Enfermedad y muerte de Nariño 1823

 

Después de la conmovedora escena que tuvo lugar en el Senado, Nariño cayó á la cama, de la cual se levantó no bien se lo permitieron sus fuerzas tan debilitadas por sus enfermedades físicas, desengaños y tristezas morales, con el objeto de tomar parte en los debates parlamentarios en los cuales su voz era escuchada con veneración por unos y con temor por los ambiciosos que temían su soberano influjo y su popularidad en su ciudad natal.

Sinembargo, al principio de Agosto de aquel año se sintió morir y los médicos le ordenaron que buscase un clima más suave.

El Vicepresidente, que se había reconciliado muy sinceramente con él, según parece, mandó que le proporcionaran todos los recursos y le dieran pasaporte para trasladarse fuera de Bogotá, no bien se cerraron las sesiones del Congreso, el 8 de Agosto. (1)

Nariño escogió la risueña villa de Leiva, en donde tenía numerosos amigos. "Se despidió con un abrazo de cada una de las personas de su familia, dice Vergara y Vergara, que lo idolatraba, y de sus amigos. ¿Hasta cuándo? le preguntaban. ¡Hasta nunca! les respondía con su seductora sonrisa."

"Apenas entró en el apacible clima de Leiva, añade Vergara y Vergara, se sintió mejor en su salud, tan mejor que sus amigos que le acompañaban le creyeron salvado.

-Ahora que estoy bueno, les dijo, voy á buscar y señalar el sitio en que quiero ser enterrado porque pienso morirme pronto.

Ellos rieron y él también, y con risa y chistes les señaló el lugar que había escogido." (2)

Parece que para acabarse de mejorar el General Nariño estuvo en Ráquira, en donde recibió una carta amistosa del General Santander, la cual contestó en los siguientes términos:

"Leiva, 12 de Octubre de 1823.

Mi apreciado General y amigo:

Sumamente atrasada recibí en Ráquira su apreciable carta, la que me sirvió de la mayor satisfacción, tanto por sus amistosas expresiones, como por las agradables noticias que me comunica. Yo realmente me mejoré mucho del pecho, pero cada día se me empeora la vista, en términos que apenas veo hoy lo que le estoy escribiendo. Me he pasado á este lugar porque en Ráquira, entrado el invierno, ya no podía salir de una pequeña pieza, encerrado día y noche. Si aquí sigue la vista al mismo paso, antes que concluya el año habrá concluído toda la naturaleza. Quisiera corresponder á usted escribiéndole muy largo, pero usted se hará cargo que éste es el mayor veneno para los ojos. No escribo tampoco al Libertador porque el doctor Marcos me ha dicho que siguió á Lima; pero si usted le escribe le estimaría le dijera cómo me hallo. De todos modos siempre quedo con las mayores veras su atento estimador y amigo.

NARIÑO." (3)

Santander le contestó el 22 del mismo mes.

"Bogotá, Octubre 22 de 1823.
Al benemérito General Antonio Nariño, etc.

Mi apreciado General y amigo:

Yo no escribo á usted para que me conteste; sería una imprudencia hacerle trabajar con sus enfermos ojos; escribo porque ésta es prueba de amistad.

Positivamente se fue el Libertador el 7 de Agosto, de Guayaquil, llevando 1,700 hombres. Toda la Provincia de Arequipa está ya en poder de Santacruz, y Sucre se fue á reunírsele con 3,000 hombres. De Lima han emigrado con Canterac todos los caballeros cruzados y casi todos los titulados. Es buena fortuna para Lima haberse purificado de un modo tan decente y tan inequívoco.

Lo que va mal es lo de España. Morillo hizo lo que Abisbal, y no se podía esperar otra cosa de un servil tan antiguo. La Coruña está bloqueada y atacada; Cádiz bombardeada; Mina es el que aún se mantiene imponente en Cataluña, pues del Ejército de Ballesteros desertan soldados para los franceses. Hay guerrillas constitucionales, pero ¿qué pueden hacer todavía de provecho sin el apoyo de un Ejército de operaciones? San Sebastián, Barcelona, Pamplona, Tarragona aún subsisten por los constitucionales. Estas son las noticias recibidas hoy por Cartagena y las más frescas que traen las gacetas de Londres. Yo temo el restablecimiento del Poder absoluto de Fernando y la continuación de la guerra contra América, y le temo mucho más al oro de la Francia. (4) ¡Quiera Dios que instalemos el Congreso el 2 de Enero, para que podamos pensar en nuestra suerte y obrar como si nada tuviésemos que esperar de la Inglaterra! Cuando usted tenga lugar no deje de indicarme algunas observaciones en esta espinosísima materia, porque muchos ojos ven más que pocos, y aquí no se trata de vista material que desgraciadamente ya le falta á usted.

Repito á usted que soy su apreciador y atento servidor y amigo.

F. P. SANTANDER." (5)

 

Después de una nueva mejoría, Nariño se declaró tan bien de salud que el 2 de Diciembre resolvió ir hasta Tinjacá a encontrar á una familia que él apreciaba mucho (la de don Camilo Manrique), que iba á veranear á la villa de Leiva. A caballo, y muy alegre, sufriendo sinembargo los rayos de un sol ardiente, recorrió el camino hasta Suta, pueblo que se llama hoy Sutatensa. Después de comer allí, como sus amigos pensaban pernoctar en aquel lugar, él regresó solo á la villa de Leiva y al día siguiente volvió hasta la mitad del camino á reunirse con la comitiva que había dejado en Suta.

Aquel viaje fatigoso fue el que le causó la muerte. Dos días después le atacó una bronconeumonía tan aguda que la fiebre le hizo delirar y sintió palpitaciones como las que le postraron en Cúcuta. Merced á una activa medicación mejoró tanto que el día 7 de Diciembre resolvió levantarse, vestirse y salir á la calle á visitar á un amigo. Regresó á su casa cabizbajo y triste; le habían impresionado los dobles de las campanas de la iglesia que tocaban á muerto. Pasó una noche agitada y amaneció tan enfermo que pidió confesor (antes de salir de Bogotá había hecho confesión general) y que le administraran los Sacramentos.

Sinembargo, era tan valiente que insistió en levantarse, á pesar de la fiebre y que esputaba sangre. Recostado en una hamaca pasó el día. Llamaron un médico de Tunja (doctor Gutiérrez) á pesar de que había otro en Leiva, y entre los dos hicieron todo esfuerzo para darle alivio, pero él no soportaba la cama é insistía en levantarse. Pero el 11 se sintió tan malo que permaneció en la cama y no quiso abrir las cartas que le llegaron por el correo. Uno de los circunstantes le dijo que había llegado la noticia de la toma de Puerto Cabello por los Patriotas; entonces se incorporó con semblante regocijado y dío gracias á Dios por haber tenido ese consuelo antes de salir de este mundo. Estaba tan fatigoso que el Cura le llevó la extremaunción, y él mismo contestaba con voz entera. Tan bien le sentó este sacramento que se declaró tan aliviado que quiso salir y mandó ensillar una mula, contrariando naturalmente la voluntad de cuantos le rodeaban. (6)

Aquí dejamos la palabra á Vergara y Vergara.

.........."El 12 se hizo poner el Santo Oleo, anunciando que después de este 'acto amigable con Dios, iría á practicar actos amigables con los hombres,' y que le tuvieran ensillado un caballo. Montó, en efecto, y recorrió los alrededores, deteniéndose pocos momentos en cada casa y despidiéndose con la más cordial urbanidad.

-Para dónde va usted? le preguntaban.

-Para la eternidad; y no pido órdenes porque no se me ocurre qué puedan mandar á decir de allá, les contestó.

Al volver á su casa se sentó en un sillón y pasó la noche discurriendo largamente con el médico sobre el carácter y fin de la enfermedad que había tenido y de cómo iba á morir. Viendo á algunos de los circunstantes muy afligidos, los consolaba con palabras festivas.

-Qué chasco el que voy á jugar á los españoles! les decía; me voy al cielo antes que ellos.

Al aparecer la aurora del 13 bellísima y radiante.

-Qué buen día me va á hacer! dijo, y en seguida oró largo rato.

Mientras hablaba observaba con el reloj en la mano el estado de su pulso; hizo notar á los médicos que ya había terminado la pulsación, y les decía:

-He muerto ya! Ustedes hablan con un cadáver. Pidió que le hiciesen venir algunos músicos para que le cantasen los Salmos Penitenciales. Mientras llegaban discurrió sobre la muerte y sus diferentes formas según las creencias y las costumbres de los pueblos.

Su confesor, el doctor Buenaventura Sáenz, Cura de Sáchica, le decía, hablándole de su próxima muerte 'que no tuviera cuidado.'

-Jamás lo he tenido! le replicó blandamente." (7)

 

Después de aquéllo le acometió un parasismo. Los sacerdotes que se hallaban con él le dieron nuevamente la absolución por la Bula de Pía Mater y por la Hermandad del Carmen, de la cual dijo que era hermano. A poco empezó la agonía durante la cual no dejó de hablar cada vez que volvía en sí.

-"Odié siempre por instinto á los tiranos, decía.......... Luchando contra ellos perdí cuanto tenía.......... Perdí hasta la Patria!.......... Cuando apareció por fin esa libertad por quien yo había sufrido tanto, lo primero que hizo fue tratar de ahogarme con sus propias manos!.......... Al aparecer el día lo saludaba yo preso.......... amenazado y desterrado!.......... Me han dado cadenas todos.......... me han calumniado!.......... Pero yo no he aborrecido ni á los que más me han perseguido!.......... Pónganme este epitafio, no quiero nada más y nada menos: AMÉ Á MI PATRIA: CUÁNTO FUE ESTE AMOR LO DIRÁ ALGÚN DÍA LA HISTORIA. No tengo qué dejar á mis hijos sino mi recuerdo!.......... á mi Patria le dejo mis cenizas!"

Declinaba el día; su respiración era cada momento más anhelante. De repente se incorporó en la silla, mientras que en torno suyo, de rodillas, rezaban los sacerdotes las oraciones de los agonizantes. Miró el reloj que aún conservaba en la mano. ¡Ya es tiempo!" murmuró, soltándole para hacer la señal de la cruz sobre la frente con temblorosa mano; dobló la cabeza reverente ante la majestad de la muerte que se acercaba y momentos después su alma se hallaba delante del Tribunal de Dios.

Eran las cinco de la tarde del 13 de Diciembre. (8) Moría Nariño vencido por los odios de sus enemigos, en 1823. Dejaba á Bolívar idolatrado en Venezuela, Nueva Granada y el Perú, preparándose para llevar á cabo nuevos triunfos y glorias; pero no bien pasaron siete años, en ese mismo mes, el Libertador también, odiado, perseguido y acusado de mil crímenes, moría en la miseria, en casa de un español que le albergó por caridad!

Esta es la suerte de los hombres públicos, de los patriotas, de los que se sacrifican por la libertad en las Repúblicas americanas.

Empero, si el entusiasmo por Bolívar renació como el fénix de sus cenizas y honores póstumos que le han sido prodigados en toda América, en donde ya nadie se atreve á vilipendiarlo, no así por Nariño. Al odio que le juraron sus enemigos ha sucedido una indiferencia sorprendente. Sus huesos permanecieron abandonados en la villa en donde murió hasta 1857. año en que los exhumaron sus nietos, los señores Ramón y Wenceslao Ibáñez Nariño, y aún se conservan insepultos en casa del General Wenceslao Ibáñez, porque Colombia no se ha dignado dedicarles un monumento en el cementerio de su ciudad natal.

El odio y mala voluntad que tuvieron á Nariño sus enemigos sobrevivió á su muerte. Como en 1824 sus hijos quisieran hacer una función fúnebre á la memoria de su padre en la Catedral de Bogotá, no pudo pronunciar la oración que habían encargado á un sacerdote de fama (doctor Fray Javier Guerra de Mier), porque los enemigos del gran patriota le amenazaron con darle una paliza si así lo hacía. Hasta allí llegaban entonces la mala voluntad y la salvaje envidia que le tenían sus émulos, los cuales temían hasta que se elogiasen los méritos de un hombre que estaba ya en la tumba pero que les hacía sombra! (9)

 

(1)
"De orden de su Excelencia el Vicepresidente de la República, concedo licencia al señor General de División Antonio Nariño, para que pase á cualquiera de los pueblos de los Departamentos de Cundinamarca y Boyacá, con el objeto de restablecer su salud, por todo el tiempo que para éllo sea necesario.
Dado en el Palacio de Gobierno de Bogotá, á 8 de Agosto de 1823.
PEDRO BRICEÑ0 MÉNDEZ."
(Precursor, página 592).
(2)
Historia de la Literatura, obra citada, página 476.
(3)
Carta que cita Santander en sus Apuntamientos para la Historia. Nota 11, página 128 de la edición reimpresa por L. Lleras, en 1838, y tercera edición de 1869, página 113.
(4)
Y no le faltaba razón á Santander. Cuando él escribía esa carta va hacía un mes que los ejércitos franceses habían proclamado nuevamente REY ABSOLUTO, en Madrid, á Fernando VII.
(5)
Precursor, página 592.
(6)
Todos estos pormenores de la enfermedad de Nariño se encuentran en El Precursor, páginas 593 á 597.
(7)
Historia de la Literatura, ya citada, página 477.
(8)
"PARTIDA DE DEFUNCIÓN-En esta villa de Leiva, á 15 de Diciembre de 1823,yo, el propio Cura Vicario, dí sepultura eclesiástica al cadáver del benemerito señor General Antonio Nariño. Le administré los Santos Sacramentos. Conste
JOSÉ MARIA DE ARIAS."
(9)
Véase carta del doctor Fray J. Guerra de Mier á los hijos del General Antonio Nariño, en El Precursor, página 598.
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