CAMINOS REALES DE COLOMBIA
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TERRITORIO MUISCA
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| «Grabado de la idea verdadera y genuina...», Teodoro de Bry, 1602. Una expresión artística inspirada en historias primigenias de América. Los indios que no tienen lanchas ni barcas ni puertos cómo se ingenian para cruzar los ríos. Théodore de Bry, Liége 1528-1598. (Tomado de la edición facsimilar del Instituto Caro y Cuervo, Bogotá, 1988). |
En el altiplano muisca los crónicas describen caminos que salían desde las tierras altas hacia el piedemonte llanero (Simón, 1981, 2: 81; Piedrahíta 1973 1: 63). Tres documentos de fines del siglo XVI mencionan caminos muiscas; dos hablan de «caminillos» en Teusacá (ANC V.C 37 f413r) y en Simijaca (ANC T.C 34f 48v); otro habla sobre un camino que comunicaba el valle de Gachetá con Súnuba y Somondoco, cerca de los Llanos (ANC Enc 19: 380r; en Perea, 1989: 48). Según el documento, los caminos que iban a Súnuba y Somondoco eran muy pequeños y se utilizaban para «contratar unos con otros».
Otras referencias mantienen que había «carreras» que comunicaban las aldeas muiscas con santuarios (Castellanos, 1955: 187, y Simón, 1981, 3: 188). «Carreras» que cumplían con una función estrictamente ceremonial se describen, por ejemplo, en Guasca y Siecha (ANC T.C 32: f55r y 57r). Castellanos (1955, 4:187) nos deja lo siguiente impresión sobre las «carreras» muiscas:
«...y de cualquier cercado procedía/una niveladísima carrera/en longitud de larga media legua/y en latitud podía sin estorbo/ir caminando dos grandes carretas/».
Las evidencias arqueológicos de caminos o «carreras» en el altiplano son muy pocas. Ancízar (1983: 322), a mediados del siglo XIX, describe en el valle de Samacá restos de una «larga calzada». Además, Silva (1946: 34) reporta una «trocha angosta y profunda» que interpreta como un camino prehispánico en La Belleza (Santander) pero no brinda detalles. Aparte de las «carreras», que sólo parecen haber servido para la comunicación entre aldeas y santuarios, los caminos muiscas unían regiones en dominios étnicos de los pueblos de lengua chibcha en el altiplano, y no regiones más apartadas. Aquellos que comunicaban las tierras altas con el piedemonte llegaban a pueblos como Súnuba o Somondoco, comunidades muiscas que suministraban algodón y coco a los grupos de su misma etnia que ocupaban pisos térmicos más altos (Langebaek, 1987: 82-87). No hay indicios de que llevaron al llano propiamente dicho, o que penetraran profundamente en territorio de etnias distintas de la muisca; por el contrario, una vez por fuera de los dominios muiscas, las comunicaciones con el llano se describen como muy deficientes (Castellanos, 1955, 4:2 18).
Aguado (1956, 1:236) describe una situación similar a la del piedemonte llanero en el flanco occidental de la cordillera; según el cronista, había caminillos por los cuales circulaban los indígenas que intercambiaban sal con los poblaciones del valle del Magdalena; sin embargo, el caminillo entre las tierras altas y bajas era tan estrecho que los españoles debieron abrirse paso a las tierras altas «a pura fuerza.. .de brazos» (Aguado, 1956, 1:233). Sólo más adelante, una vez en tierra fría y en territorio muisca propiamente dicho, los españoles se pusieron contentos «por los muchos caminos» que encontraron (Aguado, 1956, 1:235). En efecto, al llegara tierra fría los conquistadores encontraron «por allí muchos caminos que atraviesan de unos pueblos a otros» (AGI Santa Fe 49 Ramo 3 No. 10).
SIERRA NEVADA DE SANTA MARTA
Hay un buen cúmulo de datos sobre caminos indígenas en la Sierra Nevada de Santa Marta. Las crónicas y documentos describen caminos enlosados que comunicaban no sólo distintas estructuras en las aldeas (Serje, 1984; Groot, 1985: 62), sino también aldeas entre sí (Reichel-Dolmatoff, 1951: 78-79; Serje, 1984; Cadavid y Herrera, 1985: 27-30); por cierto, estos caminos prehispánicos de la Sierra han sido utilizados por viajeros de los siglos XIX y XX (Mason, 1940: 223; Cabot, 1939: 593; Reclús, 1990: 167) y colonos contemporáneos (Cadavid y Herrera, 1985: 27). Según los investigaciones de Serje (1984) los caminos generalmente comunican aldeas grandes con aldeas pequeñas en cada valle, así como a los diferentes valles entre sí. De acuerdo con Cabot (1939), los caminos prehispánicos de las tierras altas llegaban hasta cerca de los picos nevados y de allí descendían a las aldeas indígenas más importantes. Aunque resulta obvio que los caminos facilitaban el intercambio de sal y pescado del litoral por artículos de oro y tejidos de la Sierra, también es probable que sirvieran para comunicar a las aldeas de la Sierra con parcelas en pisos térmicos más bajos o con áreas para la explotación pesquera (Bischof,1971 ; Oberem, 1981). En 1563, por ejemplo, se describen en las faldas de la Sierra «caminos que los naturales siguen a sus labranzas y haciendas y a las pesquerías de la mar» (AGI Santa Fe 49 Ramo 6-15 1r).
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| Pintoresco diseño de un mapa de 1764 que muestra la localización de las estancias, caminos y doctrinas indígenas de la región de Ráquira y Villa de Leiva. (AGN, Mapoteca 4, mapa 378 A). |
Algunas referencias etnohistóricas sugieren, en efecto, que la población de la Sierra practicaba un patrón de poblamiento similar al de microverticalidad (Langebaek, 1987a: 64). Este concepto, planteado para los Andes ecuatorianos, implica el desplazamiento a lo largo de distancias supremamente cortas orientado a que cada comunidad solucionara de manera autónoma el acceso a recursos básicos (Oberem, 1981; Salomon, 1986). Los caminos de la Sierra corren generalmente a lo largo de los valles que descienden de las montañas (Serje, 1984), comunicando distancias más bien cortas pero ricas en contrastes medioambientales lo cual sugeriría que al menos parte de su función podía estar relacionada con prácticas de microverticalidod. La referencia de Cabot también da pie para pensar que los caminos servían para comunicar a las aldeas más importantes con los páramos, sitios con una importancia ceremonial para la población aborigen. No hay referencias sobre sistemas de caminos que comuniquen la Sierra con áreas alejadas de La Guajira o del Bajo Magdalena, y mucho menos con el territorio muisca.
LLANOS Y OCCIDENTE DE VENEZUELA
En el occidente de Venezuela, las crónicas y algunas evidencias arqueológicas indican la existencia de caminos prehispánicos. Kauman (1989) resume algunos datos de cronistas sobre caminos indígenas en la Serranía de Mérida y sugiere que el camino real que recorre los Andes sigue al menos en parte el trazado de caminos prehispánicos. En los llanos se reportan calzadas de hasta varios kilómetros de largo, que rodean sitios arqueológicos y comunican centros primarios con aldeas satélites (Zucchi, 1975; Redmond y Spencer, 1990: 19). Según Zucchi (1975: 78-80), los calzadas de los llanos habrían sido construidas entre los siglos V y X d.C. Redmond y Spencer (1990: 19) sugieren una datación entre 1095 y 1372 d.C.
Las calzadas constituyen un sistema de comunicación ideal en los llanos en período de invierno cuando las tierras más bajas se inundan. Curiosamente, sin embargo, los datos de crónicas y archivo coinciden en que el verano, no el invierno, constituía el período activo para intercambios, mientras que los meses de lluvia se dedicaban a actividades de subsistencia y descanso (Morey, 1975). Durante el período seco, diversas comunidades de los llanos aprovechaban para hacer «visitas» a grupos de aliados con el fin de intercambiar productos y reforzar lasos de amistad (Morey, 1975: 272-276). En fin, las calzadas habrían sido más útiles en los meses en que las redes de intercambio intercomunal eran menos activas. Probablemente, el uso de las calzadas en los llanos tenía que ver con la comunicación entre aldeas y campos de cultivo, como los que se reportan muchas veces asociados a ellas (Zucchi, 1975; Redmond y Spencer, 1990), más que con la comunicación a larga distancia.


