Grandes centros comerciales y recreacionales en Santafé de Bogotá:
Origen, características y tendencias de desarrollo
Jan Marco Müller
Revista Perspectiva Geográfica
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7. Resumen

Considerando el desarrollo de los centros comerciales y recreacionales para los estratos medio-bajo y bajo no se puede mantener la conclusión de BÄHR/MERTINS (1995, P.107) según la cual el "creciente número de centros comerciales y recreacionales es un indicador del aumento de las disparidades socioeconómicas y una creciente apartheid social." Es indudable que los centros comerciales específicos para ciertos estratos llevan a una segregación de la población, sin embargo ésta no perjudica unilateralmente los estratos bajos. Para estos estratos se ha desarrollado una forma propia de centros comerciales.

Es necesario alejarse de la idea del centro comercial como templo lujoso de compras puesto que su concepto se ha vuelto más "democrático". Con la transformación de una "máquina de consumo" en un substituto multifuncional del centro urbano histórico, el centro comercial deja participar a los estratos bajos en su mundo mágico. FRUGOLI (1992, P.78) afirma que el concepto del centro comercial como espacio "elitario" se substituye cada día más por la idea del centro comercial como espacio sin clases sociales. Sin perder su filosofía de maximizar sus ganancias, los centros comerciales se transforman en centros comunitarios que sirven como focos cívicos, sociales y culturales (CASTILLA 1987, P.14). Durante este proceso el ciudadano empieza a identificarse con "su" centro comercial.

Ya no es correcta la afirmación de MANOTAS CHAR (1994, P.12) según la cual los centros comerciales con su orientación hacia el interior exponen solamente "muros monumentales y agresivos" hacia la ciudad. Por el contrario, los nuevos centros comerciales y recreacionales cuentan con una arquitectura exterior de gusto exquisito. Esta los hace resaltar ópticamente sin que los centros parezcan cuerpos extraños. En su interior, los nuevos centros comerciales latinoamericanos también se refieren a modelos urbanos. Desde el "patio" (de comidas) hasta la "plaza" que se encuentra sobre todo en los centros de los estratos bajos, los centros comerciales y recreacionales tratan de simular un espacio urbano familiar a la población. A este respecto la plaza tiene una importancia especialmente grande como se puede observar en los nombres de muchos de los centros ("Plaza de las Américas", "Salitre Plaza", etc.).

En su función sociocultural la plaza en el centro comercial y recreacional ya alcanzó a tener la importancia de la plaza histórica o aún la sobrepasó. En la plaza del centro comercial la gente se encuentra para charlar, mantener contactos vecinos o solamente para observar la vida urbana desde un banco. Ultimamente los centros comerciales tratan de simular la plaza histórica hasta en el sentido institucional: en la plazoleta central de "Plaza de las Américas" se encuentran instituciones bancarias, heladerías y al frente la catedral - la catedral de consumo por supuesto, que es más alta que el resto del centro y funciona como lugar sagrado.

Si uno se pregunta qué consecuencias surgen de los centros comerciales y recreacionales respecto al comercio al por menor tradicional, siempre se presume que los centros grandes destruyen empleos en los negocios pequeños que no pueden competir. Este temor seguramente tiene su justificación aunque no se puede cuantificar en el caso bogotano. No obstante, hay que afirmar que los centros comerciales también crean muchos empleos. Así, parece más adecuado decir que no se suprimen empleos sino que éstos se desplazan.

Hoy en día el centro histórico de Bogotá no es más que un "centro comercial" entre muchos que abastece solamente a sus propios habitantes. Su importancia regional como lugar de compras desapareció completamente, sobre todo en relación con la mercancía de uso a mediano y largo plazo. A pesar de esta situación, el centro histórico ha podido mantener su importancia en dos aspectos: como centro institucional con entidades nacionales, departamentales y eclesiásticas y como centro intelectual con teatros, galerías de arte, museos, bibliotecas, salas de concierto, etc. Solamente la "cultura popular" con sus cines, discotecas y restaurantes de comida rápida se trasladó hacia los centros comerciales y recreacionales.

Los pasillos de los centros comerciales y recreacionales de Bogotá con sus fontanas, esculturas y relojes nostálgicos son recuerdos del pasado, cuando uno podía salir a cualquier calle bogotana sin el temor de que a uno le roben el reloj o de que uno se caiga a una alcantarilla destapada. BORGES LEMOS (1992, P.103) con razón califica al centro comercial como "espacio público con carácter museal". Ni siquiera los emboladores de zapatos en "Unicentro", "Andino" y "Búlevar Niza" faltan en la imagen folclórica, pues pertenecen al espacio urbano de Bogotá. Sin embargo, ellos no son sino comparsas con un salario fijo cuya realidad no tiene nada que ver con la lucha de sobrevivencia de sus colegas enfrente al centro comercial.

Los centros comerciales y recreacionales son importantes puntos de comunicación y han cambiado duraderamente el comportamiento de la población. Para muchas familias los centros son el destino de su paseo dominical. Esto rige sobre todo para los estratos bajos que no tienen los recursos para pagar viajes fuera de la ciudad. "Ver y ser visto" es el lema de las familias de estos estratos cuando frecuentan los centros comerciales con sus niños los fines de semana. Así quieren mostrar que "se pueden costear una visita al centro comercial". El centro tiene ofertas para todos: los niños se quedan en el parque infantil, los jóvenes frecuentan las salas de juegos electrónicos y las heladerías, los padres hacen sus compras y los abuelos disfrutan su paseo por los pasillos. Una atracción especial son los eventos culturales que ofrece el centro comercial y recreacional. Durante todo el año hay conciertos, obras de teatro, desfiles de modas, exposiciones de arte, etc. Especialmente en los centros de los estratos bajos se crearon atrios con este propósito.

Sin embargo, el acceso al nuevo mundo solamente es posible pasando por un "control de caras" en la entrada, ya que este espacio público es de propiedad privada. Según GERHARD (1994, P.63) se "privatiza la plaza" y se cierra el centro urbano para grupos marginales. Los centros comerciales y recreacionales son el espejo de una sociedad que se esconde detrás de muros y condominios y que no quiere saber nada de los problemas sociales. Sobre todo la juventud del estrato alto bogotano se cría en espacios cercados: del condominio cercado al colegio cercado y de allí al centro comercial cercado. En vez de enfrentarse con los problemas sociales reales, el estrato alto se salta de un lote "seguro" al próximo.

El centro comercial y recreacional es una utopía urbana: una ciudad ideal, en la cual no hay problemas ni crímenes. Llegando de la calle con su ruido y su contaminación, uno entra a un ambiente tranquilo que está lleno de vegetación, colores y música suave. En el centro comercial siempre es de día, nunca caen aguaceros y cada navidad es blanca. No hay lotes sin construir, muros embadurnados o construcciones en ruinas. En el microcosmos del centro comercial tampoco existen vendedores ambulantes, gamines, ladrones o prostitutas que puedan dañar la imagen. Están prohibidos los eventos políticos y la distribución de volantes. La observación en el centro comercial es total, todo se nota. A cualquiera que se comporte extrañamente inmediatamente se le acercan vigilantes para interrogarlo.

La realidad social se queda en el "vestuario" del centro comercial y recreacional. Aquí, el pueblo puede tomar unas vacaciones de la vida cotidiana y olvidar sus problemas. Esto se refiere a los estratos bajos aún más que a los estratos altos. En el mundo mágico del centro comercial no existen espacio ni tiempo. La revista HOY X HOY (1990, P.59) lo describe así: "Si sucede por ejemplo que el visitante entró a las 10 de la mañana ‚para hacer una vueltica' le dan perfectamente las 5 de la tarde." El peligro de la droga "centro comercial y recreacional" es que hace adicto y suprime la vista de la realidad social. Hay que asentir a RUBIO (1987, P.4) cuando dice que los centros comerciales son "una respuesta a los problemas que generaron por su propio concepto".

 

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