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CAPITULO VI
LAS AULAGAS FINANCIERAS
El frío recibimiento que le dieron en los Estados Unidos a
Lesseps, muestra hasta que punto los celos políticos por la
construcción de la obra iniciada por Francia, revivió las viejas
nostalgias por el fracaso de los intentos impulsados por la Casa
Blanca para acometerla.
No fueron suficientes las palabras de dimensión universal que se
repetían con insistencia, ni las alusiones al exclusivo sentido
comercial de la empresa. Para los políticos de la Unión americana,
el problema no se centraba en la emulación con el anciano héroe de
Suez, sino en el desencanto causado porque el proyecto ístmico se
saliera de sus manos, cuando había sido objeto de tantos esfuerzos
infecundos.
El presidente Hayes, en medio de fragorosa campaña electoral,
fijó la posición del gobierno, con las siguientes palabras:
"Los americanos, tienen el derecho y el deber de ejercer
control y autoridad sobre toda la vía interoceánica en este
continente. De este modo los Estados Unidos reclaman el derecho a
ejercer un protectorado exclusivo sobre el canal que los franceses
se proponen construir sobre el territorio de
Colombia".
Ya por inadvertencia o ingenuidad, Lesseps prefirió no tomar en
serio la posición de los Estados Unidos, que a pesar de no ser
novedosa, se reafirmaba en el preciso momento en que deberían
iniciarse los trabajos de excavación. Monroe asomaba las
orejas.
A su regreso a París, la posibilidad de obtener dinero en los
Estados Unidos se evaporaba ineluctablemente. Había necesidad de
conseguir inversionistas franceses, pues en la Gran Bretaña,
factores de política interna y de ostensible rivalidad, anulaban
tal concurso financiero.
Lesseps constituye el 5 de julio de 1879 la Compañía Universal
del Canal Interoceánico e invita a dirigirla a sus viejos amigos de
Suez, dejando de lado a personas como BonaparteWyse, quien había
cedido ya los derechos del contrato con Colombia a la nueva
sociedad y disfrutaba de amplio conocimiento de la realidad
geográfica.
Tropiezo práctico fue la conducta asumida por la compañía del
ferrocarril, la cual aprovechó las nuevas circunstancias de la
futura inversión francesa para exigir suma elevadísima por los
activos de la empresa, ya que sin el control del ferrocarril, era
muy difícil emprender los trabajos. La cifra de 93 millones de
dólares que debió pagar la Compañía en 1882, se justificaba por
haberse convertido en factor indispensable para la operación del
proyecto. Ello contribuyó a descapitalizarla desde el primer
momento.
El hijo de Lesseps, Carlos, asumió el cargo de Vicepresidente de
la Compañía Universal del Canal Interoceánico de Panamá y en torno
suyo se congregaron banqueros, hombres de negocios e
infortunadamente, aventureros de dudosa trayectoria, que
embrollaron el normal desarrollo y ejecución de los proyectos.
El prestigio de Lesseps despertó, sin duda, en medianos
capitalistas, el entusiasmo de una empresa para la cual él mismo
arriesgaba el prestigio y en buena parte, la hegemonía científica
de Francia. Hubo momentos en que los recursos escaseaban y el
llamamiento a los inversionistas tropezaba con desconfianza y en
oportunidades, con indiferencia.
Cada vez que se necesitaba mas dinero, la emisión de bonos
recibía golpes bajos, inclusive, en dos oportunidades, se hizo
circular la noticia del fallecimiento de Lesseps, como la manera de
impedir que las gentes conservaran confianza en la empresa, en el
mismo día en que se ponían en el mercado las nuevas
inversiones.
Se vivía en Francia, por aquel entonces, el auge de los grandes
negocios mezclados con la política, hasta el punto que cada
parlamentario disponía de un periódico que le sirviese de soporte,
no sólo para garantizar la curul, sino el aumento de sus
ganancias.
A la buena fe y entusiasmo de los Lesseps, se opuso esa
"pared de plata" a que se refiere Maurois y que
caracterizó a la tercera república francesa. No puede negarse que
el enfrentamiento entre los monárquicos y republicanos sobrevivía
con caracteres de beligerancia y encono.
La vieja clase y los nuevos ricos, utilizaban los mecanismos
parlamentarios, no sólo para desprestigiar a la república recién
nacida, sino para engrosar sus arcas. Ningún historiador desconoce
que mas allá de los intentos monarquistas para combatir las
instituciones democráticas, florecieron las más oscuras maniobras
orientadas a llenar el bolsillo de los parlamentarios de dineros
fáciles y corruptos.
Mientras la financiación de la compañía del canal no necesitó
del apoyo del parlamento y las suscripciones vinieron con
operaciones de simple propaganda sobre las bondades de la obra, los
Lesseps pudieron adelantar los trabajos con la tranquilidad propia
de los negocios normales. Cuando fue necesario conseguir la
aprobación del parlamento para la emisión de un gran empréstito con
bonos de lotería, que requería, según la legislación de entonces,
el visto bueno de la Cámara de diputados, en ese momento comienza
la danza de los millones a través de la presión de los
comisionistas y del dinero que grupos financieros y los mismos
parlamentarios exigían para aprobarla.
El coraje de Fernando de Lesseps y su fe en la obra, lo llevaron
por segunda vez a visitar a Panamá con el objeto de demostrarle a
la opinión que no solo era viable, sino que los trabajos avanzaban
normalmente. Con respaldo en las estadísticas, la excavación de
tierras mostraba que el material removido se había triplicado desde
1883 a 1884 y quintuplicado entre finales del 83 y principios del
año 86.
Este viaje, cuyo itinerario incluyó a Barranquilla, en donde se
le rindieron homenajes espontáneos y sinceros, emprendido a una
edad que sobrepasaba los ochenta años, estaba llamado a conseguir
la colocación de bonos en cantidad suficiente para concluir la
obra. Los cálculos iniciales, por debajo de los verdaderos, habían
desaprovechado la euforia que el gran francés pretendía revivir
subiendo en su caballo blanco al propio cerro de Culebra, descrito
por los viajeros de entonces como sitio escarpado e
inexpugnable.
A fines de 1886 la confianza en la compañía se mantiene y de la
colocación de 220 millones de francos, que Lesseps solicita, logra
colocar 206. En julio de 1887, en trámite el permiso para el
empréstito con lotería, se recaudan otros 117 millones. Finalmente,
en marzo de 1888 sufre un revés al solicitar un empréstito por 161,
de los cuales solo consigue colocar 35.
Para los círculos parlamentarios, pareciera como si la compañía
del canal tuviese la virtud de multiplicar los recursos y resistir
el chantaje de quienes creían lucrarse con su voto afirmativo u
obtener mayores ganancias de las ya alcanzadas. El gobierno no
estaba ausente de tales maquinaciones. Baihaut, ministro de obras
públicas, protocolizó el escándalo, que hizo temblar los cimientos
de la tercera república.
Es Buneau-Varilla el que nos lo confirma: "La compañía
de Panamá, dice Baihaut, ha pedido al Estado permiso para emitir un
empréstito con bonos premiados... El informe Rousseau no llega
claramente a la solución de las esclusas, la cual yo por mi parte,
considero como indispensable. Pues bien; voy a forzar a la Compañía
a adoptar el nuevo plan, pero quiero que se me pague un millón de
francos como honorarios por el servicio que le voy a hacer. Para
obligar a la Compañía a pagarme esa suma, usted irá donde el señor
Fontane, administrador de la empresa y consejero íntimo de los
Lesseps, y le dirá que el informe Rousseau1 me da la facultad de aceptar o
rehusar sus conclusiones y que yo exijo un millón. Si la compañía
rehúsa, pues bien, yo también me negaré.2
Frente a tales circunstancias Carlos de Lesseps se vio forzado a
ceder y a entregar la suma solicitada.
Antes de continuar el detalle de los dos escandalos de Panamá,
según la expresión de Jean Bouvier, conviene detenernos en el curso
de las obras y en las dificultades con que tropezaron sus
ejecutores.
En primer lugar, la carencia de obreros, a pesar de la
posibilidad de traerlos de Jamaica, las Antillas y Centroamérica,
no era empresa fácil. El clima insalubre rodeaba de peligros no
solo a la población nativa, posiblemente más fuerte para
soportarlos, sino al personal técnico, al cual golpeó de manera
brutal la fiebre amarilla.
La muerte sucesiva de mas de 1.200, personas solamente en el
Hospital Central y en particular de los directivos, afectó no solo
la marcha del proyecto, sino la moral de muchos de los mas
destacados ingenieros. El caso dramático de Dingler, quien perdiera
su familia, y cuya memoria se guarda aun en Panamá como la de
precursor meritísimo, encabeza la lista de aquellos que arriesgaron
su propia vida al éxito de la empresa.
Inicialmente, los trabajos se contrataron con la firma Couvreux
Hersent, la cual había desempeñado igual tarea en Egipto y tendría
a su cargo la responsabilidad de la excavación.
Georges Blanchet fue nombrado Director General de trabajos y
como agente de la Compañía, se desempeñó Armando Reclus, de quien
hemos hecho referencia en las excursiones de Bonaparte-Wyse por el
Istmo.
Los tropiezos de los contratistas, cuando la severidad del clima
y la fiebre amarilla alcanzaron el peor momento, llevaron a que la
compañía tuviera que repartir entre numerosos empresarios la tarea
confiada a Couvreux Hersent. La misma muerte del ingeniero
Blanchet, fue toque de alerta para que los iniciales contratistas
renunciaran a continuar. A pesar de las dificultades explicables
nacidas de la distribución de funciones, la obra seguía su curso.
Había optimismo no solo en Panamá, sino en París, por el avance de
los trabajos y la posibilidad de concluirlos en tiempo
prudencial.
Eduardo Lemaitre señala: el cerro de Culebra, el río Chagres y
la fiebre amarilla como los responsables de la crisis de la
compañía francesa. A ellos hay que agregar, sin temor a
equivocarse, que la corrupción jugó papel desastroso. Por causa de
esta última, los recursos obtenidos en la suscripción de acciones
no fueron suficientes para continuar los trabajos, ya que la fe
pública había caído verticalmente a la sombra de los sobornos y los
negociados.
El viejo Fernando, ya por aquel momento se había separado
prácticamente de la dirección de la empresa, ante la perspectiva de
cambiar el proyecto inicial del canal a nivel por el de esclusas,
el primero de los cuales había defendido tan ahincadamente.
G. Claude, en el prefacio a la biografía de Jean D'elbée sobre
Fernando de Lesseps, luego de exaltar la vida y la obra de tan
ilustre visionario, exclama: "y para terminar, triste
conclusión; al triunfo de Suez, el drama de Panamá que, sin tocar
su honor, hará del titán víctima como Francia misma, de los tres
enemigos de nuestra raza, los ingleses, los judíos y los
políticos" .3
No cabe duda que Cornelio Herz, y el barón de Reinach, ambos de
indiscutible ascendencia judía, fueron los grandes especuladores de
la compañía del canal, quienes junto con Emile Artón, consiguieron,
gracias al soborno, los votos para la aprobación del último
empréstito. Pero sus nombres no solo aparecen en estas sucias
maniobras, sino que durante la formación de la compañía y luego
durante los trabajos de excavación, encabezan la cadena de actos
dolosos.
De ahí que las palabras de G. Claude, no sólo tienen el acento
de conclusión final de los dramas acaecidos, sino que muestran
hasta que punto los judíos se combinaron con los políticos para
producir la quiebra inevitable de la obra, y llevar hasta los
propios estrados judiciales a los directivos de la empresa,
incluyendo a Fernando y a Carlos de Lesseps.
Larga sería la lista de los políticos implicados en el escándalo
del gran Panamá. En él inclusive, apareció comprometido Georges
Clemenceau, quien tuviera que interrumpir su carrera política como
consecuencia de los vínculos denunciados por Delahaye, desde la
tribuna de la Cámara, a raíz de la aparición del cadáver del barón
de Reinach. En melodramático discurso dijo el acusador:
"Para emitir los bonos de lotería era necesaria una ley.
Un hombre intervino que desde ayer no está más en este mundo... El
logró obtener la ley por sus poderosísimas relaciones políticas y
por la corrupción. El pidió cinco millones que le parecieron
suficientes para comprar las conciencias que se vendieran en el
Parlamento. Este muerto reciente conocía hasta el valor de las
deudas de los diputados.
Avaluó a cada uno según su importancia política. Tres millones
fueron distribuidos entre 150 miembros del Parlamento".4
También Delahaye hizo referencia a las sumas entregadas a
miembros del gobierno, con lo cual, no solo confirmaba que el
soborno y el chantaje habían ido mas allá del recinto
parlamentario, sino que, como en el caso del ministro de obras
públicas Baihaut, fueron confesadas por él mismo, en audiencia,
entre lágrimas y expresiones de arrepentimiento.
El juicio contra los Lesseps, Gustave Eiffel, los
administradores de la empresa; Fontane y Cottu, quienes fueron
acusados de "maniobras fraudulentas para persuadir a la
gente sobre falsas empresas y por lo tanto haber tratado de estafar
toda o parte de la fortuna de otros", se desarrolló dentro
de gran espectativa nacional. El fallo proferido es condenatorio
para Baihaut a cinco años de prisión y multa de 900 mil
francos.
Para Carlos de Lesseps, condenado con circunstancias atenuantes
a un año de prisión, Blondin, el secretario del Ministro, condenado
por complicidad. El resto son absueltos. Aunque la sentencia
condenatoria fue revocada, la opinión francesa consideró que el
fallo había tenido motivaciones políticas para preservar el honor
de la Asamblea y la supuesta rectitud del gobierno.
Los historiadores coinciden, no solo en calificar el juicio como
un inmenso tinglado montado para cumplir finalidades electorales y
evitar el desprestigio de la institución parlamentaria. Entonces,
como ahora, la figura de Fernando de Lesseps y de su hijo Carlos,
se reconocen como los aguerridos visionarios del canal que debería
unir los dos océanos, y contra lo cual conspiraron los más bajos y
turbios intereses de la tercera república francesa.
Los errores cometidos están recubiertos por la buena fe de sus
autores. Fernando de Lesseps creía en el canal a nivel y tal como
ocurrió en Suez luchó tercamente para realizarlo. Factores exógenos
al trabajo mismo de la empresa, como la insalubridad del clima,
hicieron mucho más costosa la obra y dejaron sin piso los cálculos
financieros inicialmente estimados.
Lo que honra a Colombia, es que â pesar de la turbulencia
política que agitaba a la República y de los sacudimientos armados
que quebrantaron la solidaridad nacional, la Compañía del Canal
Interoceánico de Panamá no sufrió, en mayor medida, la debacle que
se extendía por todo el territorio. La sociedad quebró por sus
propias equivocaciones y aunque sufrimos las consecuencias del
insuceso, la responsabilidad estuvo lejos de nuestra
incumbencia.
La Compañía, el 4 de febrero de 1889, se declara legalmente
disuelta y en quiebra. Era el fin de una gran quimera que dejaba
tras de si estela de frustraciones como preludio de trágicos
acontecimientos.
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La comisión Rousseau que llegó a Panamá en 1886 fue explícita
al decir:"La Compañía de Panamá ha realizado un esfuerzo
considerable y obtenido resultados importantes. . . La Compañía
merece la benevolencia de los poderes públicos... el gobierno puede
y debe ayudarla ... CFR Eduardo Lemaitre. Op. cit. Pág. 164.
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BUNEAU-VARILLA, Panamá, La création, la destruction, la
résurrection. Deuxiérne edition. Libraire Pion. pág 152 y 153,
Paris, 1913.
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JEAN D'Elbée, op. cit, Pág. 8.
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CFR. ALVARO REBOLLEDO. Op cit. Pág. 153.
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