Nariño vuelve á Bogotá y defiende ante el Senado su conducta de los ataques de sus enemigos

 

Apesar de la mala voluntad que algunos de sus compatriotas le tenían, las personas que no tenían motivo de envidiarle porque no les cegaba la ambición, le amaban tiernamente, le consideraban y deseaban manifestárselo cada vez que tenían oportunidad para hacerlo.

Durante el tránsito, en vía para Bogotá, le salían á recibir con entusiasmo y le ofrecían hospitalidad en las poblaciones por donde pasaba. (1) Viajó al principio á caballo y después en silla de manos, pues sus enfermedades se agravaron tanto que cuando llegó á Bogotá los médicos le prescribieron completa quietud, ningún trabajo intelectual y aire de campo en su quinta de Fucha, la misma que después se llamó de Ramos.

El no pudo sufrir sinembargo mucho tiempo aquella quietud y al cabo de algunas semanas volvió á la vida pública; no pudo abandonar la política ni dejar de mezclarse en los sucesos que tenían lugar en el país y dar su opinión acerca de éllos. A mediados de 1822 publicó un periódico llamado Los Toros de Fucha, en el cual criticaba el Gobierno del Vicepresidente Santander. Este entonces fundó otro llamado El Patriota, con el objeto de defenderse y contestar los cargos que le hacía Nariño. La disputa se iba agriando entre los dos hombres públicos hasta que Bolívar entró en la contienda escribiendo á Santander "que se dejara de estas disputas," y á Nariño invitándole á que le fuera á acompañar en su campaña del Sur, (2) en donde podría servir mejor á su Patria.

Mucho criticaban entonces á Nariño que hubiese cambiado de opinión acerca de la forma que debería tener el Gobierno de Colombia, y que él, que en 1812 defendió con las armas en la mano el centralismo, en 1823 abogara por la federación, (3) en un periódico llamado El Insurgente, que se le atribuía. Allí aconsejaba al Congreso que iba á reunirse que alterase la Constitución central adoptando la federal.

Pero Santander, apoyado enérgicamente por el Libertador, desde Guayaquil (en donde preparaba su campaña sobre el Perú),combatía por la prensa en pro del centralismo, en lo cual le ayudaban sus amigos, los futuros liberales, defensores después del federalismo a outrance.

La reunión del Congreso era indispensable para dar respetabilidad, fuerza y leyes al Gobierno que tenía que atender á las conspiraciones realistas que se levantaban en diferentes partes del país y necesitaba urgentemente recursos para enviar tropas y dinero al Libertador que pedía sin cesar armas y soldados que le hacían gran falta para continuar su campaña en Quito y el Perú.

Para reunir recursos sin gravar á la Nación entera se ocurrió á hacer empréstitos forzosos á los ciudadanos pudientes y también á los que disponían de una renta mediana. A Nariño tocó también pagar su cuota en este empréstito, el cual indudablemente debió de serle gravoso, puesto que sus rentas eran exiguas. (4) Confiando el Gobierno en su honradez, eficacia, actividad energía le nombró Presidente de la Comisión de repartimiento de bienes nacionales y al mismo tiempo Comandante General de armas del Departamento de Cundinamarca. (5) Esto prueba que se había amistado con el General Santander, al menos aparentemente; pero aquéllo no impidió que otros enemigos le atacaran por la prensa y por medio de anónimos insultantes que le causaban grandes disgustos. (6)

Pero estos desagrados eran "tortas y pan pintado" en comparación de lo que le sucedió al empezar el año de 1823.

El Congreso de Cúcuta había nombrado á Nariño Senador, sin duda como un desagravio por no haberle elegido Vicepresidente, como ciertamente hubiera sido natural y justísimo. Pero este nombramiento dio margen á otras acusaciones más serias que le promovieron dos de sus acérrimos enemigos, don Diego Fernando Gómez y el doctor Vicente Azuero.

No bien tomó asiento en el recinto del Senado el General Nariño cuando don Diego Fernando Gómez tomó la palabra para decir que dicho caballero no podía ser miembro del Cuerpo Legislativo, porque según la Constitución lo excluían sus antecedentes como deudor fallido á la Tesorería del Rey de España, en 1794; que además se había entregado á los españoles en Pasto yendo á la cabeza de tropas nacionales y aún no había sido juzgado en Consejo de Guerra, como merecía esa conducta, y por último que había permanecido ausente de la Patria por su gusto.

Semejantes absurdas calumnias produjeron estupor é indignación entre muchos de los Senadores; pero como también tenía enemigos se decidió que al día siguiente debería presentar el acusado la defensa de su conducta y responder á los tres gravísimos cargos que Fernando Gómez se atrevió á hacer al que hacía treinta y cuatro años que sufría por la Patria, como hemos visto en toda esta Biografía. No necesitamos, pues, citar la magistral defensa que hizo Nariño para probar su inocencia y la criminal conducta de su acusador. Con vacilante paso, pues todavía se resentía su cuerpo de los grillos y cadenas con que le agobiaron los españoles durante sus últimas prisiones (que duraron siete años, como hemos visto), Nariño salió del recinto del Senado para tomar puesto en el banco de los acusados, y desde allí se dirigió á sus compatriotas. Ya no era aquel gallardo joven que contestaba con gracejos á los que le persiguieron en 1794, ni el hombre en toda la flor de su edad que se imponía con su presencia y su palabra á los pastusos; veinte años después era un anciano de sesenta y tres años, encorvado y debilitado, no tanto por los años cuarto por los desengaños y la incalificable ingratitud de sus compatriotas. Pero si su cuerpo había perdido el vigor y la fuerza, no así su espíritu; éste era tan grande, tan noble, tan fuerte como en su juventud, y su elocuencia llegó á tal grado al pronunciar su defensa que los que le oían se sintieron electrizados, conmovidos y turbados hasta el fondo de su alma.

Citaremos algunos párrafos de aquella famosa alocución:

"Hoy me presento, señores, (dijo al empezar), como reo ante el Senado de que he sido miembro, y acusado por el Congreso que yo mismo líe instalado y ha hecho este nombramiento; si los delitos de que me acusa hubieran sido cometidos después de la instalación del Congreso, nada tenía de particular esta acusación; lo que tiene de admirable es ver á dos hombres que no habrían quizá nacido cuando yo ya padecía por la Patria, haciéndome cargos de inhabilitación para ser Senador, después de haber mandado en la República, política y militarmente en los primeros puestos sin que á nadie le haya ocurrido hacerme tales objeciones. Pero lejos de sentir este paso atrevido, yo les doy las gracias por haberme proporcionado la ocasión de poder hablar en público sobre unos puntos que daban pábulo á mis enemigos para sus murmuraciones secretas; se pondrá en claro, y deberé á estos mismos enemigos no mi vindicación, de que jamás he creído tener necesidad, sino el poder hablar sin rubor de mis propias acciones.........."

Interrumpiéndose levantó la voz y pidió aquí permiso al Senado para que se presentasen á la barra á hacerle cargos cuantos lo tuvieran á bien, que él les respondería con gusto.

No habiendo nadie que lo hiciera siguió su peroración.

"No comenzaré, señores, dijo, A satisfacer estos cargos implorando, como se hace comúnmente, vuestra clemencia y la compasión que naturalmente reclama todo hombre desgraciado; no, señores: me degradaría si después de haber pasado toda mi vida trabajando para que se viera entre nosotros establecido el imperio de las leyes, viniera ahora, al fin de mi carrera, á solicitar que se violasen en mi favor. Justicia severa y recta es la que imploro en el momento en que se va á abrir á los ojos del mundo entero el primer Cuerpo de la Nación y el primer juicio que se presenta. Que la hacha de la ley descargue sobre mi cabeza, si he faltado alguna vez á los deberes de un hombre de bien, á lo que debo á esta Patria querida ó á mis conciudadanos. Que la indignación pública tenga tras la justicia á confundirme, si en el curso de toda mi vida se encontrase una sola acción que desdiga de la pureza de mi acreditado patriotismo. Tampoco vendrán en mi socorro documentos que se puedan conseguir con el dinero, el favor y la autoridad; los que os presentaré están escritos entre el cielo y la tierra, á la vista de toda la República, en el corazón de cuantos me han conocido, exceptuando sólo un cortísimo número de individuos del Congreso que no veían porque les tenía cuenta no ver. Así mi vindicación sólo se reducirá á recordaros compendiosamente la historia de los pasajes que se me acusan, acompañada de los documentos que entonces existían y de algunas reflexiones nacidas de ellos mismos..............."

 

Pasó en seguida á presentar en primer lugar documentos que le dejan perfectamente descargado de deuda en los Ramos tanto de Hacienda como en el de Diezmos, durante la época del Virreinato. (7)

En cuanto á la acusación que le hacían como traidor á la Patria en Pasto, ya hemos narrado prolijamente cuanto allí sucedió. Todo ésto Nariño pone de manifiesto con una verdad, una elocuencia que dejó mudos y cabizbajos á sus acusadores, los cuales no pensaron que Nariño tuviera á mano, no solamente su extraordinaria palabra tan clara y convincente, sino documentos fehacientes que no se podían negar, discutir, ni reprobar.

Antes de presentar éstos exclamó:

"¿Hay entre las personas que hoy me escuchan, hay en esta ciudad y en toda la República una sola que ignore los sucesos de estos últimos 29 años? ¿Hay quien no sepa que la mayor parte de éllos los he pasado encerrado en el Cuartel de Caballería de esta ciudad, en el de Milicias de Santa Marta, en el del Fijo de Cartagena, en las Bóvedas de Bocachica, en el Castillo del Príncipe de la Habana, en Pasto, en el Callao, en Lima, y últimamente en los calabozos de la Cárcel de Cádiz? ¿Hay quien no sepa que he sido conducido dos veces en partida de registro á España y otra hasta Cartagena? Todos lo saben; pero no saben ni pueden saber los sufrimientos, las hambres, las desnudeces, las miserias que he padecido en estos lugares de horror, por una larga serie de años. Que se levanten hoy del sepulcro Miranda, Montúfar, (8) el virtuoso Ordóñez, (9) y digan si pudieron resistir á sólo una parte de lo que yo por tantos años he sufrido; que los vivos y los muertos os digan si en toda la República hay otro que os pueda presentar una cadena de trabajos tan continuados y tan largos como los que yo he padecido por la Patria por quien hoy mismo se me está haciendo padecer. Sí, señores, hoy estamos dando al mundo el escandaloso espectáculo de un juicio á que no se atrevió el mismo Gobierno español!.........."

 

Presenta en seguida oficios de Aymerich, del General Leiva, del Mayor General Cabal, que ya conocemos, puesto que los citamos en el Capítulo XX de esta Biografía.

"¿No habrá, añade, en este Senado, en este numeroso auditorio quien pueda deponer lo que digo ó contradecirlo? Yo ruego á los miembros del Senado y á todos cuantos me escuchan, que si hay alguno que pueda agregarse en este momento á Diego Gómez y contradecir lo que llevo referido, se levante y lo diga.........."

 

Hablando de la situación en que se hallaba en Pasto, dice:

"Figuraos, señores, por unos momentos que me véis encerrado en una pequeñísima pieza, tendido sobre una mala cama, cubierto con una ruana, con un par de grillos en mis piernas ulceradas, sin un amigo, sin un libro para distraerme y esperando de hora en hora correr la suerte de Caicedo y Macaulay, (10) y en este estado recibo el oficio del Presidente de Quito en que me hace la propuesta de que en cambio de que le entregara á Popayán no sólo me ofrecía sacarme de aquel estado angustioso, sino constituirme en los antiguos honores y empleos? ¿Qué habrían contestado Gómez y Azuero? ¿Qué habrían hecho, qué habrían contestado otros de mis enemigos que ocupan hoy puestos más señalados?.......... En la contestación veréis el lenguaje no de un hombre abatido que vende los intereses de la Patria al temor ó á sus miras personales, sino el lenguaje de un Jefe que, en medio de sus enemigos y de los sufrimientos y peligros que lo rodean, quiere conservar la dignidad de la República y hace que estos mismos enemigos lo respeten.........."

Manda leer los documentos que prueban su aserción. (11)

.......... "Sin la traición de Pasto, dice más adelante, ¿hubiera triunfado Morillo? ¿Se habrían visto las atrocidades que por tres años continuos afligieron este desgraciado suelo? ¿Hubieran Sámano y Morillo revolcándose en la sangre de nuestros ilustres conciudadanos? Nó, señores, nó: siempre triunfante habría llegado á Quito, reforzado el Ejército; vuelto á la capital y sosegado el alucinamiento de mis enemigos con el testimonio de sus propios ojos, hubiéramos sido fuertes é invencibles y después que se sacrificó mi persona, los intereses de la Paria y se inmolaron tantas inocentes víctimas por viles y ridículas pasiones ¿se me acusa de haber sido sacrificado quizá por algunos de los mismos que concurrieron á aquel sacrificio?.......... Hoy se quieren renovar por otro estilo las escenas de Pasto; hoy por sacrificarme se volverá á sacrificar la Patria, pues existen los mismos gérmenes, muchas de las mismas personas, los mismos odios, la misma emulación, el mismo espíritu de personalidades, la misma necedad y ceguera que entonces nos perdió. Pero nó: ¡Dios Supremo, á cuya vista no se puede ocultar el corazón del hombre, levantad vuestro brazo omnipotente y descargadlo sobre mi cabeza, antes que yo vuelva á servir de pretexto á los enemigos de la Partia para sus inicuas maquinaciones! ¡Perezca yo en este instante, perezca mil veces, si he de servir de pábulo para que se vuelva á ver afligida mi adorada Patria!.........."

.......... "El tercer cargo que se me hace, dice más adelante, es la falta de residencia que exige la Constitución, por haber estado ausente por mi gusto, dice el señor Diego Gómez, y no por causa de la República."

A esta absurdísima acusación contesta:

"Sí, señores, por mi gusto dejé de ser Presidente Dictador de Cundinamarca; por mi gusto dejé de ser General en Jefe de los Ejércitos; por mi gusto perdí veinte años de sacrificios hechos á la libertad, las penalidades de ocho meses de marchas y el fruto de las victorias que acababa de conseguir; por mi gusto abandoné mi Patria, las comodidades de mi casa, la compañía de mis amigos y mi numerosa familia; por mi gusto desprecié el amor de los pueblos que mandaba, para irme á sentar con un par de grillos entre los feroces pastusos que á cada hora pedían mi cabeza; por mi gusto permanecí allí trece meses sufriendo toda suerte de privaciones y de insultos; por mi gusto fui transportado preso entre 200 hombres hasta Guayaquil, de allí á Lima y de Lima, por el Cabo de Hornos, á la real Cárcel de Cádiz; por mi gusto permanecí cuatro años en esta Cárcel, encerrado en un cuarto, desnudo y comiendo el rancho de la enfermería, sin que se me permitiese saber de mi familia. ¿No os parece, señores, que es más claro que la luz de día, que yo he estado ausente por mi gusto y no por causa de la República?.........."

Al concluír su discurso tuvo Nariño un arranque de inspiración profética. Predijo que la República, que empezaba tan desdorosamente, continuaría su marcha al través de los años no hacia el progreso y la prosperidad que merecen las naciones que saben premiar las virtudes y castigar la ingratitud, la malevolencia y la envidia, sino que iría hacia el abismo y cosecharía el desprecio de las naciones fuertes y la aversión y la malquerencia desesperada de sus propios ciudadanos, que no verían más salud para ellos sino en el abandono de un suelo tan ingrato.

.......... "Y á la vista de semejante escandalosa acusación, exclamó, comenzada por el primer Congreso general, y al abrirse la primera Legislatura, ¿qué deberemos presagiar de nuestra República? ¿Qué podremos esperar para lo sucesivo, si mis acusadores triunfan ó se quedan impunes? Por una de esas singularidades que no están en la previsión humana, este juicio, que á primera vista parece de poca importancia, va á ser la piedra angular del edificio de vuestra reputación. Hoy, señores, hoy va á ver cada ciudadano lo que debe esperar para la seguridad de su honor, de sus bienes, de su persona; hoy va á ver toda la República lo que debe esperar de vosotros para su gloria. En vano, señores, dictaréis decretos y promulgaréis leyes llenas de sabiduría; en vano os habréis reunido en este templo augusto de la Ley, si el público sigue viendo á Gómez y Azuero sentados en los primeros Tribunales de justicia; en vano serán vuestros trabajos y las justas esperanzas que en vuestra sabiduría tenemos fundadas. Si vemos ejemplos semejantes en las antiguas Repúblicas; si los vemos en Roma y Atenas, los vemos en su decadencia, en medio de la corrupción á que su misma opulencia los había conducido. En el nacimiento de la República romana vemos á Bruto sacrificando á su mismo hijo por el amará la justicia y á la libertad; y en su decadencia, á Clodio, á Catilina, á Marco Aurelio sacrificando á Cicerón por sus intereses personales.

Atenas nació bajo las espigas de Ceres, se elevó á la sombra de la justicia del Areópago y murió con Milcíades, con Sócrates y Foción. ¿Qué debemos esperar, pues, de nuestra República si comienza por donde las otras acabaron? Al principio del reino de Tiberio, dice un célebre escritor, la complacencia, la adulación, la bajeza, la infamia, se hicieron artes necesarias á todos los que quisieron agradar; así todos los motivos que hacen obrar á los hombres los apartaban de la virtud que cesó de tener partidarios desde el momento en que comenzó á ser peligrosa. Si vosotros, señores, al presentaros á la faz del mundo como legisladores, como jueces, como defensores de la libertad y la virtud, no dáis un ejemplo de la integridad de Bruto, del desinterés de Foción y de la justicia severa del Tribunal de Atenas, nuestra libertad va á morir en su nacimiento. Desde la hora en que triunfe el hombre atrevido, desvergonzado, intrigante, adulador, el reino de Tiberio empieza y el de la libertad acaba."

 

Un largo é inextinguible aplauso acogió el fin de aquella elocuentísima defensa; la mayor parte de los oyentes, dentro y fuera del Senado, tenían las lágrimas en los ojos. Uno de los jóvenes que entonces presenciaron aquella escena conmovedora, después uno de los Magistrados más ilustres de esta República, don Mariano Ospina, escribía veintiseis años después lo siguiente:

"No se ha borrado todavía, después de tantos años, la profunda a impresión que en nuestro ánimo produjo la poderosa voz del decano de los próceres de nuestra Independencia. Mal cerradas las cicatrices que las cadenas de los tiranos habían dejado en las piernas del valiente soldado, apenas podía andar, y cada paso que daba era una elocuente desmentida á las calumnias de sus enemigos. Cuando, levantando altiva su noble frente, recordaba los primeros esfuerzos hechos por la independencia y por la Libertad y las inmensas pérdidas y crueles sufrimientos que éllos le acarrearon, preguntaba: '¿En dónde estaban entonces esos hombres que hoy me calumniaron? qué era de ellos cuando yo perdía hacienda, salud y libertad, para dar prosperidad, independencia y libertad á la Patria? Cuando poniendo á la vista documentos irrecusables (12) hacía que sus propios enemigos proclamasen los claros hechos de su patriotismo, las felices combinaciones de su genio, sus heróicas hazañas, su ilimitada y leal consagración, las lágrimas que su pérdida arrancara á los valientes defensores de la libertad, el sentimiento profundo de pesar que su cautividad derramara en los pueblos, el Senado entero conmovido inclinaba delante de él sus respetables canas en señal de asentimiento y respeto. Nosotros enternecidos, entusiasmados, derramábamos lágrimas y batíamos las manos desalados." (13)

Como un solo hombre, todo el Senado se puso de pie aclamando por unanimidad de votos la inocencia de Nariño. Digo mal, faltó un voto, el de uno de sus acusadores que avergonzado se había alejado de aquel recinto en que no se admitía su calumnia, y no quiso acabar de oír los descargos del que él consideraba su enemigo.

Pero ésto aún no creyeron suficiente. En lugar de ser acusados los que tan malamente le habían levantado las calumnias de que se defendió Nariño, preparaban los señores Azuero y Gómez (viendo que sus anteriores acusaciones habían salido fallidas) nuevos escritos acusándole por las palabras injuriosas que contra ellos había vertido en su justo resentimiento. Súpolo Nariño y no quiso que se produjesen nuevos escándalos en su nombre. Con una caballerosidad digna de la nobleza de su carácter se reconcilió con sus acérrimos enemigos y aun vino en borrar de su discurso, cuando se publicó, las palabras injuriosas que había vertido contra Azuero, Fernando Gómez y un español Barrionuevo que le había desafiado. (14)

Tenía razón Nariño: una República que empezaba insultando al que primero lo aclamó, al verdadero Padre de la Patria, no podía prosperar ni ser respetable. La falta de Sanción pública, el olvido del mal que han hecho los que han precipitado á la Nación en los abismos de la anarquía, premiando sus malas acciones en lugar de castigarlas; el odio que nace de la envidia; la indiferencia hacia los que hacen el bien y la adulación con respecto á los fuertes; la persecución que se declara á todo el que merece bien de la Patria; la supresión por medio del asesinato de los que hacen sombra á los ambiciosos, como Sucre, Arboleda, etc.; las injusticias cometidas con sus verdaderos grandes hombres, como tantos, desde Bolívar hasta la presente época; la impunidad para el poderoso y las crueldades cometidas con los que no pueden defenderse; los fraudes políticos y sociales, los engaños, dolos y especulaciones ruinosas para el país; todos estos crímenes que durante ochenta años han tenido lugar á ciencia y Paciencia de los Gobiernos y de los particulares, son los que han ido corrompiendo y falseando el espíritu público hasta precipitarnos en un mar de vergüenzas y miserias.

 

(1)
"Los Alcaldes y vecinos de Chiquinquirá, que no pueden recordar sin dolor los padecimientos de Vuestra Excelencia por el amor de nuestra madre Patria, ni mirar sin un excesivo placer su dichosa restitución á nuestro Continente, sabiendo que Vuestra Excelencia en su arribo á la capital de Bogotá piensa pasar por ésta, ve que se aumentará su gozo, si Vuestra Excelencia hace su hospitalidad en una de nuestras casas, albergues pobres y miserables para contener á Vuestra Excelencia, pero grandes y opulentos si se cuenta con la inclinación decidida con que este pueblo le ha amado. Sírvase Vuestra Excelencia dispensarnos el honor de aceptar nuestra voluntad sincera.
Dios guarde á Vuestra Excelencia muchos años.
Chiquinquirá, Septiembre 23 de 1821.
ANTONIO FAJARDO-J. NEPOMUCENO SALAZAR."
(Precursor, página 541).
(2)
Véase carta de Bolívar al doctor Fernando Peñalver. Cartas del Libertador, tomo XXIX, página 290.
(3)
"Los periódicos titulados El Aglo-Colombiano de Caracas y El Insurgente en Bogotá pedían que se adoptase la forma federativa por el Congreso. Creíase fundadamente que el General Nariño, acérrimo enemigo de la federación en 1812, era quien la promovía en la capital de la República. Esta versatilidad, que se juzgaba interesada, hacía desmerecer su carácter político." Restrepo, tomo 3. página 282.
(4)
Véase Precursor, página 542, oficio del Secretario de Estado, Marzo 1822.
(5)
Precursor, página 543. Oficios del 16 de Octubre y 17 del mismo, 1822.
(6)
En una carta de Nariño al Libertador leemos las siguientes líneas:
.......... "Se me sigue insultando y calumniando por anónimos que no se atreven á sacar la cara. Para evitar el mal que esta guerra encubierta pudiera hacer, acusé uno de estos anónimos, á fin de que se descubriera y el Gobierno y el público los conocieran; pero este paso también fue en vano, porque lo han manejado de modo que, lejos de atajar el mal, lo han aumentado, poniendo á un miserable godo al frente y haciendo que saliera absuelto y nada se descubriese, proporcionando incidentes que aumentaran la discordia." Precursor, página 544.
(7)
Precursor, páginas 561y 562 y siguientes.
(8)
Famoso patriota quiteño que iba preso con Nariño para España, pero se escapó de las prisiones, volvió á Santafé, combatió con Mejía en el Cauca y por último murió fusilado en Popayán, en Septiembre de 1816.
(9)
Sacerdote patriota que murió en la Carraca de Cádiz.
(10)
Apresados por Montes después de un combate en las inmediaciones de Pasto los manda fusilar el 26 de Enero de 1813.
(11)
Se encuentran en El Precursor, páginas 437, 438 y 583.
(12)
En El Precursor se imprimieron otros aún más importantes que Nariño mismo no conocía.
(13)
Véase Historia de la Literatura, por J. M. Vergara y Vergara, página 474.
(14)
Véase el escrito del señor doctor León Gómez, en el Boletín (número 7) de Historia y Antigüedades, página 316.
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