CAPITULO VIII

 

El Secretario y el Ministro de Colombia. - El Panteón de Agripa. - La plaza y la Basílica de San Pedro.-Los Estuardos.- Varios antiguos monumentos romanos,- Villa Borghese.- León XII. en santa María del Pueblo. - Godoy. - Las ternas de Caracalla. - El sepulcro de los Escipiones. - La Vía Appia.-El templo de, San Pedro Y la Reforma,- El Museo. - Santa María de los Ángeles. - Santa María la Mayor. - Iglesias. - Templos paganos - Teatros. - Contrastes. - Costumbres populares. - El Foro Romano. - Roma á la luz de la luna. - Estatua de Pompeyo. - Celebridades - Thorwaldsen.

1826

Pocos momentos después de haber llegado á su posada cl joven viajero se encontró estrechado entre los brazos de su hermano Domingo, quien como hemos visto, era. Secretario del Ministro colombiano cerca de la Santa Sede y de quien hacía altos chip. se había separado.

Inmediatamente Domingo le fue á presentar al señor Tejada, que vivía en el Palacio Negroni.

" Tejada, leemos en el Diario, no es un anciano triste y cargado de años y do penas, como me lo habían pintado. Al contrario, es un nombre robusto, activo, lleno de viveza y de movimiento , tan cierto es que la vicia de Europa conserva la juventud y la energía, porque se vive con el espíritu ! "

Ese día vio la columna Antonina y el Panteón de Agripa. " Este monumento, escribe, recuerdo vivo de la grandeza de la antigua Roma, dedicado á todos los dioses, se ha conservado tan bien, que parece como si éstos se hubiesen conjurado para sostenerlo y que no se arruinase. Sus innumerables columnas de granito, ennegrecidas por el tiempo, me inspiraban cierto sentimiento de respeto, parecido al que se experimenta con la vista de los sepulcros; i era efectivamente cl sepulcro de una civilización olvidada!"

El señor Tejada le exigió que comiese siempre con él mientras que permaneciese en Roma, y puso á sus órdenes su coche para toda ocasión en que lo necesitase.

El 4 de Septiembre, al día siguiente de su llegada á Roma, ACOSTA se levantó con el día y salió á la calle con el objeto de orientarse y familiarizarse con las calles y no tener que buscar quien le condujese por ellas. Deseaba descubrir tal mismo los monumentos que conocía ya por las descripciones que de ellas había leído.

Aquella mañana fue á dar al puente de San Ángelo y á la plaza de San Pedro. Sucedióle lo que á toda persona. que ve esa plaza por primera vez: le pareció peque ña. Son tan inmensos pero tan armónicos los edificios que la rodean, que no parece grande; pero cuando quiso atravesarla comprendió su enormidad. Otro tanto le sucedió al entrar al templo más famoso de la cristiandad, le creyó más chico de lo que esperaba, pero á medida que iba comparando los objetos unos con otros se penetró de la maravillosa grandiosidad que reinaba en todas partes.

" ¡ Cada capilla, escribe, es un templo y cada angelito, hasta el más insignificante, es un gigante! Pero no cae uno en la cuenta de aquello sino al cabo de un rato. Yo estaba absorto de admiración!---- Ese pórtico de bronce, bajo el cual se halla el altar mayor, el cual tiene por único adorno un crucifijo .y echo candelabros de plata, impone por su elegante sencillez, en medio de tanta profusión de tesoros derramados para construir el edificio. No he visto nada que me de idea mas completa de la verdadera majestad como la noble proporción que todos los objetos guardan entre sí. La estatua de San Pedro, situada bajo un solio, con las llaves en la mano y sobre un pedestal que apenas mide un metro desde el suelo, demuestra mejor que todo la idea de que el Santo, bajo cuya advocación está el templo, ocupa con respecto á Dios un lugar subalterno, y que sólo al Omnipotente se adora, y San Pedro es el intermediario entre el Cielo y la Tierra....

" La capilla subterránea, en donde reposa el cuerpo del Apóstol se halla alumbrada por 112 lámparas siempre ardiendo. Grandísima impresión que hizo aquel recinto-"

" Describe circunstanciadamente la mayor parte de los tesoros y maravillosos objetos de arte de aquella Catedral, pero todo esto ha sido tantas veces enumerado por los viajeros, que no transcribiremos aquí sino el último aparte:

" Antes de arrancarme de aquel templo - cuyas bellezas no pueden ponderarse jamás suficientemente-qué se ver el túmulo de mármol blanco, bajo cuyas losas re posan-lejos de su patria y olvidados por ella-las cenizas de los últimos descendientes de la familia de Estuardo. Bastará decir que el monumento es obra de Canova, y que es digno del artista y de su objeto."

Más tarde ese mismo día, estuvo con su hermano y- el señor Tejada, en el Monte Pincio, visitó la Plaza de Venecia, el Palacio Doria, la Columna de Trajano, y el arco de Séptimo Severo.

" Consideré, escribe, con un sentimiento de pesar y de respeto las ruinas del templo de Rómulo, convertido en el vestíbulo de una iglesia; las columnas de granito de la hachada del templo de Antonino y de Faustina; la basílica Emiliana; el templo de Venus, del cual sólo queda la base; el arco de Constantino, que está entero; admiré el Anfiteatro Flavio, ese monumento colosal que se levantó en cuatro años, lo que comprueba cuánto era el poder y la riqueza de los Emperadores romanos. Desde la parte más elevada del anfiteatro pude contemplar los montes Celio, Aventino, Palatino etc."

Al regresar á su posada pasó por frente del Palacio de los Césares, el cual estaba habitado, dice con dolor, por un rico inglés

Ese mismo día fue con el señor Tejada á la Villa Borghese, que pertenecía á los Príncipes del mismo nombre. Describe largamente el camino pintoresco que tuvieron que recorrer desde Roma hasta el Palacio; los jardines que visitaron, las estatuas, pajareras, templetes y juegos de aguas que embellecen aquella mansión deliciosa.

Llevólo por la noche un joven mejicano, de apellido Lorenzana, á casa de unas damas romanas, que tocaron piano y, arpa, " pero las cuales, añade, aunque amables y artistas, eran bastante feas."

Continuó durante los siguientes días visitando los monumentos más notables de Roma; pero como no podemos seguirle á todas partes, haremos apenas algunos extractos de lo que dejó escrito.

DIARIO

" 8 de Septiembre. - A las ocho de la mañana me encaminé á la Plaza del Pueblo, en donde halló ya formado un medio Batallón de infantería y un piquete de dragones que aguardaban el paso de Su Santidad, quien tiene costumbre de ir á la iglesia de Santa María del Pueblo, el día de la Natividad de, Nuestra Señora. Sin detenerme á mirar esta tropa entré á la iglesia y llegué sin dificultad hasta el límite ó barrerá que dividía el recinto consagrado á los Cardenales y eclesiásticos y, aquél que deberían ocupar los curiosos. Los bancos de los Cardenales estaban más elevados que los de los Obispos, y diversas órdenes de religiosos y veíanse tapizados con ricas telas de colores vivos. El asiento y el Solio del Pontífice era de plata y oro, y cubrían las gradas rica alfombra encarnada.

" La iglesia estaba engalanada con damascos suntuosos, y por todas partes se veían grupos de diáconos y monaguillos, unos de negro y otros de morado, con sobrepellices unos y sin ellas otros. Estos revoloteaban de un lado á otro, daban órdenes y arreglaban los últimos adornos. Los alabarderos, con sus vestidos á la antigua, se paseaban por en medio de la multitud de fieles que llenaban la iglesia y rezaban con más ó menos fervor.

De repente y en medio de completo silencio, llegó el séquito de los Cardenales seguidos por los Obispos. Uno de éstos llevaba en las manos una rica mitra, y detrás de todos, en hombros de sus sirvientes, vi llegar en andas al Pontífice de la cristiandad. Iba revestido con capa de coro blanca y una mitra de oro sobre la frente.

" León XII tiene un aspecto grandioso é imponente, pero triste. Aunque no es muy anciano - tiene sesenta y seis años-es enfermizo y no ama la vida; sumamente parco vive retraído, siempre solo y sin más compañía que un gato. (1)

" Oí la misa. El canto era magnífico ; de una ejecución sorprendente, pero las voces de los eunucos en el templo del Señor del Universo, me causó una impresión de malestar que no puedo describir...

"En los paseos públicos en medio de los nobles romanos, vi á Godoy (2) que paseaba con mucha frescura entre los descendientes de los antiguos romanos. Ale señalaron su Palacio, que es suntuoso por cierto.

"Entre las damas de la alta sociedad que tuve ocasión de ver, no noté belleza, gracia, ni originalidad : mientras que entre las mujeres del pueblo noté tipos de belleza y nobleza innata, que llamaban la atención ; con su vestido pintoresco, jubones atados con cintas en la espalda, y. paños cuadrados sobre la cabeza tenían un porte digno y grave de que carecían las damas.

"9 de Septiembre. - Estuve en las Ternas de Caracalla. La primera impresión que allí se experimenta es un profundo desdén por todos los edificios modernos. Al recordar los de estos tiempos parecen pequeños y mezquinos en comparación de los antiguos. Aquellas moles imponentes y macizas que parecen inmensas rocas, esos arcos y bóvedas de una estructura tan atrevida y que no necesitan adornos para que parezcan grandiosos, no podrán nunca compararse con nada moderno ! ¡ Entre las grietas de esas magníficas ruinas crecía un mundo de plantas silvestres, y bajo las bóvedas del templo de Apolo rebuznaba un asno, cuyo acento sonoro despertaba los ecos de esos edificios históricos ! ¡ Qué ironía

" Me detuve para contemplar el sepulcro de los Escipiones, bajó al subterráneo con una luz y leí las inscripciones que aún se conservan sobre los sepulcros de aquella familia ilustre enterrada allí !lace más de dos mil años---- Al salir arranqué una flor silvestre que crecía á la entrada. . ..

... "Recorrí la vía Appia, sembrada de ruinas y de sepulcros; después de pasar bajo el arco de Triunfo de Druso seguí basta la iglesia de San Sebastián, por donde se baja á las Catacumbas. Volví, por el Toro, á los huertos Farnesios, en donde se ven los restos de la morarla de Augusto y las gradas que llevaban al monte Palatino...pero en todas partes sólo se veían ruinas y escombros. Entre los derruidos muros del Palacio de los Césares crecía la viña silvestre, y en el antiguo recinto de los salones imperiales nace la hierba y prospera la ortiga.... El Circo Olímpico es hoy tina serie de huertas y sobre el monte Aventino y el templo de Juno se alza una iglesia católica. Sin embargo, aún se ve la pirámide que señala la tumba de Cayo Sextio.

"Me llamó la atención tina obra bien conservada que recuerda los últimos días de la República romana, á saber, el sepulcro de Cecilia Metella, la esposa de Craso. Este es un macizo torreón, el cual á pesar de contar mil novecientos años de construido, aún conserva clara la inscripción grabada en su frontispicio.

"11 de Septiembre. - A las ocho de la mañana emprendí de nuevo la visita de la Basílica de San Pedro, que sólo había visto una vez. Este inmenso templo se recorre de tres maneras: por encima, por dentro y por debajo...

"Subí hasta el globo de bronce que corona la elevadísima cúpula del templo, más alta que las pirámides de Egipto. Desde allí se goza de un espectáculo único en el mundo, y. se descubre casi todo el Patrimonio de San Pedro, desde el jardín del Vaticano, el curso del Tiber, Viterbo v Frascati. hasta el mar Mediterráneo. ..."

Después de enumerar la mayor parte de los monumentos de arte que encierra aquel histórico templo dice :

" Un encanto irresistible me atrae siempre hacia el túmulo de la familia Estuardo... Los dos genios que lo adornan contribuyen poderosamente á aumentar el encanto é interés que despierta siempre el recuerdo triste de esta familia desgraciada.

" Después de haber recorrido en cuatro horas lo que costó tres siglos y medio de trabajos inmensos y, de haber derramado allí tesoros incontables y perdido para la fe católica la mitad de la Europa, salí al fin al aire libre. Iba meditando tristemente cómo la suerte de los imperios suele á veces depender de causas imprevistas: la Reforma no tuvo otra cansa , ó al plenos se aprovecharon muchos de la necesidad que se tenía de dinero para la construcción de esta Basílica para que la venta de las Indulgencias produjese un rompimiento con la Iglesia en Alemania; y el descontento de muchos países con los agentes de la Santa Sede, dio por resultado la separación de dilatadas provincias de la fe católica romana!

" 12 de Septiembre. - En la gradería del Capitolio vi los leones de basalto, que hermoseaban los baños de Agripa. Al pie de éstos fue asesinado el tribuno Rienzi. También contemplé las estatuas de Cástor y Polux, los Trofeos de Mario y una piedra miliaria de la Vía Appia.

" Me dirigí al Museo; pero como aún no podía entrar por ser muy temprano, me asomé á la roca Tarpeya. Esta tenía antes treinta y dos metros de elevación y hoy apenas mide dos ! Se halla en el jardín de una vieja que la -señala á los viajeros en cambio de algunas monedas, así esta infeliz, como todos los descendientes de aquellos fieros romanos que fueron dueños del mundo, vive tristemente de las limosnas de los extranjeros y de los gloriosos recuerdos de sus antepasados!"

ACOSTA hace larga descripción de las maravillas artísticas que vio en el Museo, así como de cuanto contempló en el Quirinal, entonces residencia del Papa; de la visita que hizo á la fuente de Moisés y la iglesia de Santa María de los Ángeles en el sitio de los antiguos baños de Diocleciano etc.

Hablando de Santa María de los Ángeles escribe:

" Este templo es el que más me ha gustado de cuantos he visto hasta ahora en Italia. Tiene la forma de una cruz griega perfecta, sostienen el edilicio columnas de granito y no tiene más adorno que una docena de cuadros de los mejores pintores, cuyas copias en mosaico había visto en San Pedro. Entre estos el Martirio de San Sebastián, del Dominiquino, pintado al fresco, es maravilloso. Pero todavía es más admirable la manera como lograron desprender esa obra de arte de los muros de San Pedro para trasportarla á esta iglesia.

" Al entrar en el vestíbulo de Santa María de los Ángeles noté dos monumentos elevados á Salvator Rosa y á Maratta, dos famosos pintores italianos.

" El claustro, formado por cien columnas, mide como un cuarto de milla de círculo. El ángel que sostiene la pila es obra de Bernini y de bellísimo mármol blanco...

..."De allí pasé á visitar á Santa María la Mayor, iglesia que tiene dos fachadas igualmente bellas. En la plaza, frente de una de ellas, se encuentra un obelisco egipcio, de granito oriental; y en la otra plaza, frente á la segunda entrada, se ve la única columna que ha quedado del famoso templo de la Paz. Se cree que las columnas de mármol blanco que se encuentran en el interior de la iglesia pertenecieron al templo de Jano. En la capilla del Sagrario está el monumento ó sepulcro de San Pío V; el altar mayor formado por una urna de pórfido, está sostenido por cuatro ángeles de bronce dorado.

"En la capilla de la Virgen de Santa, María la Mayor se encuentran los restos de Paulo V. Así, pues, aquella iglesia posee las cenizas de dos de los Papas más famosos en los anales de la Santa Sede. El altar de la Virgen es una obra artística de primer orden, y está construido con preciosas piedras de ágata, lápiz lazuli etc."

Visitó las ruinas de Minerva Médica, el famoso acueducto Claudio, que lleva agua á Roma de una distancia como de setenta y dos millas; subió lleno de piadoso respeto los 28 escalones de la escala santa, santificada con la sangre de Cristo, y llevada, á Roma desde Jerusalén.

También recorrió la inmensa iglesia de San Andrés, la de San Ignacio, en donde contempló el sepulcro del santo fundador de la Compañía de Jesús, la de Santa , Inés, la de San Juan de Letrán, fundada ésta por Constantino en los albores del cristianismo, aunque la que hoy se ve no es sino la que construyó Clemente V. Estuvo en el castillo de San Ángelo; en el Palacio Lauteranense; en el Toro Trajano y otros monumentos históricos, á cual más interesantes, la mayor parte de los cuales describe.

En la hermosísima Plaza de Navona vio el mercado de frutas y la mutilada estatua del histórico Pasquín (3); penetró una mañana solo en las Ternas de Tito, y la cloaca máxima construida en tiempo de Tarquino el Soberbio. Vio el templo de Jano y los restos de otros templos, y largo rato contempló meditabundo las ruinas del pórtico de Octavia.

"15 de Septiembre. - Salí á recorrer las calles á mi albedrío y sin objeto fijo. En mi camino, según me propuse, debería encontrar los restos de los teatros de -Marcelo y, de Pompeya, mas no pude Hallar quien me indicara el sitio. Como llegase. á un mercado de flores, pensé que un hombre al parecer de buena educación, no ignoraría el sitio de las glorias de su patria. Estaba sentado delante de una mesita con útiles de escritorio, y ofrecía sus servicios á los pobres que no sabían manejar la pluma. Pregúntele por las ruinas del Teatro de Pompeyo.

"-¡ Pompeyo ! me contestó ¡ señor mío, soy romano pero ésta es la primera vea que oigo ese nombre !

" Adquirid fama, hombres ambiciosos, pensé yo, alejándome, para que después el pueblo no recuerde ni siquiera vuestro nombre !

" 16 de Septiembre. - No hay ciudad en el mundo que presente tantos contrastes como Roma, ni que tenga tan diferentes puntos de vista. Sin embargo, hay una cosa que se encuentra en todas partes, á saber: una fuente pública. En las calles más solitarias como en las más concurridas ; en las plazas, en los paseos públicos ó privados, á toda hora, de día y de noche, oiréis murmurar suavemente un chorro de agua.

"Varias veces me entretuve observando la manera como se comunican los pobres de los pisos superiores de las casas con los transeúntes de las calles. Por medio de cuerdas de alambre bajan cestos y barriles, y cuando pasa algún vendedor de comestibles ó de agua, toma las monedas que encuentra en los canastos, y en su lugar pone las frutas y las legumbres, y en, los barriles el agua que le piden desde arriba. De esta manera ingeniosa se evitan unos y, otros el tener que subir y bajar gradas.

" 17 de Septiembre. - Al cerrar la noche me dirigí solo al Foro Romano con el objeto de contemplar aquellas importantes ruinas á la luz de la luna....

"Me senté sobre una columna derribada del templo de Venus, que tenía á mi espalda, y arrojé una mirada sobre el soberbio espectáculo que tenía delante: al frente veía el anfiteatro Flavio - las ruinas reas imponentes del mundo - á la derecha el arco de Constantino y el de Tito, que parecían juguetes en comparación del anfiteatro-.. _ Largo tiempo permanecí allí entregado í mis meditaciones, cuando de repente fueron interrumpidas por el ruido de voladores ó cohetes y ruidosa música.

" Me levanté al momento y fui á averiguar lo que aquello significaba : la calle vecina estaba iluminada, y los balcones y ventanas se veían colgadas con mezquinos cortinajes, mientras que una harapienta plebe miraba con señales de alborozo los fuegos artificiales que hacían frente de la imagen de una Virgen incrustada contra una pared.

"La alegría de aquella muchedumbre, los gritos que daban, la destemplada música y desagradable ruido de la pólvora me impresionó en los momentos en que con templaba arrobado las majestuosas ruinas de un anfiteatro en que todos los pueblos del mundo entonces conocidos se habían reunido para festejar á los Emperadores del Imperio Romano...Me alejé prontamente y me dirigí al templo de la Fortuna, cuyo pórtico se destacaba sobre el azul del cielo despejado.

" Subí lentamente la inmensa gradería frente al Capitolio, y bajé por el otro lado... allí todo estaba sumido en el silencio y la soledad, é iluminado suavemente por la luna. Aquel silencio era interrumpido apenas por los acordes melancólicos de una guitarra que tocaba un hombre que se hallaba por allí solo y recostado contra una ruina, y por el tenue y misterioso rumor de una fuente. Yo continué mi marcha hasta llegar al Corso, v allí se me presentó otro espectáculo diferente. En el Corso todo era bullicio, y en medio se veía el andar de los carruajes elegantes y aristocráticos, y á los lados la multitud de transeúntes que se dirigían á asistir á la tercera estación de moda que tiene lugar á las diez de la noche.

" 18 de Septiembre. - A las siete de la mañana estuve en el palacio Spada, á ver la estatua colosal de Pompeyo, á cuyos pies fue muerto César.

" La actitud de la estatua es imponente y. el aire del rostro solemne. Se halla desnuda; lleva un globo en una mano y, una espada pendiente de una faja que le rodea el hombro.

" Cuando el Cardenal Capo - Terni legó esta estatua histórica, junto con sus bienes á los Príncipes de Spada, puso por condición que si alguna vez llegaban á vender la estatua, en el acto perdían el derecho de gozar de sus bienes. Bien pensarla fue aquella condición, pues esos Príncipes no solamente han dispuesto de todos los tesoros arqueológicos del Cardenal, que más fama tenían, sino que hoy ya están de venta también los bajo relieves griegos que valen un Potosí!..."

ACOSTA describe minuciosamente los museos del Vaticano y otras maravillas artísticas.

Concurrió al Circo de Augusto á presenciar un combate de fieras : " Pero, dice, allí todo se reduce á luchas entre toros, búfalos, perros de presa y hombres á pie y á caballo. Los italianos se entregan, añade, á aquella odiosa diversión con entera libertad, y aplauden esos ruines combates con un estrépito y una algazara que repugna."

"19 de Septiembre. - Estuve en casa de las Persiani (4) y desde los balcones vi los fuegos artificiales que tenían lugar en la Plaza Navona, en honor de una tiesta de la Virgen. Había allí mucha gente importante y de alto rango. Conocí y oí cantar á la Duquesa de Lanti, dama célebre por su vida aventurera, y extras. La acompasaban dos hijas suyas. Me relacioné con el escultor Bertel Thorwaldsen; aunque de origen dinamarqués vive en Roma y rivaliza a Canova en su arte.

"En medio de aquella sociedad heterogénea en que había toda clase de personas veíase un Obispo, así como también muchos Abates. Esto no es extraño en Roma. pues los eclesiásticos se encuentran en todas partes."

Al día siguiente por invitación especial del escultor fue á visitar á Thorwalsen en su taller. Señalóle con suma amabilidad inmenso número de obras que aún no había entregado y todas de gran mérito...

 

1
El gato favorito de León XII pasó á manos de Chateaubriand, quien estaba de Embajador en Roma cuando murió este Papa en 1829.
2
Este favorito de Carlos IV vivía entonces retirado en Roma, alimentándose, dice en sus memorias (página 395, tomo 6) de las migajas de la mesa de los Reyes de España, los cuales vivieron de prestado hasta su muerte. Godoy murió en París en 1851. Entonces hacía diez años que había muerto Carlos IV.
3
Cerca de la casa que habitaba un sastre llamado Pasquín había una estatua en cuyo pedestal los enemigos del Gobierno Pontificio fijaban sátiras y burlas desde época muy antigua. Pe allí se deriva el género despreciable de literatura que se llama Pasquín ó Pasquinadas.
4
Sin duda era esta la familia del compositor músico José Persiani, marido de una de las cantatrices más famosas que registra la historia del arte, Fanny Fachinardí Persiani, cuya voz de soprano de extensión extraordinaria llamó la atención de Europa á mediados del siglo XIX.

 

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