La Defensa de don Antonio Nariño

 

El escrito empieza de esta manera:

"Muy poderoso señor:

Don Antonio Nariño, preso en el cuartel de Caballería, respondiendo el traslado que se me ha corrido de la acusación fiscal en los autos criminales sobre la impresión, sin licencia, de un papel intitulado Los derechos del Hombre, (1) con otros cargos que resultan del proceso, ante Vuestra Alteza premiso lo necesario y en la vía y forma que más haya lugar en derecho, parezco y con el debido respeto, digo: que Vuestra Alteza se ha de servir absolverme de la acusación intentada contra mí, darme por libre de los delitos imputados y hacer que se me restituyan mis bienes y todos mis derechos, mi honor, mi libertad mis hijos, mi esposa, mi sensible esposa, cuyas lágrimas derramadas tantas veces al pie de los altares, espero hayan movido al soberano Tutor de la inocencia, para que inspire hoy á Vuestra Alteza un sentimiento de benevolencia, digno del Tribunal, y proporcionado al celo de Vuestra Alteza y al que es público he manifestado constantemente por el Rey y por mi país.

Hay ciertas apariencias impostoras, y talvez la casualidad suele reunir Sucesos y circunstancias que prestan un aspecto disforme, muy diverso del que las cosas tienen en sí mismas. Vemos á cada paso los amigos mejores quebrar de repente ofendido alguno de ellos con razón, en su concepto, pero realmente sin motivo y en vano. Un procedimiento impensado, un mal paso dado sin malicia ú otras varias circunstancias atizadas por el soplo de los malos pueden hacen que el hombre de más candor y buena fe llegue á convenir en que su mejor amigo, el que le ama, el que más se interesa por él y por sus cosas, en una palabra, que su verdadero amigo es un ingrato, un pérfido, que merece odio y execración en lugar de amistad y beneficios; pero si este amigo es accesible á la razón, si es hombre que sepa deponer una preocupación, por más fundada y justa que le parezca, si oye racionalmente los descargos de su amigo y examina los hechos no con los ojos de la malicia sino con los de la razón, entonces las sombras se disipan, la ilusión se desvanece la amistad recobra todos sus derechos.

Tal es puntualmente la idea que se debe formar de mi proceso. Antes que la calumnia tronara contra mí, era yo reconocido por. Vuestra Alteza y el público, por verdadero amigo del Gobierno, vasallo no sólo fiel, sino también amante y entusiasta de mi Soberano, como lo tengo acreditado desde mi juventud en cuantas ocasiones he podido. Después de un paso inconsiderado, pero nada malicioso, abultado extraordinariamente, se me ha hecho parecer criminal. Pero es una ilusión porque el delito mismo de que se me acusa tan sangrientamente, es un monumento incontestable de mi fidelidad....................... Pero antes de entrar en la discusión de los cargos que deseo contestar, pido permiso á Vuestra Alteza para dar gracias á la Providencia por haberme hecho nacer en esta capital, en donde están tan arraigados los buenos sentimientos de fidelidad y amor al Rey, que no sólo es celoso todo vecino de conservar por su parte este glorioso timbre de nuestra ciudad, Sino que todos, hasta el bajo pueblo, sienten como una injuria propia y personal, cualquiera tacha que sobre este punto quiera poner la calumnia á algunos de nuestros conciudadanos.......................  Pero sí no he sido reputado por desafecto al Gobierno, por seductor y amigo de la novedad, sino por buen vasallo y amante de la paz, celoso del bien público y sinceramente adicto á nuestro muy amado Monarca, parece que esto debe influír poderosamente en mi favor cuando trate de hacer ver que mi intención cuando imprimí el papel, queda, según entiendo, por encima de toda acusación, pues aunque hay otros cargos que el Ministerio Fiscal se contenta con tocar de paso, éste solo se ha llevado su atención....................... "

Parece que la acusación del Fiscal se basaba sobre las palabras del comerciante peninsular Carrasco, de quien, dice Nariño, con acerbo tono, que ''por su profesión sabría medir una vara de sarga y por sus ocupaciones manejar las cartas que componen un naipe," pero que jamás sería capaz de juzgar un escrito ni comprender sus tendencias. Además de esto presentaron las primeras confesiones de Nariño hechas cuando estaba en cama gravemente enfermo, extenuado y nervioso, sobre las cuales observa en su defensa que deben los Jueces considerar aquellas circunstancias:

"Una prisión inesperada, añade, la pérdida del honor y los bienes, la memoria de la esposa desconsolada y de los tiernos hijos la idea inexprimible de una muerte cercana, dejando su nombre en execración, y por herencia á sus hijos la miseria y la infamia habrá otra cosa que pueda conmover y agitar más fuertemente el alma? Pues tales eran las convulsiones que experimentaba en la mía.......................  Yo me hallaba combatido por todas partes. Las enfermedades atacaban el espíritu y aumentaban mis justas aflicciones, las agitaciones del alma aumentaban las enfermedades del cuerpo.......................  El día 11 (de Septiembre) se dió principio á mi confesión, estando yo en el mismo estado, en términos que el 12 fué necesario interrumpir todo el día la actuación y llamarme un sacerdote para que me confesara. El 13 siguió la actuación y el 14 se acabó, habiendo dicho el mélico que aunque me hallaba bastante abatido se podía continuar. ¿Se podrá haber escogido un tiempo menos á propósito para tomarme confesión y una confesión de tal naturaleza? " .......................

Discurre después largamente sobre las doctrinas y opiniones de médicos famosos en su tiempo para hacer ver que su confesión no puede valer porque en esos momentos tenía turbada la razón.

Continúa después:

"Vuestros Fiscales comienzan á hablar de la cualidad de mi delito, haciéndose cargo de que el cuerpo de él, que es el impreso citado, no corre agregado á los autos. Pero dicen que de él y su contenido les da bastante idea don Francisco Carrasco, y en su declaración, propia sólo del ánimo perverso y corrompido de Carrasco, está fundado todo cuanto dice el Ministerio Fiscal de la naturaleza del papel, de mi delito conforme á su naturaleza y del castigo que merece.......................  Acogido á Vuestra Alteza aquí donde la buena fe puede á todas las deliberaciones, podré decir que si el papel que imprimí es tan malo como yo no pensé jamás, si es seductor, si es execrable, se examine su malicia por él mismo, pues que existe el original, y no por la declaración de Carrasco, sobre todo habiendo otra en el proceso, que habla también del contenido del papel, (2) y que por todos sus títulos merece más fe que en la de aquel malvado."

Cansaría sobremanera al lector si quisiéramos trascribir siquiera las partes más interesantes de la defensa que presentó Nariño á la Audiencia de Santafé; obra erudita en extremo, con infinidad de citas de obras antiguas y modernas, de Santo Tomás y de otros Santos Padres, de autores romanos y contemporáneos, con todo lo cual procura demostrar que los Derechos del Hombre nada tienen de perjudicial á la moral y á la religión, puesto que muchos de sus aforismos tienen por base los de autores que no pueden ser sospechosos á ningún monárquico y á ningún católico, que se publicaron cuando aún reinaba en Francia Luis XVI y él creía que aquella obra era hija de la buena fe y de un sincero Patriotismo.

Puesto que es probable que aquella Escuela de la Concordia, establecida en Santafé por el ecuatoriano Espejo, era en realidad una rama de las logias masónicas de Europa; acaso Nariño, que estaba enrolado en éllas, ignoraría que la Declaración de los Derechos del Hombre había sido elaborada en las de Francia? (3)

A pesar de la habilidad con que trata de defenderse de los cargos que le hacen, sorprende que se atreviese á insertar y comentar artículos tomados de El Mercurio de España y de otras publicaciones, en las cuales se preconizan muchos de aquellos aforismos de los Derechos del Hombre, sin que aquéllo, dice, nunca lo hubiera reprobado el Gobierno español, por consiguiente su publicación en forma concreta no podía ser un delito. No cabe duda que fué en él una imprudencia la de recordar ante un Tribunal de Magistrados españoles las palabras del Conde Reinaldo Carli (publicadas en El Mercurio peruano) con lo cual señala el peligro que corren las colonia españolas si la madre patria no procura enmendar sus faltas é injusticias en América.

Hé aquí algunos de los párrafos que cita Nariño:

Yo sostengo que, para restaurar la monarquía española á su antiguo poder, lustre y esplendor, conviene que permita el establecimiento de todas las fábricas que sean susceptibles á las colonias de América; y añado más: que permitida y fomentada la industria y la agricultura en nuestras colonias, la monarquía española será la más poderosa y el más opulento imperio que han conocido los siglos. ¿Pero quién podrá contar con la seguridad de que enriquecidas nuestras colonias y aumentada grandemente su población con el establecimiento de fábricas, no quieran erigirse en estados independientes y soberanos, á ejemplo de sus vecinas las del Norte? Y si tal pensasen ¿quién sería bastante á impedirlo?

"Esta segunda consideración infunde el espanto en nuestros ánimos, y que se mira como indisoluble aún por algunos políticos, creo yo haber dado lugar al sistema que hemos seguido en el gobierno de nuestras colonias: pero ella es más un fantasma, si bien se examina, que una dificultad insuperable; porque ó las colonias han de estar gobernadas según las reglas de la equidad, de justicia y de razón, según aquellas reglas que han unido á los hombres en sociedad para su propia conservación, seguridad y bienestar; ó al contrario se quieren gobernar por principios y reglamentos opuestos á sus intereses? En el primer caso nada hay que temer: jamás pueblo alguno sacudió el yugo de la autoridad soberana cuando ésta no había faltado á las reglas de equidad, de justicia, de igualdad y de razón; en el segundo siempre esperó el pueblo un momento favorable para romper las cadenas de la opresión. Los hombres viven en política sociedad por sus propios intereses: desde que falten éstos no están seguros que la unen. El hombre á quien la unión con otro no le priva de su propiedad, de su libertad y de su seguridad, antes bien, le afianza más estos sagrados y primitivos derechos, debe por necesidad estar contento con ella, y deseará mantenerla en cualquier distancia; pero si esta unión le priva de alguno de ellos, no puede durar ni en la mayor inmediación.

"Luégo discurre el autor español (añade Nariño) sobre que los ingleses perdieron sus colonias de América por la falta de igualdad y de justicia que observaba la Metrópoli. Que la Irlanda hubiera seguido el mismo ejemplo si la Gran Bretaña no hubiera cedido en sus designios de desigualdad. Que Roma no perdió á España por sus riquezas y distancia, sino por las tiranías y opresiones de sus presidentes y procónsules. Y concluye con decir: que las colonias americanas de España conservarían su sociedad con la Metrópoli siempre que gocen de un gobierno que, conservando la propiedad, la libertad y la seguridad que se les debe, las iguale con los ciudadanos de la ilustre patria....................... Pero si se sigue con ellos el sistema contrario, el ejemplo y la proximidad de los nuevos republicanos las estimularán á desear y abrazarán otro gobierno que más les convenga."

Nariño pretendía decir que Carli era español, cuando era italiano, nacido en Istra, pero á él le convenía que así lo considerasen sus oyentes, jueces que él sabía que nunca habían oído hablar del humanista y arqueólogo italiano, porque considerándole español sus palabras tenían mayor peso y seriedad. Pero la audacia de nuestro patriota era grande porque aquellas líneas que citaba eran una especie de amenaza que no podían soportar con calma los empleados españoles que deberían tener conciencia de que habían oprimido en mucho á los colonos americanos.

Pero no hay duda que produciría en la Audiencia grandísirno escándalo el siguiente acápite, tomado del mismo autor al hablar de las leyes vigentes en España:

"Es indubitable que la tortura es la prueba de la paciencia, pero no de la verdad ni de la mentira....................... No me admira que hayan empleado semejante barbarie los Calígulas, los Tiberios, en una palabra, todos aquellos tiranos y déspotas formados con entrañas y uñas de tigre; pero me admiro mucho que esté consagrada por las leyes de algunos Príncipes muy humanos....................... El deseo de indagar la verdad hizo creer á algunos legisladores poco reflexivos, que la tortura que se empleaba en Roma para el sostenimiento de la tiranía, sería favorable para el fin que se proponían."

La audacia del acusado era realmente extraordinaria y no podemos menos que tacharla de imprudente si su deseo era sincerarse con sus jueces, uno de los cuales, el Oidor don Juan Fernández de Alba, acababa de mandar dar tormento bárbaramente al estudiante don José María Durán, para que denunciase, lo cual no lo consiguió, á sus compañeros en el asunto de los pasquines. (4)

Aquí como en todos los escritos y la conducta de Nariño encontramos siempre á dos hombres, al novísimo patriota que no se arredraba y amilanaba nunca cuando se trataba de decir la verdad á los que consideraba tiranos, y al antiguo súbdito de los Reyes de España á quien respetaba hasta la humildad!

Después de citar otros párrafos del citado autor, los cuales debieron saber á miel á sus oyentes, y que le costaron la sentencia que le impusieron los Miembros de la Audiencia, de manera que estuvo á punto de costarle la vida y le produjo el destierro y pérdida de sus bienes, (5) continúa: "He presentado á la consideración del Tribunal rasgos de escritores nacionales y de los más bien admitidos extranjeros, para que se juzgue por comparación quien merece mejor los epítetos que prodiga el Ministerio Fiscal al papel de los Derechos del Hombre; papel que nada contiene que ya no esté impreso y publicado en esta Corte, donde se han impreso y publicado otros infinitamente peores y todos corren libremente por el espacio inmenso de la monarquía.

Vuestra Alteza se dignará comparar, juzgar y decidir si á vista de los papeles que corren en la nación, será un delito la publicación de los Derechos del Hombre. Y si yo por haberlo solo querido publicar, habré merecido la dilatada prisión que ha cerca de once meses estoy padeciendo, y los infinitos daños que he sufrido en mis intereses, en mi familia, mi salud, mi honor, cuando los autores y redactores de semejantes escritos se hallan libres de tantas calamidades como á mí me aflijen, y quizá por aceptación y fortuna por haberlos publicado....................... Yo no sé si es la misma tranquilidad de mi conciencia, la buena conciencia, este muro de bronce, como dice Horacio: yo no sé si es ella la que me inspira tanta confianza y una satisfacción casi indolente, aun viendo casi que truenan contra mí los Santos Padres, los Concilios, las leyes de toda la tierra y el respetable político Saavedra; pero ello es que no sólo estoy satisfecho de haber obrado bien, sino que me parece que no puede haber ninguno tan inaccesible á la razón, que por sola la exposición sencilla de mi procedimiento, no se lo persuada.

"Yo tenía una imprenta, y mantenía á mi sueldo un impresor; vino á mis manos un libro, y vino de las manos menos sospechosa. (6) Encontré en él los Derechos del Hombre, que yo había leído esparcidos acá y allá en infinitos libros y en los papeles públicos. El aprecio en que aquí se tiene el Espíritu de los mejores Diarios,en donde se encuentran á la letra los mismos pensamientos, me excitó la idea que no tendría mal éxito un pequeño impreso de los Derechos del Hombre, trabajado por un gran número de sabios. Esto hecho, tomo la pluma, los traduzco, vóime á la imprenta y, usando de la confianza que para imprimir sin licencia he merecido del Gobierno, entrego delante de todos el manuscrito al impresor, quien lo compuso aquel mismo día....................... En estos intermedios me ocurrió el pensamiento de que habiendo muchos literatos en esta capital que compran á cualquier precio un buen papel (como que he visto dar una onza de oro por el prospecto de la Enciclopedia) sacaría más ganancia del impreso, suponiéndolo venido de fuera, y muy raro. Vuelvo á la imprenta con esta misma idea, y encerrado con el impresor tiro los ejemplares que me parecieron vendibles, unos ciento, encargo al impresor el secreto que era regular, para dar el papel por venido de España, salgo con unos ejemplares de la imprenta y encuentro al paso comprador para un ejemplar doy otro á otro sujeto, y aquí paró la negociación, porque un amigo me advirtió que atendidas las circunstancias delicadas del tiempo este papel podía ser perjudicial. Inmediatamente, sin exigirle los fundamentos de su corrección, no obstante de estar yo satisfecho de que todo lo que el papel contenía se ha impreso ya en Madrid y corre libremente por toda la nación, traté de recoger los dos únicos ejemplares que andaban fuera de mi casa y quemé los otros al momento.

"Examinemos en qué está mi delito ¿En la impresión sin licencia? No, pues años enteros he estado imprimiendo sin licencia, por la confianza que debí al Gobierno. ¿En qué el papel es perjudicial, execrable, impío? Tampoco, porque no contiene un solo pensamiento que ya no esté impreso en Madrid.......................  Habrá quién me diga: todo eso está bien, pero la intención fué depravada. ¿Por qué? de dónde? cómo? ¿quién abortó esta lógica original para sacar del corazón del hombre sus más secreta intenciones?.......................  Nada sospeché del papel, y sólo porque á un amigo le pareció perjudicial contra el testimonio de mi experiencia, á despecho de mis ojos que veían todos los principios del papel corriendo en tantos libros y papeles públicos, tomo todos los ejemplares y los arrojo al fuego.......................  Yo gustaba de aquél placer inexplicable que siente un hombre cuando obra bien, aunque nadie lo vea; y después de esto yo seré un criminal!.......................  Yo habré cometido un delito atroz!.......................

Acerca de esto Nariño se alarga muchísimo; repite veinte veces los mismos conceptos con diferentes palabras, mientras que los Jueces continuaban impasibles. La verdadera que en el fondo no le juzgaban por la publicación de los Derechos del Hombre solamente; este era un pretexto para tenerle preso y privado de comunicación en tanto que se hacían serias averiguaciones y se tomaban secretas declaraciones, las cuales se hicieron con singular suspicacia. De éstas los gobernantes indujeron, sin caberles duda, que Nariño conspiraba sigilosamente contra las autoridades españolas. Supieron que en su casa, bajo pretexto de reuniones literarias, se tenían juntas en las cuales se discutían las Constituciones de la República de los Estados Unidos y se encomiaban los actos de la revolución francesa contra su Soberano. Hubo quien declarase que había oído decir á Nariño que si él lo tuviese á bien podría insurreccionar las tres cuartas de la capital y que su ejemplo sería imitado por el resto de las poblaciones del virreinato; que el espíritu que había animado á los Comuneros aún existía y que entre él y don José María Lozano el hijo del Marqués de San Jorge, que había muerto desterrado en Cartagena el año anterior, habían enviado emisarios al Cauca con el objeto de infundir solapadamente en aquellas poblaciones ideas republicanas.

A pesar de todas las declaraciones al indagar el fondo de ellas la Audiencia no pudo probar nada claro y tangible contra Nariño y sus amigos, salvo á los autores de los pasquines que fueron juzgados y convictos. En cuanto á que él hubiera tenido parte en éstos él lo negó rotundamente entonces y después; y así debió ser porque con esas publicaciones tontas no se adelantaba nada, sino que al contrario eran contraproducentes, como efectivamente fueron, así como acabó de dañar la causa de los sindicados otro pasquín que apareció fijado en un lugar público en Septiembre de 1792, en el cual se amenazaba al Virrey y á la Audiencia con la muerte y al Rey con la pérdida de sus dominios en América, si no se daba la libertad á los presos. (7) Esto hizo que en lugar de libertar á los presos los enviaran prontamente á Cartagena y de allí á España porque se consideraba que su mansión en las colonias podía ser perjudicial á la seguridad del dominio español en América. (8) No hemos podido averiguar si se descubrió al fin el autor de ese pasquín.

Pero volvamos á la Defensa de Nariño. Al concluírla se dirige al Virrey en estos términos:

"Vuestra Alteza se dignará mirarme como me miraría el Rey, con ojos de padre, y haciendo justicia á mi inocencia remediará todos mis males; pido justicia á Vuestra Alteza; llamo á mi socorro al Magistrado justo; imploro en mi favor las leyes protectoras de la inocencia y el honor. Que hablen ellas por mí, que digan si el vasallo á quien no se prueba delito, sólo por conjeturas maliciosas, debe padecer; y sino es mejor conservar á un hombre que tantas pruebas ha dado de bueno y fiel vasallo, restituyéndole sus bienes, sus derechos, sus hijos, su esposa, para que vuelva con nuevo ardor á dar pruebas de su afecto y adhesión á un Gobierno que de nada cuida tanto como del honor y seguridad del vasallo. Esto imploro y usando de la ritualidad y pedimento más conforme á justicia, ella mediante.

A Vuestra Alteza rendidamente suplico que, dando por satisfecho el traslado á los cargos y acusaciones que se me han hecho y por calumnioso el denuncio, se sirva proveer como solicito en todo el cuerpo de mi defensa, imponiendo á los falsos calumniadores las penas que merecen conforme á las leyes; que pido costas, daños y perjuicios, y juro no proceder de malicia, y en lo demás necesario, etc., etc."

La defensa produjo el efecto contrario á lo que Nariño esperaba; la Audiencia por su parte condenó al presunto reo á diez años de presidio en Africa, á perpetuo extrañamiento de todos los dominios del Rey de España en América, á confiscación de todos sus bienes y utensilios de su imprenta para la Real Cámara, y que se quemase en la plaza mayor de Santafé por mano del verdugo (ya que no se tenía el cuerpo del delito) el libro de donde tradujo los Derechos del hombre junto con su defensa y alegato. Por último la Audiencia resolvió enviar á Nariño á España en partida de registro para que el Rey resolviese por su voluntad qué debería hacerse con él.

Al infortunado Ricaurte, que sólo había firmado la defensa, porque seis abogados nombrados por Nariño y uno por la Audiencia se habían excusado, le tocó la peor parte; le confiscaron sus bienes y una noche en que salía del Coliseo (2 de Agosto de 1795) le apresaron y enviaron á las bóvedas de Cartagena. (9) Allí murió en la mayor pobreza y abandono lejos de su familia y de sus amigos. Al impresor Espinosa cupo la misma suerte y también murió en la cárcel: crueldad inaudita con un buen hombre que no tenía parte ni culpa en la causa de Nariño y demás acusados.

A pesar de que se había guardado secreto acerca de la sentencia y destino que se tenía reservado á Nariño, éste deseaba pasar á España y en previsión de aquello doña Magdalena, su esposa, vendió algo de lo que se había escapado á la confiscación de sus bienes, para entregar á su marido cuatrocientos pesos que le sirvieron para su viaje. (10)

 

(1)
Hé aquí el cuerpo del delito, no la traducción de Nariño, que ésta jamás se halló, sino una traducción tomada del tercer tomo de la historia de la Asamblea Constituyente. (El Precursor, página 45):
Los Representantes del pueblo francés constituidos en Asamblea Nacional, considerando que la ignorancia. el olvido y el desprecio de los derechos del hombre, son las únicas causas de las desgracias públicas y la corrupción de los Gobiernos, han resuelto exponer en una declaración solemne, los derechos naturales, inajenables y sagrados del hombre, á fin de que esta declaración constantemente presente á todos los miembros del cuerpo social les recuerde sin cesar sus derechos y sus deberes, y que los actos del Poder Legislativo y del Poder Ejecutivo, puedan ser á cada instante comparados con el Objeto de toda institución política, y sean más respetados; á fin de que las reclamaciones de los ciudadanos fundadas en adelante sobre los principios simples é incontestables, se dirijan siempre al mantenimiento de la Constitución y á la felicidad de todos.
En consecuencia, la Asamblea Nacional reconoce y declara en presencia y bajo los auspicios del Ser Supremo, los derechos siguientes del hombre y del ciudadano.
Artículo 1º Los hombres nacen y permanecen libres, é iguales en derechos. Las distinciones sociales no pueden fundarse sino sobre la utilidad común.
Artículo 2º El objeto de toda asociación política es la conservación de los derechos naturales é imprescriptibles del hombre. Estos derechos son la libertad la propiedad, la seguridad y la resistencia ó la opresión.
Artículo 3º El principio de esta soberanía reside esencialmente en la Nación. Ningún cuerpo, ningún individuo puede ejercer autoridad que no emane expresamente de élla.
Artículo 4º La libertad consiste en poder hacer todo lo que no dañe á otro; así, el ejercicio de los derechos naturales de cada hombre no tiene más límites que los que aseguran á los miembros de la sociedad el goce de estos mismos derechos. Estos límites no se pueden determinar sino por la ley.
Artículo 5º La ley no puede prohibir sino las acciones dañosas á la sociedad. Todo lo que no es prohibido por la ley no puede ser impedido, y nadie puede ser obligado á hacer lo que élla no manda.
Artículo 6º La ley es la expresión de la voluntad general. Todos los ciudadanos tienen derecho de concurrir personalmente, ó por sus Representantes, su formación. Ella debe ser la misma para todos, sea que proteja ó que castigue. Todos los ciudadanos siendo iguales á sus ojos, son igualmente admisibles á todas las dignidades, puestos y empleos, sin otra distinción que la de sus talentos y virtudes.
Artículo 7º Ningún hombre puede ser acusado, detenido y arrestado sino en los casos determinados por la ley y según las fórmulas que élla ha prescrito. Los que solicitan, expiden, ejecutan ó hacen ejecutar órdenes arbitrarias, deben ser castigados; pero todo ciudadano llamado ó cojido en virtud de la ley debe obedecer al instante; de nó se hace culpable por la resistencia.
Artículo 8º La ley no debe establecer sino penas estrictas y evidentemente necesarias, y ninguno puede ser castigado sino en virtud de una ley establecida y promulgada anteriormente al delito y legalmente aplicada.
Artículo 9º Todo hombre se presume inocente hasta que haya sido declarado culpable; si se juzga indispensable su arresto, cualquier rigor que no sea sumamente necesario para asegurar su persona debe ser severamente reprimido por la ley.
Artículo 10. Ninguno debe ser inquietado por sus opiniones, aunque sean religiosas, con tal de que su manifestación no turbe el orden público establecido por la ley.
Artículo 11. La libre comunicación de los pensamientos y de las opiniones es uno de los derechos más preciosos del hombre; todo ciudadano, en su consecuencia, puede hablar, escribir, imprimir libremente, debiendo sí responder de los abusos de esta libertan en los casos determinados por la ley.
Artículo 12. La garantía de los derechos del hombre y del ciudadano necesita una fuerza pública; esta fuerza, pues, se instituye para la ventaja de todos y no para la utilidad particular de aquellos á quienes se confía.
Artículo 13. Para la mantención de la fuerza pública y los gastos de administración es indispensable una contribución común; ella debe repartirse igualmente entre todos los ciudadanos en razón á sus facultades.
Artículo 14. Todos los ciudadanos tienen derecho de hacerse constar, ó pedir razón por si mismos, ó por sus Representantes, de la necesidad de la contribución pública, de consentirla libremente, de saber su empleo, y de determinar la cuota, el lugar, el cobro y la duración.
Artículo 15. La sociedad tiene derecho de pedir cuenta de su administración á todo Agente público.
Artículo 16. Toda sociedad en la cual la garantía de los derechos no está asegurada ni la separación de los poderes determinada, no tiene Constitución.
Artículo 17. Siendo las propiedades un derecho inviolable y sagrado, ninguno puede ser privado, si no es cuando la necesidad pública, legalmente hecha constar, lo exige evidentemente y bajo la condición de una previa y justa indemnización.
(2)
Una declaración de un doctor Faustino Flórez que había visto la hoja de los Derechos del Hombre y que en ella decía "que en aquel papel contenía cuanto se podía decir sobre la libertad del hombre en su origen, en un estilo tan conciso y con una propiedad de palabras tan rigurosas que no es posible recomendar ó la memoria sus particulares cláusulas, pues al tiempo de leerlo era menester mucha atención para penetrar su espíritu."
(3)
Mirabeau disponía de setecientas logias. En el Consejo de una de éstas en 1897, afirmase que la Declaración de los Derechos del Hombre fué elaborada aceptada por una de ellas. Las publicaciones masónicas de Jonaust y de Amiable, en lo concerniente á la Historia del Grande Oriente y la Masonería de Rennes hasta 1789, han demostrado la parte activísima que tuvo la masonería en la revolución francesa.
Véase Revue des Deux Mondes-1º de Mayo de 1899.
(4)
Crueldad que pagó el Oidor en 1810 cuando el pueblo pedía su muerte y no se contenté sino cuando le vió con grillos y cadenas.
(5)
"Y sin resultar otra diligencia, aparece pronunciada la sentencia por los miembros de la Real Audiencia, en 28 de Noviembre de 1795, en la cual dijeron que aunque por el sumo rigor de las leyes podía imponerse la pena ordinaria de último suplicio á don Antonio Nariño, sin embargo habida consideración á las actuales circunstancias y á la piedad de Su Majestad cuando no se arriesga la tranquilidad pública y se consigue el justo escarmiento de los de más....................... pesado todo esto con la debida madurez, condenaron al citado Nariño á diez años de presidio, en uno de los de Africa, en el que Su Majestad eligiere, á extrañamiento perpetuo de América y confiscación de todos sus bienes......................."
(Véase Consejo de Indias-Apéndice de El Precursor -página 620).
(6)
El Capitán Ramírez, de la guardia del Virrey.
(7)
"El concepto de la Audiencia se había confirmado con la fijación de un pasquín que apareció el 28 de Septiembre de 1795 en un paraje público, amenazando al Virrey y á la Audiencia con la muerte, y á Su Majestad con la perdida de aquellos dominios, si no se daba pronta libertad á los reos, sobre lo que se estaban practicando diligencias para el descubrimiento de su autor, acelerándose el envío á Cartagena de los 10 reos principales......................."
(Véase: Vista de los fiscales del Consejo Supremo de Indias, El Precursor página 115).
(8)
En 1794 tuvo lugar en Méjico también una tentativa de conspiración contra el gobierno español, tentativa encabezada por don Juan Guerrero. Este como los complicados todos en la conspiración eran españoles peninsulares.
(Véase Historia de Méjico por Lucas Alamán primer tomo, página 128).
(9)
Véase: Oficio de miembros del Consejo de indias, Apéndice de El Precursor, página 600. Patria Boba-Tiempos coloniales, página 96.
(10)
Véase El Precursor, página 247.
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