CAMINOS REALES DE COLOMBIA
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Antes de partir para España para lograr el reconocimiento real de su gobernación, Sebastián de Belalcázar encargó a sus lugartenientes la realización de diversas misiones. El capitán Juan de Cabrera fundó la ciudad de Neiva, en el sitio de Tapias, cerca de Campoalegre, en proximidades de un río que llamó Neiva, en el año de 1539.

El capitán Pedro de Añasco fundó un pueblo en la provincia de Timaná que llamó Guacacayo, en 1539, como sitio estratégico para la conquista de los yalcones. Allí estableció amistad con Pigoanza, cacique principal, pero debido al maltrato dado a los indígenas, éstos se rebelaron, atacaron y dieron muerte a Pedro de Añasco, hecho que dio origen a una de las principales historias de la resistencia americana, la de la Gaitana, que aún está viva en comunidades de campesinos huilenses y los resguardos paeces de Tierradentro.

La rebelión fue general, se aliaron los yalcones, paeces, piramas y guanacas, lo que causó alarma en Popayán. Ante esta situación Juan de Ampudia, otro lugarteniente de Belalcázar, salió de esta ciudad para restablecer el camino a Timaná y someter a los indígenas; tomó la ruta del norte por Pitayó, pasó por el páramo de Moras y llegó a Tierradentro, territorio de los paeces con quienes se enfrentó y en donde murió junto con muchos indígenas cerca de la quebrada Pirama (Cocuyo).

La muerte de Añasco y Ampudia fue un duro golpe para los españoles y un mensaje de los indígenas, que prefirieron la muerte a la conquista y al establecimiento del camino entre Popayán y Neiva.

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«Mapa de la zona comprendida entre el río Magdalena y el río Recio y las tierras de la antigua ciudad de Ambalema, e indicación del lugar donde debe construírse la nueva», 1826. (AGN, Mapoteca 4, mapa 4 A).

Juan de Cabrera, otro capitán lugarteniente de Belalcázar, quedó como teniente de Timaná y evitó de manera estratégica el enfrentamiento a campo abierto con los indígenas. Los territorios del Macizo Colombiano, hábitat de los yalcones, conservaron su autonomía, como lo ratificó la excavación del poblado principal de Morelia, localizado en el valle del río Granates, que mostró actividad indígena cotidiana, en el año 1700, sin elementos hispánicos.

Belalcázar no cedió ante las derrotas y organizó otra expedición en 1541, a Tierradentro, formada por 100 infantes, 100 a caballo, con ballestas y arcabuces. En el peñón de Tálaga se dio una encarnizada batalla en la que murieron guerreros paeces y soldados españoles entre los cuales otro de sus lugartenientes, el capitán Francisco García Tobar, que precisamente había sido uno de los primeros en divisar la región de Isnos, Timaná y Neiva en el año de 1537.

En el enfrentamiento del peñón de Tálaga los españoles fueron derrotados de nuevo y Belalcázar se vio obligado a regresar a Popayán. A pesar de esto la actividad conquistadora continuó. En el año 1550 el capitán Sebastián Quintero fundó la ciudad de La Plata, en el valle de Cambis, que tuvo una existencia efímera porque fue destruida por los pijaos en 1573, por lo cual se trasladó y fundó de nuevo en 1651, en un sitio cercano a la confluencia del río La Plata con el Páez.

Una situación similar vivieron los colonos de otras fundaciones como Guacacayo que ante el hostigamiento de los guerreros yalcones la trasladaron a orillas del río Timaná, con el nombre de San Calixto de Timaná, en 1568. Esta villa fue el punto de partida de la ruta hacia el oriente, desde los inicios de su fundación, cuando el capitán Juan de Cabrera, en dos oportunidades, remontó la cordillera Oriental y penetró los llanos hasta el río Orteguaza. Este camino fue posteriormente de gran importancia para los comerciantes y misioneros franciscanos en su labor de catequización de los indígenas del Caquetá.

La ciudad de Neiva también fue arrasada por paeces y pijaos en 1559, por lo que se trasladó a Villavieja donde fue destruida de nuevo en 1569. La inestabilidad de los asentamientos coloniales y por lo tanto su crisis, también se incrementaron por contradicciones internas entre las autoridades españolas y la rebelión de soldados, como Alvaro de Oyón, que pretendió apoderarse del gobierno con las armas: atacó La Plata y mató al capitán Sebastián Quintero; posteriormente arremetió contra Timaná y Neiva, en 1553. Oyón fue muerto cuando intentó tomarse a Popayán.

Después del fracaso de Belalcázar en la conquista de Tierradentro, los capitanes Domingo Lozano y Diego del Campo Salazar organizaron otra expedición en 1562, por una ruta diferente de la anterior. Partieron de la ciudad de Ibagué, que había sido fundada por el capitán Andrés López de Galarza en 1550, como un asentamiento estratégico para comunicar el Nuevo Reino de Granada con la Gobernación Popayán por la ruta del Quindío.

Los capitanes Lozano y Del Campo pasaron por Salento, Cartago, Cali y Popayán donde se d¡vidieron; el primero salió a Pitayó y cruzó el páramo de Moras para llegar a Vitocó en Tierradentro; el segundo tomó el camino de Palacé, Totoró, hasta la laguna de Guanacas. Lozano fundó San Vicente de Páez cerca del nevado del Huila, motivado por las minas de oro allí existentes, pero los paeces atacaron el poblado y dieron muerte al capitán Lozano, lo que motivó el abandono del caserío en 1571. Un balance para finales del siglo XVI indica que los españoles no pudieron asegurar el camino real que comunicara la Gobernación de Popayán (Valle del Cauca) con el Alto Magdalena y por lo tanto con Santafé de Bogotá. La comunicación entre Neiva y la capital del Nuevo Reino de Granada se mantuvo con muchas d¡ficultades, lo mismo que entre Cartago-Quindío-lbagué, por los asaltos permanentes de los pijaos. Los comerciantes tuvieron que transitar con escoltas, lo que encareció el transporte de las mercancías y creó un ambiente de miedo, por los actos rituales de brujería y canibalismo de los guerreros pijaos que cortaron las cabezas de españoles y sus caballos.

Las guerras de conquista obstaculizaron el desarrollo económico de La Plata y Timaná que subsistieron con poca población indígena encomendada, por lo cual los españoles trasladaron del oriente indígenas ajíes, güentas, orteguazas y tamas, como esclavos.

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Mapa de la ribera del río Coello, 1787. (AGN, Mapoteca 4, mapa 95 A).

La naturaleza abrupta del Macizo Colombiano y la cordillera Central fue uno de los principales obstáculos para los capitanes y soldados españoles; los profundos cañones, las altas sierras y los fríos páramos coadyuvaron con los indígenas para derrotarlos; los caminos que bordearon las montañas y los desfiladeros limitaron el campo de acción de los conquistadores, factor que fue aprovechado por los guerreros indígenas para el ataque sorpresivo y para arrojarles gran cantidad de lanzas y piedras que les causaron bajas considerables. Solamente un cambio de estrategia por parte de la corona española logró despejar los caminos, hacia comienzos del siglo XVII, cuando envió a la Real Audiencia de Santafé a don Juan de Borja, primer presidente de capa y espada del Nuevo Reino de Granada, para dominar tanto las culturas indígenas como los pijaos.

 

Antes de iniciarse la guerra a muerte contra los pijaos, otros capitanes intentaron colonizar su territorio. En 1572 el capitán Francisco Bocanegra asentó la población de Santiago de la Frontera sobre la quebrada Ortega, que luego trasladó al río Cuello con una duración efímera; algo parecido pasó con Medina de Las Torres, de la mesa de Chaparral.

Don Juan de Borja llegó con una gran experiencia militar adquirida en guerras europeas, que le permitió aplicar una estrategia eficaz en contra de los pijaos. En primer lugar consideró necesario identificar el territorio y cuantificar la magnitud de los pijaos antes de aventurarse, de manera espontánea, como lo habían hecho con anterioridad otros capitanes.

Una vez lograda esta etapa preliminar comprendió las diferencias y rivalidades entre los pijaos de la montaña y los de los llanos del Magdalena (coyaimas y natagaimas) y estableció alianza con estos últimos, para obtener información valiosa sobre el territorio y las vías de acceso a los caseríos de aquellos.

En tercer lugar, decidió hacer entradas militares por los frentes del territorio cordillerano, desde Cartago, Ibagué y Timaná, y para ello recogió todas las fuerzas disponibles y financió los costos de la guerra con los encomenderos, de manera organizada y en varias etapas, entre l606 y 1615.

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Puente de cuerdas sobre el río Magdalena. Firmin Didot Fréres Editeurs, Paris 1837. 16x12cm. (Colección Privada de Pilar Moreno de Ángel).

Otro elemento que garantizó la destrucción de varias parcialidades pijaos fue la construcción de fuertes en sitios estratégicos, como los de Burila, San Lorenzo, Maito y San Juan de Gandía, que desempeñaron un importante papel porque de ellos salieron grupos de soldados para atacar los caseríos, regresar y resguardarse en ellos; se aplicó la táctica de los indígenas, la de los asaltos sorpresivos y rápidos, sin enfrentamiento de ejércitos en campos de batalla. Además, otra táctica que casi elimina a todos los pijaos fue la guerra de tala que arrasó con viviendas y cultivos, que generó hambruna entre los aborígenes, y que no les dio tiempo para nuevos sembrados y cosechas.

La guerra logró exterminar en un alto porcentaje a los pijaos de la cordillera ya para el año 1615; sobrevivieron algunos que se refugiaron en las partes altas de las sierras y los coyaimas y natagaimas que quedaron encomendados a la Real Corona, con una baja tributación, como merced por haber prestado servicios en la guerra. De esta manera quedaron libres los tramos del camino real del Perú, que comunicaron la Gobernación de Popayán y el Nuevo Reino de Granada.

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