CAMINOS REALES DE COLOMBIA
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El ingeniero militar y geógrafo español Antonio de Arévalo, autor de gran parte de las murallas de Cartagena, escribió en 1761 sobre el contrabando en el golfo de Urabá, en el río Atrato y sus tributarios:

«...el de Guacubá es bastante caudaloso y navegable por muchas leguas para subir a la provincia de Antioquia, cuya capital estará a cosa de diez y seis leguas de su boca, ocho de navegación y ocho de camino de tierra bueno, pero éste no está permitido, y sólo lo saben y usan los contrabandistas para las introducciones ilícitas de géneros que compran a los extranjeros que frecuentan el golfo para este trato...»( 5 )

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Mapa del camino proyectado para la comunicación de las provincias de Antioquia Chocó, llamado Camino Urrao. Año de 1798. (A Mapoteca 4, mapa 499 A)

Según Arévalo, estas actividades generaban fuertes ganancias, gracias a la rapidez y facilidad del transporte, con un costo excesivamente inferior al que tenía por el camina terrestre en que se empleaban hasta tres meses ordinariamente. Las embarcaciones río arriba tomaban ocho días hasta el pueblo de Murrí. Seguidamente se cambiaba a unas más pequeñas para internarse con más facilidad en el Chocó, Popayán y Antioquia, a través de ríos navegables, que para entonces tenían muy pobladas sus riberas. Se introducían así las mercaderías, con facilidad y costo reducido, en la rica zona minera.

La navegación prohibida par la ley con pena de la vida no impidió el permanente e intenso comercio ilícito con ingleses y holandeses, sin que las autoridades españolas hicieran en la misma proporción, ejecuciones de contrabandistas.

El veto fue levantado en 1770 y a partir de entonces el Bajo Atrato entró paulatinamente al dominio comercial de Cartagena( 6 ). La restricción de la navegación
fue contraproducente para el desarrollo del Chocó si consideramos que desde finales del siglo XVII, las cuencas de los ríos chocoanos se constituyeron en el distrito minero más próspero de la costa pacífica, hasta darle a Popayán su característico esplendor en el siglo XVIII.

La riqueza aurífera no le sirvió al Chocó para reducir el aislamiento y la dificultad en las comunicaciones terrestres, ni para menguar las trabas a las fluviales. Tampoco el sistema político administrativo colonial lo liberaba de la dependencia, como zona periférica, de los centros de poder: Popayán, Cartagena, Santafé y Antioquia.

El cierre del Atrato obligó al aprovisionamiento legal de manera casi exclusiva por el San Juan, y desde el interior del país se utilizaban las vías terrestres por los Andes. Ya en 1717 los pobladores decían que las tierras del Chocó eran «... tan agrestes y faltas de todo género de mantenimientos, pues se experimento que aún los frutos que produce la tierra de maíz y plátanos, que es el abasto para las cuadrillas y demás habitadores, es con tanta escasez que ha perecido por su falta, de dos años a esta parte, más de trescientas piezas de esclavos, aparte de otras cuatrocientas que han desamparado las labores de minas de oro en que estaban entendiendo y operando ...»( 7 )

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El tranvía. Óleo del maestre antioqueño Humberto Chaves, 1947. «El transporte urbano empezó a hacerse masivo con la aparición de los "tranvías", tirados por bestias, en los cuales se acomodaban aproximadamente 20 personas. Cuando los caminos de herradura fueron ampliados, este sistema permitió la interconexión de poblaciones vecinas. Un tranvía de mulas cargado de pasajeros". (Cortesía de la presidencia de Fabricato SA.).

De caminos regulares al Chocó, se puede hablar sólo en el siglo XIX. Antes existían únicamente la ruta fluvial por los ríos Calima y San Juan hasta Nóvita y los senderos que partían de Cartago, Anserma y Santa Fe de Antioquia por Urrao, sólo para viajeros y cargueros a pie, quienes conducían a cuestas los abastos de carne salada, panela, queso, hierro y sal.

TODOS LOS CAMINOS CONDUCÍAN A CARTAGO

Cartago cobró importancia desde la Colonia por su carácter de centro de la estrella vial del occidente, confluencia de los caminos que venían de Mariquita, Cali y Popayán, Medellín y Santa Fe de Antioquia, Nóvita y Quibdó; o sea, las rutas del cacao y el ganado del Valle, las telas bastas de algodón del Socorro y los géneros de Quito, el oro y los vinos españoles introducidos por el Atrato( 8 ), la sal yodada de guaca y los canastos del San Juan.

El Chocó no poseía grandes extensiones de tierras desmontadas y el clima ecuatorial lluvioso impedía las siembras haciendo penosa allí la vida. Necesitaba importar casi todo lo que consumía. Sus poblaciones, dispersos reales de minas, no permitieron formar una mínima red de ciudades para mantener comunicaciones fluidas y permanentes. Los centros urbanos más importantes fueron Nóvita a orillas del San Juan y Quibdó en la ribera del Atrato. En 1850 el vasto territorio sólo albergaba cerca de 40.000 habitantes.

El camino de Cartago a Nóvita fue más escabroso que el del Quindío o el de Herveo. La disponibilidad de cargueros y muleros no lo hacía menos complicado debido a la lluvia permanente, la niebla espesa y el piso siempre encharcado y resbaloso. La construcción de los campamentos incluía tarimas de guadua y barbacoas para poder dormir.

La ruta que partía de Ansermanuevo y llegaba a Nóvita, Chamí y Riosucio demoraba cerca de 34 días, en una penosa marcha que se alargaba par las dificultades del terreno y los rodeos que era necesario hacer para pasar la cordillera. La distancia era indeterminable, por las sinuosidades de los ríos a los cuales confluía el camino con frecuencia. El viajero y científico francés Juan Bautista Boussingault que lo recorrió en 1827 determinó las siguientes distancias en millas:

Ansermanuevo a Juntas de Tamaná

24

Por el río Tamaná, de Juntas a Nóvita

14

De Nóvita a San Juan

8

De San Juan a San Pablo

8

De San Pablo a Tadó

10

De Tadó a las Bocas de «Jatmo» (sic)

19

A lo anterior, dice el viajero, se agregan aproximadamente 39 millas de rodeos propios quizás del cruce de la cordillera entre el pueblo de indios de Chamí, Guática y Riosucio, no precisados por el informante, como se observa en el trazado levantado a partir de la información contenida en las memorias de viaje( 9 ).

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La turega. Óleo del maestro antioqueño Humberto Chaves, 1947. "Cuatro fuertes y mansos animales, dos adelante y dos atrás, dos gruesos troncos y hábiles arrieros, como se ve en la ilustración, hicieron posible que antes de los ferrocarriles y mucho antes de las carreteras, pesadas máquinas, pianos y pianolas, calderas y otros elementos, llegaran de los puertos hasta las ciudades para la industrialización del país y para la recreación de los colombianos. Cuatro bueyes llevan un tanque metálico en turega». (Cortesía de la presidencia de Fabricato SA.).

El médico francés Charles Saffray atravesó de sur a norte toda la provincia del Chocó mediante la utilización de excelentes caminos de agua. Partió de Buenaventura y remontó el río San Joaquín durante un día de navegación; continuó a pie tres horas hasta la orilla del río Guineo para abordar una piragua hacia el Calima; este aguas abajo a desembocar al San Juan, río fácil de remontar hasta Nóvita y el caserío de San Pablo. Desde allí le bastaron cinco horas de camino terrestre para arribar al río Quito y aprovechar su corriente por dos días, llegar al Atrato, pasar par la ciudad de Quibdó y luego bajar al golfo del Darién donde sumó un total de 675 kilómetros( 10 ).

El célebre geógrafo Agustín Codazzi hizo una travesía similar a la de Saffray en 1819 pero en sentido contrario. Codazzi venía a comerciar en el Chocó con artículos que trajo desde Jamaica. Pasó por Murrí, San Miguel, Bebará, Beté, Lloró, Tadó y Bagadó. En Citará, hoy llamada Quibdó, vendió vinos de Burdeos, aguardiente de Ginebra, jamones de Holanda, barriles de blanca harina, paños, pañuelos y telas; hilos, agujas y tijeras; medias, zapatos y cuchillos. Aunque el abundante oro del Chocó todo lo podía comprar, la escasez de todo tipo de géneros era la nota predominante.

Notas

( 5 ) Citado por: Parsons, James. La Colonización antioqueña en el Occidente de Colombia. Banco de la República, Bogotá, 1961; pág. 142-143.( regresar a 5 )

6 ) OSPINA VÁSQUEZ, Luis. Industria y Protección en Colombia. 1810-1930. Medellín, 1955. pág. 24.( regresar a 6 )

( 7 ) COLMENARES, GERMÁN. Historia Económica y Social de Colombia. t. II. Ed. La Carreta, Bogotá, 1979. pág. 90.( regresar a 7 )

(8 ) Casi todos los viajeros que circulan por el occidente dan cuenta de muchos artículos europeos consumidos corrientemente por sus habitantes: Boussingault, Juan Bautista. Memorias. Banco de la República, Bogotá, t. 4, pág. 37. Codazzi ,Agustín. Memorias. Banco de la República, Bogotá, 1973, cap. IX. Brisson, Jorge. Exploración en el Alto Chocó. Imprenta Nacional, Bogotá, 1895.( regresar a 8 )

( 9 ) BOUSSINGAULT, op. cit., pág. 152( regresar a 9 )

( 10 ) SAFFRAY, CHARLES. Viaje a Nueva Granada. Biblioteca Popular de Cultura Colombiana. Bogotá, 1948; págs. 315 y ss.( regresar a 10 )

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