El regreso á la patria

 

Deseosísimo de saber cuál había sido el resultado de la revisión de su causa en Madrid, Nariño permaneció algunos días en Burdeos. Al fin supo que mientras que algunos de sus compañeros, que con él habían ido á España, se hallaban en libertad, con prohibición sin embargo de regresar nunca á América, que otros habían sido condenados á los presidios de Africa, pero que su causa permanecía en suspenso. Aquello acabó de desesperarle y le obligó á embarcarse como lo hizo al fin de Diciembre de aquel año de 1796.

¿Llevaba acaso nuestro santafereño alguna comisión del comité hispano-americano reunido en París? No lo sabemos ni él lo dijo nunca; pero no hay duda que algo de esto debería haber puesto que durante la travesía arregló con un comerciante francés, que negociaba en armas, que tuviera un acopio de ellas en Filadelfia, á cuya ciudad se dirigía el francés, y otro tanto hizo con un negociante de la Guadalupe y otros de la Trinidad, San Thomas y Curazao, en cuyas islas estuvo más ó menos tiempo (1) y después se embarcó para el Continente el 4 de Marzo.

En Coro, á donde pasó disfrazado de sacerdote, tendría seguramente noticias de Venezuela y de la conspiración que allí se tramaba hacía algún tiempo.

Ya hablamos antes de la conjuración republicana que las autoridades españolas habían descubierto en Madrid.

Los autores de ella habían sido condenados á la horca, pero por clemencia de Godoy, el cual, á pesar de sus muchos defectos, es preciso confesar que no era sanguinario, se les conmutó la pena en presidio en Puerto Cabello. Entre tanto que les preparaban las prisiones los deportados españoles permanecieron algún tiempo en La Guaira. En este lugar se descuidaron los oficiales españoles y les permitieron comunicarse libremente con los criollos y aun salir de los calabozos para respirar el aire libre. En aquellas conversaciones con los americanos Picornell (á quien llamaban en España el Mirabeau peninsular) les informaba y les enseñaba sus ideas acerca de la libertad, ponderando los goces que ésta les procuraría si la conseguían. Contagiáronse los criollos con aquellas enseñanzas nunca oídas antes, y por consejo de los deportados se pusieron en comunicación con las autoridades inglesas de Jamaica y por medio de éstas lograron hacer escapar á los presos de La Guaira (menos los que ya habían llevado á Puerto Cabello). Esto, empero, no había sucedido todavía cuando llegó Nariño á las playas venezolanas, puesto que no se fugaron hasta el 4 de Junio de ese año; pero no hay duda que se preparaba este golpe y se trabajaba sordamente en la conspiración que debió de estallar después.

Entre tanto Nariño abandonaba á Coro, atravesaba el lago de Maracaibo en un barco de pescadores, llegaba al pueblo de Santa Rosa, y por despoblados entraba al virreinato. Neo-granadino. Evitando las ciudades de Cúcuta, Pamplona, Cerinza, Tunja y Chocontá á cuyas inmediaciones pasaba, disfrazándose de diferentes maneras, haciendo noche á campo raso, al fin el 5 de Abril llegó á Santafé cuando menos lo pensaba su familia.

La Nueva Granada parecía gozar de completa paz bajo el gobierno del nuevo Virrey que había reemplazado á Ezpeleta, Don Pedro Mendinueta y Muzquiz, caballero tan cumplido como lo había sido su predecesor. La monótona existencia colonial era aún más fastidiosa que nunca porque no se tenía noticia ninguna de la Metrópoli. Temeroso el Gobierno de que sus buques fuesen apresados en alta mar con motivo de la guerra con la Gran Bretaña, no se enviaban correos á las colonias y éstas carecían por entero de noticias europeas.

Nariño tenía esperanzas de encontrar cartas de Madrid en que le diesen aviso acerca de su causa, lo que prueba que sus amigos en España tenían conocimiento de su viaje á Santafé. Pero con motivo de los retrasos de los correos nada supo de ello lo que tuvo que causarle particular disgusto. Parecióle á él y á sus amigos (nunca se ha sabido cuales eran los que le alentaban en aquel tiempo en sus inspiraciones) que era aquella la época más propicia para revolucionar el país; así fué que apenas permaneció en Santafé seis días cuando resolvió devolverse al Norte del virreinato con el objeto de indagar los ánimos de los habitantes de aquellas poblaciones, que tanta guerra habían dado diez y siete años antes, durante la insurrección de los Comuneros. Indudablemente pensaba ponerse en comunicación con los conspiradores de Caracas y unir sus esfuerzos á los suyos para formar una seria sublevación.

Según se infiere de ciertas palabras de la manifestación que después hizo al Virrey, aún existía entonces don Francisco Berbes, el antiguo y prestigioso Jefe de los Comuneros; pero Nariño no se vió, dice, con ninguno de los que habían tenido parte en esa sublevación, porque supo que el pueblo los miraba mal, así como á las familias cuyos miembros habían sufrido castigos por ese motivo.

El resultado de aquel viaje que repitió después, fué reconocer por lo general el pueblo estaba descontento con las autoridades españolas y deseoso que les gobernasen criollos, pero que su ignorancia é incapacidad eran tales que no se podía contar con nadie. Confesó que su intención había sido reunir en Palo Gordo, lugar situado entre Simacota y Barichara, toda la gente que conviniera en sublevarse, exaltarla con ofrecimientos de libertad y buen gobierno y explicar allí las ventajas que obtendrían en su comercio y sus negocios con un gobierno propio. Una vez enardecidos sus oyentes con sus elocuentes palabras aprovecharíase de un día de fiesta ó de mercado en alguna población importante, como la del Socorro ó San Gil, y entonces entraría á ella repentinamente á la cabeza de una tropa armada,  entusiasmaría al pueblo con algún discurso que entendiera, arrojaríase sobre los Alcaldes y Regidores españoles, apoderaríase de ellos, los encarcelaría, incomunicaría la población con las demás del virreinato hasta que se dispusiese de una tropa crecida que pudiera competir con la poca que custodiaba las autoridades que moraban en la capital. Escogería entre tanto un campo de batalla bien resguardado, en donde pudiera defenderse y vencer á los que pretendiesen atacarle y una vez vencidos los españoles se dirigiría sobre el humo á Santafé, sublevando en la vía á todas las poblaciones, y con gran facilidad se haría dueño de la suprema autoridad.

No creía que las tropas veteranas del Virrey pudieran batir á los sublevados, "porque, añade Nariño en su declaración, caminos de aquellas Provincias son de una naturaleza que cede toda ponderación: precipicios, montañas que se pierden las nubes, desfiladeros por donde sólo cabe una persona de frente, leguas enteras de piedra y cascajo, ríos, la mayor parte que se pasan por cabuyas ó cuerdas y por donde es preciso pasar colgado de uno en uno.......... ¿Qué harían las pocas tropas chapetonas nada enseñadas á semejantes veredas contra una turba de paisanos conocedores del terreno? Indudablemente los peninsulares llevarían perdida la partida.''

No solamente Nariño debía de confiar en sus esfuerzos para levantará los habitantes del Norte del virreinato sino también en la sublevación que se preparaba en Venezuela y en los recursos que debería llevar de las Antillas su antiguo amigo don Pedro Fermín de Vargas, con quien se había comunicado por escrito desde San Thomas (2)  á Jamaica, en donde se había establecido y vivía de su profesión de médico.

Las autoridades españolas tenían grande inquina á Vargas, le buscaban en todo el virreinato para apresarle y le consideraban tan peligroso para la paz de la Colonia como al mismo Nariño.

Don Pedro Fermín de Vargas era socorrano, hombre instruído, amigo de Nariño y de Caldas. Según un documento que se halla en la Biblioteca nacional en la causa de Nariño, este caballero era Corregidor de Zipaquirá en 1791, de donde se huyó aquel año llevando en su compañía á una mujer casada, Bárbara Forero, y con ella pasó á las Antillas. (3) Se comprende que Vargas no era hombre vulgar sino de prestigio en el virreinato, puesto que tenía el empleo de Corregidor de Zipaquirá, ciudad importante, cuyas salinas eran una fuente riquísima para alimentar el Tesoro del gobierno colonial, tanto más cuanto que en aquella época no se daba un puesto de alguna consideración sino á criollos de gran confianza ó á peninsulares.

Cuando huyó don Pedro Fermín le siguieron causa y de ella resultó: que "andaba en pasos perjudiciales á la tranquilidad del Reino," lo que no sorprendió á las autoridades que sabían que sus ideas eran contrarias al Gobierno de España. Sinembargo nadie se acordaba de él cuando en Abril de 1797 la Bárbara Forero apareció en Santafé. No bien lo supieron las autoridades cuando la mandaron poner presa; tomáronla declaraciones; preguntáronla por Vargas; contestó que lo había dejado en Jamaica; pero que se preparaba para pasar á Madrid á pedir su indulto y licencia para regresar á la patria; declaró además que desde que había salido del Nuevo Reino había tomado el nombre de Fermín Sarmiento. Todavía se ventilaba el asunto de Bárbara Forero cuando llegó á la administración de correos una libranza por 800 reales girada de la Habana á favor de esta mujer por un Fermín Sarmiento, lo cual llamó muchísimo la atención de las autoridades. Si Vargas estaba en la Habana y no en Jamaica, fácil sería ponerle la mano, y en el acto enviaron una nota al Gobernador de Cuba mandando que buscasen allí á Vargas, que había tomado el nombre de Fermín Sarmiento y que le pusiesen preso porque era prófugo y encausado en el virreinato Neo-granadino.

Sinembargo la llegada á Santafé de la Bárbara Forero hizo pensar á algunos de los empleados públicos que Vargas debía de estar de regreso ocultamente en su patria y que aquel dinero debió de haberlo dejado en la Habana para que se lo enviasen á él por conducto de la Forero. Estando en estas vacilaciones tuvieron noticia muy reservada de que habían visto en un camino real á don Antonio Nariño. Semejante cosa causó la mayor alarma en el Gobierno; enviaron correos á todas las Provincias mandando que en el acto que se encontraran estos dos sindicados los pusieran presos, los condujeran sigilosamente á la capital, adonde les meterían en la cárcel con nombres supuestos, de manera que se perdiera la pista de ellos probablemente para siempre. (4)

La manera como se tuvo noticia de la llegada de Nariño al virreinato Neo-granadino fué por medio de la siguiente carta que recibió el Oidor Alba, la cual reproducimos completa porque nos parece curiosa y característica de la época.

Señor Oidor don Juan Manuel Alba.

"En cumplimiento de lo que Vuestra Señoría me ha ordenado en este día y estimulado de las obligaciones de buen vasallo de Su Majestad (Dios lo guarde) no puedo menos que poner en su noticia: que habiendo Salido yo y otro hermano mío de esta capital para la Villa de San Gil, el día 7 del pasado Junio, encontrarnos en el monte llamado del Moro (y al que hay de esta ciudad cuatro días de distancia), á un hombre que venía en una bestia mular, muy pequeña, adornado de una ruana blanca, bota fuerte y sombrero blanco de primera; y al tiempo de saludarle alzó el rostro, por el cual, y no obstante de traerle tapado hasta la nariz con un pañuelo blanco, hallé que era don Antonio Nariño, que por tenerlo toda mi vida conocido, no me quedó duda de ser este sujeto, y que después de haber contestado en voz baja trató de ocultarse más con el mismo pañuelo, y pasando por junto á mi hermano (que iba á pie por habérsele fatigado la bestia) lo alzó hasta cubrirse los ojos y aún inclinó y ladeó la cabeza para no ser conocido, y siguió camino con un peón que llevaba y éste iba á caballo con otro del diestro.

"Quise ratificarme en este conocimiento y habiendo posado en el sitio que llaman Matarredonda, donde una mujer Bárbara, de cuyo apelativo no me acuerdo, le pregunté á ésta si había posado allí aquel sujeto dándole las señas, á que contestó que sí, y que aun había llegado á su venta á buscar chicha, que por no haberla tomó agua únicamente, y aunque le hice varias preguntas dirigidas á si sabía cómo se llamaba y de dónde venía, me dijo que todo lo ignoraba.

"Al siguiente día antes de seguir viaje le encargué á dicha mujer que cuando volviese por allí el peón que llevaba, se informase de él, qué sujeto era, de dónde venía y en dónde le dejaba. Quedó de practicarlo así y al regreso de mi viaje llegué á su casa y le recordé lo que le había encargado. Díjome que no se había olvidado, pues que habiendo preguntado al peón lo mismo que yo le encargué, dijo que no llegó á saber cómo se llamaba dicho sujeto, que juzgaba que venía de muy lejos; que llevaba mucho dinero; que al pasar por algún lugar ó parroquia extraviaba el camino y daba la vuelta por otra parte; que al pasar por el puente de Vélez, había hecho la misma diligencia, tomando otro camino y pasado el río á nado, y que finalmente había llegado á esta ciudad de noche, en donde lo dejó en una de las tiendas de la Calle Real, en donde le dijo el sujeto se volviese, pagándole bien su trabajo. Aunque esforcé el examen para con la mujer siempre me refería lo mismo que había expuesto diciéndome ser lo único que el peón le había referido.

"Esto es lo que con sencillez y verdad puedo informar á Vuestra Señoría, estando como estoy pronto á declarar bajo la religión del juramento lo mismo que va en servicio del Rey Nuestro Señor.

"El Cielo guarde la vida de Vuestra Señoría mil años.

"Santafé y Julio 3 de 1797.

"Besa la mano de Vuestra Señoría su rendido súbdito.

MANUEL MENDOZA."

Posdata.

"Con el denuncio antecedente original dése cuenta inmediatamente al Excelentísimo señor Virrey del Reino, así por la edad del asunto, como también porque no se pierda tiempo en las diligencias, medidas y precauciones que Vuestra Excelencia se sirva tomar.

ALBA."

Otra posdata.

"Santafé, 4de Julio de 1797.

"Considerando este asunto de la mayor reserva é importancia, comisioné para su descubrimiento, y cuanto pueda ofrecerse en él, al señor don Juan Hernández de Alba, de cuya actividad y celo espero que sin perdonar fatiga, practicará cuantas diligencias sean conducentes, entendiéndose en ellas conmigo sólo, á fin de que se verifique con el mayor sigilo.

MENDINUETA."

"De acuerdo con Su Excelencia se nombra á don Andrés Barros y don Francisco Carrasco, para que celen con vigilancia las operaciones de la mujer de don Antonio Nariño y sus principales amigos y favorecedores, dirigiendo su esmero á descubrir el paradero del mismo Nariño, para lo cual se les comunique las convenientes instrucciones, de forma que con oportunidad participen las noticias que adquieran interesantes al caso, dándoseles el pase necesario, en términos que ningún Juez, ronda ó patrulla les ponga embarazos, antes bien, les presten todo auxilio.

ALBA."


Pero en vano fueron todas las pesquisas de las autoridades, pues no tuvieron indicio ninguno del paradero del prófugo, ni tampoco hallaron señales verdaderas de la llegada al país de don Fermín de Vargas.

El Oidor Alba envió á todas las autoridades del virreinato las señas de Vargas y las de Nariño. Este decían que tenía la tez blanca y era algo pecoso, su cabello de color claro armonizaba con sus ojos claros y protuberantes, labios gruesos pero boca pequeña, acento suave y bajo. Estas eran las señas de su cuerpo efectivamente, pero el retrato de su alma nobilísima ¿cómo pintarla?...... Aquella fisonomía llena de viveza, esa mirada penetrante y suave al mismo tiempo, aquella voz dulce, lánguida y soñadora algunas veces, avasalladora y dominante otras...... ¿podría describirse? Los que le conocieron en la madurez de su existencia, nunca pudieron olvidar la influencia agobiadora, por decirlo así, que ejercía Nariño sobre los que se le acercaban; hasta sus malquerientes, los que le envidiaban, los que le odiaron, no lograban resistir á aquel fluído magnético que emanaba de él, ni oponerse á su voluntad ardiente, nobilísima y siempre en favor de su patria, de sus conciudadanos, de los que amaba. Ya sabemos que era audaz, arrojado hasta la temeridad, después se manifestó heroico y de un valor personal como pocos. Sin embargo era muy impresionable, á pesar de la serenidad que demostraba en los peligros; había momentos en que todo le parecía fácil de llevarse á cabo, y otros en que al encontrar que no le comprendían, que en la práctica no arraigaban sus ideas en la mente de los demás, se desconsolaba repentinamente, se desilucionaba por completo, perdía la confianza en sí mismo y la fe en los demás, se abatía y lo daba todo por perdido, se desesperaba, desfallecía y se entregaba á la más completa y amarguísima aflicción.

Sin duda en el segundo viaje que hizo Nariño sigilosamente á las Provincias del Norte comprendió que todos sus esfuerzos serían vanos para levantar á los colonos contra las autoridades españolas sin el auxilio de alguna potencia extranjera, y en cuanto á esto ya tenía experiencia de que no les auxiliarían ni Inglaterra ni los Estados Unidos de una manera clara y eficaz. Consideraba su causa desesperada cuando se encontró en el Monte del Moro con los hermanos Mendozas, notó que le habían reconocido y llegó á Santafé hondamente descorazonado.

Aumentóse su aprensión al encontrar su casa cerrada; su mujer para escapar sin duda las rondas y pesquisas, se había refugiado en casa de una hermana con sus hijos. (5) El tuvo entonces que presentarse en la habitación de su hermano José, hombre tímido, según parece, porque al olía siguiente la dejó para ir á ocultarse en la casa de su hermana Dolores en donde naturalmente vivía sobresaltado y temiendo serle funesto á ella y á toda su familia., si le llegaban á encontrar. A los pocos días notaron que también hombres sospechosos vigilaban la casa de................................... quien estaba ausente de Bogotá, y entonces, al cabo de veinte días, se escapó para aceptar la hospitalidad de doña Magdalena Cabrera, en donde estuvo ocho días, y de allí pasó á la de otra hermana suya, Benedicta en donde se le acabó la paciencia y se resolvió á presentarse al Virrey y dejar descansar á su familia que vivía en un continuo sobresalto, cosa que le apenaba muchísimo.

La manera como lo hizo lo veremos en el siguiente capítulo.

 

(1)
Confesión de Nariño, Precursor página 229.
(2)
Véase declaración de Nariño, Precursor página 229.
(3)
Véase historia de la Literatura, de Vergara y Vergara, y causa de Nariño, documento número 135.
(4)
INSTRUCCIÓN que se ha de observar para la prisión de don Antonio Nariño y don Pedro Fermín de Vargas.
Sabido el paradero de Nariño ó de Vargas, se tomarán todas las medidas necesarias para su captura, de modo que no se malogre ésta, escogiendo personas de toda confianza con los auxilios oportunos, teniendo en consideración que por la noche se practican estas diligencias, por Io común, con más seguridad.
Verificada la captura se dará aviso de ella al instante por el conducto que sea más pronto, comunicando al mismo tiempo el camino ó parajes de su conducción á esta capital.
En seguida se dispondrá su remisión con la correspondiente seguridad de prisiones y hombres que puedan resistir cualquier acontecimiento de otros para quitarlo.
En lo posible se evitará pasar por los pueblos, y en los parajes del tránsito ó descanso no se le perderá de vista á ninguna hora, ni se le permitirá comunicación con persona alguna.
Su remisión no será con el nombre de don Antonio Nariño ó de Pedro Fermín de Vargas, sino con el de Monsieur Lebruc, dando á entender que es un reo de consideración.
Será una de las principales precauciones recogerles cualesquiera papeles, cifras, apuntes ó libros, practicando exacto conocimiento hasta del vestido que lleven.
Si con ellos se hallare alguna persona que los acompañe, se hará lo mismo en captura, reconocimiento y remisión.
Si pasare por alguna parte donde se sospeche que puede haber inconveniente, se variará el camino, tomándose la precaución de enviar adelante persona de confianza que, adquiriendo noticias, comunique las que sean conducentes.
Si en la jornada se necesitare algún auxilio de armas, gente ó dinero, lo Pedirá á las Justicias, ó á cualquiera persona, las cuales se lo franquearán con oportunidad y sin excusa, quedando responsables en caso de no hacerlo, de que se les impondrán las rigurosas penas que merezcan.
Un día antes de entrar en esta ciudad dará aviso el conductor para que se le comuniquen las órdenes oportunas en términos que sin detenerse en el camino llegue con anticipación el aviso.
El juez ó persona á quien se dirija esta instrucción tomará con reserva cuantas noticias sean imaginables para descubrir el paradero de Nariño y Vargas y cuando sea imposible su captura, á lo menos avisará lo que supiese.
Al que hiciese esta prisión se le ofrece, á nombre de Su Majestad, la recompensa proporcionada á las circunstancias en que sea, ó de un destino proporcionado, ó cuatro mil pesos.
Si se viese que de la prisión de Nariño resultara conmoción en el pueblo, se suspenderá y comunicará lo conveniente sin perder tiempo.
Si para los gastos de captura y conducción no hubiese de Cámara, se suplir de cualquier modo, en inteligencia de que se pagarán sin demora.
Las señas de Vargas son las siguientes: buena disposición de cuerpo, como de seis piés; color trigueño; pelo negro grueso; ojos y cejas negras; pobladas yarqueadas; nariz larga y algo corba, abultados los juanetes de los piés y un poco estevado, de 34 á 38 años.
Y las de Nariño en la forma siguiente: buen cuerpo, blanco, algunas pecas en la cara, ojo cuencudo y sallado, pelo rubio claro, boca pequeña, abios gruesos y belfo, habla suave, tono bajo y algo balbuciente, de 34 años.
Asimismo el comisionado obrará muy reservadamente y dará puntuales noticias si por desgracia advirtiese alguna cosa, producción, medios ó disposición dirigidas á turbar la tranquilidad pública; procediendo con prudencia á cortar en su origen, si fuere posible, semejantes perjudiciales novedades.
Santafé, 15 de Julio, 1797.
(Véase, Precursor, página 237).
(5)
Precursor página 255.
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