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Se pretendía, con ello,
suspender la ruta de comercio Pasto-Mocoa, reconociéndose al señalarlo, que algunos
indios con el pretexto de ser cargueros de los misioneros, se habían dedicadoa al
«comercio ilícito», lo cual implicaba el que por su cuenta y riesgo comerciaban
comprando ropas a los portugueses, colonizadores del Amazonas, que luego llevaban a Pasto.
Friede (1967:34) describe este camino que
comunica el piedemonte con Huila y específicamente con San Agustín:
«Desde San Agustín, un camino de
herradura sube hasta el nacimiento del Magdalena, atraviesa el Valle de las Papas y sigue
a Santa Rosa en el Alto Caquetá (3 días de viaje). Siguiendo una trocha que pronto
habrá de convertirse en un camino de herradura, se llega a pie, bordeando el Caquetá a
Mocoa (4 días)».
Es por medio de fray Juan de Santa
Gertrudis (/1756-76/1970), quien transita el camino desde Almaguer a Mocoa y describe paso
a paso los pueblos que encuentra, que se puede dar una idea del mismo: desde Almaquer, el
reliqioso llega en un día de camino a El Pongo y desde allí se gasta cuatro días para
llegar a Santa Rosa. Anota:
«Desde la entrada hasta llegar es
páramo (...) De Santa Rosa para adelante no pueden entrar bestias, porque es todo tierra
muy doblada, y tan áspera que lo dicho hasta aquí es nada a competencia de lo que queda
hasta el embarcadero del río Putumayo, para donde íbamos encaminados (...) De ahí
empieza serranía, y como no hay camino es menester seguir y no perder de vista a los
indios que nos guiaban, que son baqueanos. Baqueano llaman a uno que conozca por el rastro
que no va desviado, porque conoce la tierra. Ellos como se han criado en el monte, tienen
sus señas para no perderse. Ellos al mismo tiempo son como cabras monteses, que por
cualquier barranco enderezan y como era preciso seguir sus huellas, era preciso subir y
bajar como pudieres». (Santa Gertrudis, /1756-1776/1970, t. 1:198-217).
De Santa Rosa o Pueblo Viejo hay cuatro
jornadas de camino; éste último se encuentra en un llano: cruza un río que llaman el de
Pueblo Viejo y a los tres días llega a San José. Del pueblo de San José al de Santa
Clara de Mocoa hay cinco días de camino; a los tres días de camino encuentro el pie de
un cerro que llaman Junguillo (hoy Yunguillo), que es donde se cría la fruta del barniz.
Por los cerros que se encuentran a la izquierda pasa el río Condagua. A los dos días
llega a Santa Clara de Mocoa y señala que se trata de una nueva fundación por cuanto la
antigua ciudad de Mocoa se hallaba localizada en unas lomas dos leguas arriba.
CAMINO MOCOA - CAQUETÁ - SAN
DIEGO -LA CONCEPCIÓN
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Provincia del Putumayo,
Mapa de la región comprendida entre los ríos Caquetá y Napo hasta el mar. Siglo XVIII.
(AGN, Mapoteca 6, mapa 132).
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Siguiendo el recorrido que
realizo fray Juan de Santa Gertrudis (/1756-76/1970), desde la ciudad de Mocoa, pasando el
río Cascabel hay dos días de camino hasta el pueblo de Caquetá:
«A cosa de un par de leguas de
Mocoa se acaba la serranía y entra tierra toda llana, pero toda monte (...) El otro día
llegamos a Caquetá que es el último pueblo del monte».
Del pueblo de Caquetá, sobre el río
de este nombre, pasa a San Diego, el primer pueblo del río Putumayo; al tercer día de
navegación llega al pueblo de Santa Cruz y siguiendo el curso del río Putumayo a ao
Concepción. Anota:
«Este Fr. Jose Corvo se ha dado
maña y todos los días recoge mucho cacao, de que abunda mucho el monte y es de quien lo
coge, porque Dios los sembróá allí. Seca también algún pescado y recoge también
algunos quintales de cera blanca, de que tambien abunda el monte; y todo esto lo manda a
Caquetá y de allí los indios sibundoyes ya citados, se lo sacan cargado a espaldas a
Pasto, donde tiene su correspondencia y con el producto que da, pagadas a estos sibundoyes
el flete,de Pasto se apera de lo que más necesita el pueblo». (Santa Gertrudis
/1756-76/ 1970: 261).
Es entonces hasta el pueblo de Caquetá
donde llega él territorio transitado por los sibúndoyes, cargueros o comerciantes
tradicionales, los cuales cumplieron un papel fundamental en el establecimiento de un
mercado regional desde Pasto hasta Caquetá y de allí, pasando por Mocoa, hasta Almaguer.
Eran los conocedores de la montaña, acostumbrados a transitarla y por lo consiguiente, se
convirtieron en los mejores baqueanos para los misioneros, residentes en la zona.
CAMINO LA CEJA (SAN FRANCISCO
SOLANO) - PORVENIR - MORELIA - MOCOA - CAQUETÁ
Otro camino que atravesaba la montaña
hacia Mocoa y Caquetá era aquel que salía del pueblo de La Ceja, hoy San Francisco
Solano en el Huila.
La entrada hacia el Caquetá (región
selvática andakí) por la villa de Timaná, perteneciente al gobierno de Neiva y
localizada en el Alto Magdalena, se realizaba a través del pueblo de La Ceja de los
Andaquíes (localizado en el valle del Suazo a un día de la villa de Timaná, atravesando
la serranía que separa los ríos Suaza y Timaná), que distaba de la misión de San
Francisco Solano
«de cinco a seis jornadas de
travesía de montaña, conduciéndose en los mismos términos que por Sucumbíos, a
espaldas de hombres los ali-entos y lo demás que se interna. Después de esta travesía
de tierra toma el río del Pescado bajándole tres días en canoas de la misma calidad
para entrar al Caquetá en cuyas riberas está situado el dicho pueblo (Caquetá). La
comunicación de este o su misionero y término de seis jornadas a espaldas de hombres lo
que se conduce de unos a otros». (Informe sobre misiones de religiosos, 1774.
Transcripción de Useche, M., 1989).
Friede completa la descripción de esta
entrada como sigue (1967:33):
«desde este sitio (Pueblo de La Ceja de los Andaquíes) una trocha llevaba al río
Pescado, afluente del Orteguaza, que desemboca en el Caquetá. Bajando este último río
hasta su confluencia con el Mecaya, y remontando éste durante dos días en canoa, para
seguir después una trocha a pie, se llegaba en el siglo XVIII a La Concepción,
importante fundación misionera sobre el Putumayo».
Agustín Codazzi lo recorrió con la
Comisión Corográfica, expedición que partió de La Ceja el 8 de enero de 1857 pero que
bajó por otro río diferente del río Pescado:
«se dirigó al río Bodoquera grande donde se embarcó en canoas para seguir al
Orteguaza y luego al Caquetá; por este último bajó hasta las bocas del Micaya. Pasó
luego al Putumayo por el río Sencella; regresó luego a la parte alta del Caquetá a
donde llegó el 19 de enero: vadeó los ríos Pepino y Rumiyaco y llegó el 4 de febrero a
Mocoa que se componía en aquel tiempo de una iglesia y diez casas». (Soriano, 1968:
106-107).
Haciendo uso de la red fluvial, llegó
del pueblo de La Ceja a Mocoa, se dirigió hacia los ríos Aguarico y Coca en el límite
con el Ecuador para después regresar a Mocoa y tomar el «camino de tierra» hacia San
Agustín, donde se encontraría con Domingo Codazzi y el resto de la caravana, quienes a
su vez habían salido de La Ceja hacia Santa Librada y Timaná, recorrido que les tomó
tres días, para continuar a San Agustín. (Soriano, 1968: 107).
El relato del viaje hasta Mocoa es muy
rico en datos etnográficos:
«Gracias a mis regalos los indios me llevaban volando sea a remo o a palanca enmedio
de numerosos mosquitos por estos desiertos que he atravesado en menos de un mes. Las pocas
poblaciones que no pueden llevar ese nombre se componen de 5 a 6 malas chozas habitadas
por indios. No he encontrado en ellas otra gente racional que la familia de Mosquera que
se compone de 3 hermanos i una hermana todos casados i con bastantes hijos. Aquí (en
Mocoa) hai algunas familias racionales i más indios: ya se ve que es la capital de un
inmenso desierto más grande que el resto de la República. He encontrado indios desnudos
con un pequeño delantal de una corteza de un árbol y las mujeres llevan una concha de
nácar para cubrir sus partes. Se pintan y llevan volúmenes de cuentas i muchas plumas.
He comprado todos los adornos incluso la concha o concia (no sé como se escribe). Ya U.
me entiende. También tengo un pájaro Tente del tamaño de casi una pava que es mui amigo
del hombre i cuida de las gallinas. Tengo dos leoncitos y dos titíes. Esos animales los
he entregado a una mujer negra del Marañón que vive aquí para que me los cuide hasta
que yo regrese del Putumayo». (Codazzi en Soriano, 1968: 107).
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