CAPITULO XVII
Residencia en Londres.-Le hacen miembro de la Sociedad de Astronomía. - Sociedad Real de Londres. - Westminster. - La viuda de Miranda. - Molino. - El señor Madrid. - La América española en 1830.Muerte de Jorge IV de Inglaterra- -Muerte y entierro del benemérito señor Madrid.-Mr. Poules Zacarías Macaulay y su familia. - El mapa de la Gran Bretaña.
Acosta fue invitado al Banquete de la Sociedad Astronómica de Londres, en donde trató á varias notabilidades científicas, como él Capitán Basilio Hall, célebre viajero y navegante inglés, quien bahía publicado poco tiempo antes la relación de sus viajes en Chile, Perú y México, durante los años de 1820 á 22. Conversó con el Capitán Juan Franklin, de la marina Real de Inglaterra, el cual le habló de su expedición al polo Norte con el Capitán John Ross. (1) El Presidente de la Sociedad, que estaba á la cabecera de la mesa, le mandó invitar á que tomase una copa con él. Después del banquete fue presentado solemnemente á los miembros de la Sociedad y propuesto por uno de ellos como miembro. El Secretario de la. Sociedad le leyó en seguida los Reglamentos, y ofrecieron extenderle su nombramiento.
Acosta asistió también á una sesión de la Sociedad Real de Londres, el primer cuerpo científico del Reino Unido.
"La antecámara,-escribe,-de Somerset House, en la cual estuve aguardando la hora de la reunión, sirve tanto para la Sociedad Real como para la de los Anticuarios. (2) Cada miembro puede introducir algún amigo como visitador; á éstos los inscriben en una lista, y una vez inscrito allí, pueden entrar libremente y sentarse entre los miembros recibidos de la Sociedad.
"Yo llevaba una carta de introducción para el Presidente, el Duque de Sussex, el cual me recibió con amabilidad y me introdujo en el salón de las sesiones."
Con el General Santander visitó á Westminster, abadía famosísima de la cual Acosta hace larga descripción. Divirtiéronse mucho los dos americanos con una estatua que representaba al Rey Eduardo I, y á la cual faltaba la cabeza. Preguntando lo que aquello significaba, les contestó el guía ó cicerone, que como la cabeza original era de plata, se la habían robado hacía siglos, y nadie se había tomado la pena de reemplazarla; y esto á pesar de que aquel Rey fue el fundador de las instituciones parlamentarias del Reino. Sin embargo, como había muerto hacía cinco siglos, era natural que lo olvidase la nación, cuando esta no se acuerda de los que ayer no mas le han hecho el bien. (3)
Después de nombrar la mayor parte de los principales monumentos que encierra aquel célebre panteón de los hombres famosos de Inglaterra, añade:
"Este suntuoso cementerio, en el cual puede recordarse la historia política, literaria, civil y militar de Inglaterra, debe visitarse con profundo respeto. ¡Cuántos acontecimientos memorables, funestos ó felices, provechosos ó adversos á nuestra pobre especie humana, no recuerdan aquellos nombres que se ven grabados sobre esas losas!"
Con el mismo General Santander fue á visitar á la viuda del desafortunado General Miranda. "Vi, - escribe, - la excelente biblioteca que perteneció á este gran patriota. La casa que la señora viuda habita hace más de veinte años, está llena de recuerdos de Miranda."
Allí le presentaron por primera vez (y después conservó relaciones de amistad con él) al señor Molinó, el antiguo secretario del ilustre venezolano.
Visitó el arsenal y la fundición de cañones de bronce, todo lo cual describe en el Diario, fijándose particularmente en las armas que pudieran convenir mejor á las fortificaciones de su patria. Estuvo en los West - Indian Docks y en otros muelles importantes. "Estando en los London Docks, escribe, vi la estatua de un negociante (merchant) á cuyos esfuerzos y perseverancia debió la compañía emprendedora la conclusión de aquella obra colosal. Es la primera estatua erigida á un comerciante que recuerdo haber visto en Europa; hasta ahora en las plazas, paseos y lugares públicos que he visitado, no había visto sino efigies de conquistadores, poetas y filósofos."
Explica circunstanciadamente el sistema, los estatutos y condiciones de aquel enjambre comercial.
Estuvo también recorriendo el edificio del Banco de Inglaterra con uno de los cajeros con quienes se había relacionado en el boarding house en que vivía.
Con el Conde Lasteyrie y el General Santander, Acosta fue á oír una conferencia que dio Mr. Robert Oven, el fundador de las colonias y sociedades cooperativas. Después de gastar toda su inmensa fortuna en aquellas utópicas reformas sociales en los Estados Unidos, en donde fracasaron todos sus proyectos, aún conservaba esperanzas de fundar aquellas colonias anti - religiosas en Europa, y llamaban la atención sus conferencias por lo mismo que en ellas todo era fantástico é imposible cíe realizar.
Ocupa algunas páginas del Diario de Acosta la descripción del Tunnel bajo el río Támesis, en el cual se había trabajado entonces cinco años; no estaba aún concluido y no se dio á la circulación sino en 1843 (4 ). Recorrió la casa cíe locos de Peckham; la de educación de Chelsea, fundada por el Duque de York para educar 500 huérfanos de militares, la cual contenía niños de cuatro á catorce años, Allí les enseñan algún oficio útil, ó los preparan para la carrera militar si optan por ella. Con el Conde de Lasteyrie visitó varias fábricas, establecimientos tipográficos, gasómetros etc. etc.
No dejaba pasar un día sin que en él hubiese aprendido y visto algo nuevo.
Pero no todo era contento y satisfacción en aquella existencia dedicada á adelantar los conocimientos prácticos de la vida y la ilustración de su espíritu. Lo tenía muy preocupado la situación de su patria y afligido el estado de salud de uno de sus compatriotas á quien profesaba verdadera amistad. Veamos lo que acerca de esto dice su Diario.
"2 de junio. - A las once de la mañana tomé puesto en un carruaje público para ir á visitar á Madrid, que había tomado alojamiento en Barnes, aldea sita á seis millas de Londres. Pasamos por Chelsea, Kensington, Fulham - en donde están los jardines y el Palacio del Obispo de Londres.- En Putney pasamos el Támesis por un puente de madera, y diez minutos después me desmontaba en Barnes.
"Encontré á Madrid muy enfermo; él piensa, creo que con mucha razón, que está tísico, y no podrá volver á Colombia. Pasé el día con él y su señora, leyéndole las gacetas y los diarios de debates del Congreso colombiano."
Arrojemos rápidamente una ojeada sobre la tirantísima situación de Colombia en aquel tiempo calamitoso, en el cual no se veía en lo por venir sino oscuridad y peligros; oscuridad y peligros que aún nos amenazan setenta y un año después! No eran menores las calamidades que se habían desencadenado sobre las demás repúblicas hermanas. "La América española (1830) dice el General Posada en sus Memorias (5) era un vasto campo de anarquía turbulenta que entristecía y espantaba á los hombres de alguna previsión. En México se batían los partidos en las calles, y entre tanto los léperos saqueaban las principales casas, cometiendo toda clase de excesos. Centro América se despedazaba, trayendo consigo la federación y los desastres que le son consiguientes, y que concluyeron con la República fraccionándola en republiquitas enemigas que se hacen eterna guerra. En el Perú el General Lamar había sido militarmente destituido de la presidencia é ignominiosamente deportado. En Buenos Aires todavía peor que en otras repúblicas, habían sido asesinados los Presidentes Dorrego y Blanco, derramándose con profusión espantosa la sangre de los ciudadanos. En Chile á la sazón los partidos Pipiolos y Pelucones se mataban en feroz guerra civil, acusándose mutuamente de haber violado las leyes y de haber faltado á la buena fe en las elecciones para presidente cíe la República. Bolivia, después de la separación del filántropo Sucre, se sacudía para zafarse de las :garras del Perú, á fin de que entregada á su propia suerte, pudiera entrar á figurar mejor en el drama de desórdenes sangrientos del continente de que hacía parte."
Entretanto los dos amigos que leían los periódicos y las cartas que les mandaban de Colombia, comprendían que era tal la discordia que allí cundía, que en breve las dos Repúblicas hermanas - Nueva Granada y Venezuela, - acabarían por hacer casa aparte. Aquella próxima disolución los afligía sobremanera, pues ellos desde lejanas tierras veían con espíritu reposado cuáles serían las consecuencias inmediatas y remotas, y cómo perdería su patria la importancia que tenía conquistada, si se seccionaba y dividía. Páez había amenazado resueltamente que preferiría entregarse á los españoles cíe nuevo más bien que obedecer al Gobierno establecido en Bogotá, y había convocado un Congreso para reconstituir á Venezuela en república separada. Entretanto el Congreso que llevó el nombre de admirable se había instalado en Bogotá el 20 de Enero de 1830, y el mensaje que Bolívar presentó,-¡ las Cámaras respiraba el amargo y profundo dolor que siente el hombre de genio, á quien no se le ocultan las consecuencias de ciertos hechos, y el desconcierto que nacería de aquellas discusiones que iban á desarrollarse en el Congreso que empezaba sus sesiones.
La prensa de Bogotá solo respiraba odios, envidias, ambiciones descabelladas, calumnias, todo por medio de un lenguaje violento y sin freno. La lucha prolongada, empero, acaba por agotar la energía de los hombres más patriotas, y entonces se dejan llevar por el desaliento y los desengaños hasta el punto de olvidarlo todo para hacerse á un lado de la política activa y dejar el paso libre á los ambiciosos que solo buscan su propio bien y no el de la patria. Bolívar desde la Quinta de las orillas del Fucha, adonde se había retirado enfermo de cuerpo y de alma, herido en su susceptibilidad y amargado con la ingratitud. de aquellos mismos que había protegido, vio que todos sus esfuerzos habían sido vanos; que su obra se desmoronaba, y que en ese naufragio de todas sus esperanzas patrióticas, su obra claudicaría.
Discutiendo aquellas cosas pasaron el día Madrid y Acosta. El enfermo se desconsoló tanto, que su amigo lo sacó á pasear en carruaje para distraerlo de sus preocupaciones patrióticas y personales. Sin duda ese debió de; ser el último día en que Madrid salió de su casa; desde entonces empezó á agravarse de una manera tan alarmante, que ni sus amigos ni su abnegada esposa conservaron esperanza de librarlo de la muerte.
Mientras que el patriota Doctor Madrid agonizaba tristemente, lejos de su país, en una pobre aldea de las cercanías de Londres, el personaje más importante de Inglaterra rendía también su última jornada en el Palacio de Windsor el 26 de Junio. No bien se tuvo noticia en Londres de que el Rey Jorge iv había muerto, cuando toda la población se vistió de luto, se cerraron las tiendas en señal de duelo, y los periódicos aparecieron con ribetes negros,
"Yo, escribe Acosta, pagué un puesto en la imperial de un carruaje público para desde allí ver pasar la procesión de los que iban á proclamar en Charing Cross el advenimiento del nuevo Rey Guillermo IV. Inmensa multitud cubría las calles y casas adyacentes; en las ventanas, en las cornisas, sobre los techos de las casas y en frágiles andamios construidos de prisa, se amontonaba una multitud curiosa. En primer lugar desfiló una tropa cíe caballería vestida de encarnado, precedida por seis trompetas; después seguían algunos oficiales de la Corona y reyes de armas y otra tropa cíe caballería que no pasaba de quinientos hombres. La procesión se detuvo en Charing - Cross, y uno de los oficiales leyó un papel en que se decía que, habiendo fallecido el Rey Jorge iv, le tocaba la corona al Duque de Clarence, su hermano menor; por consiguiente los Lores, las Cámaras y Parlamento, el Lord - Mayor (Alcalde Mayor de Londres) habían resuelto reconocerlo como su legítimo Rey, bajo el nombre cíe Guillermo IV (6).
Cuando hubo acabado de leer la proclama, se oyeron algunos aplausos y vivas, y las señoras sacudieron sus pañuelos. Inmediatamente la procesión siguió su camino hacia la city."
El día 27 de junio Acosta fue llamado con urgencia á Barnes; el señor Madrid había empeorado, y la familia estaba en la mayor consternación. Momentos después de haber llegado á casa del moribundo Ministro de Colombia, se presentó allí el General Santander; ambos se acercaron al lecho del poeta agonizante; Madrid los reconoció y se despidió de sus compatriotas, citándoles algunos versos de Virgilio.
Sin embargo, Madrid no murió sino al día siguiente á las doce y media del día.
Apenas dejó de existir su amigo, Acosta fue á buscar á Sir Robert Wilson con el objeto de que se insertasen artículos necrológicos en los diarios de Londres.
" 3 de julio.-A las once tomé un coche público para ir á Barnes á asistir al entierro del doctor Madrid. Salimos de la casa mortuoria á poco de haber llegado. El carro en que iba el féretro, cubierto de paños negros y plumajes, iba seguido de tres coches enlutados. Antes de salir de la casa pusieron á los convidados capas negras y bandas de seda en los sombreros. Me tocó ir al lado de un banquero y del Ministro del Brasil, señor Merle, editor de El Correo. Gastamos dos horas de Barnes á la iglesia de Marilebone, en donde se debía depositar el cuerpo. Apenas entró el féretro en la iglesia, dos Ministros (pastores protestantes) leyeron algunos salinos, y luego lo llevaron al vestíbulo y colocaron el ataúd sobre el pavimento, que se fue hundiendo poco á poco, mientras que uno de los Ministros oraba y el otro arrojaba puñados de tierra sobre el cajón hasta que desapareció en la profundidad de la bóveda. . .. As¡ desapareció Madrid á nuestros ojos, dejando solamente como huella de su paso por este mundo, la memoria de un hombre honrado, de un poeta sensible, después de haber soportado quince años de dolores físicos y morales con paciencia admirable, y haber pasado por todas las vicisitudes de una vida azarosa y llena de viceversas. Madrid no había cumplido cuarenta y un años! (7)
Mr. Powles, el comerciante inglés que tenía entonces muchos corresponsales en la América del Sur, invitó á Acosta á que fuese á su casa de campo, sita en Stamford.
"El dueño de casa, dice el americano, me hizo visitar sus jardines é invernáculos, los cuales son hermosísimos, y en ellos maduran frutas de las zonas tropicales. Pero más que todo lo que me señaló en sus propiedades, me gustaron sus hijas Emma y Tomasa. Estas señoritas, que son muy bonitas, elegantes y amables, como todas las inglesas educadas, hablan bastante bien español é italiano. Después de la comida Tomasa cantó algunas canciones italianas acompañándose en el piano."
Más lejos refiere que, habiendo sido invitado á almorzar con el conocido y entusiasta abolicionista Zacarías Macaulay-padre del famosísimo historiador Lord Macaulay,-para quien había llevado carta de recomendación del ex-Obispo de Blois, este lo presentó á su familia (8) y compartieron todos juntos un rato. Antes de sentarse á la mesa Macaulay leyó algunos versículos de la Biblia, y todos se arrodillaron á oír la oración deprecatoria que hizo el anciano en alta voz y que duró largo rato.
Nuestro viajero visitó detenidamente el Ordonance Map Office y notó que en Inglaterra se trabajaba de otra manera que en Francia el mapa de la Gran Bretaña que estaban levantando. Dice que lo trabajaban particulares á quienes el Gobierno pagaba 33 chelines por milla cuadrada. El Capitán Mudge, jefe del establecimiento, le dijo que la carta de Inglaterra é Irlanda estaría concluida al cabo de diez años, pero la de Escocia tardaría más, porque los cerros aumentaban muchísimo el trabajo.
1 |
Este Capitán no se había hecho notable todavía en 1830, Juan Franklin tenía entonces 44 años. Después de haber servido en la marina inglesa en las guerras contra Francia y los Estados Unidos, se había dedicado á viajes de exploración en el polo Norte, y sirvió mucho á las ciencias. En 1845 salió con dos naves á descubrir el paso N. O., y desde Julio de ese año nadie lo volvió á ver. Desde 1848 hasta 1859 se organizaron 18 expediciones para irle á buscar, pero nadie pudo dar con el paradero del navegante, hasta 1859, en que se encontraron rastros y un pergamino en que uno de sus compañeros daba cuenta da su muerte y de la de todos los que iban con él en los dos buques. |
2 |
Hoy la Sociedad Real tiene su asiento en New-Burlington House, magnífico palacio que el Gobierno compró en 1854 (le costó 140,000 libras esterlinas) para que se reuniesen allí gran número de sociedades científicas y artística. Fundada esta Sociedad desde mediados del siglo XVII, ha conservado gloriosamente su nombre. Hoy cuenta 750 miembros, y todo hombre de ciencias ambiciona el poder añadir á su nombre las letras F. R. S. (Fellow of the Boyal Society) como el mayor título de honor. |
3 |
Hoy no existe esta estatua; en su lugar no se ve sino una losa de mármol con el nombre del Rey encima. |
4 |
Hoy lo atraviesan cuarenta trenes por día, y nadie le hace caso por haber muchas obras de ingeniería que llaman la atención del público, y que son más útiles é interesantes. |
5 |
volumen 1.°, página 192. |
6 |
Guillermo IV era tercer hijo de Jorge III. Había nacido en Windsor en 1765. Así como su hermano Jorge IV, era odiado por los ingleses, quienes detestaban su conducta disipada. Era partidario de los whigs; no tenía hijos legítimos; murió 7 años después de haber subido al trono, en 1837, dejando la corona á su sobrina la Reina Victoria, hija del Duque de Kent, quien había muerto diez años antes. |
7 |
El Doctor C. Martínez Silva, autor de la Biografía de D. José Fernández Madrid, observa lo siguiente (después de citar esta página del Diario de Acosta que se le había facilitado): "Aunque Madrid era católico, sus exequias se celebraron en la iglesia parroquial de Marylebone y conforme al rito anglicano, sin duda por el carácter oficial de que estaba investido." |
8 |
Se conservan cartas de Zacarías Macaulay á Acosta. |
