CAMINOS REALES DE COLOMBIA
© Derechos Reservados de Autor
La organización política de las comunidades del piedemonte no se conoce con el detalle disponible para las comunidades muiscas. Diversas investigaciones han desdibujado la idea de sociedades igualitarias en los Llanos (Marwitt, 1975; Roosevelt, 1980; Mora y Cavelier, 1987). No hay ningún indicio, sin embargo, de que algún cacique de la región dominara a otros, como sucedía en las tierras altas. Las fuentes de archivo en general sólo mencionan a «capitanes», es decir, líderes de aldeas, como la máxima jerarquía política. Más aún, a diferencia de sus contrapartes andinos, el cargo de capitán era adquirido, no heredado (Aguado, 1956 1: 282). Además, se hace énfasis en que incluso desde el punto de vista demográfico las comunidades del piedemonte difícilmente se pueden comparar con las muiscas. Los colimas tan sólo llegaban a los 150 a finales del sigloXVI (ANC V.B 11 f402r y 426r). Las aldeas teguas, por otra parte, se describen como compuestas por unos 10 o máximo 12 bohíos (Simón, 1981 3: 232).
![]() | ![]() |
| Mapa del cantón del Cocuy, entre el río Chícamocha y la Sierra Nevada, año de 1825. (AGN, Mapoteca 4, mapa 94 A). |
INTERACCIÓN ENTRE LAS TIERRAS ALTAS Y BAJAS
Los cacicazgos muiscas interactuaron con las comunidades del piedemonte de tres formas distintas: 1. el mantenimiento de enclaves en las tierras bajas directamente controlados por caciques de las tierras altas, 2. intercambio, y 3. incorporación de comunidades del piedemonte en las confederaciones de las tierras altas.
ENCLAVES MUISCAS EN EL PIEDEMONTE
Los muiscas dominaban diversos pisos térmicos en la cordillera. Usualmente, los indígenas efectuaban desplazamientos cortos desde sus aldeas nucleadas hasta viviendas dispersas (Langebaek, 1987). Sin embargo, cuando las distancias eran muy largas como para permitir desplazamientos cortos, los cacicazgos altoandinos mantuvieron enclaves permanentes. Entre los más conocidos figuran Chipa, Labranzagrande, Mona, Osamena y Pisba. Todas estas comunidades pertenecían a la confederación de Sogamoso y estaban localizadas a una distancia intermedio entre los Llanos y las aldeas de tierra fría.
Los enclaves mantenían una agricultura intensiva de maíz y se caracterizaban por alguna actividad económica especializada, pero gran parte de sus funciones consistía en servir de intermediarios entre los habitantes de tierras altas y el piedemonte. Pisba, sobre unos 1.300 metros, es un buen ejemplo de un enclave muisca. Además del cultivo del maíz, sus habitantes producían mantas y cerámica y, simultáneamente, participaban en intercambios con comunidades de los Llanos, de los cuales obtenían algodón y pieles de felino que, a su vez, se daban como tributo al cacique de Sogomoso (Langebaek, 1987). Para tomar otro ejemplo, Osamena, ubicado cerca de Recetor, tenía tejedores especialistas en transformar el algodón conseguido en las tierras bajas en tejidos que luego llevaban a las tierras altas (ANC V.B 13 f 731r). De una forma similar, Mona, comunidad alfarera, intercambiaba con ls comunidades de los Llanos vasijas por algodón, material que a su vez transportaba a Sogomoso (Langebaek 1987: 86). Así mismo, Chipa conseguía totumos y aves tropicales para llevar a Sogamoso (Tovar, 1980: 75).
INTERCAMBIO
![]() |
| Pueblos y estancias del piedemonte llanero en Casanare, año de 1798. (AGN, Mapoteca 4, 132 A). |
A lo largo del flanco este de la cordillera Oriental, las comunidades del piedemonte suplían a los muiscas con artículos de lujo y materias primas que cambiaban por productos terminados. Los documentos de archivo indican que Tota constituía un lugar donde comunidades andinas conseguían algodón llanero (ANC V.B 4 f 451r). Los cacicazgos muiscas que ocupa-an las partes bajas del cañón del río Garagoa participaban activamente en intercambios de textiles por algodón llanero con los teguas (ANC V.B 11 f476v). Los de Chocontá, a unos 50 km en línea recta del piedemonte, viajaban a territorio tegua con el fin de conseguir algodón (ANC V.C 12 f 149r).
Resumiendo la información disponible, los siguientes artículos circulaban desde las tierras bajas hacia las tierras altas: algodón, coca, tabaco, madera, guacamayos, pieles de felino, plumas, miel y cera de abejas, yopo y probablemente algunas cantidades de algodón no refinado. En sentido contrario circulaba una variedad mucho más reducida de productos: mantas, adornos de oro y quizás algunas esmeraldas (Morey, 1975; Langebaek, 1987 y Mora, 1988). Ningún alimento figura como un artículo de intercambio importante entre los muiscas y sus vecinos del oriente. Por lo demás, resulta importante destacar que los productos muiscas circulaban no sólo hasta el piedemonte sino incluso más lejos, mediante intermediarios, hasta alcanzar el Orinoco (Morey, 1975). En contraste, los productos del piedemonte no iban más al occidente del territorio muisca. Por el contrario, se les consumía localmente en artículos terminados, como en el caso del algodón y el oro.
INCORPORACIÓN DE COMUNIDADES DEL PIEDEMONTE A LAS CONFEDERACIONES MUISCAS
Según los documentos españoles, los caciques de Tota, Guaquira, Ubeita y Sogamoso tenían comunidades teguas bajo su dominio (Langebaek, 1987: 39-40). Aparentemente, las comunidades teguas, que reconocían dominio muisca no fueron incorporadas mediante campañas militares, sino a través de alianzas matrimoniales. En términos económicos, la población tegua abastecía de materias primas, particularmente algodón, a los cacicazgos altoandinos. Por ejemplo, los teguas viajaban a Garagoa, Ubeita y Tota (ANC V.B f 468r). El propósito de esos viajes era participar en los mercados y llevar «regalos» a los caciques muiscas quienes mantenían socios de intercambio en el piedemonte. En 1571, para mencionar un caso, el cacique de Tota declaró a los españoles que los teguas venían a visitarlo trayéndole totumos, aves tropicales y drogas narcóticas (ANC V.B 4 f435v).



