DEFINICION DE LA NEOETNIA LLANERA COLOMBO-VENEZOLANA COMO UTOPIA REALIZADA

Adolfo Rodríguez1

El etnónimo llanero de Venezuela y Colombia, usualmente tiene una connotación afirmativa. Los habitantes de los Llanos, en ambos países, lo asumen con ostentación. ¿La causa? Su función representativa de un ideario -una ideología- un modo de vida deseable para ellos y una modalidad o forma de producción y correspondientes prácticas políticas, religiosas y culturales en general, que funcionan como ritual reproductivo de un sistema societario de comprobada eficacia. La principal evidencia del hecho llanero como utopía es su coherencia: una interacción que se manifiesta, entre otras relaciones, en la que es posible advertir a simple vista entre los tres subsistemas fundamentales que definen el trabajo de llano: El llanero, el caballo llanero y el medio físico llanero. Estos interactúan, a su vez -con otras culturas-con otros animales y otras topografías, que se le articulan de manera contrastante o complementaria.

El llanero se autoidentifica como ejecutor del trabajo de llano, cultura del riesgo, la dicha y la sobriedad: una orientación emancipatoria de la particular etnicidad que funciona como acción para el mantenimiento y reproducción indefinida del ethos.

Cultura de la dicha, la sobriedad y el riesgo

Los llaneros Colombo-Venezolanos constituyen una de las etnias de filiación mestiza, que surgen del encuentro de los pueblos autóctonos de América con los grupos humanos procedentes de Europa y Africa. Un mestizaje que se localiza en la región de los Llanos de las actuales repúblicas de Venezuela y Colombia2 y que no se expresa en una dinámica estrictamente social y cultural, sino que tiene importantes implicaciones de orden ambiental derivadas de la presencia -en la misma región- de los grandes rumiantes (bovinos y equinos) venidos también de Europa, más o menos en la misma época: el Siglo XVI3.

La condición de neoetnia4 remite -lo entendemos a-sí- a un mestizaje cultural que opera a través de supervivencias y reetnizaciones, por lo que, en el caso de los llaneros, estos se identifican -en primer lugar- con el grupo o los grupos asentados en el espacio elegido por la nueva cultura: cumplen una función nucleadora que también es ejercida -complementariamente- por los modos de producción y demás prácticas socioculturales pre-llaneras.

La neoetnia llanera se manifiesta como opción cultural nueva en un instante indefinido durante el Siglo XVI5, en que el auge de la ganadería cimarrona en la región, promueve un inusitado interés por parte de la administración colonial asentada en la zona centro-norte-costera, que ante las posibilidades económicas representadas por esa multiplicación espontánea de los grandes rumiantes, inician allí, lo que algunos historiadores denominan "La invasión del Llano"6. Por lo que es importante apuntar que amén del hecho referido a las matrices societarias que concurren a la configuración de la neoetnia, y a la especificidad de la nueva cultura como trabajo de Llano, el llanero insurge como respuesta de emergencia frente al proyecto colonial dirigido al control y dominación, tanto de esas matrices como de su entorno.

El proceso histórico que da origen a la neoetnia llanera, no obstante el cambio ambiental y cultural representado por la irrupción de la ganadería bovina y equina en la región y la presencia de diversas etnias americanas, europeas y africanas en el espacio llanero, es una continuidad: transfiguración étnica, que no exactamente evolución. Para explicar esa situación, hablamos de dos hechos o dos fases que se situan en el tiempo como expresión de diversidad, no de cambio evolutivo: tiempo pre-llanero y tiempo llanero del Llano7, entendiendo por aquél el conjunto de prácticas de subsistencia propias de las etnias autóctonas8 cuya persistencia durante la fase propiamente llanera y durante la historia de conflictos a que es sometida la región, es producto de una legitimidad que dimana de la especificidad del ecosistema y de las opciones culturales pertinentes.

El tiempo llanero se inicia con la asunción del caballo por parte de las etnias de la región a manera de recurso para la caza o para el transporte. Esta pauta de comportamiento se asocia casi inmediatamente con la incorporación de la carne de res a la dieta de esas etnias que se adscriben a la cultura regional. Dichos comportamientos se erigen como contrastantes frente a los que predominaban en la fase pre-llanera, pero de ninguna manera conflictivamente ante ésta.

Imagen real, autoimagen e identidad

La etnia llanera de la Repúblicas de Venezuela y de Colombia es una utopía realizada. Principal postulado orientador para nuestro acercamiento a la autoimagen con la que dicha comunidad sociocultural se define y define a "los otros" con quienes interactúa. Aproximación a través de la información documental, apoyada en la dinámica endoculturativa a manera de mecanismo de "interiorización" en "los intereses del otro..." como una de las condiciones claves para una investigación cultural confiable. Recomendaciones modernas a tal fin proponen "convivencia y familiaridad con el nativo, atención a (la) particularidad extraña, descripción pormenorizada y apropiación hermenéutica de la singularidad del otro..." (Lisón Tolosana, C. 1983 pgs. 95, 96, 128). Identificación que ha de prever, en la medida de lo posible, adhesión y compromiso.

Postulamos asímismo la cualidad fundamental del hecho étnico, como utopía, si partimos de la premisa de que cada miembro de una etnia o grupo étnico -usualmente- asume el ethos particular como un bien deseable, a cuya reproducción se orientan coherentemente, los rasgos distintivos de la respectiva dinámica sociocultural. Ellos son signos expresivos de una intencionalidad, de un significado y de unos valores pertinentes a la naturaleza utópica de la etnicidad: es afirmativa en si misma y concurrente al proceso permanente de gestación y regeneración del corpus específico.

La representatividad máxima de ese ideal es el etnónimo que, entre los llaneros, debió aparecer contemporáneamente con tal fenómeno étnico y por lo tanto, antes de que en 1799 fuese oído por Humboldt y apuntado en sus libros de notas. La aparición del autodenominativo étnico en la literatura es un hecho decisivo para comprender la especificidad histórica del grupo social en cuestión.

Todo proceso étnico implica una interacción fecundante: cierta dinámica autoreproductiva y generatriz que se expresa en prácticas comunitarias o convivenciales, en un ámbito de satisfacciones dirigido al desarrollo pleno del conjunto y de todas y cada una de sus partes. Esta cuestión dice de la existencia de historicidades particulares y un sentido de continuidad, definido por la inserción de cada etnicidad en fondos -en cierto modo- inalienables y de índole primaria: ecosistémicos, productivos, organizacionales, rituales, etc. La índole fundacional que explica la legitimidad del ethos: su "locus" particular y su "traditio".

Asumimos que la universalidad se concreta en lo específico y también la utopía que, al fin y al cabo, no es más que la optimización de modos de vida únicos e irrepetibles, aun que comunicables: originalidades que se legitiman en la interacción garante del mantenimiento y existencia permanente de lo que por original no debe ser extingido.

La cuestión de la continuidad dice de una dialéctica cíclica, inherente a toda dinámica productiva y reproductiva: una regularidad sustentadora de la disponibilidad para persisitir, para la ritualidad, para la homeóstasis y, desde luego, para resistir en caso de conflicto y resurgir luego de desaparición.

Un "tempus primordial" que sobrevive, se prolonga, persiste, haciendo aún más compleja la cuestión del llamado tiempo histórico.9  Aquel correspondería a ese tiempo cíclico de la conexión del hombre con la naturaleza, que, además es conexión con todo cuanto proporciona vida y es nutrimento de utopía.

El tiempo primordial de la neoetnia llanera es una continuidad entre espacio y culturalidad, entre nueva etnicidad y etnias matrices (indígenas, africana y europea). La circularidad inherente a este tiempo se explica por la comprobada eficacia del mismo en el mantenimiento del modelo. Existe una condición estabilizadora, que no implica estancamiento.

Para comprender tal estructura y su particular movimiento, nos servimos del enfoque acerca de lo múltiple y lo unitario sugerido por el diferencialismo dialéctico, paradigma antropológico resultante de reflexiones contemporáneas dirigidas a la elaboración de una teoría general de las sociedades (Mosonyi, E. E. 1982). El análisis respectivo consistiría en la determinación de índices y síntomas, para lo cual la antropología funcionaría como semiología o hermenéutica (Lison Tolosana C. op. cit. pg. 93).

La complejidad es también inherente a la etnicidad, como hecho utópico que es: consagra un vasto entramado de territorialidad, de estructura societaria, de modos de ser, prácticas colectivas que proceden homeostáticamente, uno de cuyos mecanismos de relojería es la autosatisfacción ante la mismidad y sus específicos componentes10.

Las etnias en cuanto que sociedades convivenciales alcanzan sus niveles de desarrollo coexistiendo con la naturaleza, compartiendo interfecundantemente sus habitantes y procurando convivir armónicamente con otros pueblos, en el marco de una "armonía y (un) equilibrio con el cosmos". La dinámica atribuida al aprovechamiento de "los recursos internos de (los) propios modos de producción, ... (la) base histórica y ... su identidad, trabajando en el seno de los límites inherentes a su propia formación (Lison Tolosana C. op. cit. pg. 31-32).

La armonía como meta del modelo societario étnico plantea la cuestión de la posibilidad cierta y cumplida de una autodirección social eficaz más allá de lo estrictamente ecobásico11. La dinámica utópica implica conocimiento y control del tiempo, el espacio y todos y cada uno de los hechos constitutivos de la especificidad social: la etnicidad, hecho étnico o utopía étnica funciona -como mínimo- a través de un triple haz de conciencias, que concurren al proceso vitalizador y revitalizador de tal hecho.

En primer lugar, existe un autoconocimiento o auto-entidad, que permite una conciencia de los propios límites y alcances, de la mismidad y de la otredad y cuando redunda al proceso autoreproductivo, un sentido de pertenencia, denominado por Lison "focos primarios de diferenciación" (Lisón T. op. cit. pg. 100). Estos los entendemos como hechos espaciales, societarios, productivos, culturales, etc.

En segundo lugar existe una coherencia entre las partes constitutivas de la etnicidad: dinámica interfecundante al interior del grupo, que a su vez condiciona para comportamientos complementarios, convivenciales y no conflictivos, frente a "los otros" étnicos: conducta de reprocidad, al interior y a lo externo, intensiva y no extensiva12. Esta disponibilidad que se manifiesta en el individuo consigo mismo, frente a alter y con respecto al particular ecosistema y macrocosmos.

Por otra parte, se da una orientación ideológica productiva (Fromm E. y Maccoby, 1974 pgs. 101 y ss) o fecundante y que caracteriza todo ser o colectividad impetuada por la necesidad de vivir y dejar vivir. A tales hechos de etnicidad, nos hemos permitido denominarlos energías étnicas o energías utópicas, orientadas a fortalecer el proceso dinamizador de ethos específicos, su mantenimiento y desarrollo: un etnodesarrollo que define la particular manera de ser, estar evolucionar cada etnia13.

Creemos que este enfoque vincula la ideología de lo interfecundante con una dialéctica de la diferencia que, por lo expuesto, implica diálogo creador y no unicentrismo: la diversidad y la pluralidad como complementarios a la especificidad, a lo que vive y da vida. El "corpus misticum" de la etnicidad, como hecho totalizador expresado en coherencia y utopía demanda un comprensión que va desde la connotación autoafirmativa del etnónimo hasta la determinación de la fuerza representativa de cada uno de los componentes del particular fenómeno étnico: la espaciedad, el modelo laboral, la organización societaria y política, como fuerzas dirigidas al sostenimiento de una conquista humana definida por la autosatisfacción de las particulares necesidades y la consiguiente dicha.

Tales hechos caracterizadores de la utopía étnica llanera configuran este ensayo investigativo.

La Totalidad y la Utopía

La cuestión de una utopía llanera pasa por la asunción del "trabajo de Llano",14 15 como síntesis de los procesos auto-organizativos de la neoetnia: la acción en el plano pragmático, congnitivo, afectivo y estético, orientada en función de la apuesta en disponibilidad del sicosistema regional para los requerimientos auto-reproductivos de la especificidad ambiental.

Con lo cual estamos asumiendo la noción de "trabajo de Llano" como la adscripción de la cultura de la res y del caballo en el marco de los modos de vida convivenciales americanos, frente a la noción de "trabajo de Hato", en cuanto a que actividad productiva, dinamizado fundamentalmente por una economía de excedentes. La dinámica del "trabajo de Llano" se fundamenta en la interrelación de tres grandes invariantes, que no pueden faltar sin que el modelo sociocultural sea afectado en su estabilidad. Ellas son: el hombre llanero, el caballo llanero y el medio físico llanero.16

Uno involucrando al otro, y cada cual, aisladamente, conteniendo al conjunto son totalidades cada una, son representativas del todo del que surgen y al que retornan para auto-reproducirse y participar en el proceso de reproducción global. Su dinámica es una interinfluencia que representamos con un triángulo cuyos vértices se comunican (Gráfico Nº 2a).

La interacción dialéctica que no es oposición a otros hechos de la dinámica étnica y regional, que estimamos más bien complementarios y, en todo caso, contrastantes, no conflictivos. Los modos de producción no llaneros, en el sentido cultural o diferencial, son: el de los vegueros, el de los pescadores, la recolección, la caza, etc 17.

Los animales forman parte del habitat llanero en general y del habitat pecuario en particular: uno de los personajes llaneros del libro de Antonio José Torrealba, establece que: "Después del caballo, viene la vaca...", agregando: "la caña, la gallina y la oveja son tres factores útiles a los llaneros, pero... quedan abolidos ante la vaca y el caballo" (Torrealba, A. J. II, 1987, pg. 530).

Los espacios que interaccionan con el ecosistema propiamente llanero es decir, con la sabana. José Balbino León -refiriéndose al medio ambiente- explica esa relación así:

A la sabana intervenida hay que considerarla integrada a los bosques de galería a los morichales, a las sabanas arboradas y a las formaciones boscosas que contienen o se localizan en sus fronteras... (León, J. B. 1981 pg. 65).

Gráfico Nº 2. Dinámica del Trabajo del Llano. (Adolfo Rodríguez, 1991)

Una dinámica que podemos representar ampliando el gráfico ya examinado (Gráfico Nº 2b). No es aventurado decir, de acuerdo con lo sugerido por Dubos (1986, pg. 150), que la parentela del llanero debe localizarse más allá de lo prescrito por la genealogía convencional. Sus progenitores serían la tierra y sus formas más significativas para la cultura regional: la sabana, el monte, el río; sus hermanos: los animales, las plantas, etc. El caballo, de fundamental importancia para la étnia llanera, se identifica por los miembros de ésta, unas veces como progenitor y en ocasiones como hermano.

La revisión documental acerca de los llaneros de Colombia y Venezuela, confirma buena parte de las observaciones presenciales, que generan usualmente impresiones más bien afirmativas que negadoras de su especificidad étnica. Tal registro nos permite evidenciar que existe una conciencia de una territorialidad que oscila entre lo unificador restrictivo (la amplitud, la bipolaridad climática, la variedad ecosistématica) y lo diferenciador dialéctico (opciones productivas, modos de vida, patrones culturales, etc.). Por otra parte, anotamos una interdependencia entre lo pautado y lo libre, lo lúdico y lo ceremonial, la sobriedad y el despliegue de capacidades 18.

La cultura llanera es la cultura de autorestricciones y riesgos, balanceada con la diponibilidad grupal hacía lo estético y una ética particular al respecto19. Además es la cultura del riesgo, la sobriedad y la dicha como estrategias específicas para la reproducción del contexto étnico (la particular lógica de autosubsistencia).

El hecho societario y cultural es una totalidad maciza e integrada al ambiente, que garantiza continuidad indefinida real o potencial de los modos de producción, modos de vida, sistema de valores, etc., alternativos. La orientación convivencia) tanto con el medio ambiente como con "los otros" gira alrededor de garantizar la propia reproducción y la de la vida en general20. Existe un carácter irrepetible del sistema productivo, distributivo y de consumo de los bienes materiales y espirituales, a manera de opción original, no competitiva, sino contrastante o complementaria a otras de igual condición.

El carácter deseable o utópico de cada sistema étnico, define a su vez su voluntad de persistencia o recuperación y por lo tanto, un cuerpo de condiciones objetivas y subjetivas conducentes a tal fín: hechos "productores", según la denominación de Lisón T. (op. cit. pg. 148), que consideramos intercambiables con esos "límites" que es indispensable accionar, grupal o individualmente, para el sostenimiento del modelo. Una ideología o sistema valorativo, que unifica a los miembros del grupo, para generar acciones que en el marco de las etnias, funcionan como rituales de reproducción 21.

El ethos llanero se ha forjado por la dialéctica del trabajo de llano, el caballo llanero y el medio físico llanero, que en actitud convivencia) con los demás modos de vida, animales y ecosistemas regionales, se ofrece como hecho singular y convivencia) al mismo tiempo. La cultura llanera se presenta como una opción legítima en el contexto de alternativas válidas para una existencia humana plena de satisfacciones materiales y espirituales: una utopía realizada.

La especificidad histórica, territorial, económica, política, societaria y cultural de los Llanos, debe ser considerada como variable fundamental en el proceso de definir el desarrollo deseable para dicha región: el etno-ecodesarrollo pertinente para los llanos Colombo-Venezolanos.

No creemos posible visualizar con un cierto margen de objetividad la historia de los Llanos Colombo-Venezolanos, si se excluye la presencia de esa historicidad primaria, omnipresente, legítima en sí misma, subsistiendo convivencialmente en el marco de relaciones intraétnicas e interétnicas, o enfrentándose de manera conflictiva a los hechos extensivos que intentan oprimirla, suprimirla o negarla.

1
Universidad Nacional Experimental de los Llanos Centrales. Rómulo Gallegos. San Juan de los Morros. Ed. Guárico. Venezuela.
2
Para la caracterización de la Región de los Llanos de Venezuela y de Colombia véase Morales, Faustino 1978; Vareschi, V. 1982.
3
Sobre los orígenes de la ganadería llanera, véase las obras de Julio de Armas, 1974; Pablo Vila, 1969 y Adolfo Rodríguez, 1988.
4
E. E. Mosonyi propone la denominación de "neoetnia" para catalogar, entre otras, a las sociedades campesinas que continúan históricamente, "en cierta forma", las antiguas formaciones indígenas, que subsisten, muchas veces, de manera encubierta y en otros casos, "destruidas", desmanteladas "por los procesos de conquista y colonización..." (1982 pg. 39). Ribeyro incluye a los llaneros venezolanos entre "los pueblos nuevos" de América Latina resultantes de "la potencialidad de la protoetnia neoamericana" (1969 pg. 98-100).
5
No existe ninguna investigación acerca del proceso que da lugar al nacimiento de la neoetnia llanera, pero hay pronósticos confiables que nos permiten postular que aflora, como alternativa de mestizaje y de respuesta defensiva-ofensiva aproximadamente en el siglo XVI.
6
"La invasión del llano" como la cataloga Izard (1983 pg. 14-17) o el cerco del llano, que explica con bastante acierto Adelina Rodríguez Mirabal en 1987, es un fenómeno estrechamente vinculado al surgimiento de la neoetnia llanera.
7
La catalogación de "tiempo llanero" para la fase definida por la aparición de una cultura del caballo y de la res en el llano, estimamos que es atinente a la fase mencionada por la procedencia hispánica tanto del término como de algunos rasgos culturales que en él se observan. Además el anónimo "Llanero" es un auto-gentilicio que los llaneros toman del español para distinguirse de "los otros", tanto de manera nominal como sustantivamente, expresando con él todo un sistema significativo.
8
Acerca de las etnias del llano antes de la conquista, véase Sanoja M. y Vargas, 1974.
9
Véase "tiempo primordial y tiempo final" de G. Vander Leeww, en Adolfo Portmann, et al. 1970 y G. Dorfles 1973 pg. 116-119.
10
D. A. Rangel, no sin acierto, apunta que en los Llanos se prolongó la guerra de conquista, atribuyendo tal hecho a la lucha "contra el tremedal y el desierto" que obliga a que "el terrateniente español" prosiga "siendo un soldado, pues para este tipo de actividades se necesita el temple de la milicia" (1974. I pg. 22).
11
Kateb y Skinner apuntan que "la palabra armonía es sin duda muy ambigua de por sí. Sin embargo, es obvio que este término es simplemente una forma breve de referirse a una serie de condiciones sociales, cada una de las cuales es una manifestación de dicha armonía. Entre estas condiciones figura la paz perpetua, la entera satisfacción de las necesidades humanas; un trabajo satisfactorio o un ocio fecundo, o una combinación de ambos; una extrema igualdad, o una igualdad basaba en causas racionales; la ausencia de la autoridad, o la participación alternativa de todos en ella, o su delegación en manos de quienes aspiran con derecho a ella; y una virtud casi sin esfuerzo por parte de todos los hombres..." (1977). A los efectos del desarrollo de nuestro punto de vista acerca de la sociedad llanera como grupo social orientado cognocitivamente hacia la convivencialidad y el equilibrio, hemos asumido la idea al respecto como equivalente de la noción de "ecobase" o "base ecológica de un área espacial", configurara por hechos físicos, bióticos, socioculturales y peculiarizada para resistir por sí sola "perturbaciones externas" (tendencia a la estabilidad), para desplazarse a otro sitio y regresar a él (tendencia a la elasticidad o a la continuidad), etc. (León J. B., 1981 pg. 71).
12
Michaud define el grupo étnico como: a) una realidad colectiva históricamente y generalmente estable, lo que hace a los factores de tradición y conservación presentes; b) sin embargo, en transformación permanente, lo que hace a los factores de innovación y cambio; c) que mantiene patrones de interacción con sus vecinos próximos o lejanos (Michaud 1978, pg. 115; Serbin 1986 pg. 32).
13
Acerca de la dialéctica de la tradición y el cambio, véase los desarrollos teóricos siguientes: la conceptualización de "inconciente" propuesta por C. Lévi Strauss (1972); la idea acerca de modos de producción "dominados" que no son subyugados plenamente por los "dominantes" (Chesneaux, 1977 pg. 175), así como la noción de razón emancipatoria, omnipresente, que puede ser reprimida, pero no suprimida, propuesta por Habermas e interpretada, a los fines de una explicación del fenómeno de la diferencialidad cultural y las identidades colectivas, por Jorge Mosonyi (1982). Así mismo vale la pena mencionar las nociones de J. Jahn, acerca de lo "restafricano" y lo "neoafricano" (1963, 32).
14
Definimos "trabajo de Llano "en oposición a " trabajo de Hato".
15
La noción más usual de vocablo "utopía" es de índole negativa: remite a una realidad inexistente, un proyecto, un anhelo, algo por venir (Neususs, 1971 pg. 14-17) - que implica por lo tanto-negación de lo existente (Marcuse, 1969 pg. 17-42). Y se refiere a un evolucionismo unilineal. La conceptualización diferencialista dialéctica de la cultura puntualiza acerca de posibilidades que también son localizables en el presente y en el pasado. No solamente en el futuro como impone la etimología de utopía: ningún lugar (Neususs, 1971 pg. 83).
16
La mayoría de los autores que han escrito sobre los llaneros se han propuesto definir esa presunta trilogía de factores que los peculiarizan: Simón Bolívar, a fín de ponderar su potencialidad bélica, hace referencia a sus lanzas, a sus caballos y a sus desiertos. Rafael Bolívar Coronado apunta que sus "dioses son la mujer, el caballo y la guitarra" (1846, 1922, pg. 16), _una selección dirigida a identificar al llanero con lo amatorio. José Antonio De Armas Chitty dice que "caballo, res y mujer son los elementos centrales de su mundo" (1979 I pg. 61). Esto en cierto modo reproduce lo dicho por Bolívar Coronado. Para Ovalles, el café, el caballo y la hamaca son "los dioses penates -esto es, domésticos- del llanero" (1905) opinión que toma de Carlos Palacios (1891, 1967) y que Eloy G. González confiesa compartir (1906).
17
Mario Sanoja sostiene que los grupos aborígenes que habitaban el bajo y medio Orinoco -desde los primeros siglos del último milenio antes de Cristo-, practicaban un sistema de subsistencia que combinaba la caza con la pesca fluvial, la recolección de caracoles terrestres y los bivalvos de agua dulce con el cultivo y consumo de la yuca amarga en forma de casabe. Agrega que estaban ajustados a las fluctuaciones estacionales muy marcadas del Llano (1981 pg.181-182). Estos modos de vida étnicos de acuerdo con la lógica de la continuidad que los caracteriza, persisten si no a través de la misma cultura, transfigurados en las neoetnias llanera, veguera etc. que los suceden en el Llano a raíz de la penetración de componentes bióticos y culturales provenientes de Europa. La persistencia cultural es más probable cuando tambien persisten los ecosistemas. Algunos autores insisten en atribuir a los llaneros cualidades de cazadores. Otros hacen referencia a su disponibilidad de mantener dentro de un espacio pecuario (i.e. hato), un pequeño conuco o majada (Calzadilla Valdés, 1948 F. 1948; Hernández, L. 1980; Balza Donatti C. 1955 pg. 21)
18
Quijano apunta que "las tradiciones y leyendas... contienen elementos protectores" (Huizer, 1980, 28). Es decir, reguladores. O como apunta Foster en su tesis acerca de "la imagen del bien limitado", son "mecanismos de autocorrección" que velan por el equilibrio de la comunidad (Wagley at alt, 1974, 73).
19
En las conclusiones de su trabajo sobre el saber, el conocimiento y la educación de los llaneros, Mariano Herrera enumera "quelques unes des característiques les plus importantes qui peuvent étre considerées comme vivantes au sein de la culture des llaneros au jourd'hui, et qui nous montren en quoi ces choix sont différents de ceux de la rationalité de la dominatión" (1983 pg. 407), identificables con la definición de etnia que empleamos.
20
Barth denomina "límites étnicos" en el orden social o territorial, aquellos que disponen las "normas que determinan pertenece al grupo y los medios empleados para indicar afiliación o exclusión". Tales "límites" orientan "la interacción" y garantizan "la persistencia en situaciones de contacto..." (1976: 18). Para Barth "los rasgos o contenidos culturales más representativos de la etnia, sus signos manifiestos o señales, son rasgos diacríticos que los individuos esperan descubrir y exhiben para indicar identidad..." (1976 pg. 16).
21
La noción de valor en el marco del presente enfoque, la asumimos con el concepto propuesto por Heller: como "todo aquello que en la esfera que sea y en comparación con el estado de cada momento contribuye al enriquecimiento de aquellos componentes esenciales..." (1972: 23). Intercambiable con la noción de "energía" aquí propuesta.
Comentarios (0) | Comente | Comparta c