PARTE I:
LAS RUTAS DE LA HERENCIA PREHISPÁNICA

 

CAPITULO 1:
LOS CAMINOS ABORÍGENES
Caminos, mercaderes y cacicazgos: circuitos de comunicación antes de la invasión española en Colombia
CARL HENRIK LANGEBAEK RUEDA

Los arqueólogos que han estudiado cacicazgos colombianos se encuentran ante una aparente paradoja con respecto a la escala de las redes de comunicación en que estaban inmersos. Por un lado, algunos plantean la existencia de sistemas muy grandes, en los cuales cada comunidad actuaba como un eslabón en una cadena de amplias relaciones culturales. Por otro, se sabe que la región estaba ocupada por cacicazgos, los cuales por definición son entidades pequeñas, que aunque pueden participar en redes de intercambio a corta y larga distancia, funcionan autónomamente, tanto en lo político como en lo económico. Un artículo sobre redes de caminos prehispánicos ofrece un valioso punto de partida para dar comienzo al escrutinio de ambas posiciones.

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Modo de viajar (Tomado de: Viaje por la República de Colombia, por G. T. Mollien, 1823. En: Nuevo Viajero Universal, Enciclopedia de viajes modernos. Célebres viajeros del siglo XIX, tomo III: América. Ordenada y arreglada por Nemesio Fernández Cuesta, Madrid, 1861. Biblioteca particular de Pilar Moreno de Ángel).

Ante todo debo explicar en qué consisten las diferencias entre las dos posiciones arriba esbozadas. En su sentido más tradicional, quienes enfatizan la primera posición arguyen que los cacicazgos de amplias zonas del país compartían una «cultura». La coparticipación en esa cultura se mide básicamente por la elaboración de artefactos similares. Por eso, basándose en la elaboración de objetos parecidos se pasa a hablar de «tradiciones», «horizontes», «cadenas o áreas culturales» que reflejan un modo de pensar común debido a un origen también común y a activas redes de interacción social.  En una versión matizada, y que se refiere más a la gente prehispánica y no tanto a sus manifestaciones culturales, algunos autores destacan la importancia de las redes de intercambio para demostrar que las sociedades indígenas constituían sistemas abiertos, dependientes de otras. El caso mejor conocido, quizás, corresponde a la célebre hipótesis de Reichel-Dolmatoff (1961) sobre la dependencia que tenían los muiscas de las comunidades de tierra templada para abastecerse de alimentos.

Los partidarios de la segunda posición no niegan la existencia de redes de intercambio —por el contrario, las han estudiado en profundidad (Gnecco, 1992; Langebaek, 1992)— pero le asignan un contenido bien diferente. En primer lugar tienden a minimizar la importancia del intercambio de alimentos, sosteniendo que no pudo haber implicado la circulación de productos sobre distancias muy largas ni el transporte de volúmenes considerables. En segunda medida, aunque admiten la circulación de objetos de lujo a larga distancia —y que esos productos se copiaban en amplias áreas del país— no ven cómo eso se pueda tomar como el rompimiento de la autonomía de los cacicazgos ni como prueba de la coparticipación de las sociedades prehispánicas en una misma «cultura». Por el contrario, enfatizan que la elaboración de objetos similares se dio en contextos culturales distintos y obedeció a una estrategia de las elites de los cacicazgos colombianos de manipular información esotérica inspirada en elementos foráneos.

La información sobre caminos puede contribuir en mucho a enriquecer el debate y ayudar así a comprender cómo surgieron y cómo funcionaban los cacicazgos colombianos que los españoles encontraron en el siglo XVI. Al fin y al cabo, por definición, los caminos sirven para comunicar. Si entendemos qué regiones interconectaban, quiénes los usaban y con qué fin, entonces habremos dado un paso adelante en el lento pero fascinante proceso de estudio de las sociedades prehispánicas. A partir de información arqueológica y etnohistórica sobre los caminos prehispánicos de Colombia quiero sugerir que las comunicaciones entre las diferentes subregiones del país antes de la llegada de los españoles tenían poca importancia en la formación de redes amplias de interacción económica. Quiero enfatizar aquí el caso de los muiscas y su supuesta relación con grupos muy alejados. Al igual que lo planteado por Earle (1987a) con respecto a sociedades complejas del Perú y el Pacífico, en Colombia prehispánica fuertes diferencias de medio ambiente resultaron en contrastes en sistemas productivos, no en el desarrollo de simbiosis entre regiones muy apartadas. Los cacicazgos colombianos tendieron a ser unidades de producción de comida autosuficientes. Eventualmente, se puede documentar que el intercambio de materias primas por objetos elaborados alcanzó cierta importancia en algunas partes del país —como por ejemplo el altiplano cundiboyacense y el piedemonte llanero— y en muchas partes pequeñas cantidades de artículos de lujo producidos en áreas alejadas jugaban un papel importante para resaltar el prestigio y poder de la elite local, sobre todo en las épocas más tempranas. Sin embargo, aun en este caso, el tamaño de los circuitos de intercambio fue más reducido de lo que usualmente se piensa.

La información sobre caminos quiero complementarla con otros aspecios también relevantes para entender la amplitud de los circuitos de intercambio. En las siguientes páginas paso a discutir aspectos que esperaría encontrar si la idea de un sistema de intercambio muy amplio se hubiera desarrollado en Colombia prehispánica; primero, caminos que facilitaran la comunicación a lo largo de considerables distancias; segundo, mercados regulares conectados por esas redes de caminos y, tercero, especialistas encargados de la circulación de bienes de una región a otra. Si en verdad los cacicazgos colombianos estaban involucrados en intercambios con regiones alejadas, entonces se deberían encontrar evidencias de estos elementos. En caso contrario, habría pocas bases para pensar en un gran sistema económico integrado o que el intercambio a largo distancia fuera verdaderamente importante para los cacicazgos colombianos.

CAMINOS PREHISPÁNICOS

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Mapa del siglo XVII con la localización de algunas estancias en la jurisdicción del pueblo de Soacha. Año de 1627. (AGN, Mapoteca 4, mapa 444 A).

Las evidencias sobre caminos dan una idea del desarrollo de sistemas de transporte y del tamaño> de las redes de intercambio (Schreiber, 1962; Trombold, 1991). Una sociedad como la inca se basaba en un eficiente sistema de caminos que comunicaba los centros de poder con las distintas áreas del Imperio (Iribarren y Bergholz, 1971; Beck, 1975; Hyslop, 1984). Este sistema de comunicaciones permitía movilizar excedentes hacia el centro de poder (Earle, 1987; Patterson, 1988) y ejércitos a las áreas de frontera militar (Hyslop, 19894). Como resultado de su importancia estratégica, los caminos incas frecuentemente comunicaban lugares muy apartados dentro del Imperio y su uso era controlado por el estado (Hyslop, 1984: 2 y 337).

Numerosos documentos mencionan la existencia de sistemas de caminos indígenas en Colombia; lo que no se ha discutido es cuál era su extensión o cuál su importancia en términos de intercambio a larga distancia. Es claro que en los primeros años de la Conquista y durante la Colonia existía una enorme dificultad en comunicar las diversas regiones del país. A mediados del siglo XVI los funcionarios españoles se quejaban continuamente de que la Colonia estaba prácticamente aislada en sus comunicaciones por tierra (Friede, 1960, 9: 205). A lo largo del siglo XVI había falta de caminos en el occidente del país (Friede, 1960, 10: 96, 108 y 140-144); la comunicación entre la costa y el altiplano cundiboyacense era muy difícil (Friede, 1960, 10: 335) y aun en los alrededores de Santafé de Bogotá los caminos eran malos incluso para el paso de caballos (Friede, 1960, 8: 242).

 

 

 

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