CAPITULO I

 

TRES AÑOS EN BOGOTÁ (DE 1823 Á 1825).

El primer Congreso Constitucional de Colombia se ocupó activamente, en vigorizar el Gobierno interior de la nueva República, así como en trabajar para que los Estados europeos reconociesen su independencia perpetua de la Madre Patria; se aprobaron los tratados hechos con Repúblicas vecinas; se promulgaron leyes importantísimas; se concedieron privilegios para que se organizasen vías de comunicación con el extranjero. . .. En fin, este fue uno de los Congresos que trabajó con mayor actividad y patriotismo para dar forma á las nuevas conquistas de la libertad en América.

El siguiente Congreso, que se reunió en Abril de 1824, afirmó la situación política, fiscal y económica de la República. Necesitábase á la cabeza del Gobierno hombres prudentísimos, sensatos y de excepcionales talentos administrativos, pues era preciso atender á la defensa de la República en todas sus fronteras, y crear recursos y levantar los Ejércitos que necesitaba el Libertador para continuar la guerra en el Perú. El G de Agosto de ese año el triunfó obtenido por Bolívar sobre los realistas en Junín, y el del Mariscal Sucre en Ayacucho, cuatro meses después, afirmó la independencia en el Perú y terminó la campana del Sur.

Aquella noticia produjo una inmensa impresión en toda América, y el entusiasmo crecía diariamente en Colombia, y sobre todo en Bogotá. Afligíase el joven ACOSTA con la idea de pasar los mejores años de su vida sirviendo siempre oscuros empleos, cuando si hubiera logrado partir con Sucre, como tanto lo deseaba, sin duda su carrera militar fuera tan brillante como la de sus compañeros de armas que tomaron parte en la campaña del Sur.

Dos años después de su regresó del Chocó, y a pesar de su consagración y laboriosidad, aún se encontraba desempeñando el mismo destino en la Secretaría de Guerra. Pero como lo hemos dicho antes, era orgulloso, y no pedía jamás aquello que merecía si sus superiores olvidaban sus méritos. Empero, al fin, se agotó su paciencia, pues entre sus papeles encontramos los siguientes documentos, que pintan su carácter y dejan conocer las recónditas aspiraciones de su alma.

Ninguna de las dos cartas tiene dirección. He aquí la primera

" Excmo. Señor

"Joaquín Acosta, Capitán Oficial de número de la Sección 2.a. de la Secretaría de Guerra solicita de V. E. respetuosamente le destine á una de las Compañías de Artillería que componen la inedia Brigada de este Departamento. Muy persuadido, señor, de que un Oficial está obligado á prestar servicios en donde el Gobierno los crea necesarios, y no donde él gusta, me permito sinembargo hacer á V. E., las reflexiones que han motivado mi solicitud. El empleo que por más de dos años he ejercido con la exactitud y escrupulosidad que acreditaré á V. E., si lo considerare necesario, me ha perjudicado en mi salud, en mi carrera y Calvez en mi reputación; la continuación en él ni me ofrece perspectiva alguna de ascenso ni permite que adquiera ninguna especie de instrucción porque ocupa todo mi tiempo. No sucederá así en el servicio de una compañía; allí podré pretender cuando no a los ascensos de aptitud, al menos á los de antigüedad ; allí podré dedicarme á otros estudios que un día me recomienden, porque Excmo. Señor, yo no busco todavía el reposo y la oscuridad, yo aspiro á ser útil á mi patria, pero en donde se conozca que lo soy.

"La situación de mi familia en esta capital es lo que me hace únicamente desear la continuación de mis servicios por ahora en ella, pero si V. E. tuviera por conveniente destinarme á otro lugar, iré con gusto por no permanecer en un destino que me sujeta diariamente á comparaciones dolorosas con los empleados de otras clases de las Secretarías.

" A V. E., intereso y suplico ardientísimamente atienda mi petición que considero justa y asequible cuando las compañías de Artillería están vacantes con perjuicio de la disciplina, y cuando mi destino actual es de tan poca importancia que cualquiera puede desempeñarlo.

" Excmo. Señor

JOAQUÍN ACOSTA."

Sin duda no debieron de aceptarle su dimisión inmediatamente, y entonces escribió la siguiente carta á algún alto empleado del Gobierno, amigo suyo, pero que no nombra

"Usted quiere saber las razones que han motivado mi persistencia en la renuncia que hice del empleo en la Secretaría, voy á complacerlo.

" Usted sabe que yo abrasé en el año de 19 la carrera militar,-dejando mis estudios en el Colegio, que debería concluir ese año, - contra la voluntad de mi familia y de mis preceptores, que se prometían apuna cosa de mí, y aun el General Santander me disuadía. Pero yo llevé á cabo m¡ propósito por el convencimiento que tenía de que la Patria necesitaba entonces soldados y no letrados. Llegué en la carrera militar hasta el grado de Capitán. Volví á Bogotá en Diciembre de 1822, llamado á ocupar la plaza de Oficial 2° en la Secretaría de Guerra, que desempeñé, creo que a satisfacción del Secretario, á lo menos así me lo dijo al partir á campaña el Oficial lº. Entonces iba yo á ocupar el lugar primero de la Oficina, pero á ese tiempo se hizo el último arreglo en las Secretarías. Algunos amanuenses ascendieron á jefes de Sección y yo fui nombrado Oficial de número, no se si por incapacidad ó por otras razones. Sorprendido más bien que afligido con este nombramiento, me propuse probar al Gobierno que no era inepto; así fue que sin amanuenses ni Jefe en la Sección he despachado cuanto se me ha presentado en ella, sin permitir que nadie se mezclase en ayudarme.

" El mismo General Santander cuando ha faltado el Oficial Mayor temporalmente me ha encargado de la Secretaría aun habiendo Jefes de Secciones. Pero han corrido cerca de dos amos; mi salud se resiente ya; estoy horrorizado de haber sufrido tan largo tiempo por moderación ; mis amigos todos me aconsejan pase á mi cuerpo en donde está vacante la 1ª Compañía que me toca. He solicitado esto sin dar ninguna de las razones que acabo de exponerle, sino únicamente la decadencia de mi salud. ¿ Y como podría yo alegar que mis servicios valen algo No, yo no quiero que sean recompensados si no que deseo que se me haga justicia y no otra cosa. Lo demás tampoco lo diría sino á usted.

"El Vice-presidente ha suspendido decretar m¡ representación hasta la venida del General Soublette, entonces me harán Jefe de Sección, pero yo no quiero de ninguna manera continuar en una Secretaría en que he sido frecuentemente desairado ; quiero pasar á mi Cuerpo. Sé que no se pasará mucho tiempo sin que el Comandante deje el servicio, y, entonces, sino se me hace una nueva, injusticia, mandaré la media brigada. En verdad que no puedo negar que me es muy doloroso ver á todos mis condiscípulos cocho á C**, por ejemplo, gozando de consideraciones en altos empleos, porque prefirieron quedarse en el seno de sus comodidades, mientras que yo me he dedicado exclusivamente al servicio de mi Patria durante los seis años más preciosos de mi vida... . Si usted puede, pues, suplique encarecidamente al General Soublette que me conceda el pase como una gracia, porque el aire que respiro en la Secretaría amarga mi existencia."

Sin duda el Gobierno acabó por concederle lo que pedía, pues encontramos un despacho del Poder Ejecutivo y un Decreto " que confiere la primera Compañía de la media Brigada de Artillería de esta Capital de Bogotá, al Capitán de la misma arma JOAQUÍN ACOSTA"

Este Decreto fue dado el 23 de Julio de 1825, y firmado por el General. Santander y, el General Soublette.

Entre tanto los negocios políticos parecían prósperos. El Congreso que se había reunido en Bogotá al principiar el año de 1825, había expedido leyes importantísimas. El Gobierno recibió con señales de aprecio y gratitud al primer Ministro que envió la Gran Bretaña a la República de Colombia, y en los Estados Unidos y en Inglaterra fueron recibidos con particular atención los Enviados Diplomáticos colombianos: todo parecía presagiar una era de unión .y de paz, de progreso y de prosperidad. Sin embargo, desde el principio del año se había empezado á formar sobre el horizonte político la nube de tempestad que no muy tarde debería ser una de las causas de la disolución de la Gran Colombia; hablo del famoso proceso del venezolano Coronel Infante.

Entre los papeles de ACOSTA hemos encontrado una carta suya dirigida a algún amigo ausente (probablemente en Quito), en que habla con extensión de aquel asunto.

He aquí la carta copiada, pero sin dirección ni fecha:

"Mi querido amigo:

"Contesto á tu apreciable del 30 de Octubre, que me ha sido muy satisfactoria. Recibí las gacetas y las he leído con gusto porque contienen artículos interesantes. Siento mucho que no nos sea concedido verte por ahora en esta ciudad, pero espero que esta resolución no sea eterna y que en el año que entra te permitan tus negocios venir á abrazar á tus amigos. Acepto la oferta que me haces de mandarme todo lo que salga de esa Imprenta que es libre... y no como otras.

"Quieres que te instruya de lo más digno de saberse que pase en esta Capital y voy á satisfacerte refiriéndote circunstanciadamente el asunto que por ahora ocupa más la atención, después de los importantes, como el reconocimiento de la Independencia, la Guerra del Perú etc., me refiero al Coronel Infante.

" El Coronel Infante acusado y convencido (delante de un primer Consejo de Guerra de Oficiales generales) de homicidio sobre la persona de un Oficial inerme en las calles de esta Capital fue sentenciado á muerte. Anulado ese Consejo por una falta leve en su formación en la Corte Marcial, se reunió de nuevo, compuesto de diferentes miembros, los cuales también fallaron á muerte. Todos encontraron á este hombre culpable y cuando se esperaba la confirmación de la sentencia por la alta Corte, hemos visto con asombro que el Presidente del Tribunal ha rehusado firmar el fallo de la Mayoría de él, que confirma la sentencia de los Consejos. Esto ha entorpecido la expedición de este negocio que tiene en expectativa al público y á los extranjeros que no se creerán seguros si queda impune este crimen. Es menester confesar amigo mío, que hasta ahora todas las censuras de nuestros periódicos han versado sobre los Poderes Ejecutivos y Legislativos, como los que pueden trastornar todo el orden social; sin hacer caso de los abusos del Judicial. Ya sea porque los consideramos hijos de nuestra monstruosa jurisprudencia, ó porque tienden sólo á oprimir los individuos ¡Como si la impunidad de un delito no fuese un ataque contra la sociedad, ó como si hombres que disponen de nuestra propiedad y aun de nuestra vida no merecen toda nuestra severidad y vigilancia.

"Jouy ha dicho que es particularmente en estas épocas terribles, en que los Estados conmovidos por fuertes sacudimientos procuran consolidarse sobre bases constitucionales, que depende ola suerte de los Imperios del valor ó la cobardía, de la integridad ó la corrupción de los jueces.

"Veamos ahora como están formados nuestros Tribunales : comencemos por la Corte del Norte que se distingue por su debilidad é inconsecuencia; la del centro ha sido acusada ante el Senado y algunos de sus individuos convencidos de prevaricato y de notorias injusticias; la del Sur, que vive en la oscuridad, pero que no por eso hemos dejado de tener noticia de lo desconceptuados que están sus miembros, y por último la alta Corte, que aún conservaba su reputación, se halla hoy desacreditada por uno de los jueces que la compone.

" Si es verdad, como dice d' Aguesseau, que un juez que no es un modelo de probidad no es hombre honrado, que los ciudadanos escogidos para juzgar á sus compatriotas deben tener costumbres intachables ¿ qué confianza podremos depositar en un juez cuyos desordenes de su vida privada son notorios, y no se avergüenza en confesarlo ; que bebe con exceso : que se le encuentra en juegos públicos, muchas veces desde ponerse el sol hasta el día siguiente, y que para que se cumpla con la orden de finalizar el juego por ser el día fijado, hace llevar la mesa á su casa de habitación y continúa allí jugando?

"Es preciso sin duda, y la conciencia lo dicta, que los hombres llamados para ejercer la preciosa facultad de dirimir las contiendas de sus compatriotas tengan la conducta mas pura, y todo ciudadano tiene derecho de pedírselo.

"Yo quisiera que allá dijesen algo sobre esto en la gaceta, ya que á nosotros nos lo impide la falta de un periódico, porque la Gaceta de Colombia se ocupa casi enteramente de artículos oficiales.

" Termino pidiéndote perdón por mi pesada disertación y repitiéndome cordialmente muy tuyo.

* *"

Como se ha visto el Presidente del Tribunal de la Alta Corte de Justicia había rehusado terminantemente firmar la sentencia de muerte contra el negro Infante, su compatriota, hombre terrible que tenía en alarma á Bogotá cuando salía por la noche á rondar las calles y atacar á los pacíficos transeúntes con chanzas al uso llanero. Al fin, sea con justicia ó sin ella, se acusó al Coronel Infante de haber cometido un asesinato en la persona de un Teniente Francisco Perdomo, cuyo cadáver apareció una mañana debajo del puente de San Victorino. El proceso despertó mil rencillas olvidadas y se formaron dos campos opuestos en la opinión pública : los neogranadinos dieron por cierta la culpabilidad del militar venezolano, y los venezolanos se desataron en improperios contra el Vicepresidente Santander y contra los miembros de los Tribunales que habían condenado á Infante. Esta situación se agravó cuando la Alta Corte de Justicia lo sentenció también á muerte ; negándose el doctor Peña - Presidente del Tribunal - á firmar la sentencia. A pesar de todo Infante fue, pasado por las armas en la plaza mayor de Bogotá el 26 de Marzo de 1825.

Acusado el doctor Peña ante el Senado por haber violado las leyes (por la falta cometida al no dar su firma y el mal ejemplo que con aquello daba al país) fue suspendido de su empleo por un año. La sentencia del Senado produjo en el doctor Peña tal indignación, que salió inmediatamente de Bogotá y partió para Venezuela, no sin haber jurado vengarse de cuantos neogranadinos habían tenido parte en la sentencia dada contra él. Aquellas amenazas no fueron vanas, las cumplió al pie de la letra. Se fue á unir al General Páez y trabajó sin cesar en la obra de separar t Venezuela de la Nueva Granada, lo cual dio por tierra con la Gran Colombia en 1830 y mató de pesadumbre el gran Bolívar, cl padre y creador de ella.

Comentarios () | Comente | Comparta c