estaba resuelto á resistir á las órdenes de aquel Cuerpo Legislativo; y para cortar la disputa envió Con escolta al campamento del Libertador al General inglés, para que Bolívar obrase como tuviera por conveniente. Pero cuando D'Evereux llegó á Venezuela el Libertador había entrado triunfante á Caracas, después de la famosísima batalla de Carabobo 2°, y no se volvió á hablar de la prisión del inglés. Probablemente fue puesto en libertad inmediatamente. En medio de aquel triunfo ¿quién se iba áacordar de disputas de etiqueta? (6)

¿Obró bien ó mal Nariño en esta cuestión?

El señor Restrepo, testigo ocular de aquel acontecimiento (puesto que era Diputado en aquel Congreso), dice que este incidente hizo perder mucho tiempo al Cuerpo Legislativo, introdujo la división entre éste y el Poder Ejecutivo y causó tanta irritación en los ánimos que hubo Diputados que pidieron que se depusiese á Nariño, puesto que no obedecía al Congreso.

Pero la verdad es que el Vicepresidente de Colombia no podía dejar impune á quien le había irrespetado, ni permitir que le faltara aquel extranjero, tanto más cuanto que debió saber que éste había sido azuzado y alzaprimado por sus enemigos personales quienes buscaban algún pretexto para poner en difícil predicamento al que envidiaban la alta posición y méritos políticos y personales que no podían negar.

Estaba tan convencido de la justicia de sus ideas sobre la manera de gobernar el país, que no cejaba jamás en sus ideas, y como obraba siempre con sinceridad, hablaba claro y procuraba imponer su voluntad á los que él consideraba, y lo eran en verdad, inferiores á él en talentos, inteligencia y estudios, amén de sus altísimos merecimientos como el primer patriota del país. Esto fue lo que le captó tantos enemigos.

Sus proyectos de legislación y gobierno no prevalecieron y la Constitución que se expidió en Cúcuta es netamente centralista, cuando la suya daba mayor autonomía á los Departamentos que marcaba con acierto, fijándose particularmente en la orografía del país, según se lo había aconsejado Humboldt, en París. En aquel Congreso Nariño contaba con algunos amigos; pero la mayoría de los Diputados era de enemigos suyos. Aunque los primeros le admiraban y querían, los segundos le odiaban y ansiaban humillarle, y todos, hasta sus amigos, le consideraban más bien hombre teórico que de acción; alejado durante tantos años de la vida práctica, se creía que ya era incapaz de servir á su país en la administración pública.

Nuestras Constituciones, tan numerosas ya, han resultado siempre defectuosas y se han considerado, al ponerlas en práctica, tan inadecuadas. ¿Qué sabemos si la de Nariño hubiera resultado más apta para esta desdichada República, y si al mirarla con desdén, como hasta ahora se ha hecho, no hemos cometido un grandísimo error?

Tres días después de haber despachado al Cuartel General del Libertador al Oficial inglés, Nariño, cuyas enfermedades se habían agravado con tan repetidos disgustos, renunció la

 

Vicepresidencia y se puso en marcha hacia la capital de la República. (7)

Se comprende que la renuncia de Nariño fué motivo de regocijo para sus enemigos, y como éstos tenían la mayoría en el Congreso, el mismo día en que se recibió la renuncia, el 5 de Julio, fué aceptada y sin perder tiempo practicaron inmediatamente la elección de otro Vicepresidente interino, nombramiento que recayó en don José María Castillo y Rada, lo cual fue comunicado á Nariño por uno de sus más acérrimos malquerientes, don Francisco Soto.

Pocos días después se pasó á nombrar Presidente y Vicepresidente en propiedad de la nueva República, y como era natural, habiendo mayoría de enemigos suyos en la Cámara, después de breves discusiones, salió electo el General Santander para Vicepresidente.

 

(1)
Había muerto en Cúcuta el 13 de Marzo de aquel año.
(2)
El benemérito General Azuola murió también en Cúcuta el 13 de Abril dejando también vacante el Ministerio á cuya cabeza estaba.
(3)
Historia ya citada, tomo 2º, página 111.
(4)
Oficio que el General Antonio Nariño pasó al Congreso:
"Señor:
Aunque me hallo interina y accidentalmente al frente del Poder Ejecutivo, creo que esta circunstancia no me priva del derecho que tiene todo ciudadano de concurrir con su persona, con sus bienes y con sus luces al mejor servicio de la causa pública. Veintisiete años de meditaciones continuas en todas las posiciones en que un hombre se puede hallar en la sociedad, subiendo y bajando desde el estado más abyecto al más elevado, y desde éste á las mazmorras más obscuras, parece que me dan derecho á ser oído, cuando se trata de nuestra organización social, objeto de mis votos y causa de los padecimientos de toda la flor de mi vida; y mucho más cuando he merecido el honor de ser nombrado por la Provincia de Cartagena, Representante de este Soberano Cuerno, no obstante que el todo de las funciones de este nombramiento sí lo creo incompatible con mi destino actual.
Estas consideraciones me animan á ofrecer á Vuestra Majestad el fruto de mis padecimientos y del inextinguible amor de mi Patria, presentándole un proyecto de Constitución en el momento mismo en que el Soberano Cuerpo va á ocuparse de asunto tan grave y trascendental. Si los momentos son críticos, si la guerra existe, si todo el territorio aún no está libre, estos inconvenientes deben ceder al mayor de todos, cual es el de vivir sin leyes que nos gobiernen.......... Mas como no sé si el Soberano Congreso está ya decidirlo á entrar en los pormenores de una Constitución, ni tendrá por conveniente el que yo presente mi proyecto, hago sólo la propuesta, sin remitirlo, aguardando su soberana resolución. Añadiendo que en caso de creer asequible y justa mi pretensión se me permita presentarla por partes, por no haber acabado de poner en limpio los apuntes que tengo formados, y porque si la primera parte que presentaré hasta las atribuciones del Poder Legislativo no merecieren tomarse en consideración, no perder el tiempo en ordenar lo que falta poner esta limpio.
Rosario de Cúcuta, 29 de Mayo de 1821.
ANTONIO NARIÑO."
(Véase Precursor, página 511. Allí también se encuentra el trunco proyecto de constitución que presentó Nariño al Congreso).
(5)
"Sostenido Montilla por el Libertador en la clase de Comandante General de las Provincias de Cartagena y Santa Marta, D'Evereux tuvo que someterse. Los soldados fueron agregados al Ejército, y él permaneció inactivo por conocer el idioma del país, ni haber mando que pudiera desempeñar según su graduación." Restrepo, obra citada, volumen 3, página 40.
(6)
Santander, que era amigo de D'Evereux, después de aquel incidente con Nariño, le nombró Ministro en Rusia y Suecia, pero parece que no alcanzó á ser recibido en aquellas Cortes. Años después regresó ciego á Bogotá y en la mayor miseria. Las Repúblicas de Nueva Granada, Venezuela y el Ecuador le decretaron pensiones y honores en recompensa de sus antiguos servicios.
(7)
He aquí la nota que paso al Congreso:
"EL VICEPRESIDENTE DE LA REPÚBLICA AL SOBERANO CONGRESO:
Señor:
Ha llegado el caso que anuncié á Vuestra Majestad en mi última comunicación que suplico se traiga á la vista, y agregando á las razones que en ella expongo la de hallarme gravemente enfermo (*) hinchado de medio cuerpo abajo, y en términos de haberme dicho el facultativo que me asiste que, si duro aquí diez ó doce días más, tendré que salir en guando, hago mi renuncia de la Vicepresidencia interina, que obtengo por confirmación de Vuestra Majestad, al nombramiento que en mí había hecho el Libertador Presidente.
Esta solicitud es tanto más asequible cuanto que va el tiempo de las elecciones parece que no debe tardar muchos días y estando los señores Ministros, no sólo impuestos en los respectivos ramos que les son propios sino en la marcha del Gobierno en lo que le es peculiar y en los asuntos de Ocaña, como ramo de Guerra, éllos podrán continuar en el Despacho inter se hacen las elecciones, despachando cada uno los ramos de su Ministerio, y juntos los que correspondan al Gobierno, como los Decretos para la ejecución y cumplimiento de las leyes y Decretos del Soberano Congreso otros á este tenor.
Espero, pues, que Vuestra Majestad, en consideración á todas las razones que dejo expuestas y á la necesidad de trasladarme al seno de mi familia á curarme, con la buena asistencia que demandan mis enfermedades, se dignará acceder á mi solicitud, en la inteligencia de que me es absolutamente imposible continuar en el Despacho de los asuntos del Gobierno.
Esta renuncia, á que me obliga la imperiosa necesidad, no puede desviar de mi corazón la gratitud alto aprecio con que miro la distinción que, tanto el Libertador Presidente como Vuestra Majestad, se dignaron dispensarme, elevándome á un puesto en que, confieso con sinceridad, en carga es superior á mis débiles esfuerzos, pero que ésto mismo debe aumentar mi reconocimiento. En todo tiempo, recuperada mi salud, debe Vuestra Majestad contar con mi invariable resignación de sacrificarme todo entero por mi Patria, en cualquier destino que sea.
Señor,
ANTONIO NARIÑO."
(*) Dice Restrepo que sufría calenturas intermitentes, causadas por el clima de Cúcuta.
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