CAPÍTULO VI
Amagos de revolución en Francia.-Causas de la insurrección de Febrero de 1848.-Caída de Luis Felipe.-Carta de Acota á don Pedro F. Madrid. - Michelet. - Chevalier. - Insurrección de Junio. - El señor M. Mosquera-Opinión de Acosta sobre la federación en Nueva Granada. - Publica el Compendio Histórico. - Cómo fue acogida esta obra en Europa.-Carta de Boussingault.
1848
Entre tanto, el horizonte político de Francia se había oscurecido. Un descontento general, un malestar profundo se sentía en todas las capas de la sociedad parisiense, descontento y malestar que son seguros precursores de una revolución política. Los rayos de la opinión pública que habían derribado el trono de los Borbones en 1830, amenazaban ya el de Luis Felipe, levantado entonces sobre las ruinas de la monarquía legitimista. Acosta había visto derrumbarse el trono de Carlos x; tocábale, al cabo de diez y ocho años, presenciar el cataclismo social que debería echar por tierra al Rey burgués, como llamaban á Luis Felipe.
Minada Francia por las sociedades secretas que habían visto en 1830 surgir un nuevo trono en el lugar de la república que habían deseado establecer sobre la dinastía borbónica, aquéllas, para lograr su deseo, habían continuado trabajando sin cesar entre el pueblo durante los diez y ocho años del reinado de Luis Felipe. El odio que había despertado el Ministerio de Guizot en gran parte de la nación, fue enardecido por los republicanos, los cuales se aprovechaban de toda circunstancia para señalar á los partidarios de los Orleans como enemigos del bien del pueblo.
Como sucede siempre en iguales circunstancias, tanto Luis Felipe como su Ministerio parecían ciegos é incapaces de comprender la delicada situación en que se encontraban; cometían errores sobre errores y precipitaban ellos mismos los acontecimientos.
A mediados de Febrero de 1848 las sesiones en las Cámaras legislativas eran el campo en donde se libraban las batallas que deberían perder al Gobierno, y exasperaban á los oposicionistas, los cuales comprendieron que nunca lograrían las libertades que deseaban mientras ocupase el trono Luis Felipe. Quisieron entonces organizar banquetes públicos con el objeto de manifestar su aversión al Gobierno. Este prohibió aquellas manifestaciones, y anunció que disolvería con el ejército los grupos que se reuniesen para desobedecer las órdenes expresas de la autoridad.
Aquellas órdenes eran inconstitucionales, y todos los Diputados de la oposición declararon que no las obedecerían. Con ese motivo hubo muchas reuniones en las casas particulares de los hombres más importantes que hacían papel en la política. Entre otros, Lamartine pronunció entusiastas discursos, uno de los cuales hizo pesar en la balanza la decisión de no cejar ante las órdenes del Gobierno. (1).
Entre tanto, el pueblo recorre las calles cantando la Marsellesa y Morir por la patria, canto de los Girondinos (de una pieza de teatro de Dumas). El día 22 de Febrero la guardia nacional se reúne espontáneamente en la plaza del Panteón. El 23 se aumenta el tumulto, se oyen gritos de Viva la reforma! y cuando sacan los soldados á la calle, éstos empiezan á detenerse y fraternizar con el pueblo. Varios combates parciales tienen lugar en algunos puntos de la ciudad; la Cámara de los Pares se reúne, y la sesión es tempestuosa: unos son legitimistas, otros bonapartistas, unos pocos republicanos y poquísimos orleanistas.
En vista de todo esto, y demasiado tarde para salvar su trono, el Rey quiere formar un nuevo Ministerio; pero nada puede calmar ya el espíritu revolucionario; todo el pueblo se arroja á la calle, y tienen lugar combates más ó menos mortíferos en varias partes de la ciudad; por todas partes se oyen gritos, tambores batiendo la generala y descargas cerradas. El pueblo se arma con cuanto encuentra en las tiendas de armas....Cuando llega la noche, la ciudad se ilumina con antorchas, los hombres se arrojan á la calle y las mujeres tienen que poner faroles en todas las ventanas.
A la mañana siguiente (24) la ciudad amanece cubierta de barricadas...... El Rey firma su abdicación en favor de su nieto; pero esto no basta ya á los insurrectos. Dos días antes se hubieran contentado con la reforma de las leyes electorales y el cambio del Ministerio, pero ya no quieren sino la claudicación de la monarquía y el advenimiento de un nuevo Gobierno, es decir, la república.
Mientras que Luis Felipe, seguido por toda su familia, se alejaba de París para ir á asilarse en Inglaterra, el pueblo se erigía en amo y señor de la situación y proclamaba la república.
El barrio latino había sido el principal foco de la revolución, y como allí vivía Acosta con su familia, en la misma casa que habitaba el historiador Michelet, tuvo ocasión de presenciar hasta en sus pormenores la marcha de la insurrección. He aquí una carta de Acosta al señor Madrid, en la cual se ocupa de aquello.
" París, l. ° de Marzo de 1848.
Mi querido amigo:
"Cuatro renglones para dar novicia á ustedes de nosotros. Acabamos de presenciar la erupción popular; el drama más imponente que se ha representado jamás en el teatro de la historia. Cuando en la moche del 25 de Febrero se temía un pillaje general, no me consolaba otra idea sino la de hacer un servicio negativo á mi patria. Como el Gobierno francés no podía protegerme, ni, corno era natural, indemnizarme como súbdito granadino, pensaba remitir mi expediente á esa Secretaría, á fin de que sirviese de contestación á las numerosas reclamaciones que nos hacen los agentes extranjeros en nuestras revoluciones. Todavía creo que en este sentido podré servir de algo, y ojalá que lo fuera así! La verdad es que cuanto poseíamos par, ayuda de gastos aquí y para el viaje de regreso, lo teníamos en bonos sobre el Tesoro, que producían el 5 por 100 de interés, y de este modo se evitaban los riesgos de bancarrota de casas de comercio. Ahora estamos amenazados de bancarrota nacional, pero mis reales son personales, y aunque nada sacaré, siempre introduciré el reclamo, si el señor Mosquera conviene.
"Ahora más que nunca nos conviene (en Nueva Granada) conservar la paz, rechazar toda innovación política y dar seguridades de estabilidad para atraer los capita les que la conmoción social de Europa va á trasladar á América..."
Acosta estaba al corriente de cuanto sucedía en el nuevo Gobierno por medio de Michelet--quien ya hemos dicho que vivía en la misma casa,-el cual tenía grande amistad con Lamartine, y éste frecuentaba mucho su salón y paseaban juntos en el jardín perteneciente al alojamiento de Michelet. (2) Por otra parte, el astrónomo Francisco Arago era republicano, así como toda su familia, y lo veía frecuentemente en casa de M. Boussingault, en donde se reunían muchos sabios partidarios de la República, y allí discutían las noticias políticas del día.
He aquí una carta del estadista Miguel Chevalier, que prueba nuestro dicho:
" París, 16 de Abril de 1848.
"Mi querido Coronel:
"Puesto que usted es amigo y vecino de Michelet, ¿podría usted preguntarle de su parte ó de la mía, como le parezca mejor, qué piensa hacer acerca de las medidas que van á tomarse con respecto del Colegio de Francia?
"Se lo agradecería mucho su afectísimo,
"MICHEL CHEVALIER."
Cuándo cuatro meses después de la revolución de Febrero estalló la insurrección comunista de junio, la casa en que vivía Acosta cayó en manos del pueblo; éste hizo barricadas á uno y otro lado de la puerta,-la casa era de esquina - y mandó que pusiesen á su disposición todos los alojamientos para defenderse, desde las ventanas, de las tropas del Gobierno provisorio.
Sin embargo, ¡cosa rara! aquellos energúmenos no cometieron abuso ninguno, ni robaron cosa alguna. Después de defenderse briosamente durante algunas horas sobre las barricadas y desde las ventanas, viendo que las tropas llevaban cañones, resolvieron retirarse, y entonces tocó su turno á los soldados de hace¡ se dueños de la casa y de toda la calle, hasta desalojar por completo á los comunistas del barrio.
El señor Manuel María Mosquera, que era el Ministro de Nueva Granada en Francia, se alarmó mucho con la situación de Acosta y su familia, y varias veces mandó á preguntar por su suerte, pues en el barrio en donde vivía el señor Mosquera no llegó á haber combates, (3) pero se tenían noticias de los horrores que los insurrectos cometían con 1!s prisioneros, á quienes mataban cruelmente, y las mujer(; se paseaban con las calaveras de los desdichados soldados ensartadas en una pica, llenas de sebo y dentro una mecha encendida, dando mueras y bailando como horribles megeras en torno de los cadáveres.
Debelada la insurrección comunista, el país volvió á gozar de calina relativa, aunque los temores y las desconfianzas no cesaban. Acosta entonces, que deseaba regresar á Nueva Granada, se apresuró á dar á la prensa la Historia que le ocupaba desde que llegó á Europa. Hacia aquella época encontramos una carta dirigida á su amigo el señor Madrid, de la cual tomaremos algunos párrafos:
"...Una y otra carta venidas por este correo, escribía, hablan de una tentativa para plantear un sistema federal esencialmente desorganizados en Nueva Granada, que es pero encallará en el instinto conservador de la sociedad de ese país. Locura es ésta que parece promovida con designio por las naciones que desearían engullirnos por porciones. jamás Inglaterra se hubiera apoderado de San Juan de Nicaragua, si no hubiera sido previamente desmenuzada esta parte de América para formar lo que se ha llamado Provincias (ó Repúblicas) des-Unidas de Centro América. Pero nuestro turno llegará al fin: Venezuela se acomodará bien en los valles de Cúcuta; el Ecuador, mientras le llega su hora, se adjudicará hasta el Mayo; el istmo será inglés ó yanqui con Antioquia y nuestras costas atlánticas y del Pacífico. Entre tanto nosotros compondremos en el interior un pueblo pastor, interrumpiendo nuestras ocupaciones agrícolas cada año con combates sangrientos entre Panches y Muíscas, Tunjas y Bogotáes. Et divide ut imperes, es locución tan antigua como la ambición y la codicia...... ¿Pero qué piensan hacer? ¿Vaciar por un mismo modelo todos los gobiernos de los Estados? ¿Y entonces en dónde está la predominación de los sistemas locales y su eficacia para promover los diversos intereses? O se permitirá la libre acción de cada una de sus modificaciones, ¿y no habrá entonces mayorías y minorías que querrán apoderarse de la influencia auxiliadas por los vecinos Estaditos?.... "
En seguida encarece al señor Madrid para que anatematice por la imprenta una idea que considera como la futura ruina de la República, y asegura, con clara visión del porvenir, que si semejante cosa se lleva á cabo, las guerras serán continuas en Nueva Granada, y que él abandonará á su patria, porque comprende que la situación de un militar de honor en medio de semejantes facciones, sería insostenible; y añade: "en aquel naufragio general cuántas causas de error no encontraría, pues no sabría al rededor de qué grupo debería girar."
La historia salió definitivamente á luz á fines del año de 1848, con el nombre de:
Compendio Histórico del Descubrimiento y Colonización de la Nueva Granada en el siglo décimo sexto.
Esta obra fue muy bien recibida en Europa por todos los que se ocupaban en cuestiones no solamente históricas, sino también de ciencias naturales, de geografía, de etnografía, etc. Tenemos á la vista cartas de algunos sabios franceses que le escribieron, las que probaban no solamente el interés intrínseco de la obra, que llenaba un vacío, sino la buena opinión que tenían de su autor. El famoso viajero y prolífico escritor Fernando Denis, que se ocupó particularmente de literatura española y de historia americana, publico un artículo recomendando la obra, en una bibliografía que imprimía en aquellos momentos. (4)
El sabio Elías de Beaumont le escribió una carta de felicitación. (5) M. de Peyramont, sabio jurisconsulto y miembro de la Asamblea legislativa, dice en una carta, que tenemos á la vista que ha pensador recordar la lengua española, algo olvidada, y que ha comprado una Gramática y un Diccionario para ocuparse durante las vacaciones en el campo en leer la historia de Acosta. El señor Miguel Chevalier le da las gracias por los agradables ratos que le ha proporcionado su lectura, y añade que le gustó mucho lo concerniente á Balboa, por quien declara "que tiene una gran debilidad." Varios escritores españoles y cubanos lo felicitaron por su obra, entre otros el conocido hombre público cubano don José Antonio Saco.
Reproducimos íntegra la chistosa y característica carta de Boussingault, la cual Acosta recibió ya después de haber llegado de regreso á Nueva Granada:
(Traducción).
" Leibfranberg, (5) 3 de Julio de 1849.
" Señor Coronel Joaquín Acosta.
"Mi querido amigo:
"El cólera y la insurrección me impidieron decir adiós á usted y á su familia, pero ahora escribiré algunos renglones dirigidos á usted. Tuve noticia de su partida de París demasiado tarde, y su carta me vino á buscar en el monasterio, que usted ya no conocería, tan compuesto como está. Mientras que usted se dirigía al Havre, nosotros nos poníamos en marcha para Alsacia. Parece como que si no aguardaran sino nuestra partida para hacer cesar la guerra civil y que pasara la peste. Usted ya sabrá la derrota que dieron á la Montaña, (6) y también la rápida disminución del cólera en París.
"Nosotros tomamos el camino de Estrasburgo - el 14 por la mañana-en la primera diligencia que partió después de los acontecimientos del 13,-y por consiguiente la que llevaba por aquella vía las primeras noticias dé lo sucedido en París. Como yo traía muchos buenos periódicos, iba distribuyéndolos por todo el camino, dándolos con preferencia á los ciudadanos que se consideraban rojos, con el objeto de administrarles una purga.
"Yo había tenido la feliz inspiración de pedir al Vicepresidente de la República licencia para ausentarme (de la Asamblea) durante un mes. No podía soportar la idea de dejar á mi familia más tiempo en el foco de la infección, y como mi mujer no quería partir sin que yo la acompañase, tuve que darle gusto.
"Me encuentro tan feliz aquí sin trabajar, que estoy seguro que debe de suceder otro tanto en el paraíso, y es lo que hacen en este inundo las gentes de juicio; pero la felicidad en el mundo es de corta duración, de manera que apenas se siente uno bien en alguna parte, es preciso dejarla; así, pues, dentro de pocos días concluirá mi asueto!
"Cuando dije que no trabajaba ni hacía nada aquí, es una licencia poética: además de tomar un buen vine que hacemos nosotros mismos en Liebfranberg, casi tan bueno como la chicha, comemos muy bien, y también he leído el libro de usted; lo he leído con interés, desde el principio hasta el fin. Ya sé que es una imprudencia hablar á un autor de su obra, cuando se acaba de leerla. Generalmente es bueno elogiar un libro apenas se recibe y antes de leerlo; entonces podemos hablar del placer que tendremos de leerlo y del provecho que sacaremos de ello; entonces podemos sinceramente decir cuantas lindezas se nos ocurren condicionalmente. Pero ya leí su libro, yo le aseguro que lo considero viable y digno de todo el interés posible para quien quiera estudiar la historia de América. He sentido que sea un Compendio, y advierta que este es un elogio, porque significa. que lo encuentro demasiado corto. Ahora voy á criticarlo. En primer lugar, me pesa que se manifieste tan enternecido con la Reina Isabel; ¿acaso eco murió hace tantos siglos? Su plan es demasiado geométrico; no sale usted de Nueva Granada; abandona á Pizarro justamente en la frontera, como si entonces hubiera una frontera, y aun ahora no estoy bien seguro de si existe. Debió usted en algunas páginas pintarlos graves acontecimientos tan dramáticos que tuvieron lugar en el Perú, y traer á Vaca de Castro á Popayán, y conducir á Belalcázar al Perú. Esto es todo lo que encuentro que criticar, aunque más busque. ¿Está usted bien seguro de que había en América aquella inmensa población indígena en la época de la conquista? Yo siempre he dudado de la verdad de aquellos millares de indígenas. Los conquistadores se alababan, no lo dude. En cuanto á la memoria de Duquesne sobre el Calendario de los Muíscas, no entiendo nada. Hablando de los Muíscas, Humboldt debe de estar encantado; encantado, porque los prusianos se han apoderado del Gatinais; es cosa arreglada.
"Los demagogos retroceden en toda la línea.
"Envío su muy interesante obra á Bodmer, que desea ardientemente leerla, después de oír mi opinión. Mis recuerdos á la señora Acosta y á Solita, y no me olvide en casa de su hermano en Guaduas. (7) Dejo campo á mi mujer para que escriba algunas líneas á la señora Acosta.
"BOUSSINGAULT."
1 |
Señores, dijo al concluir: os conjuro, no retrocedáis hacia el deshonor; por mi parte, aunque me hallare solo con mi sombra, me encontraré en el lugar de la cita.... Yo no sé si las armas que han confiado á nuestros valientes soldados estarán en manos prudentes. Lo creo y lo espero; si las bayonetas despedazan las leyes, si los fusiles están cargados con balas, lo que sí sé es que nosotros defenderemos primero con nuestra voz, después con nuestros pechos, las instituciones y el porvenir del pueblo. Será preciso que las balas rompan nuestros pechos para que puedan arrancar los derechos del país. ¡No deliberemos, señores, obremos |
2 |
Hoy esa casa hace parte del Colegio de la Compañía de Jesús, los jesuitas á quienes Michelet hizo tanto la guerra, son los herederos de esa casa y ese jardín |
3 |
He aquí una carta que escribió el señor Mosquera á Acosta, que
da idea de lo que se pensaba en París en aquel tiempo:
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4 |
He aquí la carta que escribió á Acosta, yo que
traducimos:
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5 |
Era aquella una propiedad que poseía y aún poseen los descendientes de Boussingault en Alsacia; había sido un antiguo monasterio. |
6 |
El jefe del partido de la Montaña, (hoy radicalismo) Ledru Rollin trató de amotinar el pueblo el 13 de Junio de 1849, pero un pudo lograrlo |
7 |
Estas palabras estaban en español. |
