Nariño se presenta al Virrey Mendinueta

 

Nuestro santafereño pensaba, con mucha razón, que si le tomaban preso las autoridades españolas, y esto tenía que suceder así tarde ó temprano, correría el riesgo de ser condenado á la expatriación, al presidio en Africa y quizás á la muerte, como á reo prófugo. Mucha confianza había tenido en un principio en que la causa que contra él se ventilaba en Madrid tuviese un feliz desenlace; pero después perdió la esperanza de que le absolviesen y al mismo tiempo comprendió que se tenía conocimiento de su arribo á Santafé, que todas las casas de su familia y de sus amigos estaban rodeadas de espías y que no podría escapar de ninguna manera. Sin embargo era preciso antes de entregarse saber cuáles eran las disposiciones del Virrey y de la Audiencia con respecto de él. Tenía antigua amistad con el Arzobispo señor Baltazar Jaime Compañón, y además era reconocida la caridad de este Prelado; á él, pues, hizo que un amigo le consultase sobre su asunto y como lo encontrara propicio, (1) Nariño mandó á su mujer al Palacio arzobispal á preguntarle qué debería hacer para entregarse con el menor riesgo posible. Este le notificó que sería preciso que se conformase con entregarse con humildad y arrepentimiento á las autoridades y que si así lo ofrecía se comprometía á impetrar del Virrey su perdón. Nariño se avino á lo que le Pedía el Arzobispo y éste entonces escribió á Mendinueta anunciándole que el prófugo de España se hallaba, en Santafé, arrepentido de sus pasados yerros y que ofrecía entregarse sin dilación al Virrey si éste daba su palabra de honor de que una vez que estuviese en su poder no sería castigado como reo político, que no se le infligiría pena aflictiva ó de sangre y que pediría a España su perdón, tanto por la causa que se le seguía en la Metrópoli cuanto por sus actos al regresar al virreinato. El bueno del señor Compañón aconsejaba al Virrey que indultase á Nariño, asegurándole que en el estado en que estaban los ánimos en la Colonia, la mejor política sería calmarlos con actos de perdón y misericordia.

El Virrey abundaba en las mismas ideas del Arzobispo y deseaba manifestarse misericordioso y clemente, pero no así lo Oidores, los cuales, por lo general, eran partidarios de las medidas extremas y de una excesiva severidad. Pero al fin Mendinueta logró ablandarlos diciéndoles que había casos en que era mejor perdonar que castigar. Contestó entonces al Arzobispo que si Nariño juraba confesar qué había hecho, con quién había hablado y aún qué había pensado desde que huyó de Madrid hasta el momento en que había resuelto entregarse y abjurar de sus yerros, se le permitiría presentarse al Virrey y permanecer preso hasta que contestaran de España qué deberían hacer con él. Ofrecía sin embargo el Virrey, solemnemente que su vida no correría riesgo, que él pediría á España que lo indultasen si quedaba plenamente satisfecho de su confesión y arrepentimiento.

¿Qué podía hacer en ese trance el desesperanzado patriota que había perdido por entero la confianza en que los colonos del virreinato fueran capaces de alcanzar su independencia? Inútil creía que serían mayores esfuerzos en pro de su idea, contraproducentem su abnegación, vanos sus sacrificios ofreció, pues, presentarse ante el Virrey y hacer una sincera y general confesión y contestar con toda verdad y sin reticencias á cuanto le preguntasen; era hombre de honor, su palabra empeñada era sagrada, era preciso, indispensable, cumplir, y así lo hizo el 19 de Julio de 1797. (2)

Estando arrestado en el cuartel de caballería Nariño recibió un oficio del Virrey, 4 de Agosto, en que se le hacían 27 preguntas, además de la larga relación que ya había hecho desde su salida de Madrid hasta su última entrada á Santafé. De su relación hemos tomado todo lo concerniente á su fuga del buque en Cádiz y demás aventuras en Madrid, París, Londres, las Antillas, Venezuela y el Reino Neogranadino, añadiendo cuanto hemos podido encontrar en historias, documentos y relaciones que se rozan con la Permanencia de Nariño en Europa.

El Virrey concluye su oficio con las siguientes palabras:

"Estas noticias interesan demasiado al Gobierno para prescindir de ellas, y principalmente podrá preveer con oportunidad los riesgos que ofendan á la tranquilidad pública. Si en ella se interesa don Antonio Nariño, si su relación es clara y de buena fe, si desea hacer este servicio á el Soberano conforme á sus protestas, no puede menos que contestar categóricamente al Gobierno bajo las seguridades ofrecidas."

 

Nariño contestó punto por punto, aclarando y ampliando algunos pasajes que habían parecido oscuros en su primera re lación. A la pregunta 20ª, en que se le pide que exponga "cuál fué el fruto que sacó del reconocimiento de los pueblos, en qué disposición los dejó para el intento, explicando circunstanciadamente todos los pasajes, para que sus noticias puedan servir de norte al Gobierno,'' Nariño contesta:

"Si yo pensara sólo en aparentar fidelidad para salir del estado presente, no hablaría á Vuestra Excelencia sino de la perfidia de los pueblos y lo particulares, pintándolos con negros colores, pero no pienso de este modo. Creo que debo reparar mis yerros pasados empleando en servicio del Estado los mismos conocimientos que había adquirido para perjudicarle. Así hablaré á Vuestra Excelencia con sinceridad lo que pienso, sin que se crea que yo pretenda dar lecciones al Gobierno, sino estimulado á satisfacer lo que se me pregunta y en cumplimento á lo que tengo ofrecido para que Vuestra Excelencia Con su alta penetración tome las medidas que estime más acertadas."

 

A la pregunta en que se le manda que "manifieste con toda claridad de qué provino el descontento de los pueblos en general y particular, para tomar las medidas convenientes y si serán capaces por sí de hacer alguna insurrección," Nariño responde, guiado nada más que por su acendrado patriotismo, lo siguiente:

"Yo creo, señor, que el mal general no proviene de tener los pueblos estas ó las otras ideas de independencia, etc.,sino de su miseria y de creer que el Gobierno se la ocasiona. Las contribuciones que aquí se hacen al Erario son nada, si se ve lo que éste percibe; pero el modo con que se exigen las hace, en mi concepto, onerosas; el pueblo no es capaz de hacer esta distinción, no ve en los dependientes sino los ejecutores de órdenes superiores y así se queja del Gobierno, creyéndolo equivocadamente el autor de su miseria. En este supuesto parece que está en estado de que se remedie el mal en cuanto permiten las circunstancias, no con providencias que aumenten las quejas, sino que se las sofoquen, por dos razones: la primera porque algunas de sus quejas no son enteramente infundadas, y la segunda, porque todo procedimiento en el día, cuando no ocasionara una novedad, remediaría una pequeñísima parte y empeoraría el todo, como Vuestra Excelencia lo conocerá á proporción que vaya adelantando sus conocimientos en el Reino. Es cierto que si Vuestra Excelencia pregunta á otros, quizá no encontraría este lenguaje: unos dirán que los pueblos están felices y contentos, por temor de que se crea que censuran las disposiciones del Gobierno, y otros que su descontento proviene de holgazanería y de no querer contribuir á las cargas del Estado, creyendo con esto hacerse un mérito; pero yo, que por circunstancias tan raras me he puesto en estado de conocerlos y de decir precisamente lo que siento, hablo á Vuestra Excelencia desnudo de todo miramiento, y sólo con el fin de contribuir al mejor servicio del Rey y al alivio y seguridad de estas Provincias."

 

Por no fatigar al lector no añadimos otros muchos párrafos de la contestación de Nariño en que expone los motivos de las quejas del pueblo, bajando á pormenores acerca de los vejámenes que sufrían por parte de los empleadillos de menor cuantía que se aprovechaban, como sucede hoy día, de su prestada autoridad para obligará los pobres á pagar ciertos derechos de los cuales sólo ellos se aprovechaban y no el Gobierno.

Concluye diciendo: ''Considero al Reino en el día, en estado de hacer una novedad (insurrección) al primer motivo que se le dé, que le pueda servir de pretexto para comenzar sus quejas; pero que tomándose algunas providencias, aunque sean de poca entidad, como tengo dicho, me parece que no hay que temer al presente; y para lo sucesivo mi concepto es: que variando las circunstancias actuales de Europa, es menester un remedio más serio de lo que se ha creído hasta ahora. Esta opinión la fundo en que el Erario saca muy poco de tan fértiles Provincias y que el pueblo está descontento. Si el descontento de los pueblos es infundado, supuesto que contribuyen tan poco, no hay fuerzas suficientes para contenerlos y reducirlos á la justa obediencia; si sus quejas son fundadas, no puede estar la causa en la cantidad de lo que contribuyen, sino en el modo, y en este caso es necesario una reforma en la administración. Yo pienso que se necesita lo uno y lo otro; pero Vuestra Excelencia con su celo, y actividad adquirirá noticias más amplias..............."

Estos párrafos parece que alarmaron al Virrey Mendinueta y con ese motivo pidió á Nariño, que parecía comprender la enfermedad del pueblo, la cual entiende que es gravísima, que explique al Gobierno con extensión y proligidad, su concepto en la materia.

Nariño se niega á ello en un principio: "Es verdad, contesta, que pqerece que comprendo la enfermedad del pueblo que entiendo que es grave; que considero que para ello es necesario un serio remedio, y que lo indico en la reforma de la administración; pero la razón de este juicio la expongo en el mismo punto, y aunque conozco el mal, no he tenido las mismas proporciones para conocer y aplicar mi concepto sobre el remedio. El vasto y delicado plan de una reforma en la administración, no es para que lo medite un hombre angustiado, encerrado en una prisión, lleno de sobresaltos y temores, y desproveído de todo auxilio para poder formar un juicio cuando no acertado, á lo menos racional y con algún fundamento."

 

Como hemos visto durante este relato Nariño era particularmente impresionable, y así como su ardiente imaginación solía pintarle las cosas color de rosa, también se dejaba llevar por la tristeza y el desconsuelo. El, con mucha razón, había pensado que las autoridades españolas lo pondrían en libertad una vez que confesara, hasta en sus menores detalles, cuanto había hecho y había pensado en el último año; pero no fué así, permanecía preso y privado de comunicación con su familia, por cuyo amor hahía hecho tantos sacrificios, y aquello más que todo lo afligía. Entonces, en el mes de Septiembre (su última confesión había tenido lugar en el mes de Julio), escribió al Virrey el siguiente memorial:

"Excelentísimo señor:

Cuando esperaba haber mejorado de suerte poniendo en manos de Vuestra Excelencia mi corazón, me veo, con bastante dolor, no ya en calidad de detenido ínterin cumplía, sino en la de un verdadero preso, habiendo cumplido. No permita Dios que jamás me pase por la imaginación el dudar de la palabra que Vuestra Excelencia me dió; pero como mi estado actual es un verdadero sufrimiento, no puedo prescindir de sentirlo y representarlo á Vuestra Excelencia.

No creo, señor, que al haber presentado á Vuestra Excelencia, con la mayor ingenuidad, la historia de mis desaciertos dí motivo á ello; esto fué lo que ofrecí, esto lo que he cumplido y por lo que se me ofreció que se olvidaría todo lo pasado, y por consiguiente que mejoraría de suerte. Nada más tengo dicho con mis obras, hasta derramar la última gota de mi sangre, y que espero de la notoria integridad de Vuestra Excelencia el que el testimonio que he dado de arrepentimiento y buena fe no se convertirá contra mí, haciéndome sufrir después de haber cumplido lo que hubiera merecido si no hubiera presentado verdad.

Suplico á Vuestra Excelencia con lágrimas en los ojos, se duela de mis desgracias; no son de ayer, ha más de tres años que padezco y ya no me queda otro arbitrio sobre la tierra que la piedad de Vuestra Excelencia ó morir agobiado bajo el peso de mis trabajos.

Dios Nuestro Señor guarde la importante vida de Vuestra Excelencia muchos años.

Santafé y Septiembre 3 de 1797.

ANTONIO NARIÑ0.

Excelentísimo señor Virrey, don Pedro de Mendinueta."

 

El principal motivo que alegaba Nariño que había tenido para empeñarse en trabajar contra las autoridades españolas había sido el que no dieran fin á la causa que le habían seguido en 1794 con motivo de la publicación de los Derechos del Hombre, hoja que él había considerado inofensiva y por consiguiente juzgó que le inculpaban injustamente; confesaba eso sí que había errado y que se arrepentía de la frustrada intentona de insurrección en 1797 al regresar al país amargado y herido por las persecuciones: "Mi honor, dice en su primer memorial, mi patria, mi familia, mis amigos, mis intereses y mi comodidad personal se me habían arrancado en un solo día..............." Yo espero, sinembargo, que restablecido á la soberana confianza del Rey por medio de Vuestra Excelencia, podré emplear el resto de mis días en reparar lo pasado y en dar una prueba auténtica y nada equívoca de mi arrepentimiento ocupando todos los momentos de mi vida en servicio de ambas Majestades. Y si el resentimiento me condujo hasta los bordes del precipicio, yo aseguro á Vuestra Excelencia que de hoy en adelante mi obligación y el reconocimiento de sus grandes bondades me conducirán hasta derramar la última gota de mi sangre en servicio del Rey..............."

 

Ahora con los hábitos de independencia que hemos adquirido, aquellas palabras de Nariño parecerán sobradamente rendidas para que las pronunciara un hombre de los méritos y aspiraciones de nuestro santafereño; pero en aquél entonces la educación, los hábitos, las costumbres eran otras. Los súbditos de un Rey no creían degradarse ni manchar su honor con semejantes expresiones. Recuérdese que los colonos no eran ciudadanos libres, Sino vasallos de un monarca y eso bastará para disculparle. Lo que le han tachado algunos historiadores como Groot y Restrepo es que hubiese denunciado á cuantas personas le habían auxiliado y dado hospedaje en su tránsito, dice Restrepo, desde La Guaira hasta Santafé; "y lo que declaró relativamente á algunos clérigos, añade Groot, con quienes había habado en el tránsito á su regreso á Santafé pero, añade, tampoco tuvo resultado alguno contra éstos la declaración de Nariño."

Vergara y Vergara (3) lo defiende y dice, lo que es cierto, sufrió con sus denuncios. (4) No habló nunca de que entonces trabajaba asiduamente por conseguir la independencia de Venezuela. Cuando mencionó á don Esteban de Palacios, caraqueño que se hallaba entonces en Londres, no fué sino para Jurar que con él no trató nunca de asuntos de política y asegurar que dicho caballero no se ocupaba sino de negocios particulares. Mencionó con muchos pormenores á un señor José Caro quien decía que era habanero que trabajaba en favor de la emancipación del Perú, pero dicho sujeto era desconocido y jamás se ha tenido noticia de él, de manera que es posible que ese nombre fuera supuesto y encubriera alguna otra personalidad. De los demás americanos de quien habla es para repetir que con ellos no trató del asunto que le llevó á París y a Londres. Dice que por medio de unos ingleses cuyo nombre apunta (pero que estaban fuera del alcance de las autoridades españolas) se comunicó con Pitt y Lord Liverpool, y que en Francia tuvo conferencias con el famoso revolucionario Juan Lamberto Tallien, el cual era entonces del Consejo de los Quinientos y tenía grande influencia en el Directorio. A éste por de contado no podía hacer daño ninguno el Gobierno español.

Hay en la Biblioteca nacional de Bogotá, entre los documentos manuscritos que no han sido publicados por los señores Posada é Ibáñez, dos notas reservadas del Virrey Mendinueta al Príncipe de la Paz, en extremo interesante sobre la causa de Nariño. Después de referir en una de éstas todo lo ocurrido en Santafé á ese respecto, pide que se indulte al pseudo-conspirador porque considera que esa sería la manera de acallar el descontento que cunde entre los colonos; añade que él nota muchos síntomas alarmantes en la atmósfera del virreinato, síntomas vagos que no pueden señalarse á las claras, pero que se sienten.

Felicítase el Virrey en otra nota, que no está completa, de la fortuna de recibir explícita confesión de Nariño, confesión que él cree fué sincera, puesto que ha sido espontánea. Ella, añade, evitó graves males, disgustos de los criollos de influencia en la capital; impidió que se hiciesen prisiones que exasperaban los ánimos, procesos engorrosos y talvez peligrosos en aquellos momentos, puesto que se carecía de recursos pecuniarios, no había ejército y estaba casi incomunicado con madre patria.

Movido por los temores fundadísimos que tenía para desconfiar de los criollos mantuvo preso á Nariño, pero no quiso procesar á ningún otro, ni hacer mayores indagaciones. Sin embargo Mendinueta asegura que él hará todo esfuerzo para sacar del país, con distintos pretextos, á los sospechosos, y sin llamar la atención, enviarlos á otras colonias ó la Metrópoli si lo juzgara necesario.

En aquellos momentos de inquietud llegó á Santafé la noticia de la frustrada sublevación en Venezuela.

Los bisoños conspiradores de Caracas y La Guaira, nada diestros por cierto en achaques de revoluciones, muchos de los cuales no comprendían la gravedad de sus actos, hablaban á troche moche de lo que pensaban hacer, é influenciados siempre por la revolución francesa, querían sin duda celebrar la toma de la Bastilla con su alzamiento contra las autoridades españolas: así lo habían fijado para el 14 de Julio de ese año de 1797. La víspera sinembargo, lo fué denunciado al Capitán general don Pedro Carbonell quien tomó las precauciones conducentes á impedir que estallase. Los dos cabecillas don Manuel Gual y don José María España, tuvieron tiempo de escaparse de La Guaira, en donde se hallaban, é irá buscar asilo en la Trinidad, en tanto que los demás que estaban en la trama corrieron á denunciarse ellos mismos con la esperanza de que les perdonasen, pues sabían que Carbonell usaría con ellos de misericordia. Mal les pesaría después su precipitación, pues el indulto ofrecido no se llevó á cabo; sus procesos se alargaron indefinidamente; Carbonell dejó el mando; le sucedió el General Guevara Vasconcellos, y éste, cruel y sanguinario, resolvió mandar juzgar á los complicados en la conspiración sin usar de misericordia, de manera que siete de ellos sufrieron el último suplicio, más de treinta fueron condenados á galeras, pero los treinta, y dos que enviaron á España fueron indultados por Carlos IV con la condición de que jamás volverían á Venezuela. Gual sin embargo, permaneció en la Trinidad y, su familia fué patriota y sirvió notablemente en la guerra de la Independencia. El desdichado España, que había regresado ocultamente á Venezuela á verse con su familia fué aprehendido dos años después y condenado á la horca con singular crueldad. (5)

Después de recibir en Santafé las noticias de la conspiración de los venezolanos, la nota que envía Mendinueta al Príncipe de la Paz es mucho menos favorable á Nariño que las anteriores.

Hé aquí algunos extractos de ella:

......"Las novedades de Caracas, dice, confirman en gran manera mi modo de pensar, y no será extraño que estén enlazadas con las miras de Nariño. El hizo entrada en este Reino por aquella parte; dejaría sembrada allí la zizaña, y á esto pueden aludir las expresiones de: en Santafé se cree ya todo listo............... La remisión de Nariño á España, es indispensable, ya por su anterior causa, ya también por la del día............... Los vínculos de mujer, hijos, familia, amigos, paisanos, patria, la incertidumbre de su suerte, etc., todo le impide aclarar lo que abriga su corazón; separado de todos estos respetos en España, y tratado con las confianzas que permitan sus excesos no dudo que descubrirá lo que aquí por temor ha dejado de explicar sobre sus relaciones, el progreso. el estado y las participaciones de estas máximas............... "

 

Más lejos, Mendinueta dice que le preocupan mucho algunos párrafos de la confesión de Nariño; no comprende la necesidad que tuvo de delatar todos sus planes.

"Nadie los conocía, añade, eran secreto para el Gobierno, que apenas sabía que había regresado ocultamente al país, en busca de su familia, lo que no tenía nada de inverosímil. ¿Qué motivo que nunca descubrió, tuvo Nariño para dar aquel paso? Hasta ahora esto es un misterio para todos..............."

En otra nota reservada (documento número 127), Mendinueta escribe que es necesario que se le mande tropa; que la situación de la Colonia no es satisfactoria, que es preciso atajar aquellos males á tiempo de manera que los criollos vean que hay ejército á quien respetar. De resto, añade, si esto no se hace con tiempo la epidemia crecerá tanto que cuando se intente atajarla ya no será posible curarla.

 

(1)
El Arzobispo de Santafe no vivía en el Palacio que hoy habitan los Prelados de esta Diócesis, el cual había sido dón del señor Caballero y Góngora, sino en la hermosa casa que se hallaba en la esquina de abajo del antiguo Convento de la Enseñanza y que después se ha dividido en tres casas. El señor Compañón murió en ese mismo año de 1797.
(2)
He aquí el documento que firmaron Nariño y Mendinueta, aquel tristísimo día:
"En la ciudad de Santafé, después de las oraciones de este día, 19 de Julio de 1797, don Antonio Nariño, conducido por don Pedro Chavarri, Secretario del Ilustrísimo señor Arzobispo de ella, hasta la puerta principal del Palacio virreinal, donde lo recibió el señor don Juan Hernández de Alba y condujo á una de sus salas, compareció ante el Excelentísimo señor don Pedro Mendinueta, Virrey del Reino, y dio que bajo seguro prometido á Su Ilustrísima manifestaría cuanto supiese desde que salió de Madrid hasta el día, sin faltar en nada á la verdad, sus ideas y proyectos, el estado actual de ellos, los efectos que hubiesen producido, y finalmente, cuantas noticias le pidiese Su Excelencia, quien ratificó de nuevo el seguro referido en la firme inteligencia de que no ocultase, ni disimulase cosa alguna de cuanto pudiese servir para la tranquilidad pública, pues de otro modo, á pesar de su piedad y conmiseración, usando de las altas facultades que las leyes franquean, se vería en dura, pero precisa necesidad, de usar con el referido Nariño del rigor cine las mismas previenen para iguales casos.
PEDRO MENDINUETA-ANTONIO NARIÑO-JUAN HERNÁNDEZ DE ALBA.
Postdata.-Inmediatamente conduje á don Antonio Nariño al cuartel de caballería, en donde quedó arrestado con los encargos correspondientes de vigilancia para su seguridad.
ALBA
Precursor, página 264
(3)
Historia de la Literatura en Nueva Granada, página 288.
(4)
En el documento en que se halla la confesión de Nariño que hemos consultado en la Biblioteca nacional de Bogotá, faltan algunas fojas.
(5)
Cuando don Manuel Gual tuvo noticia del acontecimiento escribió la siguiente carta á su compatriota el General Miranda:
"Don Manuel Gual al General Miranda.
En la Isla Trinidad Puerto España, y Julio 12, 1799.
Amigo mío: Yo no escribiría á usted sí me fuese posible pasar á verle.
¡Miranda! si por lo mal que le han pagado á usted los hombres si por el amor á la lectura y á una vida privada, como anunciaba de usted un diario, no ha renunciado usted estos hermosos climas, y la gloria pura de ser el salvador de su patria; el pueblo americano no desea sino uno: venga usted á serlo............... ¡Miranda! yo no tengo otra pasión que ver realizada esta hermosa obra, ni tendré otro honor que ser un subalterno de usted.
Tengo la gloria de ser proscrito por el Gobierno español, como autor de la revolución que se meditaba en Caracas el año de 97.
Perseguido en Curazao y reclamado en todas las islas neutrales y amigas del Gobierno español; informado de las proclamas hechas por este caballero Comandante general ofreciendo darnos protección, vine á implorarla.
La copia número 1º instruirá á usted de la facilidad de una empresa que será la admiración de las naciones, y la gloria y honra de los americanos, gracias al horror en que está el Gobierno español.
En el número 2° verá usted cuáles son mis votos: hablo á un pueblo adicto á su religión, y que desea con ansia su Independencia.
Sea usted sino principal, agente de su patria para que tenga efecto la obra majestuosa de su libertad, que no necesita sino de empezarse.
No hay que dudar del suceso: algunos cortos auxilios bastan para las primeras acciones, que con una orden de ese Ministerio se proveerían en estas colonias inglesas.
El concepto con que me honra el pueblo, aumentado por lo que anhela el tiránico Gobierno español por apresarme muerto ó vivo, (*) puede hacer algo necesaria mi perseguida persona. Sea como agente ó como principal que obre usted (en caso de que pueda ser útil) solicítela usted por el señor Picton, Comandante general de esta isla, y contésteme usted por el mismo conducto, pues siempre sabrá mi paradero.
La revolución se malogró porque estando yo ausente de Caracas, descubrió el Gobierno el plan, por la imprudencia de un necio. Se apoderó de muchas personas, y tomó las providencias más activas en La Guaira y Caracas, y desconcertadas ya las cosas me salvé con el objeto de pedir auxilios en las colonias inglesas, que aun esperan mis compatriotas. Este es un extracto del suceso malogrado, después del cual ha crecido la opinión y el deseo de la independencia.
Venga usted, le repito á tener la gloria de establecerla como lo desea su antiguo, verdadero amigo y compatriota.
MANUEL GUAL.

(*) Don Manuel Gual murió en Trinidad, en 1801, envenenenado, conforme á la opinión de algunos, por un español Vallecilla, que obtuvo, según se dijo, una buena recompensa por este crimen.
Restrepo, Historia de Colombia, Venezuela, capítulo 1º.
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