CAMINOS REALES DE COLOMBIA
© Derechos Reservados de Autor
«En él (informe) se demuestra que en casi todos los pueblos excede el número de vecinos españoles de todos clases y castas al de los indios... Así lo han representado en esta visita, exponiendo la opresión en que viven, nacida de que los vecinos se establecen en un corto pedazo de tierra de que pagan escaso arrendamiento al indio a quien pertenece, allí introducen mujer, hijos y sirvientes, ponen sus bestias y ganados que no caben en la tierra arrendada y se extienden a la contigua, destrozando los sembrados de los indios que por defenderlos a cobrar el daño tienen riña y por lo común salen maltratados, a que se añade regularmente les pagan en bebida y cada casa de vecino es una taberna y todo el pueblo confusión. Los mismos indios son causa de su ruina, como que son los que admiten a los vecinos y les dan sus tierras en arrendamiento y con todo piden la expulsión del resguardo pues no trata ahora de los vecinos que aunque feligreses de los pueblos habitan fuera de los tierras de los indios »( 3 ).
La segunda parte del trayecto, esto es, la de ladera finalizando en Tocaima, en el siglo XVI presentaba un agudo contraste con el trayecto anterior. Si aquel era el mejor y podía ser transitado por caballos, en estas faldas —especialmente en las de Zipacón— era imposible. Lo que obligaba a la utilización de los indígenas como acémilas para cargar mercaderías y caminantes de allí a Santafé, Ibagué a Mariquita y aun a Timaná, pues ella era punto obligado para todo aquél que pretendiera dirigirse hacia el sur y el Occidente del Reino, ya fuera por el camino del Quindío o por al camino de Guanacas. En general, la tierra de la ladera antes de llegar a Tocaima era pobre en agricultura exceptuando la producción de muchas frutas americanas, aunque para 1560 ya se producían frutas introducidas por los españoles como higos, melones, naranjas y limas. En la parte media de la ladera se producía algo de azúcar, y en la parte alta y mas fresca se cosechaba trigo; el maíz se daba en todos los pisos térmicos. A pesar de que se criaba ganado vacuno y porcino, toda clase de ganado escaseaba por la abundancia del nuche y la garrapata.
La población de Tocaima, localizada en un pequeño valle a orillas del río Bogotá, y en terrenos que producían muy buenas maderas, tenía a mucho orgullo las construcciones de cal y ladrillo de las cuarenta casas de sus vecinos.
Eran escasos los indios tributarios, pues de los seis mil o siete mil que había al tiempo de la fundación, más de la mitad murieron en 1559, iba debido a viruelas y sarampión, y muchos habían sido consumidos por su utilización como cargueros o trabajando en los minas de oro, que pertenecían a Tocaima en la ribera occidental del río Magdalena. En 1560 sólo quedaban 3.200.
|
Puente de Juanambú. Grabado de Riou. (Tomado de: América Pintoresca, tomo 3, 1884. Edición facsimilar de Carvajal y Cía. 1980-1982. Biblioteca particular de Pilar Morenode Ángel) |
Finalizando el siglo XVI, un vecino de la ciudad escribía:
«En la ciudad de Tocaima una pequeña población en el Nuevo Reino de Granada, que terná vecinos hasta cuarenta casas y la mayor parte della de cal y ladrillo, entre los cuales hay unas que edificó el capitán Joan Díaz Jaramillo, vecino della, las cuales se tienen como mejores que hay en estas partes de Indias, ansí por ser de buen edificio y muy grandes, como por tener todo el maderamiento de pulidísimos artesones entre-tallados, y todas de madera de cedro, de la cual y de nogal es todo el maderamiento de estas casas, las cuales aún no quedaron del todo perfectas y acabadas, porque la muerte previno a su edificador. Hace muy hermosa perspectiva este edificio a los que vienen de Santafé, porque la primera y mejor casa que ven y todas las demás del pueblo son del mejor edificio que hay en este Reino »( 4 ).
Desgraciadamente en 1673 se desbordó el río, y la inundación destruyó por completo este poblado, aprovechándose la oportunidad para trasladarlo a dos kilómetros de su localización original, donde nuevamente el comercio lo hizo florecer, de la misma manera que había dado fuerza a nuevos pueblos como La Mesa. Quizá el elemento más negativo de este traslado fue la escasez de agua y la obligación de tomarla del río que se había abandonado.
Tanto Tocaima como La Mesa de Juan Díaz, un poco más arriba hacia el altiplano, tuvieron en los siglos XVIII y XIX una extraordinaria dinámica comercial, gracias a su localización relativa a los caminos que conducen al valle de Neiva, a Honda, y a la montaña del Quindío. La actividad del mercado de La Mesa de Juan Díaz, inspiró a don José María Vergara y Vergara para escribir un cuadro de costumbres( 5 ), en el que se describe el encuentro de vallunos y reinosos, intercambiando todo tipo de productos. Además del comercio, Tocaima era en el siglo XIX atractiva por otras condiciones naturales.
«Eran tantas las observaciones con que nos brindaba Tocaima, que de querer apurarlas hubiéramos tenido que permanecer allí bastante tiempo. Así, por ejemplo, los cultivos de las inmediaciones y principalmente el de la arracacha y de la caña dulce, presentan singularidades dignas de atención. Con el examen geológico del paraje obtuve hermosas muestras de conglomerados silíceos, de terrenos carboníferos y de minerales diversos. No muy lejos de allí están las aguas gaseosas de Catarnica y otros variados manantiales sulfurosos que reclamaban mi atención; pero oía sin cesar resonar a mis oídos la frase que impelía al judío errante de la leyenda: ¡anda, anda! Se acercaba la estación de las lluvias, debíamos franquear aún la cordillera Central, el terrible pasaje del Quindío nos estaba aguardando, y era preciso sustraerse de una vez a toda suerte de seduciones »( 6 ).
|
Paso del Quindío entre Ibagué y Cartago. Sainson y Boilly. (Tomado de: Voyage pittoresque dans les deux Ameriques, París, 1836. Biblioteca particular de Pilar Moreno de Ángel). |
Tocaima - Ibagué. Como ya se indicó, la ruta más socorrida para ir de Tocaima a Ibagué (fundada en 1551 por Andrés López de Galarza) pasaba por Honda y Mariquita (fundada en 1551 por Francisco Núñez Pedroso), a pesar de que así se doblaba la distancia que se debía recorrer. Mientras en línea recta de Tocaima a Ibagué habla 18 leguas, al hacer camino hacia el norte hasta Honda, para desandarlo desde Mariquita hasta Ibagué, se debían recorrer 48 leguas.
Saliendo de Tocaima hacia Honda, se tomaba la orilla del río Magdalena para vadearlo al frente del puerto donde, además, confluía el camino que de Santafé venía por la ruta Villeta - Guaduas. Las características de esta parte del camino, en 1776, eran las siguientes:
«El camino que principia en Honda hasta el río dde Saldaña, que es y será el término del corregimiento, es bueno, casi llano, tanteo será de cuarenta leguas; hay que vadear cosa de diez ríos, algunos grandes y para cuando sus crecientes impidan el vadear se puede encargar a las dos ciudades de Mariquita e Ibagué que cada una en su distrito cuide que haya barquetas en qué pasar, en los que se puedan poner en el camino, o lo más cierto que las corrientes permitan para facilitar el tránsito y excusar averías al comercio de Popayán y demás que pasa por dicho camino »( 7 ).
El camino de Honda hasta Mariquita presentaba condiciones similares, siendo la gran diferencia la de que, mientras la margen oriental del río Magdalena tenía escasez de oro y de indígenas, la margen occidental era rica en minas de oro, tanto en términos de Tocaima como de Mariquita, y se disponía de un buen número de indígenas para su laboreo.
Notas
( 3 ) FRANCISCO ANTONIO MORENO Y ESCANDÓN. Indios y Mestizos de la Nueva Granada a finales del Siglo XVIII. Biblioteca Banco Popular, Bogotá, 1985, págs. 538-539.( regresar a 3 )
( 4 ) GONZALO PÉREZ DE VARGAS.«Descripción de la Ciudad de Tocaima del Nuevo Reino de Granada hecha por don Gonzalo Pérez de Vargas, vecino de ella». En Cespedesia, Cali, 1983, Suplemento No. 4, pág. 273.( regresar a 4 )
( 5 ) JOSÉ MARÍA VERGARA Y VERGARA. «El mercado de La Mesa», en Cuadro de Costumbres, El Mosaico, Bogotá S. F.( regresar a 5 )
( 6 ) M. E. ANDRÉ. «América Equinoccial (Colombia-Ecuador)» en América Pintoresca, Montaner y Simón, Barcelona, 1884, Edición Facsímil de Carvajal y Cia, Cali 1982, t. III, págs. 649-650( regresar a 6 )
( 7 ) FRANCISCO ANTONIO MORENO Y ESCANDÓN. Indios y Mestizos de la Nueva Granada a finales del Siglo XVIII, Biblioteca Banco Popular, Bogotá, 1985, págs. 109-100.( regresar a 7 )
