CAMINOS REALES DE COLOMBIA
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27.jpg (15779 bytes) Puente de Navarro en Honda, Tolima.Claro que el occidente neogranadino, como era el camino para el Perú, tenía una vida propia y Popayán fue una ciudad clave en todos los tiempos. Pero la unión entre Suramérica y Centroamérica ha sido hasta hoy el puente roto en que se quiebran y estrellan los caminos.

 

El Chocó ha sido el lugar donde llueve más de todo el mundo. Donde la selva crece como en ninguna otra parte y hacer, no digo una carretera, una simple trocha, cosa poco menos que imposible, lo mismo para indios que para blancos. Por ahí no pasa camino real ni republicano. Pero al Chocó se podía llegar a pie de indio, y luego seguir a lomo de indio o a lomo de bestia. Y entre la montaña y el Cauca, avanzaron primero los incas y luego los blancos. En la cerámica quedaron testimonios no sólo de las figuras y la decoración incaica, sino de los esmaltes en negro y rojo como pueden verse en las colecciones particulares y en los museos.

Sobre el vocabulario se han hecho estudios que muestran hasta dónde pudieron llegar los viajeros del imperio. Sobre esos rastros se hicieron los caminos, que se borraron, como lo cuenta el autor del camino real de Occidente.

La suerte de los caminos quedó al azar de la suerte de las minas. En el mismo librito de Hernández Jiménez se copia una página de Rafael Maya donde el poeta de Popayán resume en muy pocas palabras esta suerte del camino real de Occidente:

"Terminado el ciclo heroico y muertos los conquistadores de muerte miserable casi todos ellos, vuelve a cerrarse el bosque sobre los caminos improvisados por la espada y sobre las poblaciones cuya fundación obedeció a móviles de estrategia fugaz y de explotación transitoria. La precaria minería va declinando, la raza indígena se agota. Arruinase Santa Ana de los Caballeros tan castizamente bautizada."

"Cartago regalada por el Rey con escudo de armas, muda de sitio para esquivar el asedio de los salvajes. En cambio, la selva recobra su pujanza. La montaña y el cielo se abrazan nuevamente, para renovar su interrumpido diálogo de constelaciones y de cumbres".

CAMINO REAL DE ORIENTE

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Plano del camino entre Santafé de Bogotá y el Puente del Común de Chía año 1805. (AGN, Mapoteca 4, mapa 117 A).

La entrada de Federman desde Coro hasta Santafé, vendría a marcar la otra cara de la pirámide de las tres que constituirían el modelo original en la geometría colombiana. Porque todo este lado de Colombia por donde entró el alemán, vino a ser uno de los costados de la vida colombiana que tuvo más que ver en la historia desde el momento de su formación. No tuvo en lo que vino a ser la nacionalidad la suerte de dejar fundaciones de ciudades que perpetuaran la memoria tudesca. Como no la perpetuaron en Venezuela. Fuera de Maracaibo no hay ciudad que se recuerde haber sido fundada por los alemanes. Aquí, a lo largo de los caminos reales españoles fueron surgiendo Cúcuta, Ocaña, Bucaramanga, San Gil, Socorro, Charalá, Duitama, Tunja, Zipaquirá.

Esta cordillera Oriental tuvo un lomo más ancho donde pudieron asentarse con mayor comodidad las poblaciones. Cuando llegó la era republicana, se encontraron en la parte boyacense y cundinamarquesa espacios para hacer carreteras y en los caminos reales se pasó a usar la rueda y a correr con alguna velocidad. La victoria de Boyacá del 7 de agosto pudo comunicarse a galope en buenos caballos de Sogamoso que llegaron a Bogotá con la noticia velozmente, pero no tan rápidos como que no lo hubiera sabido antes el virrey Sámano —el terror y la derrota se dan más prisa— para bajar por el camino real y llegar a Honda y alcanzar a fugarse en champán, entregando a los vencedores el Nuevo Reino con sus caminos de mulas y de indios cargueros.

Por el camino real de Oriente había la posibilidad, desde Santafé, o de salir al valle del Magdalena, por el Opón, o avanzar hasta Cúcuta para caer por el otro lado al lago de Maracaibo. La disolución de la Gran Colombia hizo que se volcara definitivamente sobre el valle del Magdalena cualquier solución futura y la primera solución imaginada fue la del camino de Occidente que debía caer sobre el Carare volviendo sobre los pasos de Quesada. Que era lo mismo que hacían los indios cuando llevaban la sal de Zipaquirá en panes de varias arrobas para el trueque en las ferias del Magdalena, como le tocó verlo al propio Quesada cuando subía de Tora en su primera exploración.

En la Campaña Libertadora Santander se opuso a la entrada de los ejércitos llaneros por Cúcuta, que ese era el camino obvio. Se trataba de sorprender a los realistas con una entrada por donde no se podía subir y optaron por el camino absurdo, el páramo de Pisba, que aseguró la victoria. Los españoles se declararon derrotados por el susto que les dio ver aparecer un ejército por donde no podía llegar. La insurgencia estuvo en eludir el camino real.

Ganada la guerra, el camino real de los altiplanos se fue volviendo cada vez más ancho hasta convertirse en la carretera republicana. La que hemos venido a conocer paralela a los ferrocarriles.

LA CALZADA DE PIEDRA

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Camino de La Miel en Bojacá, Cundinamarca. (Fotografía Fondo FEN 1995).

El camino real lo que tiene para justificar este nombre, es que suele calzarse de piedra. Ha de trepar cordilleras frescas de greda que cuando llueve se hace resbalosa y traicionera. Precisa recubrirla de losas para seguridad de la mula o del hombre que lleva carga o pasajero. Cuando se piensa que el camino tiene que trepar dos mil o tres mil metros de un valle ardiente a un páramo, la única manera de darle alguna seguridad a la bestia de carga es con una piedra de apoyo. Por eso hay tramos en que el camino se convierte en escalera. Como si se tratara del ingreso a un palacio. La anchura del camino la determina el cruce de las cargas de ida y regreso. Venían mulas cargadas con bultos de paños, petacas, baúles, cajas, zurrones, barriles, cosas venidas de España y se cruzaban con lo que iba del Nuevo Reino, productos de las minas en un principio, y luego cargas de quinas, de palo brasil, cochinilla, de cuanto se sacó de las entrañas de estos montes para llenar las cajas reales. Y esto hasta ayer. Yo conocí en plena actividad lo que fue el camino real de Honda a Facatativá. Salían de Honda mulas cargadas con paños de Londres, vajillas de Francia, cristal de Bohemia, sardinas de Barcelona, y bajaban mulas con café de Fusagasugá y las pocas cosas que entonces empezaba a exportar Colombia. Entonces yo era un niño y me acuerdo el miedo que

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