CAMINOS REALES DE COLOMBIA
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Retomando la vía principal del camino real, desde la ciudad de Cali hacia el sur, el siguiente punto de referencia es Popayán.

Cali - Popayán. El camino de Cali a Popayán fue siempre un trayecto agradable y descansado. Desde comienzos del siglo XVI, al decir de Pedro Cieza de León, se transitaba por un «buen camino de campaña, sin montaña ninguna, aunque hay algunas sierras y laderas»( 33 ).

De Cali se tomaba rumbo al sur hacia Jamundí. Corriendo el valle y siguiendo adelante, se llegaba hasta el río Cauca atravesándolo por el Paso de La Balsa y una considerable extensión cenagosa. Allí contribuía a la comodidad de los viajeros el permanente servicio de canoas y balsas que prestaban los indígenas del lugar. De este paso se continuaba por terreno llano hasta la desembocadura del río Ovejas. Este vado era sumamente peligroso en invierno.

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Croquis de la provincia de Buenaventura, 1844. Mapoteca 6, mapa 49).

A partir de este lugar empezaba a modificarse el paisaje y se debía cabalgar o caminar por lomas suaves y tendidas, que progresivamente iban ganando altura hasta llegar a Piendamó, entrando en territorio de indígenas guambianos; empezando a apreciarse entonces cuidadas sementeras que indicaban lo industrioso de los naturales.

Prácticamente en descenso desde Piendamó, se arriba de nuevo al río Cauca, el cual en esta parte se vadea fácilmente, llegando así al altiplano de Popayán o valle de Pubenza.

«Pasando, pues, este río (Cauca), todo el término que hay desde a la ciudad de Popayán está lleno de muchas y hermosas estancias, que son a la manera de las que llamamos en nuestra España alcarias o cortijo; tienen los españoles en ellos sus ganados. Y siempre están los campos y vegas sembrados de maíces; ya se comenzaba a sembrar trigo; el cual se dará en cantidad, por ser la tierra aparejada para ello. ...;porque verdaderamente la calidad de los aires más parece de España que de Indias. Hay en ella muy grandes casas, hechas de paja;...»( 34 )

Esta ciudad de Popayán fue en el período colonial la cabeza político-administrativa de la Gobernación de Popayán, la cual —grosso modo— corresponde a todo el actual occidente colombiano.

En el siglo XVIII, topográficamente la ruta seguía siendo la misma, pero el paisaje había cambiado sensiblemente. Entre Cali y el río Ovejas habían surgido grandes haciendas atendidas por numerosos esclavos, señoreadas por espaciosas y confortables casas, que un siglo después (XIX) brindarían agradable descanso, y serían cuidadosamente descritas por los viajeros europeos.

Las más notables fueron la Hacienda de Cañas Gordas, de la familia Caicedo, y la Hacienda de Japio, de la familia Arboleda.

Entre el río Ovejas y Popayán, a lo largo del camino, aparecían ya algunas aldeas-posadas como Mondomo, Tunía, y Piendamó. Y la llegada a Popayán seguía siendo deslumbrante aún en el siglo XIX:

«A partir del puente (sobre el río Cauca) se abre una raza rectilínea de cinco kilómetros de longitud que conduce a la ciudad, formando una vía anchurosa, empedrada con guijarros y orillada de fosos. Dos paseos naturales, únicos en el mundo por su hermosura, orlan esta avenida verdaderamente regia: están hechos con variados arbustos que crecen libremente, sin que nunca hayan sido desmochados por las tijeras de podar de ningún zafio jardinero. Entre otros descuellan dos vegetales por todo estremo admirables: el primero, dotado de un follaje parecido al del árbol de cauchuc, es un euforbio arbóreo; el otro es la planta predilecta de los popayaneros, la flor de mayo. lmagínese un hermosa arbusto de ramas enhiestas y lisas adornadas de color verde oscuro, ovales y puntiagudas, relucientes y dotadas de tres nervaduras longitudinales, y colóquese sobre ese fondo unas grandes flores solitarias, en forma de estrellas, anchas como la palma de la mano y pintadas de un color rojo majenta, con cinco gruesas manchas en el centro, y se tendra la flor de mayo, admiración y deleite de los viajeros que recorren la comarca, y designada por los botánicos con el nombre de meriania maialis, de la familia de las melastomáceas»( 35 ).

Popayán - Pasto. Oficialmente siempre se consideró como ruta del camino real, aquella que pasa por el valle del Patía por ser la que más se acerca a la línea recta. Sin embargo, aunados el clima y la condición rebelde de los habitantes de este valle, durante el período colonial fue más frecuentada la ruta que, tomando las laderas de la cordillera Central, pasa por Almaguer.

Saliendo de Popayán hacia Pasto, por la vía de Patía, se desciende por la serranía de Timbío hasta el valle del Patía, irregular, excesivamente caluroso y malsano que se extiende hasta donde el río Patía recibe al río Mayo y tuerce hacia el occidente para romper la cordillera por la Hoz de Minamá, buscando el océano Pacífico.

Atravesado este valle, se encontraban las poblaciones de Patía y Mercaderes. Siguiendo adelante se vadeaba el río Mayo desde donde se ascendía, bordeando abismos, hasta Taminango en cuyas cercanías se atravesaba el río Juanambú. Finalmente, pasando el pueblo de Genoy se llegaba a un pequeño valle entre las faldas del volcán Galeras, denominado valle de Atriz, donde se asienta la ciudad de Pasto.

Durante el siglo XVI el valle del Patía estaba poblado por los indios sindaguas, quienes hicieron una resistencia tan tenaz que, aterrorizando a los colonos españoles que intentaron establecerse en los cercanos asientos mineros de Madrigal, resistieron las arremetidas de los conquistadores hasta 1635, cuando fueron sometidos y expulsados hacia Barbacoas. El gobernador Lorenzo de Villaquirán escribía en 1535 que:

«Hay una provincia llamada el Sindagua cuyos indios después de ayer dada la paz y  obediencia a Vuestra Magestad se alzaron más á de sesenta años y todos esos a que no les a podido reducir ni allanar por ser gente belicosa y mui caribe inclinada a comer carne humana »( 36 ).

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Carta Corográfica de la Nueva Provincia del Cauca, por G. A. de la Roche, 1843. (AGN, Mapoteca 6, mapa 76),

Sometidos finalmente los sindaguas, se dio un período en el que pudo transitarse con facilidad el valle del Patía, mientras aparecía un palenque de negros en lo alto de la cordillera Occidental, en la . Desde allí, y durante el siglo XVIII, se fue poblando el valle del Patía con negros huidos que hicieron de él una zona de refugio, donde se organizó un poblado principal denominado Patía. A finales del siglo XVIII, los oficiales reales de Popayán decían que los habitantes de este valle:

«...del latrocinio comen, en el amancebamiento duermen, la embriaguez es su bebida, el adulterio, el homicidio, el duelo, y el irrespeto a la justicia, son hazañas de los valientes, y de serlo precian todos »( 37 ).

Estos negros se constituyeron posteriormente en guerrillas que en el siglo XIV fueron irreductibles para los ejércitos republicanos, hasta el punto de que Bolívar, cuando preparaba la Campaña del Sur, escribió a Santander:

«Por consiguiente, la expedición se hará por el infernal país de Patía y con todas las dificultades que tiene en sí un país enemigo, asolado y mortífero... Veo claramente que vamos a luchar contra lo imposible, pues yo no puedo variar ni la naturaleza del país, ni la de esos débiles hombres (los montañeses de tierra fría)»( 38 ).

Si en cambio se tomaba la ruta Popayán -Almaguer - Pasto, desde Timbío se recorría la falda de la cordillera para pasar por la Sierra, Pancitará, Almaguer, El Trapiche, La Venta y Buesaco, para terminar en Pasto. La ciudad de Almaguer (fundada por Alonso de Fuenmayor en 1552) fue rica en oro durante la Colonia, y durante el siglo XVII sucedió al distrito de Cartago como principal productor de oro en la Gobernación de Popayán.

En el siglo XVI se la describía así:

«Tiene su asiento la ciudad en un cerro alto de cabaña, y el temple de esta comarca toda es más frío que caliente, aunque hay valle donde se coge mucho maíz y trigo, papas, frisoles, cantidad de algodón y de coca, y yuca, y otras semillas; y críase bien todo ganado de vacas, yeguas, cabras y ovejas, y hay oro en todas partes »( 39 ).

Dada su condición de centro aurífero, y las dificultades para atravesar el valle del Patía, surgió un activo comercio tanto hacia Popayán como hacia Pasto, a pesar de que por el camino de Almaguer difícilmente se podía andar a caballo y mucho menos conducir arrias, lo que sí se podía hacer por el valle del Patía.

Sea cual fuere el camino que se tomara, se acababa en la ciudad de Pasto, San Juan de Pasto o Villaviciosa de la Concepción Real, se seguiría a Quito, pero desde donde se podía derivar también hacia Tumaco y Barbacoas.

Pasto - Tumaco - Barbacoas. El camino que desde Pasto conducía a la costa Pacífica fue siempre una preocupación y una necesidad insatisfecha para las autoridades coloniales. Esta comunicación era indispensable para poder participar de la grande y fabulada riqueza aurífera de las Barbacoas. Aún en 1778 se decía refiriéndose al menos al trecho entre Tumaco y el paso del río Guáitara.

«Que la continua ruta de la montaña no da lugar a la permanencia del camino, aunque se abriera (lo que también es imposible) porque, ni el puente del río de Quaiquer aún para la gente que la transita a pie, no tiene duración por ser tan caudaloso dicho río, menos se fijaría para a caballo, y por consiguiente, el puente de Nembí; y que ha experimentado el testigo muchos veces, que entrando un señor Obispo o Gobernador a Barbacoas, lo han compuesto con mucho cuidado, y proligidad dicho camino, y a pocos días, ya no han sido capaces de transitarlos sin molestias las viandantes.. Y que como todo es peñolería, grietas de piedras, y una cuchilla impacífica y estéril, no podían asolar el monte para criar hierba, y mantener las caballerías aún que las dificultades referidas se vencieran »( 40 )

De todas maneras se consideraba que la ruta, partiendo de Pasto, continuaba hacia Yacuanquer; siguiendo adelante hasta las profundas depresiones del río Guáitara, para alcanzar Túquerres cuyo altiplano fue descrito así:

«La cría de ganado constituye la principal industria agrícola del país; las nieves perpetuas que bajan de los páramos y se extienden alrededor de Túquerres, mantienen la frescura de las praderas, cuya vegetación aunque corta y poco activa, es de excelente calidad. Los rebaños están allí libres de las enfermedades que afligen a los de tierras calientes, pues los insectos destructores no viven en aquellas alturas. El aspecto de la campiña, graciosamente ondulada, presenta gran animación con la prescencia de ganado errante en sus bastas y verdes praderas»( 41 ).

Desde allí se dirigía hacia el Guabo donde empezaba la tierra caliente, pero también el terreno de las lluvias casi permanentes y los consiguientes lodazales. Se pasaba por San Pablo, se atravesaba el río Nembi, y tomando la hoya del Bajo Patia se llegaba a Barbacoas sobre el río Telembí. Siguiendo su curso, y posteriormente el del Patia, al llegar al delta se tomaba el brazo de Salahonda, para atravesar la bahía de Tumaco y alcanzar el puerto del mismo nombre.

Un viajero de mediados del siglo XIX habla así del viaje entre Tumaco y Barbacoas:
«Habiéndonos alcanzado nuestros cargadores nos embarcamos en el lago al que se encadenan otras lagunas que comunican con el gran río Patía cuyo curso es espacioso y rápido. Pasamos la jornada en medio de una navegación fatigante y de bastas extensiones de agua, poco agradables para nuestros ojos, que iban a detenerse en el infinito en manglares cuyos altos tallos, coronados de un verdor sombrío y eternamente monótonos se levantan sobre los pantanos salinos y bajo cuyas sombras pululan los caimanes. No llegamos sino al día siguiente a Barbacoas, luego de haber pasado una espantosa noche defendiéndonos de los mosquitos en un rancho situado a orillas del Río Telembí. Barbacoas está situada en la confluencia de este último río y del Guauxi y al pie de un contra fuerte de la cadena de montañas de Pipalta. Las colinas que están al oeste la protegen de las miasmas de los pantanos y los manglares de la costa, y es sana a pesar de su temperatura constante de 27 grados centígrados »(
42 ).

Pasto - Quito. Desde Pasto se toma la ruta hacia lpiales, y pasando el puente natural de Rumichaca, la sabana se ve pronto fracturada por una depresión formada por el río Chota, cuyo valle ha sido reputado como uno de los más profundos e inhóspitos del mundo. De allí se asciende a Otavalo para finalizar en Quito.

Toda esta ruta, teniendo en cuenta las condiciones industriosas y de organización social de los indígenas, mostraba durante la Colonia una extraordinaria actividad agrícola, una intensa explotación del ganado bovino y gran habilidad en la confección de textiles de lana.

De Pasto a Quito existía un activo comercio. Ya en el siglo XVI (1576) se informaba desde Quito:

«Los caminos frecuentados que hay en esta ciudad (Quito) son los caminos que van de ella a la ciudad de Pasto, que hay nueve jornadas. Y en todos ellos hay pueblos de indios donde hay ventas, donde pasan los caminantes y allí los indios que hay venden  lo que tienen y se les paga. Desde esta ciudad a la de Pasto se lleva mercaderías de Castilla y sal de la mar y pescado, lo cual se lleva en recuas en cantidad cada año de veinte mil pesos más a menos. Y así mismo se llevan cordobanes hechos en esta ciudad y paños que se hacen en los obrajes de ella. Porque en esta ciudad y su término hay cuatro obrajes de paños pardos y freilescos y amarillos y algunos negros y bayetas y frazadas y sayales y jergas y hay otras obrajes de sombreros. Hay tres ingenios de azúcar donde se hacen confituras y para solamente el sustento de este pueblo.., y de Pasto a esta ciudad se trae alguna confitura y azúcar, y de toda las que se lleva y trae no se pagan derechos »( 43 ).

A medida que avanzó la Colonia, surgió en toda esta ruta una unidad económica, la hacienda serrana que, fundamentada en los elementos señalados y en la fuerza de trabajo indígena encomendada, tuvo su fuerza en la producción agrícola y en los obrajes.

Hemos recorrido el camino real de Santafé hasta Quito. Se han señalado los pasos más difíciles, pudiéndose observar cómo su tránsito debió ser fragmentado por las dificultades que ofrecía el terreno. Pero cumplía con la finalidad de ser un eje que, además de unir las cabeceras de dos audiencias, fuera un instrumento de comercio por el que transitaran hombres de a pie, de a caballo y recuas con cargas.

Si el espacio lo hubiera permitido, habríamos podido señalar cómo se diferencian claramente las actividades económicas de los diversos segmentos: de Santafé a Tocaima, el camino tenía como finalidad el comercio de sal, víveres y géneros que abastecieran la capital del Virreinato; desde Honda a Ibagué —entroncándose con el comercio de Cartagena— dirigido a Cartago, Cali y Popayán, el camino servía de medio para la trata de negros que procuraba abastecer de fuerza de trabajo y de bastimentos las minas del Chocó y de la costa pacífica; desde Pasto hasta Quito, el camino y el comercio tenían como objeto fundamental los obrajes, y como referente principal la sede de la Real Audiencia de Quito.

Notas

( 33 ) PEDRO CIEZA DE LEÓN. La Crónica del Perú, Espasa-Calpe, Madrid, 1962, pág. 103.( regresar a 33 )

( 34 ) PEDRO CIEZA DE LEÓN. La Crónica del Perú, pág. 104-105.( regresar a 34 )

( 35 ) M. E. ANDRÉ, América Equinoccial, pág. 726.( regresar a 35 )

( 36 ) Archivo de doña Kathleen Romoli, citado por Diógenes Patiño y Cristóbal Gnecco. «Reconocimiento Arqueológico del Valle del Patía. Zona Septentrional», Inédito, Popayán, 1983, 27 págs.( regresar a 36 )

( 37 ) Archivo Nacional de Colombia, Colonia, Juicios Criminales, t. CXXXI, folios 957-982.( regresar a 37 )

( 38 ) Carta de Bolívar a Santander, en Cartas Santander-Bolívar 1820-1822, Biblioteca de la Presidencia de la República, Bogotá, 1988, t. III, págs. 186-187.( regresar a 38 )

( 39 ) JUAN LÓPEZ DE VELAZCO. Geografía y Descripción Universal de las Indias, pág. 203.( regresar a 39 )

( 40 ) Archivo Histórico Nacional de Colombia, Colonia, Mejoras Materiales, t. IX, folio 156.( regresar a 40 )

( 41 ) M. E. André. América Equinoccial, pág. 777.( regresar a 41 )

( 42 ) ENRIQUE ONFFROY DE THORON. América Ecuatorial, Corporación Editora Nacional, Quito, 1983. t. II, pág. 3e.( regresar a  42 )

( 43 ) JUAN FRIEDE. Fuentes Documentales para la Historia del Nuevo Reino de Granada. Banco Popular, Bogotá, 1976. t. VII, págs. 134-135.( regresar a 43 )

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