JENERAL HERRÁN
Este benemérito ciudadano empezó a servir como cadete abanderado el 1.° de enero de 1814: fué alférez ayudante el 10 de mayo de 1816; prisionero de los españoles i sentenciado a servir de soldado el 29 de julio de 1816. En las filas españolas obtuvo los ascensos a sarjento l,° alférez, teniente i capitan, en los años de 181 7 a 1820. Vuelto a las filas republicanas, se le nombró capitan de caballería por el jeneral José Antonio Sucre, en 5 de mayo de 1821; i sarjento mayor por el Libertador Simon Bolívar, en 13 de febrero de 1823. Ascendió a teniente coronel en 16 de setiembre de 1824; a coronel en 16 de setiembre de 1826, i a jeneral en 27 de noviembre de 1828.
Entró a servir de 14 años de edad, i, como se ha visto, en 14 años recorrió todos los grados de la milicia por rigurosa escala, hasta alcanzar el empleo de jeneral de la República.
El jeneral PEDRO ALCÁNTARA HERRÁN nació en esta ciudad el 19 de octubre de 1800. Sus padres fueron: el señor don Pedro Fernández de la HERRÁN, i la señora doña Matea Martínez Zaldua.
Hizo la primera campaña del sur desde enero de 1814 hasta julio de 1816, en que fué hecho prisionero de los españoles; i la segunda del mismo nombre, desde mayo de 1821 hasta fines de 1823: la del Perú desde el principio de 1824 hasta enero de 1825, en que se rindió la plaza del Callao: la del sur i norte de la República desde junio de 1839 hasta mayo de 1841: la del Magdalena desde julio de 1841 hasta mayo de 1842: la del año de 1854 hasta la ocupacion de esta ciudad, i la de 1859 hasta la batalla del Oratorio.
El jeneral HERRÁN sirvió en el batallon "Guardia de honor "de la Nueva Granada: fué jefe de Estado mayor de una columna mandada por el jeneral Hermójenes Maza, adjunto al Estado mayor jeneral libertador, jefe militar de Guaranda, i comandante militar de Ibarra. Sirvió en el escuadron "Guias de la Guardia, " i fue jefe de Estado mayor de la division de operaciones sobre Pasto, comandante del escuadron "Húsares de la Guardia," comandante del rejimiento "Húsares de Ayacucho;" comandante jeneral e intendente del departamento de Cundinamarca; secretario de guerra de la antigua Colombia; secretario de la legacion colombiana en Roma; jefe militar del Istmo, gobernador de la provinca de Bogota, secretario de Estado en el despacho de lo interior i relaciones esteriores de la Nueva Granada, comandante en jefe de la division de operaciones en el sur; jeneral en jefe del ejército de la República; tercer presidente constitucional de la Nueva Granada; comandante jeneral del departamento del sur i en jefe de la 4.ª division del ejército. Volvió a ser jeneral en jefe del ejército de la República en algunas de nuestras últimas contiendas civiles. Desempeñó el cargo de ministro plenipotenciario de los Estados Unidos de Colombia en Washington, i fué senador de la República en dos períodos consecutivos, por los Estados del Tolima i Antioquia.
En este empleo dió el jeneral HRRAN pruebas repetidas de rectitud de juicio, de patriotismo, de amor a nuestras recientes instituciones, las que aprendió i vió practicar durante su residencia en los Estados Unidos del Norte, i se mostró conciliador, desapasionado i verdadero amigo de la paz i del progreso del pais.
En la guerra de la Independencia se halló en las siguientes acciones: en la de la Cuchilla del Tambo, a órdenes del coronel Liborio Mejía: en la de Guaranda, a órdenes del jeneral Hermójenes Maza: en las de Ibarra, Tusa, Catambuco, Mapachico, Pasto, Matará, Junin i Ayacucho, a órdenes de los jenerales Bartolomé Salom i Antonio José de Sucre, i del Libertador.
En nuestras guerras intestinas obtuve muchas veces el mando en jefe, i como tal se halló en las acciones de Buesaco, Chaguarbamba, Wilquipamba, Aratoca i Ocaña; en Tres Esquinas, en las Cruces, en la ocupacion de Bogotá, en 1854, en el Oratorio en 60, i en otras.
Al jeneral HERRÁN se le declararon, ántes de emprenderse por el ejército libertador la segunda campaña de Pasto, las siguientes acciones distinguidas de valor, de las detalladas en el artículo 18, tratado 2.° título 17 de las Ordenanzas militares:
La de haber hecho frente en Ipiales a toda la vanguardia de los españoles, compuesta de cien hombres, con solo cinco de caballería, causándole al enemigo daño notable i tomándole un número considerable de municiones;
La de haber salvado la vida del jeneral Bartolomé Salom con notable peligro de la suya, en el brusco ataque que sufrió el escuadron "Guias de la Guardia" cerca de Tusa; i
La de haber dirijido i mandado la vanguardia de las fuerzas republicanas en la accion de Mapachico, compuesta de trescientos hombres, derrotando completamente al enemigo, que presentó setecientos en combate.
El distinguido comportamiento del jeneral HERRÁN en la batalla de "Ayacucho, " lo hizo acreedor al título que en el combate mismo le dió el Gran Mariscal, de "húsar de Ayacucho."
Estaba condecorado con la medalla de "Libertadores de Quito," i con el escudo de "Vencedores en Junin i Ayacucho."
El congreso de la Nueva Granada, por decreto de 16 de abril de 1841, declaró que el jeneral HERRÁN habia merecido bien de la Patria por su valor i sufrimientos en la campaña de Pasto de 1839 i 1840; i por otro decreto de 7 de mayo del mismo año, dispuso que el poder ejecutivo presentara al jeneral, a nombre del mismo congreso, una espada de honor.
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La anterior reseña la formó el autor con vista de la hoja de servicios del jeneral i de otros documentos auténticos.
Para la hoja sirvieron de comprobantes las certificaciones de los jenerales Joaquin Paris, Tomas C. de Mosquera, José Acevedo i Hermójenes Maza, i de los coroneles de la época en que se formó dicha hoja, Francisco V. Barriga, Gregorio Forero, Bonifacio Rodríguez, José María González, Pedro Carrasquilla i José María García, sus compañeros de armas.
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La República ha visto desaparecer dia por dia la mayor parte de esos hombres que lucharon contra el gobierno peninsular, i con justicia ha vestido i viste de duelo por la muerte de ellos, como ha sucedido con la del antiguo jeneral PEDRO ALCÁNTARA HERRÁN, uno de los pocos que nos quedaban de los de esas lejiones, que lograron a fuerza de sacrificios, de abnegacion i heroicidad, la Independencia de estos paises.
El jeneral HERRÁN ha merecido por esto las manifestaciones de sentimiento que el personal del poder ejecutivo i del congreso, el cuerpo diplomático, la guardia colombiana i la parte mas culta de nuestra sociedad han hecho por su fallecimiento.
Con razon decia el señor Jil Colunje, secretario de lo interior i relaciones esteriores, en el discurso que pronunció en la tribuna mortuoria el dia 28 de abril de 1872, en presencia del cadáver del jeneral:
"Bien esplica esta fúnebre pompa que la Patria esta de duelo porque ha perdido a uno de sus próceres. Apénas sí hai necesidad de decir que el hombre cuyos despojos venimos a entregar a la tierra, pertenecia a esa pléyade de admirables varones a cuyo fuerte brazo debe su existencia nacional medio continente americano. Vióle el ejército libertador a la cabeza de los sublimes jinetes que dieron la última terrible prueba de su poder al ejército peninsular, i el título de Húsar de Ayacucho, que ganó en aquella inmortal jornada, bastaria, él solo, para justificar el testimonio espléndido de veneracion i gratitud que nosotros le rendimos.
"Pero el jeneral HERRÁN, señores, -vosotros lo sabeis mui bien, -no fué únicamente un héroe; no sirvió a su pais únicamente como soldado. En su vida de merecimientos, al lado de sus hechos militares campean los del hombre civil, i por eso le cuenta la República entre sus servidores mas beneméritos. Fué lejislador, i majistrado i diplomático i en la serie de puestos eminentes que ocupó con honor durante su dilatada carrera de hombre de Estado, dejó siempre alguna huella que anotar en la pájina que desde harto temprano le reservó la Historia.
"Colmada esta hoy esa pájina. Vivió el jeneral HERRÁN lo bastante para cerrarla dignamente, i la ha cerrado así. La Historia es un libro severo donde se pesan i balancean las acciones humanas cuyo recuerdo se encarga ella de perpetuar, i, en el balance que arroja la cuenta de este colombiano ilustre, hai de sobra para satisfacer la mas noble ambicion de gloria i el mas lejítimo orgullo.
"El jeneral HERRÁN no fué impecable. ¿I quién pretenderia serlo debajo del sol? Los nombres que la humanidad más venera, -los Cincinatos mismos i los Washington, -no estuvieron todos esentos de sombras. El error, las faltas, son patrimonio de la especie, i cada cual, mas o ménos, paga su tributo de faltas i de errores. Pero ¡dichosós los que, como el preclaro hijo de Colombia que acaba de llenar su mision en el mundo, pueden bajar a la tumba.
"En la hoja de servicios militares del jeneral HERRÁN figuran como acciones distinguidas de valor varias, entre ellas su hazaña de Mapachico, donde, mandando la vanguardia del el patriota, compuesta de solo 300 hombres, derrotó completamente a los realistas, que presentaron en combate 700; pero yo, señores, considero como la mas insigne de todas la de Ipiales, donde con cinco atacó a ciento, i salió victorioso tambien: proeza verdaderamente fabulosa; tanto... no; mas fabulosa aún que la de Vélez en Rio Caribe. Si HERRÁN, en vez de atacar en aquella ocasion, hubiera resistido, yo le llamaria el Horacio Cócles de Colombia.
"¿No recordais, señores, por qué, fuera de combate el comandante de Húsares de la Guardia, púsose el teniente coronel HERRÁN a la cabeza de ese cuerpo en la épica batnlla de Ayacucho? Bolívar le habia dicho tres meses antes: `El tercer escuadron del rejimiento de Húsares perdió su estandarte en Junin i carece de disciplina: os lo entrego para que, formando tan buenos oficiales i soldados como los que hicísteis en el Guias, recobre el estandarte, dando una prueba de su conocido valor, i distinguiéndose como en Mapachico.´
"A los hechos con que el jeneral HERRÁN ilustró su vida en la Guerra Magna, bien podria agregarse alguno que, aunque correspondiente al triste período de nuestras guerras civiles, no dejaria de enaltecerle igualmente. Ese hecho podria ser uno cualquiera de la segunda de las veces que él mandó en jefe el ejército nacional. Aludo a 1854. Todos saben, por ejemplo, con cuanta habilidad i ahorro de sangre dirijió ese memorable sitio que terminó en la entrada triunfal del 4 de diciembre: todos saben tambien cuán modesto se mostró despues del triunfo. No lo he olvidado: le ví impávido, tranquilo como Ney, en medio del fragor de la batalla, i le ví deponer luego, sobre las sienes del HÚSAR DE TRES-ESQUINAS I LAS CRUCES, la corona que la gratitud pública habia discernido al Jeneralísimo de los soldados constitucionales.
"Noble vida, llena de nobles enseñanzas! I el hombre que así vivia, naturalmente creía estrecho, a su actividad de soldado i de estadista, el horizonte de su limitada patria. Por eso, en ocasion solemne, se le vió ponerse al servicio del Perú, el que a la verdad, no deberia reputarse para él suelo estranjero, i se le vió tambien ponerse al servicio del Salvador i de Guatemala, para representarlas, como las representó en el Congreso americano, cuando hubo una vislumbre de que pasase a la categoría de realidad ese grandioso ensueño del que deliró sobre el Chimborazo.
"Era ya de avanzada edad el jeneral HERRÁN, señores, pero ha muerto prematuramente. Oh! cuánto bien hubiera podido derramar todavía su existencia sobre esta Patria que tanto amó! En el juego de las nuevas instituciones establecidas, él, federalista sincero, convencido; educado, en cuanto a ese órden de ideas, en la grande escuela de la Gran República, donde ese sistema, si no nació, ha tenido su mas jenuino desarrollo, seria para nosotros un seguro gula, por el caudal de luces que respecto a esa forma de la República habia llegado a acumular.
"Nuestros próceres se van, señores: Dios los llama a sí, para galardonar sus virtudes mejor que podemos hacerlo nosotros aquí abajo. Pero en la tierra hai tambien una inmortalidad para los hombres grandes: empiece para HERRÁN, que es del número de ellos. El presidente de la República, creyéndose intérprete del sentimiento nacional, me ha comisionado para colocar sobre este féretro esta corona, (poniéndola) como símbolo de la apoteósis del Húsar de Ayacucho: yo cumplo el encargo en nombre de la Patria agradecida."
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I el señor Manuel Plata Azuero, presidente del senado de plenipotenciarios, agregó en el suyo, a nombre del senado:
"Permitid, ilustre colombiano, que evoque vuestro espíritu en los dinteles de la eternidad, en el instante mismo en que va vuestro cuerpo a sumirse en el seno de la nada; permitid que mi voz se oiga en la puerta de esa tumba para llamaros al mundo que acabais de abandonar.
"No es el eco de la adulacion el que va a turbar el silencio que os rodea; no es la mentira la que viene a quemar su falso incienso para ocultar con su brillo, ante los ojos del vulgo, el vacío real de ciertos féretros; no es la voz de una pasion la que evoca vuestro nombre: el sepulcro es el santuario de la meditacion i de la calma; i ante la imponente majestad de su silencio, callan las pasiones tumultuosas, i ceden su lugar a la verdad i a la justicia.
"Ser justo i veraz delante de vuestro sepulcro, fué lo que me ordenó el senado de Colombia al encargarme el alto i triste honor de hablaros en su nombre; porque mentir ante una tumba, es mentir en el santuario mismo de la verdad: ser injusto para con vos, seria proclamar la ingratitud de la República, seria desalentar la virtud i el amor a la Patria, para estimular la corrupcion i el egoismo. Verdad i justicia serán, pues, los sentimientos que se abrirán paso al traves de mi dolor, para dirijirme a vuestra sombra. Mas al alzar el estremo de ese velo pavoroso que Dios corrió entre vuestro sér i el nuestro; al levantar ese manto misterioso para mostrar vuestra silueta venerable al numeroso auditorio que me escucha, tiembla mi mano temerosa ante el aspecto majestuoso de esa tumba, i mi frente se inclina reverente con el eco que inspira la verdad i la grandeza. Escuchadme.
"Si intentara trazar vuestra honrosa biografía, tendria que historiar 58 años de luchas i combates, de sacrificios i tormentos; tendria que bosquejar la grandiosa epopeya de nuestra Guerra Magna, i trazar los supremos dolores que sufrió la República en su larga i penosa jestacion; tendria, en fin, que relatar el glorioso martirolojio de nuestros próceres, i ya la historia se ha encargado de esculpir en láminas de bronce esos recuerdos imperecederos; esos hechos lejendarios que sobrevivirán a los tiempos para ir a llenar de admiraclon i de asombro a las jeneraciones venideras. Por eso mi mision actual es bien sencilla: se limita tan solo a refrescar rápidamente esos recuerdos, para hacer mas sensible, si cabe, a mis oyentes, el inmenso vacío que dejais en nuestra Patria.
"Casi desde vuestra infancia pertenecísteis a esa pléyade de varones ilustres que vaciaron sus obras en bronce para desafiar la accion destructora de los siglos; pertenecísteis a ese puñado de titanes que por todas partes dejó sembrado el mundo de los Andes de huellas monumentales que jamas podrá borrar la ingratitud de los hombres ni el polvo de todas las edades; porque las huellas que deja el jenio de la libertad son eternas como las obras de Dios.
"El grito de libertad que repercutian las selvas i los montes de uno a otro estremo del mundo de Colon; el estrépito de los combates i la fama de mil proezas inauditas resonaron en el fondo de vuestro corazon; porque es la libertad la sola pasion de las almas jenerosas. La voz de la Patria agonizante, que llamaba a sus hijos en su ausilio, hallé un eco irresistible en vuestro pecho, i hogar, familia, estudios i riquezas, todo lo abandonasteis para saltar al palenque en que un pueblo entero lidiaba brazo a brazo con sus tiranos de tres siglos.
"A los golpes que el esclavo americano descargó sobre sus grillos cayeron destrozadas las cadenas que maniataban sus miembros; i dueño así de sus fuerzas vigorosas, acometió la fortaleza misma... el alcázar secular que habitaban sus señores... A su esfuerzos el viejo torreon del feudalismo hispano crujió a la vez por su techo i sus cimientos; los patriotas redoblaron sus golpes, i el temible baluarte se desplomó con estrépito. El polvo que se alzó de aquellas ruinas desapareció bien pronto en el espacio, i sobre un monton de escombros vióse un grupo de guerreros victoriosos sosteniendo el pendon de la libertad americana.
"Uno de esos guerreros fuisteis vos, jeneral HERRÁN..."
A lo dicho por personas tan autorizadas nada puede agregarse. Ellas han hecho la completa biografía del personaje.
