Para reparar los trechos de murallas arruinados juzgaba preciso
que los cimientos se hiciesen a la profundidad conveniente, pero
como el terreno era de arena y cascajo y exigiría un laborioso
trabajo para extraer el agua de sus excavaciones, proponía que se
hiciesen sobre un pilotaje de estacas clavadas a una profundidad de
siete varas, con lo cual se evitarían excesivos gastos, quedando la
obra con igual fortaleza. Para mayor seguridad pro puso también que
se reforzase el pie de la muralla con un zócalo de cantería y
hormigón, de perfil cóncavo, a fin de que cuando llegaran hasta él
las olas se deslizasen paralelamente a la muralla, sin batirla
perpendicularmente.
En esta larga y documentada "relación" proponía
Arévalo la clase de madera preferible para los pilotajes del
cimiento, ramales y dique, y enumeraba las distintas obras que era
necesario ejecutar en los baluartes y cortinas de la muralla, para
reparar los daños ocasionados por el temporal. En el baluarte de la
Cruz era preciso reedificar la cara derecha y el flanco contiguo,
demoliendo previamente la muralla vieja. La cortina siguiente, la
plataforma de Ballestas y los baluartes de la Merced y Santa Clara
precisaban que se hiciese un zócalo o rodapié, y el de Santa
Catalina necesitaba un reparo semejante. Entre éste y el de Santa
Clara subsistía un trecho sin muralla, que en 1745 se había cerrado
con unos árboles espinosos llamados "guamachos"
y, últimamente, con una estacada 92.
Remitido a la Corte el proyecto de Arévalo, fue sometido al
dictamen del brigadier de Ingenieros don Juan Martín Cermeño y del
ilustre marino don Jorge Juan, quienes, sin desaprobarlo,
propusieron otro sistema, consistente en una cuádruple fila de
estacas clavadas en el fondo, paralelamente a la muralla y
reforzada por ramales de estacadas, con todos los espacios rellenos
de piedra, y una escollera o rompeolas de cantos en bruto por la
parte exterior.
A la vista de esos dictámenes ordenó el rey que se procediese a la
ejecución de la obra, teniendo en cuenta lo que en ellos hubiera
adaptable al proyecto 93. Se comenzó la obra el 19 de
septiembre de 1765 94, y un año después se pudo comprobar
la eficacia del sistema ideado por Arévalo. Estaba construido un
trecho de pilotajes y escollera de cerca de doscientas varas de
longitud a partir del baluarte de Santo Domingo y el primero de los
ramales, con lo cual se había conseguido llenar de arena y dejar en
seco todo el espacio comprendido entre la escollera, el ramal, el
baluarte de Santo Domingo y su cortina derecha, así como también
entre dicho ramal y la cortina derecha del baluarte de la Cruz, en
cuyo espacio había antes más de tres varas de fondo. Delante del
baluarte de Santa Catalina quedaba construido también un trecho de
cincuenta y cinco varas de dique, y estaba en seco y cubierto de
arena al pie de su muralla 95. Los últimos temporales no habían
causado daño alguno en la obra. Un furioso
"norte" -tan violento como el de 1761-azotó la
ciudad el 12 de octubre de 1766, pero el vecindario, atemorizado en
un principio, se tranquilizó al ver que la mar rompía en la
escollera desde el baluarte de Santo Domingo al de Santa Catalina y
bañaba suavemente el pie de las murallas.
El 11 de noviembre de 1771 quedó concluida la escollera, después de
seis años de trabajo y más de medio millón de pesos de gasto, costo
inferior a lo que se había calculado 96.
El tiempo se ha encargado de probar la eficacia de la obra de
Arévalo. La escollera ha desaparecido bajo las arenas doradas de
una hermosa playa que, hasta hace poco más de veinte años, fue
solar de los barrios populares de Ballestas, Pekín y el Boquetillo.
Los bohíos y casuchas, con el abigarrado vecindario, han sido
trasladados a Tesca y en esa playa se construye actualmente la
avenida de Santander, que unirá los barrios de Bocagrande y el
Cabrero, bordeando el mar y la muralla de la Marina. La vieja
escollera, cubierta por las arenas que durante más de siglo y medio
acumularon los furiosos "nortes" -la amenaza de
antaño-, sirve de cimiento a esta nueva vía, que será el mejor
ornato de esa parte de la ciudad. Muchos de los que hoy contemplan
a bella avenida, sembrada de jóvenes palmeras, ignoran que don
Antonio de Arévalo consiguió vencer al mar, dominarlo y ganarle
terreno. Es ésta a mejor alabanza que puede hacerse al famoso
director de las reales obras de Cartagena 97.
| 92 |
Proyecto de Arévalo para la escollera de la Marina, 12-VII-1762 (AGI: Santa Fe, 943), publicado por MARCO: Ob. cit., págs. 246 - 253). Véase también la transcripción del plano reproducido en la figura 138. |
| 93 |
Minuta de carta al Virrey, 27-VI-1764 (AGI: Santa Fe, 943). |
| 94 |
Efemérides de Cartagena, BH citado, pág. 458. |
| 95 |
"Relación", de 6-XI-1766, por Arévalo (AGI: Santa Fe, 943). |
| 96 |
CORRALES: Ob. cit., tomo I, págs. 239 y 429. |
| 97 |
Cuando a fines del siglo pasado se construyó la escollera que defiende la lengua arenosa comprendida entre el mar y la muralla del Cabrero, el ingeniero Brandsma John-son siguió un plan idéntico al de Arévalo (URUETA y PIÑERES: Cartagena y sus cercanías, páginas 77 y 135). |
