EPILOGO

 

Una vez narrada la Biografía de Nariño según nuestras propias luces, queremos presentarlo ahora tal como lo comprendieron algunos hombres que fueron sus contemporáneos y otros historiadores y literatos imparciales que no fueron de su tiempo, pero que tuvieron ocasión de juzgarle por medio de estudios especiales de la época en que floreció nuestro patriota conciudadano.

 

PARALELO ENTRE BOLÍVAR Y NARIÑO

POR EL DOCTOR ESTANISLAO VERGARA (1)

 

El General Nariño y el Libertador tuvieron rasgos de semejanza. Hijos de familias ilustres y en aquel tiempo acomodadas, y ambos de distinguidos talentos, sin haber estado en Colegios públicos, á pesar de sus proporciones, ambos se formaron á sí mismos sin necesitar de maestros, y sólo con la lectura de los autores clásicos que pudieron proporcionarse. Conociendo desde muy temprano la justicia y necesidad de la emancipación de estos países del dominio español, el uno, escapándose de su prisión en España, pasó á Inglaterra á combinar con el célebre Ministro Pitt el plan de verificarla, solicitando para éllo los auxilios correspondientes; el otro, después de contraer relaciones en Francia con los hombres más eminentes de la revolución, pasando á Italia, y estando en Roma, hizo en el Monte Sagrado juramento de emplearse activamente y sin descanso en la consecución de tan grande empresa. Verificada, ya la revolución en Venezuela y en la Nueva Granada, uno y otro fueron Dictadores en sus respectivos países; y si Nariño creyó que éste no podía salvarse sin un Gobierno que tuviera á su disposición todos los recursos para organizar ejércitos y hacerlos marchar á donde quiera que amagaran los españoles, libertando al mismo tiempo los pueblos y provincias que por sí solos no habían podido sacudir el yugo que pesaba sobre éllos, el Libertador, extendiendo á más el pensamiento, había estimado que la Independencia no podía obtenerse sin los esfuerzos reunidos de venezolanos y granadinos, y teniendo un Gobierno que á ambos comprendiera, y el resultado probó la exactitud de su cálculo y del que había formado Nariño, aunque en más pequeña escala. Fueron ambos Presidentes, el uno en Cundinamarca y el otro al principio en Venezuela y después en Colombia, y reuniendo en sí mismos el poder militar también, pudieron, á virtud de esta doble autoridad, mandando y ejecutando lo que habían concebido, obtener brillantes victorias. Las de Nariño se desgraciaron con su prisión en Pasto, y las del Libertador por poco se desgracian también, y aún antes de obtenerlas, con lo que ocurrió en Ocumare. Prisionero aquél, quedó su vida, á discreción y merced de los que ya habían sacrificado á patriotas distinguidos á quienes la impericia ó la desgracia habían puesto en sus manos; y el Libertador, aunque nunca estuviera en éllas, escapó no obstante dos veces de la muerte que semejante gente le preparara, la una en Kingston y la otra en el Rincón de los Toros. Tuvieron ambos la desgracia de haber promovido la guerra civil entre los patriotas granadinos, dando causa Nariño á que éllos se batieran en Venta-quemada, en el Socorro y en los Ejidos de esta capital, y marchando el otro contra Cartagena á la que asedió por algún tiempo, proporcionando ambos á los españoles un motivo de gozo y de contento, viendo debilitarse la fuerza que debía resistirles, mientras semejantes fratricidas contiendas les daban tiempo para vigorizarse éllos y atacar después con mejor suceso á los que así abusaban de los recursos que estaban en su poder para llevar á cabo la Independencia. Ambos se arrepintieron de tan fatal aberración, y si Nariño, entrando en relaciones amistosas con el Congreso y poniéndose de acuerdo con él, organizó un brillante Ejército y lo condujo á la victoria en Palacé, Calibío, Juanambú y Tacines, el Libertador, dejando en Cartagena los restos de su Ejército, siguió inmediatamente á buscar auxilios, que pudiéndolo hacer capaz de sostener la guerra con suceso en Venezuela, distrajera la atención del enemigo y lo debilitara para que no pudiera obrar con éxito en la Nueva Granada. Partidarios ambos de un gobierno que fuera bastante fuerte para hacerse respetar interior y exteriormente, fueron tachados de ambiciosos de quererlo todo para sí, suponiéndose aún con respecto al Libertador, que aspiraba á la Monarquía: Nariño desmintió estas sospechas cuando poco antes del 9 de Enero de 1812 ofreció á los Comisionados del Congreso, que venían con el Ejército, no sólo dejar el Gobierno, sino aún abandonar el país; y el Libertador dio pruebas sensibles de lo infundado de semejantes sospechas, no sólo denegándose á la propuesta que le hizo Páez de que se coronase, sino mandando luégo que tuvo conocimiento de éllo, que se recogiese cuanto se hubiera hecho con relación al proyecto, que con acuerdo de patriotas nada despreciables se había puesto en planta por el Congreso de Ministros acerca del establecimiento de esa forma de Gobierno. Por último, si ambos tuvieron muchos enemigos tampoco les faltó un número muy crecido de amigos, y si muriendo uno y otro fuera del lugar de su nacimiento y ausentes de sus parientes y relacionados, hubo aún en ésto semejanza entre éllos: no les faltó en cuanto á la enfermedad que los llevó al sepulcro, y que fue poco más ó menos del mismo carácter en ambos. Nariño tuvo la ventaja sobre el Libertador de haberle precedido en el pensamiento de independizar estos países, y de haber cooperado á obrar en ese sentido mucho antes que él se hallara en edad de acometer tal proyecto; pero en la ejecución de éste, la ventaja estuvo toda de parte del Libertador, y así quedaron iguales.

Habiendo habido entre los dos tantos rasgos de semejanza en sus pensamientos, acciones y conducta y aún respecto de su nacimiento y educación, preciso es que en el manejo de los negocios se les ocurrieran algunas veces circunstancias que también los hicieran semejantes...........

La elocuencia de Nariño era viva, festiva, llena de gracia y encanto; sin poder negar que era bogotano, hermoseaba sus más serias producciones con agudezas, que lejos de debilitar la convicción le daban todavía más fuerza..........

 

SANTANDER

EN SUS

APUNTAMIENTOS PARA LAS MEMORIAS DE COLOMBIA

 

Hablando de las desavenencias de Nariño con el Congreso, dice:

"El señor Antonio Nariño, bien conocido por sus persecuciones desde el año de 1794, y gozando de la reputación que dan un talento cultivado, servicios á su país y el conocimiento práctico de Europa, se manifestó contrario á los deseos de las Provincias (la Federación), y empleó todos los medios posibles para hacer triunfar su oposición. En una cuestión teórica en que tan difícil es el acierto, como la de elegir la mejor forma de Gobierno ó la más conveniente al país, fue natural que hubiera divergencia de opiniones y que en las Provincias existiesen personas á quienes agradasen las de Nariño, y que éste se valiese de éllas para aumentar su partido en favor de lo que estimaba el bien público.........."

Hablando después de lo sucedido en 1823, dice:

"Nariño, agobiado de enfermedades y de disgustos, se retiró del Gobierno. Nuestras desavenencias, que fueron de corta duración, provinieron de la contrariedad de nuestras opiniones sobre la forma de gobierno; yo sostenía la Constitución de Cúcuta, porque así lo había prometido con un juramento solemne, y él la censuraba, porque así lo creía conveniente al procomunal. Nosotros debatíamos la cuestión por la imprenta, y dejámos correr mutuas personalidades. Bolívar, aferrado á la unión central, que había sido su proyecto favorito desde bien atrás, sostenía de su lado la contienda, hasta que él mismo me aconsejó terminarla en bien del país. Se terminó efectivamente por una explicación franca y verbal que tuvimos á solicitud suya, y por mi parte fue tan ingenua, que conferí á Nariño la Comandancia General del Departamento de Cundinamarca. Su edad, sus padecimientos desde 1794 y sus enfermedades lo condujeron al sepulcro. Pruebas de una alma elevada y enérgica había dado en el trascurso de muchos años de persecución, para atribuir á aquellas diferencias tan pasajeras la apertura de su tumba. Abandonado en la campaña de Pasto, en 1814, por varios de sus Jefes y traicionado por algunos de sus amigos, Nariño conservó la mayor serenidad para hacerse superior á tamaño infortunio."

Más lejos Santander dice que pensó mandar á Nariño á Europa á negociar un empréstito por ser persona inteligente y respetable, pero que no lo hizo porque lo improbó Bolívar.

 

OPINIONES

DE DON PEDRO FERNÁNDEZ MADRID, SOBRE NARIÑO

 

En Diciembre de 1867 escribía á José María Vergara y V., que acababa de dar á la estampa su Historia de la Literatura en la Nueva Granada, los siguientes acápites:

.......... "Entro en materia comenzando por la más importante para usted, por la que atañe á nuestro muy venerado compatriota Nariño. La defensa que usted le ha hecho vindicándole de la grave imputación de haber delatado á sus compañeros de conspiración, me parece victoriosa y concluyente. Una de las ventajas de que gozan los hombres que nos inspiran admiración es la incredulidad que encuentra todo lo que puede redundar en desdoro suyo. No creo, pues, que haya quienes acepten ese cargo ignominioso; pero si los hubiere, la defensa que usted ha preparado servirá para desvanecer cualquier preocupación que sobre el particular exista. Esa defensa lleva impresos tales caracteres, no simplemente de verosimilidad, sino de veracidad completa, que no dudo de que cuantos la tomen en cuenta digan á usted como el señor Restrepo: 'Es cierto; tiene usted razón.' Felizmente para mí nunca he dado asenso á tan negra acusación, que si así fuese, si creyese manchada la clara fama del General Nariño con ese afrentoso estigma, lejos de considerarle digno del pedestal que usted le asigna en el centro de la plaza, no lo estimaría acreedor al puesto que en la testera del estrado y bajo la púrpura del solio le señalan todos los amantes de la gloria nacional.

Yo no he formulado cargos ni he tildado otra cosa que los calificativos con que usted se propuso cohonestar un paso de Nariño que me parece falso, porque consiste en una falsa acusación en que, por proveer á su seguridad, denunció como cómplices suyos de conspiración á unos hombres enteramente extraños á éllo y que en realidad eran de opiniones políticas contrarias á las suyas. Más vale, sinembargo, que sea usted mismo quien refiera el lance.

'Forzado Nariño,' dice usted, 'á delatar á alguien, delató á unos curas del Norte que encontró muy realistas y á quienes castigó con un inofensivo susto. El Virrey los hizo venir y después de haber hablado con éllos, los envió al Arzobispo, quien los hizo entrar á ejercicios. Concluidos éstos, volvieron á sus curatos.'

El hecho, como se ve, no produjo, aunque sí pudo producir, funestos efectos.......... Como en fondo blanco hasta las menores manchitas son perceptibles, me fijé en ésa, no porque fuese de entidad, ni porque mereciese cuidado especial, sino porque me hizo gracia la fascinación que se le ocultaba á usted..........  Insisto, sinembargo, en pensar que Nariño preferiría que su retrato pasase á la posteridad sin omitir nada en él de lo que pudiese caracterizarlo. Hay que pintarlo, pues, no con la frente tersa, las floridas mejillas, y las intachables facciones de un dechado de perfección, sino con las huellas que le dejaron los rigores de la intemperie, las largas noches de insomnio, y talvez los remordimientos de una vida esencialmente revolucionaria. Al ver grabado sobre sus nobles lineamientos, á la par de esas huellas conmovedoras, el sello indeleble del valor, de la política sagaz, de la ingénita bondad, y de un celo patrio tan indomable como generoso y perseverante, todo granadino se cuadraría llevando á usanza militar el dorso de la mano derecha á la frente, para rendir venia á su gran compatriota, al decano de nuestros próceres, al popular caudillo que, si tuviéramos romances populares, sería celebrado en éllos hasta por nuestros más remotos descendientes.

.......... Una de las cosas más interesantes que usted nos refiere de Nariño, es lo relativo á su muerte. A propósito ¿habrá temeridad en pensar que cuando el panorama de la pasada vida se desarrollaba ante sus amortiguados ojos, cuando los fijaba en el reloj que marcando su postrer instante le señalaba el primero de una vida verdadera, de una existencia inmortal, pues 'sólo viven los muertos,' habrá temeridad en pensar, digo, que repasando en ese momento solemne todos los eslabones de su heróica carrera de aventuras, exhalase un suspiro, vislumbrando entre las remotas nieblas de la memoria y confundida con éllas la opaca figura de los seis sacerdotes de antaño?..........  No quiero, sinembargo, dar margen á que usted diga que soy temático. Me despido, pues, del célebre prisionero de Cádiz.......... "

 

NARIÑO

JUZGADO POR EL SEÑOR RICARDO BECERRA

 

Extractamos de un concienzudo paralelo entre Nariño y Miranda que inserta el señor Ricardo Becerra en su Vida de don Francisco Miranda (2) los siguientes acápites:

"En ese grupo de precursores descuellan, como los más osados y también los más capaces, el bogotano ANTONIO NARIÑO y el caraqueño FRANCISCO DE MIRANDA..........  Uno y otro vieron la primera luz como colonos de España, al comenzar la segunda mitad del siglo XVIII; época crítica, fecunda en maternidades tempestuosas, que determinó en gran parte la azarosa vocación y trágico destino de aquellos precursores y apóstoles de la revolución de 1810, sus primeros caudillos armados y también sus primeros mártires.

.......... La cuna y el primer teatro de Nariño están en el corazón de los Andes, en una ciudad mediterránea, solitariamente docta, sentada á doscientas leguas de distancia del mar Caribe, por lo cual el inquieto colono tiene necesariamente que radicar, dentro de los límites de aquel circuito montañoso, entonces casi sin contacto con el resto del mundo, la peligrosa iniciativa de sus ideas emancipadoras y los primeros pasos del revolucionario..........

.......... Tanto Miranda como Nariño son hijos legítimos de la revolución francesa, y de las doctrinas filosóficas que la produjeron..........

.......... La elocuencia de Nariño es siempre menos aparatosa y menos enfática que la de Miranda. Escribe con la vis cómica del bogotano que desciende directamente del andaluz y habla con la majestad, la amplitud y las reminiscencias propias de su instrucción clásica. Emplea el ridículo con tanta eficacia y acierto como el apóstrofe y la ironía..........  Nariño, al par de Miranda, lega la posteridad una reputación de conversador persuasivo, seductor, elegante y á la vez anecdótico..........

.......... Ambos patriotas recibieron su primera educación inspirándose evidentemente en las teorías filosóficas del siglo XVIII. Tal escuela alteró necesariamente sus creencias religiosas y regló por largo tiempo su conducta en los asuntos de aquel género relacionados con la política y la obra revolucionaria. En Nariño, sinembargo, el desgarramiento interior del hombre antiguo, del católico de la colonia, fue muy superficial. El bogotano no llegó á ser como hombre sino un creyente muy laxo, cómplice, y ésto por la naturaleza de su talento y la índole de su carácter festivo y maleante, más de la risa que de las negaciones de Voltaire, y como conductor de una revolución y Magistrado de una República naciente, un regalista extremado en la defensa de los fueros y preeminencias del poder civil. Al fin terminó su existencia dentro de la Iglesia Católica, ostentando en su muerte toda la humildad y todas las esperanzas de un fervoroso creyente. En Miranda el orgullo de la razón fue fácilmente más lejos. El viento de la filosofía no tuvo que soplar con gran fuerza sobre aquella alma, para restituirla á la superficial serenidad de la indiferencia Cuando más tarde la muerte ocurrió á librarlo de sus prisiones no creía en nada, y el amigo de Bentham, que creía sólo en la utilidad apreciada de tejas para abajo, despedirá al fraile dominico que le ofrece los auxilios de la religión con estas desabridas palabras: 'Déjeme usted morir en paz."

Bogotá, Noviembre 5 de 1904.

 

FIN

 

(1)
Hijo de padres inteligentes y de familia distinguida, este caballero tuvo empleos importantes en la Patria fundada en 1810. Con ese motivo sufrió mucho en la época de la restauración del Gobierno peninsular hasta 1819. Tanto Bolívar como Santander comprendieron su importancia y le distinguieron con altos empleos en su Gobierno. Nombrado Representante y Senador en los primeros Congresos de Colombia, los desempeño siempre con aplauso general y acuciosidad.
Era jurisconsulto de gran mérito, canonista, periodista, escritor sobre diferentes materias, pero no fue partidario de Nariño; por consiguiente, dice Vergara y Vergara, su opinión favorable es completamente imparcial.
(2)
Discurso preliminar, página CXII.
Comentarios () | Comente | Comparta c