CAMINOS REALES DE COLOMBIA
©EL CAMINO DE GUANACAS: UNA PEQUEÑA HISTORIA DE CONFLICTOS Y AMBICIONES

Finalizado el ciclo de la guerra contra los pijaos y consolidada la ruta que facilitaba el paso al Magdalena y de éste a la capital del Nuevo Reino, los descendientes de los capitanes de conquista, que habían participado en el exterminio de los grupos étnicos de la tierra situada entre «los dos ríos», pronto dieron rienda suelta a sus ambiciones de poder, riqueza y prestigio, argumentando ante la Audiencia de Santafé y la Corona sobre sus méritos para influir en los destinos de la Gobernación y obtener, de esta manera, los pingües beneficios que deparaba la administración y el ejercicio de la justicia.

183.jpg (7450 bytes)

Entrada a Popayán. Grabado de Riou. (Tomado de: América Pintoresca, tomo 3, 1884. Edición facsimilar de Carvajal y Cía. 1980-1982. Biblioteca particular de Pilar Moreno de Ángel).

Así, en 1648, Diego del Campo Salazar, solicitó al gobernador de Popayán el disfrute del portazgo del camino de Guanacas y de los pasos de los ríos de La Plata y Magdalena. Para conseguir su objetivo este descendiente de capitanes de conquista hizo relación de las hazañas de su padre y de su abuelo en la pacificación de los pijaos, en la penetración del país de la canela y en la apertura del camino de Buenaventura. En esta relación don Diego no sólo contó las penalidades que soportaron los conquistadores, sus sufrimientos y los dispositivos que emplearon en la lucha contra los nativos, sino que también informó de los artilugios usados para vadear los cauces de los ríos que encontraron a su paso: «Andrés del Campo Salazar... atravesando ríos caudalosos con sogas y tarabitas... fue el primero que usó este artificio... en el río de Páez»( 8 ).

Ante el prestigio y la importancia que tenía don Diego del Campo Salazar en Popayán, el gobernador de esta ciudad le concedió el beneficio del portazgo y violó los límites de su fuero gubernativo y la jurisdicción política oficialmente reconocida. Este hecho precipitó, desde este momento en adelante, un conflicto de competencias, que duró más de cincuenta años, entre el gobernador, la Audiencia y la corona, la cual a la larga tuvo que sancionar a todos aquellos que, fundamentándose en sus preeminencias, habían perjudicado la construcción del camino y el recaudo de las rentas reales.

En relación con el camino de Guanacas, el conflicto deja entrever la insuficiencia tecnológica de los españoles y sus descendientes para enfrentar y dar solución a los obstáculos y dificultades que los ríos caudalosos y las invernadas causaban en la vía y a los viajeros que debían transitorla; de hecho, esta no era una ruta practicable durante todos los meses del año.

De otra parte, tanto don Diego del Campo Salazar como sus herederos, en la práctica se negaron o sufragar los gastos que demandaba la obra (hombres y herramientas), puesto que lo único que les interesaba era el cobro del portazgo y del peaje en los puentes, así como el ejercicio de la justicia entre los viandantes y los «indígenas» que vivían en las inmediaciones del camino. Esta situación dio por resultado que los malos pasos nunca se repararan, que su trazado no se rectificara y que el tránsito de hombres y mercaderías se restringiese afectando con esto las rentas de la corona y los intereses de los Campo Salazar quienes, viendo el lamentable estado de la vía y de su fortuna, quisieron resolver esta última circunstancia a costa de los «indígenas» paeces a quienes despojaron de sus tierras, frutos y sementeras( 9 ).

A esta altura del litigio don Diego del Campo había muerto, quedando a cargo de los destinos de la familia su hijo don Lorenzo, el cual tampoco supo dar solución adecuada a los problemas de esta senda y mucho menos obtener los rendimientos esperados por la corona( 10 ). De hecho, este conflicto no sólo se debió a los intereses un poco oscuros de los Campo Salazar, sino a la ideterminación de los límites jurisdiccionales de los gobernadores de Popayón quienes difícilmente pudieron establecer hasta dónde llegaba su capacidad gubernativa en el territorio de frontera que cruzaba este camino. Cien años más tarde, en 1779, el recaudador del pueblo de Suín informaba que era necesario «que los indios.., vengan a pagar sus tributos... (y)... que se reduzcan  a sus pueblos todos los que se hallan dispersos en aquellos despoblados»( 11 ).

A la muerte de don Lorenzo del Campo Salazar, el gobernador de Popayán, don Gerónimo de Berrío, decidió entregar el disfrute del portazgo a don Pedro León de Mera. Para los herederos de don Lorenzo esta situación era inaceptable ya que el gobernador desconocía el gasto de la hacienda de los Campo Solazar en esta obra que ascendía, según ellos, a la no despreciable suma de 20.000 patacones. Además, en concepto de estos personajes, los descendientes de don Pedro León de Mera eran «desacomodados de la solemnidad» ya que lo estirpe de éste y de sus hijos carecía de legitimidad social( 12 ).

Aunque este litigio lo ganó a la postre el tronco familiar de los Campo Salazar, todavía en 1706 se notaba, en el camino de Guanacas, la nula disposición de don Antonio para reparar los malos pasos de la vía y así facilitar el viaje a los transeúntes, ganados y mercaderías. A este personaje, al igual que a sus antecesores, lo único que le interesaba era el disfrute del portazgo y su derecho de ejecutar «pronto y cumplida justicia» en todos aquellos que en su concepto defraudaran su hacienda y no cumplieran con las capitulaciones.

«...estoy presto a dar las fianzas necesarias... [y] .. . por tiempo de veinte años a tener los caminos corrientes y con empalizadas, tambos y puentes y todos los demás requisitos que necesitasen desde los tambos de Malvasá hasta la salida de las laderas de Paez, que hay en este camino catorce a dieciséis leguas... y que me obligo... a pagar puntualmente a los indios.. .para dichos avías y aderezos... a dos patacones por mes... que corresponde a medio real por día Fuera de darles de comer. Así mismo me obligo de tener herramientas... de barras, palas, hachas y aguinches con hombres blancos y de satisfacción que acudan... a los reparos que cada día se ofrecen. Así mismo me obligo a no llevar portazgo ninguno a los señores ministros que pasasen ni a los religiosos, indios ni otras personas privilegiadas; en la que toca a la bestia en que fuesen, de la cama y matalotajes. Y así mismo se me han de dar efectivamente sesenta indios, todos los años, del pueblo de Guanacas de adonde soy encomendero... así mismo se me han de dar a mi o a las personas que ya tuviese, en el dicho sitio de Guanacas, jurisdicción de poder conocer de cualesquier causas criminales en primera instancia y remitir y prender ladrones, salteadores negros e indios forajidos y en particular los que quemasen los tambos, pudiéndolos coger a los que lo hiciesen obligándome a que las causas que se hiciesen y no pidiesen breve castigo a remitirlas, las de los indios, a sus corregidores y las de españoles, mestizos y mulatos a las justicias de sus distritos; y así mismo se me han de pagar a dos reales por cada carga y una por la mula... pero con la expresa condición y calidad que ninguna persona pueda pasar sin pagar el dicho portazgo así de los mercaderes, comerciantes, como todos los que pasasen con cargas así de ropas de la tierra, de Castilla, sal y otras cualesquier géneros; que para ello pueda yo o la persona que allí tuviese cobrar lo que importase quitando mulas y otras prendas hasta que lo paguen si acaso pasase de mandato de Vmd o otro juez... alguna saca de ganado ha de ser pagándome de cada cien cabezas cinco y aun con esto tasadamente habrá para el reparo de lo que damnifican los dichos ganados los caminos... »( 13 ).

185.jpg (8460 bytes)

Mapa de distancias de la Villa de la Purificación, Tolima, a los territorios asignados a la administración particular de tabacos. Año de 1783. (AGN, Mapoteca 4, mapa 615 A) .

EL CAMINO DE GUANACAS Y EL TRÁNSITO DE VIAJEROS Y MERCADERÍAS

Retomando el hilo de los acontecimientos, para el siglo XVIII todavía no se habían solucionado los problemas seculares que afectaban esta vía. El primero de ellos y el que más va a gravitar en el destino de esta obra tuvo que ver con las exiguas rentas que producía. En efecto y aunque la corona había resuelta desde 1664 todo lo concerniente a las capitulaciones sobre el cobro del portazgo casi cien años después, en 1752, se reiteraban nuevas peticiones sustentándolas en el pésimo estado de los puentes, de las laderas derrumbadas, de los pasos cenagosos, de los tremedales, etcétera. De hecho, el estado del camino de Guanacas muestra una realidad incontrovertible para la época: que el flujo de hombres, bestias, mercaderías y ganado vacuno, desde Santafé y la Gobernación de Neiva a Popayán, no lo hacía rentable y mucho menos permitía su reparación.

Notas

( 8 ) A.G.N., t. 22, folios y rv.(regresar a  8)

( 9 ) A.C.C., 2063 (Col-Cl-7g).( regresar a  9 )

( 10 ) A.G.N., t. 22, folios 572v, 572rvy, A.C.C., 6291 (Col-CIII-8rc).( regresar a 10 )

( 11 ) A.C.C., 5169 (Col-CII-15g).( regresar a 11 )

( 12 ) A.G.N., t. 22, folios 583v a 587rv.( regresar a 12 )

( 13 ) A.G.N., t. 22, folios 586v a 587rv.( regresar a 13 )

CONTINUAR

REGRESAR AL

INDICE

 

 

Comentarios (0) | Comente | Comparta